domingo, 26 de diciembre de 2010

OPTIMISTA SIN ESCRÚPULOS

En su libro “Los usos del pesimismo”, Scruton nos previene frente al “optimista sin escrúpulos”. ¿Y quién es? En mi opinión, éste.

Es aquél que piensa que, por naturaleza, el hombre es bueno, y el mundo un lugar feliz. No es consciente del frágil armazón, construido laboriosamente a lo largo del tiempo, sobre el que nuestra sociedad prospera. En realidad, cuando compara la realidad con el paraíso que, en su opinión, debería encontrarse ahí, encuentra el resultado decepcionante, e inmediatamente se pone a buscar a los culpables. Y no nos engañemos: nuestro optimista odia con bastante intensidad. El suyo es un relato de buenos y malos, en el que él ocupa el lado bueno, el de los elegidos. Esto, de paso, satisface sus necesidades de trascendencia, y su relato sirve como sustitutivo de la religión.

Como está convencido de que sólo unas instituciones injustas impiden el restablecimiento del paraíso en la tierra, nuestro optimista es francamente destructivo. No tiene el menor inconveniente en arrasar los pilares (que, en cualquier caso, él no ve) que mantienen a una sociedad avanzada en frágil equilibrio. Por eso, cuando puede actuar, los resultados adversos se suceden. A consecuencia de ello, los inevitables encuentros con los hechos desaniman al optimista sin escrúpulos, pero esto no hace que abandone sus creencias, sino que progresivamente se vaya alejando de la realidad. Comienza a despreciar la relación entre causas y efectos, se desentiende del resultado de sus actos, y se da cuenta de que lo único importante es manifestar buenas intenciones. Por último, es fácil observar que el optimista sin escrúpulos se encuadra en una determinada posición ideológica.

La descripción precedente es mía, pero creo que coincide con el tipo que menciona Scruton, que, en su libro, nos describe las falacias que habitualmente emplea en la interpretación de la realidad. El significado habitual de falacia (no acudan en este caso a la RAE, porque el resultado es desolador) es equivalente al de sofisma: un razonamiento, con apariencia de verdadero, pero viciado en alguna parte del proceso. ¿Requiere la falacia una voluntad de engañar por parte de su autor? Si es así, entonces las que describe Scruton no lo son realmente, porque los primeros engañados son los que las están empleando. Se trata más bien de axiomas (con frecuencia, asumidos inconscientemente) desde los que partimos al interpretar la realidad, y, en este sentido, quizás sería más acertado hablar de ‘dogmas’ en lugar de ‘falacias’. ¿Por qué tienen tanta fuerza estos dogmas? Porque se adaptan perfectamente a un estado emocional previo, que es lo que realmente nos mueve. Aunque no lo dice expresamente, Scruton es consciente de que son las emociones las que guían nuestro comportamiento, y estos sofismas sirven meramente para dar a este comportamiento, a posteriori, una apariencia racional. Esta cualidad de mera cobertura racional de las falacias analizadas queda demostrada por el hecho de que son perfectamente inmunes a los argumentos (debido a que las emociones subyacentes siempre permanecen intactas).

En la última parte del libro (en mi opinión, la menos conseguida) Scruton trata de rastrear el origen de las falacias hasta nuestro pasado cavernícola, pues, afirma el autor, si bien estos instintos nos han servido en el estado de tribu, pueden ser poco compatibles con el ciudadano libre y responsable de una sociedad abierta. El próximo día hablaré de una de estas falacias.

viernes, 24 de diciembre de 2010

BALEARES Y LA SENTENCIA DEL SUPREMO

Continúan produciéndose en Baleares reacciones a la intolerable sentencia del TS favorable a que el español sea lengua vehicular en España.

El consejero de educación, el socialista Bartomeu Llinás, ha afirmado que en Baleares hay "una realidad diferente a la catalana", y por ello la sentencia "no tiene por qué afectar en absoluto". Llinás ha continuado diciendo que aquí el Decreto de Mínimos asegura que se imparta el 50 por ciento de la docencia en catalán. ¿Y el castellano? ¿Tiene asegurados esos mismos mínimos? ¡Ah, no! Eso "dependerá del proyecto lingüístico de cada centro". Llinás ha olvidado añadir que los proyectos lingüísticos de cada centro público suelen coincidir en perseguir el uso del castellano incluso en los recreos.

Por su parte Biel Barceló del PSM* ha dicho el sistema educativo actual "garantiza" que al final del proceso educativo los alumnos sepan hablar perfectamente tanto el castellano como el catalán. Esto sería realmente prodigioso, puesto que, como he dicho, el uso del castellano se persigue a conciencia, pero no nos asustemos: no estamos ante un milagro sino ante una mentira. Además, Biel Barceló ha tildado de "segregacionista" la doctrina del TS que dispone que el castellano sea lengua vehicular en las escuelas, y quizás tenga razón. A fin de cuentas es hora de reconocer que la libertad de elección disfruta de un excesivo prestigio, y que en realidad es antiigualitaria porque no todos quieren lo mismo. Mucho mejor, por tanto, suprimir las libertades individuales, tan segregacionistas, y sustituirlas por la Hermosa Libertad Unificada, representada por Biel Barceló.

Por último el representante de Esquerra Unida de las Islas Baleares, ha comenzado afirmando moderadamente que la cosa no va con ellos porque se trata «unas reclamaciones puntuales y muy minoritarias» que no deben poner en cuestión el modelo del catalán como lengua vehicular y el sistema de inmersión lingüística. Pero a continuación parece haberse dado cuenta de que sí, que precisamente lo que la sentencia pone en cuestión es ese modelo. Y, sin solución de continuidad, se ha enfadado y ha dicho que es «un ataque claro» contra «nuestra lengua y nuestro modelo de sistema educativo», y significa «un grave y peligroso retroceso democrático y, en definitiva, una agresión sin precedentes».

Y así están las cosas.

* El PSM es el Partido Socialista de Mallorca. No se debe confundir con el PSIB (Partido Socialista de las Islas Baleares) de Antich. No es que se diferencien mucho, pues ambos son férreamente nacionalistas. Sin embargo, el PSM es algo más montaraz, y su líder lleva una de esas perillas finas, como un trazo de rotulador en mitad de la barbilla.

martes, 14 de diciembre de 2010

CANDIDO Y LOS VAMPIROS

En lo que parece una imprudente exposición de sus fantasías, Cándido Méndez ha comparado a los mercados con el baile de los vampiros. Los vampiros serían los especuladores, que, en su búsqueda incesante de sangre fresca, son los que han provocado la crisis. Bueno, los vampiros y el PP: ‘sus políticas incubaron y propagaron la enfermedad; ahora se comportan como un agente patógeno”.

Para Cándido Van Helsing, lo de la sangre es una alegoría recurrente a lo largo del artículo. En ese sentido entiende que medidas tales como la contención del déficit no son sino “ofrendas” a los mercados. De hecho “el antropólogo Marvin Harris sugiere que las ofrendas de sangre que ritualizaron los aztecas, en las que se practicaba el canibalismo, tenían otra función: compensar el déficit de proteína de origen animal”, así que, se pregunta Cándido, “¿estarán buscando (…) aportar proteínas a esos mercados que nos piden ofrendas?”. Hmmm.

Bien, ya sabemos que lo de la contención del déficit es una mariconada. De hecho, afirma Cándido haciéndose un lío, nuestro sistema de pensiones es el más sólido del mundo porque no depende apenas del seguro privado (ya saben, vampiros especuladores) sino del gasto público, que no es de nadie. Pero no se desanimen. Tras la larga noche de Walpurgis de los mercados, Cándido nos anuncia un deslumbrante amanecer: ”la Confederación Europea de Sindicatos se manifestará en toda la Unión el próximo 15 de diciembre y en nuestro país lo haremos además el 18 de diciembre”. ¡Salvados!

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA PEOR ESCENA DE SEDUCCIÓN DE LA HISTORIA DEL CINE

Es la que tiene lugar en ‘El sirviente’, de Losey. He vuelto a ver la película, y vuelvo a quedarme con la duda de no haberla comprendido correctamente. Para los que no la hayan visto este es el argumento.

Estamos en Londres, en los 60. Un hombre de evidente clase alta (James Fox) contrata un sirviente (Dirk Bogarde) para atender la casa que acaba de adquirir. Poco a poco va cargando sobre él todo el trabajo, desde la cocina, hasta la limpieza, pasando por la decoración de la casa. Sin embargo, la acumulación de tareas parece tener un efecto de doble dirección, como si a la vez que fuera convirtiendo a Bogarde en un esclavo, Fox se fuera quedando despojado de atributos y completamente a su merced Si no entienden esto que estoy diciendo no me extraña. El caso es que, hasta tal punto llega la cosa, que Bogarde, que desaprueba a la novia de Fox, consigue que la deje proporcionándole en su lugar a su propia novia (Sarah Miles), a la que, a partir de ese momento, van a simultanear. Esta es la escena de la seducción que he mencionado al principio, y los movimientos de Sarah Miles intentando engatusar a Fox son tan naturales como los del marciano disfrazado de hembra humana en ‘Mars Attacks’. En un momento dado Fox parece reaccionar, y expulsa a ambos de su casa cuando descubre su noviazgo. Pero poco después vuelve a caer en las garras de Bogarde, y a contratarlo. Comienza una nueva fase de su relación amo-siervo en la que además son camaradas y posiblemente amantes. Pero mientras tanto Bogarde continúa su implacable labor de vaciado de Fox, en el curso de la cual lo lleva al alcoholismo. Al final Fox está hecho un guiñapo y meramente dedicado a la satisfacción de sus necesidades básicas, para lo que depende enteramente de Bogarde, que es quien le proporciona la comida, la bebida y las putas. En la última escena, la exnovia de Fox aparece inopinadamente en mitad de una orgía, y acaba rindiéndose también a Bogarde. Esto, por muchas vueltas que le dé, no lo entiendo. Y esto es todo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

RECTIFICACION Y REALINEAMIENTO

Camacho habla en ABC de los vaivenes de Zapatero.

En España un político (especialmente si es de izquierdas) puede desdecirse por completo y no pasar absolutamente nada. De hecho, como estamos viendo con Zapatero, es perfectamente posible, incluso, trasladar la crítica a la oposición (especialmente si es de derechas): ¿no es una muestra de irresponsabilidad, electoralismo, etc, criticar al gobierno, no sólo cuando practica una política, sino también cuando rectifica?

Rectificación es aquí la palabra clave. Lo que subyace en esta falacia, que permite a un gobierno hacer una cosa y la contraria, y de paso eliminar la crítica de la oposición, es, precisamente, confundir la rectificación con el realineamiento.

La rectificación debe provenir de un proceso intelectual, a través del cual se llega a la conclusión de que la postura mantenida hasta entonces era equivocada. Por eso, el segundo requisito básico de la rectificación es el reconocimiento del error. Y, cuando desde la postura recién abandonada, se ha atacado virulentamente a los que mantenían la posición adoptada tras la rectificación, es necesaria, además, la presentación de disculpas.

Obviamente, nada de esto ha ocurrido con el dramático timonazo de Zapatero. Y no ha ocurrido, sencillamente, porque no ha sido una rectificación, sino un realineamiento de los Dogmas progresistas con la realidad (recordemos que para el progrecentrismo, el universo gira, no en torno a la realidad, sino alrededor de estos Dogmas). Sin embargo en ocasiones la fuerza gravitacional de la realidad (por ejemplo, en forma de ruina económica) es excesiva, y los soles progresistas, para evitar ser chamuscados, deben abandonar, apresuradamente pero con circunspección, sus órbitas, y situarse en otras desde las que continuarán siendo el centro del universo.

El universo progresista puede continuar funcionando perfectamente a pesar de tener un centro móvil, pero es que su verdadero motor es el resentimiento. Sin embargo esto es otra historia.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

SOBRE EL SECTARISMO

El sectarismo es una manifestación de una característica esencial de la naturaleza humana: no somos racionales, sino razonadores.

Con esto me refiero a que nuestras acciones no suelen estar guiadas por la razón, sino por emociones e instintos. Ahora bien, al hombre le gusta imaginarse a sí mismo como racional, y por eso suele realizar grandes esfuerzos para argumentar a posteriori las decisiones que ha tomado previamente por motivos emocionales (obviamente estas seudorazones no son verdaderas razones, puesto que no han guiado realmente sus actos) Lo que diferencia, pues, a la persona racional de la razonadora es la inversión de la secuencia que lleva a la acción. Para el racional, esta secuencia es la siguiente: 1) argumentación -2) acción. Para el razonador, por el contrario, es esta: 1) emoción -2) acción - 3) racionalización a posteriori.

En ese sentido, las ideologías suelen ser meras herramientas de racionalización a posteriori. Y, por eso, son tanto más atractivas cuanto mejor sirven de cauce a las emociones, que son las que realmente nos mueven. Esto explica por qué los nacionalismos resultan tan adictivos y se propagan con tanta facilidad: porque sirven perfectamente de cauce a las fortísimas emociones gregarias y tribales que tan magníficamente suele describir Benjamingrullo.

Puesto que las ideologías suelen funcionar como meros racionalizadores de las emociones subyacentes, suelen ser inmunes a la argumentación racional. Para demolerlas, habría que atacar, precisamente, a esas emociones. Y por la misma razón, las ideologías se convierten en armazones mentales que se limitan a filtrar la realidad. Y, cuando se hace encajar en el molde ideológico, la realidad se comporta como plastilina: parte de ella tiene que deformarse para encajar en él, y parte de ella, sencillamente, se queda fuera, no es procesada. Este fenómeno se denomina sectarismo.

El único antídoto para este mecanismo humano es el decoro intelectual. Consiste en aceptar honestamente las reglas de la argumentación, lo que conlleva la posibilidad de ser convencidos cuando el adversario aporta unas razones más sólidas que las nuestras. Pocas veces ocurre.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

DEMOCRACIA Y CRITERIOS DE MÉRITO

El mundo democrático moderno comienza con la defensa de que el gobierno de los no elegidos (es decir, el de aquéllos que acceden a el por herencia) es injusto, y debe ser sustituido por el de los seleccionados. Pero cuando Rousseau y los pensadores de la Ilustración defendían este principio, lo hacían porque estaban convencidos de que los seleccionados serían los mejores, y, de este modo, implícitamente estaban defendiendo la necesidad de un criterio de valor y capacidad en el acceso al poder.

Sin embargo, desde entonces, la elección de los gobernantes se ha basado en criterios meramente cuantitativos (tantos votos, tanto poder). Esto es una exigencia ineludible del principio de igualdad, que otorga a cada hombre un voto, pero, obviamente, la cantidad no conduce necesariamente a la calidad (más bien lo contrario). Pero los primeros gobernantes eran perfectamente conscientes de que el mero número no era una aspiración suficiente. Tomas Jefferson, en su discurso inaugural, dijo eso de que “aunque la voluntad de la mayoría debe prevalecer en todos los casos, para que sea justa debe ser razonable”.

¿Y ahora? Pues en España la cosa ha empeorado notablemente. Por un lado, la elección está llevando al poder a personajes tan obviamente incapaces como Bibiana Aído, Montilla, o Leire Pajin. Pero además, y esto es más grave, parece haberse renunciado a la necesidad de que los gobernantes sean los mejores: Es más, cualquier reclamación en ese sentido comienza a parecer sospechosamente antidemocrática. Cuando Zapatero dijo aquello de “Sonsoles, no sabes la cantidad de cientos de miles de españoles que podrían ser presidente” parecía hacerlo con orgullo, como diciendo “fíjate que democracia tan perfecta, que el tipo más simple puede llegar a presidente”

Yo continúo aspirando a que los gobernantes sean los más capaces. Es a eso a lo que me refiero cuando digo que el criterio de mérito es una aspiración ineludible para la democracia. ¿Y qué hacer? Pues ni idea. Idealmente, el problema debería atacarse en primer lugar desde el lado activo, es decir, el de los electores, mejorando su educación cívica para que no acaben eligiendo a un bufón o a un delincuente. Pero mientras tanto ¿no se podría atacar también por el lado pasivo, el de los elegibles, estableciendo ciertos requisitos mínimos? La verdad es que no lo sé.

(Aprovecho para enlazar esta entrada del blog de Santiago González, que viene al pelo para ilustrar el comentario)

lunes, 15 de noviembre de 2010

LA LÓGICA PUNTUAL

Dice Santiago González: Zapatero y Rubalcaba le emplazaban este fin de semana a no gobernar con el PP. Exige que no se mezcle con los parias de Cataluña a Mas, ese estadista, quien dio el placet a Patxi López para investirse lehendakari precisamente con el apoyo de la casta impura. Llegado el caso, afearán a Rajoy que pacte con los nacionalistas.

Es que la progresía no se deja constreñir por las hechuras impuestas por la lógica, y hace bien. Ellos, los adalides del Progreso, saben que lo que tienen entre manos (el Bien de la humanidad y su permanencia en el poder) es demasiado importante como para andarse con remilgos. La flexibilidad que exige la geometría variable reclama una lógica menos estricta. Para ello, resulta muy conveniente segmentar la realidad en el espacio y el tiempo, y así establecer compartimentos estancos que permitan decir una cosa y la contraria siempre que esté mínimamente separada en cualquiera de esas dos dimensiones. Zapatero pacta con el PP en el País Vasco, pero exige a Mas que no pacte con el PP en Cataluña, y en ambos casos tiene razón (este es el único axioma válido). En el futuro, la técnica se perfeccionará y será posible alcanzar la contradicción instantánea (por ejemplo, Zapatero podrá decir “Mas debe/no debe pactar con el PP), pero no adelantemos acontecimientos. En cualquier caso, con esta sencilla técnica la progresía conseguirá conservar para siempre la razón, simplemente a costa de perder la cordura. Una ganga.

viernes, 12 de noviembre de 2010

MAS SOBRE EL PROMEDIO

El mecanismo sicológico del promedio consiste en pensar que, ante dos posiciones enfrentadas, la verdad se encuentra siempre en un punto intermedio entre ambas. Puede estar más cerca de uno u otro extremo, pero no en uno de ellos. Y esto funciona así aunque una de las posiciones sea perfectamente razonable y la otra evidentemente descabellada, estúpida, o maligna. El caso es que, a la hora de ponderar, nunca damos valor cero a estas posiciones disparatadas, de modo que, poco a poco, a través de sucesivos promedios, la repetición de situaciones perversas va desplazando hacia ellas la percepción de normalidad. Así enferman las sociedades.

El corolario es que una posición firmemente argumentada, si se resiste a ceder ante cualquier estupidez o inmoralidad que se le oponga, es inmediatamente vista como radical.

jueves, 11 de noviembre de 2010

ESPAÑA Y EL ESTADO DE DECORO

Llamemos ‘estado de decoro’ a aquél en el que rige la obligación de sujetarse a unas normas de higiene y honestidad intelectual, tales como la sumisión a los principios de la lógica y la coherencia (y la proscripción de los sofismas), con la correspondiente imposición de penas de rubor intelectual a los que son sorprendidos en flagrante infracción de dichos principios.

Lo llamo ‘estado de decoro’ para poder establecer una cierta analogía con el ‘estado de derecho’. Porque, del mismo modo que hay quien se cree legitimado para permanecer al margen del estado de derecho por una causa superior (que él propio infractor decide), hay quien piensa que puede funcionar al margen del ‘estado de decoro’. Es este, una vez más, el caso de
El País, que seguro que también lo hace por una buena causa (el triunfo duradero de la progresía y, de paso, de su propia cuenta bancaria). Yo no estoy de acuerdo, y creo que desde hace mucho tiempo El País debería cumplir la merecida condena por ridículo intelectual, que lleva aparejada una pérdida completa de credibilidad.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SOBRE EL TEA PARTY

Dos versiones en Herrera:

Nicolás redondo se ha referido al magnífico artículo de Vargas Llosa, ha dicho que dentro del Tea Party, entre una serie de bufones que la prensa se empeña en destacar, hay una idea de gran importancia, que es el temor del individuo ante la amenaza que supone el crecimiento desmesurado del Estado. Redondo se ha remontado a Tocqueville y ha recordado que en Estados Unidos, por la forma en que nació, la libertad del individuo es un valor capital de la sociedad.

El enfoque de Ónega ha sido, quizás, menos sofisticado. Ha dicho que en la derecha española todos guardan algo del Tea Party “en el armario”. No ha definido, pues, en que consiste el movimiento, pero ha dejado claro que se trata de algo vergonzoso. A continuación, para que no quedaran dudas, ha pasado a enumerar a los que lo integrarían en España: Intereconomía, Federico Jiménez Losantos, Esperanza Aguirre (que, según Ónega, proporcionaría la faceta populista), el alcalde de Valladolid, Mayor Oreja y Vidal Cuadras. Es extraño que se haya olvidado de Sánchez-Dragó.
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Y la tercera, de Camacho.

Denuncia Camacho a los que ponen palos en las ruedas a Rajoy en su proyecto de que el PP sea un all catch party, es decir, un partido de amplio espectro. Para ganar las elecciones, Camacho reclama un partido simpático que no despierte los recelos de la izquierda, y en esto coincide con los que aconsejaron a Rajoy que cambiara el rumbo tras perder las elecciones de 2008. Para Camacho sí hay un embrión de Tea Party en España, que puede perturbar el triunfo del “moderantismo” de Rajoy. Se compone de tres variedades mitológicas: 1) el “integrismo católico”, 2) el “fundamentalismo economicista” (que además es “alborotado”), y 3) aquellos que mantienen “una interpretación cerrada y ultramontana del hecho nacional”.

Obviamente la posibilidad de cubrir un mayor espacio político (léase: un mayor caladero de votos) es directamente proporcional a la ambigüedad del mensaje, y, por tanto, inversamente proporcional a la firmeza de las convicciones. Desde esta perspectiva no es raro que a Rajoy le molesten los que exigen claridad en sus posiciones. Más sorprendente es que también le molesten a Camacho. En cualquier caso, Camacho deja pocas alternativas: o asumir el “moderantismo” (es decir, el esqueleto gelatinoso) o ser reos de extremismo.

martes, 2 de noviembre de 2010

LAS 'PRIVATIZACIONES'

Fernando Garea en El País: El PP quiere reordenar el Estado y privatizar los servicios sociales.

Buscado el texto del titular dentro del artículo, resulta que no aparece de forma exacta sino aproximada: El PP quiere privatizar la gestión de servicios sociales básicos como la sanidad.

‘Privatizar’ es la palabra clave que envía el País a sus lectores. No concreta su significado, pero en ella está condensada la avaricia del PP, su desinterés por la gente, y el deseo de privarles de servicios públicos. Por ejemplo, continuamente se escucha que Esperanza Aguirre ha ‘privatizado’ la Sanidad en Madrid. Pero entonces ¿ya no son públicos estos hospitales? ¿Ha vendido Esperanza Aguirre la red de hospitales de Madrid al sector privado? ¿Hay que pagar, o contratar un seguro privado, para ser atendido? Obviamente, no es así.

La ‘privatización’ consiste en nuevas formas de gestión del sector público por las que se externaliza temporalmente la explotación de determinados servicios. Por ejemplo, en el sector sanitario, el mantenimiento, la limpieza o, más recientemente, el laboratorio. La finalidad, en principio, no es expulsar a los pobres de la sanidad, sino hacer más eficaz la gestión y reducir costes. Obviamente, estas ‘privatizaciones’ se practican en todas las Comunidades, pero sólo en Madrid está Esperanza Aguirre.

Estas ‘privatizaciones’ se suelen realizar bajo la forma de ‘contratos de colaboración entre el sector público y el sector privado’, modalidad regulada en el artículo 11 de la Ley 30/2007 de Contratos del Sector Público.

¡Ahá! Ya tenemos un responsable. ¿Quién es el malvado neocón que aprobó esta Ley que posibilita las ‘privatizaciones’? Pues fue, me temo, José Luis Rodríguez Zapatero.

lunes, 1 de noviembre de 2010

ACERCA DEL BULLSHIT

No me consta que exista en español una palabra específica para bullshit (o para su equivalente, más fino, humbug’, literalmente ‘zumbido de insectos’). Lo que más se aproxima es ‘charlatanería’ o ‘palabrería’, pero tienen significados más amplios.

El bullshit florece en todos los campos, pero se da especialmente bien en la política. Es así, supongo, debido a una abundancia de términos de difícil precisión pero provistos de un aura de prestigio, características que los hacen muy codiciados por los vendedores de crecepelo. De hecho, la utilización continua de estos términos como arma de bullshit (véase por ejemplo, ‘democracia’ o ‘libertad’) es un problema serio, pues van siendo despojados de todo contenido y convertidos en meras palabras huecas y altisonantes, ideal para políticos vacuos. El bullshit es, pues, muy destructivo a largo plazo. Sin embargo, suele ser mejor tolerado que la mentira directa, Resulta interesante, por tanto, investigar las diferencias entre ambos y decidir si esa benevolencia está justificada.

En su breve ensayo On bullshit, Harry G. Frankfurt establece la siguiente característica. El que dice la verdad piensa que lo que afirma es cierto, y el mentiroso que lo que dice es falso. Ambos, por tanto, se sienten constreñidos por la conexión de sus afirmaciones con los hechos objetivos. Ambos, por decirlo de alguna manera, respetan las reglas del mismo juego, aunque lo practican en equipos diferentes. Por el contrario, lo que caracteriza al emisor de bullshit es una perfecta desconexión con respecto a lo que es cierto o mentira. Esto es así porque, normalmente, para el productor de bullshit los puntos concretos en los que se basa su discurso, aquellos sobre los que se podría defender su certeza o falsedad, tienen un valor secundario con respecto al fin principal, que es proyectar una opinión sobre sí mismo. Frankfurt ejemplifica esto con cualquier discurso del 13 de julio en el que el orador hable de “nuestra gran nación, con la que nuestros padres fundadores, guiados por Dios, crearon una nueva esperanza para la humanidad”. Es evidente que tal orador no se está planteando si es o no cierto que su nación es grande, que los padres fundadores estaban inspirados por Dios, o que supone una nueva esperanza para la humanidad. Lo que el orador pretende transmitir es una imagen determinada de sí mismo: un patriota convencido de la grandeza y la misión de su país y de la importancia de los valores religiosos.

Un último punto. ¿Es justa la denominación bullshit? El significado literal ‘caca de toro’ parece hacer referencia a algo expelido de forma apresurada y sin gracia, y que desprende un olor desagradable. Contrapondría, de este modo, al apresurado emisor de bullshit con el cuidadoso artesano que realiza una obra con mimo y sujeción a unas normas determinadas. Podemos estar de acuerdo con la definición en la mayor parte de los casos, pero no hay que olvidar que detrás de la política (o de la publicidad) también hay cuidadosos artesanos que, con sofisticadas herramientas (por ejemplo, la demoscopia o la investigación de mercados), producen sofisticadas piezas de bullshit.

Coda: "Nunca cuentes una mentira mientras puedas salir adelante a base de bullshit". Eric Ambler. Una historia sucia.

domingo, 24 de octubre de 2010

LA DEMOSCOPICRACIA

Por un lado tenemos los partidos políticos, que, idealmente, defienden unos valores (o unas convicciones, o lo que sea) y de este modo representan a todos aquellos que comparten inquietudes similares. Y por otro, tenemos la demoscopia, una herramienta que proporciona datos exactos sobre cómo obtener los votos de los electores y ganar las elecciones. ¿Cómo encajan estas dos realidades? Y, para definir más exactamente el problema ¿no existe un riesgo cierto de que las directrices proporcionadas por la demoscopia sustituyan los principios de los partidos?

Podría argumentarse que, en realidad, puesto que la demoscopia detecta los gustos de los electores, permitiendo a los partidos adaptarse a ellos, es el instrumento perfecto para canalizar la voluntad de aquellos. Democracia en estado puro, podríamos decir. Sencillamente, actuando a impulsos demoscópicos los partidos estarían anticipándose a los gustos de los electores y proporcionándoles exactamente lo que desean. Dejemos, pues actuar a la demoscopia y abandonemos los principios.

Primer problema: éste es, ni más ni menos, el argumento que lleva a las televisiones a realizar programas basura, malolientes pero con altos índices de audiencia. Así pues, si aceptamos la sumisión a la demoscopia, preparémonos para aceptar el populismo, equivalente político del programa-basura.

Tal vez más molesto aún. Es innegable que “principios” y “convicciones” son términos que aún gozan de cierto prestigio. De modo que, aunque el partido decida sustituir ambos por la demoscopia, seguirá invocándolos, aunque para él hayan quedado vacíos de contenido. Preparémonos, y esta es la segunda consecuencia, a ingentes dosis de palabras altisonantes y tonos solemnes. Estemos dispuestos, en suma, a engullir bullshit.

He dejado la última consecuencia, que es la peor, para el final. Si los partidos sustituyen principios por demoscopia, sus líderes habrán renunciado de antemano a esta cualidad, es decir, a liderar. ¿Es esto un problema? Temo que sí. Si, en un momento dado, la preparación (o la virtud cívica) de la sociedad es baja, el camino llevará al desastre. No es difícil imaginar una masa crítica a partir de la cual, la sumisión a la demoscopia generará una espiral descendente: el electorado poco preparado demandará políticas populistas (pues son más sencillas de ingerir), que a su vez deteriorarán la sociedad, que generará electorados con menor virtud cívica que, a su vez, solicitarán más populismo.

En realidad lo peor no es esto. Lo peor es que el proceso ya está en marcha. Con Zapatero, el partido socialista ya ha renunciado a las convicciones en favor de la demoscopia, y, desde las elecciones de 2008, el PP de Rajoy parece haber hecho otro tanto. Zapatero, de hecho, es el líder-ameba ideal para esta política posmoderna: informe, sin un armazón de convicciones (aparte de mantenerse en el poder), lo que le facilita adaptarse a cualquier situación y colarse por cualquier agujero. Obsérvese que también la realidad (exigencias, ¡ay!, de la disonancia) ha tenido que adecuarse a las nuevas circunstancias. Y, como la política líquida exige poder decir una cosa en un momento y la opuesta en el siguiente, la realidad se ha fragmentado para eludir la coherencia: hoy y ayer ya no están conectados. Lo que los políticos dijeron ayer, ya no existe.

Lo más notable, lo que indica que el proceso está muy avanzado, es que cada vez es más visible. Los grandes partidos cada vez se molestan menos en disimularlo.

lunes, 18 de octubre de 2010

LIBROS RECOMENDADOS


Esto es una prueba. Con frecuencia, los despistados que caen en esta página web realizan sugerencias (básicamente de libros, pero también de películas y documentales) que encuentro valiosísimas. Me parece, por tanto, buena idea recoger y presentar esas recomendaciones. No sé aún como hacerlo. Quizás creando otro blog al que enlazaría desde aquí. De momento, dejo aquí la naciente lista para ver si funciona. Se agradecerán comentarios y nuevas recomendaciones.

domingo, 17 de octubre de 2010

I.G. FARBEN (4)


Tras el armisticio las autoridades alemanas comenzaron a preparar la comisión que negociaría las condiciones de paz en Versalles. En representación de la industria química fue propuesto Duisberg, pero éste había decidido, prudentemente, emigrar a Suiza. Era una figura excesivamente conocida, cabeza de la temida industria de los colorantes y, tal como lo describió el NYT al relatar su huida, “el eslabón entre el mundo de los negocios y Ludendorff y uno de los más activos pangermanistas”. Duisberg propuso en su lugar a Bosch, que aceptó.

En abril de 1919 la delegación alemana llegó al Hotel des Réservoirs en Versalles. Las peticiones más exigentes con las que tenía que lidiar eran la de la delegación francesa, que exigía el desmantelamiento de toda la industria militar alemana incluyendo las fábricas de nitratos y colorantes. Bosch razonó que la destrucción de las plantas de Oppau y Leuna imposibilitaría la fabricación de fertilizantes y propiciaría de este modo una hambruna en Alemania, pero los franceses no se dejaron convencer. Ante el fracaso de este argumento humanitario, Bosch recurrió a otro de carácter práctico: si los franceses respetaban las fábricas de colorantes, Alemania les transmitiría el know-how necesario para la síntesis de los nitratos. Los franceses aceptaron. Suponía el comienzo del fin del monopolio alemán sobre la técnica Haber-Bosch, pero las fábricas no serían destruidas.

En otoño Fritz Haber obtuvo el Premio Nobel de química por el descubrimiento de la síntesis del amoniaco en laboratorio. Esto despertó las iras de gran parte del mundo científico, que denostaba la orientación de su talento hacia la fabricación de armas químicas, y así el nombre de Haber salió a la luz pública en un momento especialmente inadecuado. El tratado de Versalles preveía el establecimiento de un tribunal especial para juzgar a las “personas acusadas de haber cometido actos en violación de las leyes y costumbres de la guerra” En febrero de 1920 los
aliados elaboraron una lista de 900 personas, que comenzaba con el Kaiser, Hindenburg, y Ludendorff, y en ella fue incluido Haber, que, ataviado con una barba postiza, decidió emigrar, a su vez, a Suiza. El asunto finalmente quedó en nada. El Kaiser, después de pronunciar una serie de declaraciones altisonantes acerca de morir rodeado de sus hombres, se había refugiado en un confortable castillo cerca de Utrecht, y los holandeses rehusaron entregarlo. Por otra parte, habían pasado más de quince meses desde el armisticio, las fuerzas aliadas habían comenzado a ser desmovilizadas, y no se deseaba un enfrentamiento directo con una Alemania a la que se adjudicaba el papel de tapón contra el bolchevismo. La lista original se redujo a 45 personas, todas ellas de tercera fila. Los juicios tuvieron lugar en mayo y, en lugar del Kaiser y sus generales, fueron procesados unos cuantos guardias de prisiones que habían maltratado a los prisioneros a su cargo y un comandante de submarinos que había disparado sobre los ocupantes de un bote salvavidas. Algunos de ellos fueron condenados a penas leves, entre ellos el comandante de submarinos, que posteriormente se fugó.

Sin embargo, la aplicación de la ciencia a la fabricación de gases venenosos había provocado un cambio en la percepción de la gente. Los científicos dejaron de ser contemplados como unos venerables ancianos con bata y barba blanca que trabajaban para llevar a la humanidad a un futuro de sabiduría. Ahora también había inventores malignos que, en misteriosos laboratorios, trabajaban para desatar y controlar inimaginables fuerzas de destrucción. En septiembre de 1921 estas sospechas parecieron verse confirmadas cuando una gigantesca explosión destrozó la fábrica BASF de Oppau, produciendo 600 muertos, más de 2.000 heridos, y un enorme cráter.

La prensa internacional, recogiendo los gustos del público, se lanzó a propalar rumores sobre las tenebrosas fuerzas de la naturaleza que se habían desencadenado, y sobre las conspiraciones a las que se hallaban dedicados los alemanes. En cualquier caso, Bosch tenía ante sí el enorme problema de la reconstrucción. A las pérdidas generadas por la explosión se añadirían otras, insostenibles, si la producción no era reiniciada en el menor tiempo posible. Encomendó la tarea a Carl Krauch que, a pesar estimar que sería necesario recurrir a una fuerza de trabajo de 10.000 trabajadores, obró el milagro en tres meses.

Mientras tanto en Estados Unidos continuaban convencidos de la necesidad militar de desarrollar una industria propia de colorantes, y habían depositado sus esperanzas en la empresa Du Pont. En 1919 las fuerzas aliadas habían ocupado Renania, donde se encontraba, entre otras fábricas de I.G., la de Oppau. Los norteamericanos habían confiscado patentes y habían tratado de persuadir a los técnicos alemanes para que les revelaran sus técnicas, pero éstos, cortésmente, les habían proporcionado todo tipo de información irrelevante. En 1920 la empresa Du Pont, a quien ni las patentes ni los variopintos datos suministrados por los alemanes habían servido de gran cosa, inició una nueva aproximación al asunto, y fichó, por unas cantidades astronómicas, a cuatro prominentes químicos de Bayer. A continuación la historia se desarrolló de manera rocambolesca. Los científicos se encargaron de llenar un camión con muestras, redomas y documentos. El camión fue descubierto, por casualidad, en la frontera holandesa, que lo retuvo y dio tiempo a que los alemanes dictaran una orden de búsqueda y captura por espionaje industrial. Dos de los químicos consiguieron llegar a Estados Unidos, pero los otros dos fueron detenidos y devueltos a Alemania, junto con el camión. Du Pont activó entonces sus influencias políticas. Como resultado el comandante de las fuerzas de ocupación en Alemania, dio las órdenes oportunas al jefe de la policía secreta, que organizó una operación para liberarlos que culminó con éxito. Ahora Du Pont, al igual que Francia, estaba en posición de comenzar a competir en el sector.

En 1925, el incremento de la competencia internacional llevó a Haber a proponer a I.G. un nuevo paso: que las empresas del grupo dejaran de existir de forma independiente y se fusionaran en una única entidad. Y, puesto que dejarían de constituir una Comunidad de Intereses, Bosch propuso abandonar el nombre de I.G. y adoptar el nombre, nada comercial, de Unión de Empresas Alemanas de Colorantes de Alquitrán de Carbón. Sin embargo Duisberg, que había retornado desde Suiza, expuso lo absurdo que sería renunciar al fondo de comercio que proporcionaba una marca consolidada. El día 9 de diciembre las empresas de I.G. se integraron en BASF y formaron I.G. Farbenindustrie Aktiengesellschaft*, la compañía más grande de Europa en términos absolutos, y la mayor empresa química del mundo.
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* Aktiengesellschaft: Sociedad Anónima

sábado, 9 de octubre de 2010

GRACIAS POR EL CHOCOLATE. Claude Chabrol. 2000.


Comienza la película con una boda. A través de las conversaciones mantenidas entre los distintos invitados, el espectador se entera de que él es un famoso pianista, con un hijo, que se casa en segundas nupcias. De la novia, por el momento, no se sabe nada, pero, como es Isabelle Huppert, no cabe duda de que trama algo maligno. Isabelle Huppert tiene, a mi entender, un problema como actriz. Es decididamente guapa y su expresión es enigmática, pero es muy bajita. Normalmente no hay nada de malo en ello, pero es que tiene cara de ser alta, y esto desorienta al espectador.

En la siguiente escena, dos amigas charlan en un restaurante junto al lago Léman mientras esperan la llegada de la hija de una de ellas y el novio de ésta. Cuando llegan, la amiga A, que rebosa maledicencia, aprovecha la menor excusa para revelar un secreto a la recién llegada. Resulta que ésta nació el mismo día que el hijo del pianista, y que, cuando éste acudió a la clínica para conocer a su hijo, una enfermera le enseñó en su lugar a la chica. Todo parece indicar que es posible que hubiera un error, y que la chica sea, en realidad, hija del concertista.

Pero, un momento. ¿Un error? Podría entenderse que la enfermera cambiara en el nido dos bebés nacidos el mismo día. Pero ¿es creíble que tenga lugar tal error cuando los bebés son de distinto sexo? ¿Es que ni las madres ni las comadronas recordaban si el resultado del parto había sido un niño o una niña? Pues así están las cosas. El caso es que la chica, que también toca el piano, está encantada con la posibilidad de que se confirme la confusión, pues entiende que es mucho mejor tener un padre que es pianista y famoso a otro que es un desconocido y, por cierto, está muerto. Cariño filial, el justo.

De modo que la chica decide visitar al pianista, que vive en una hermosa villa sobre el lago. Tras un primer momento de desconcierto, éste también queda encantado de conocer a su hija eventual. Es normal, pues es guapa y talentuda, mientras que su hijo oficial es molondro y despeinado. En esa primera visita la chica asiste por casualidad a un suceso llamativo. Voluntariamente, aunque pretendiendo que se ha tratado de un accidente, la mujer del pianista (Huppert) derrama el contenido de un termo con chocolate que estaba destinado a su hijastro. Como la acción la ha intrigado, y el chocolate ha manchado su jersey, la chica pide a su novio, que es químico, que lo analice. Según su dictamen, el chocolate está atiborrado de somníferos. En realidad, todo en la casa del pianista gira en torno a los tranquilizantes. Él no puede dormir sin recurrir al Rohipnol, y su primera mujer murió al estrellarse su coche cuando, al bajar al pueblo para reponer las existencias que se habían agotado, se quedó dormida al volante. La chica, tras enterarse de que Huppert ha intentado drogar a su hijastro, ata cabos. ¿Será posible que también provocara la muerte de la primera mujer del pianista? Pues sí, averigua el espectador.

Las sospechas no impiden que la chica acuda a casa del pianista cuando éste la invita a pasar unos días para ayudarla a superar un certamen de piano. El hijo, que cada vez está más obtuso, recibe la noticia con profundos celos. En resumen, Huppert decide volver a matar, y como es exageradamente fiel a su modus operandi repite minuciosamente la secuencia original: anuncia que se ha agotado el Rohipnol, acepta la oferta de la chica de bajar a la farmacia del pueblo, y droga su bebida. Incluso se pone el mismo echarpe que utilizó cuando mató a la primera mujer del pianista. La chica, a pesar de sus recelos, se toma el café narcotizado. El hijo, que también sospecha, la acompaña. Cuando a la chica le entra sueño, en lugar de, una vez confirmadas sus sospechas, parar el coche en el arcén, continúa hasta que se estrella contra un muro. Un comportamiento singular.

Y hablando de comportamientos ¿por qué actúa así Huppert? Pues por ninguna razón en especial. Porque es mala, y punto. Así se lo comunica a su marido, que recibe la noticia, así como la posibilidad de que su hijo o hija, sea el que sea el auténtico, va a morir, con perfecta ecuanimidad. En resumen, las cosas no ocurren de acuerdo con la lógica convencional sino con la francesa, que consiste en, cuando no se sabe qué decir, poner una cara de intensa vida interior que evoca un cierto retardo mental.

Una pregunta más. ¿Cómo un mismo director puede hacer una película tan buena como “La ceremonia” y esta otra?

viernes, 8 de octubre de 2010

EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CHE

El Che Guevara es el ejemplo perfecto de "iluminado”. Llamo así a los que consideran la vida un gigantesco escenario diseñado para su exclusivo lucimiento, por el que pasean como si los focos estuvieran permanentemente dirigidos hacia ellos. Ellos son los protagonistas absolutos de la obra: los demás carecen de importancia, aunque el iluminado suela afirmar virtuosamente que todo lo hace por ellos. Todos, desde luego, deseamos representar un papel interesante en la vida. ¿Qué es, por tanto, lo que distingue a los iluminados? La desmesura. Un exceso de egolatría que se manifiesta en considerar que todo lo externo a él es mero decorado. Su peligro es, por tanto, tremendo, porque el destino del atrezzo (es decir, de todos los demás) no les preocupa en absoluto.

Un ejemplo. Todo parece indicar que el Che sufrió un ataque de frustración e ira cuando comprobó que la crisis de los misiles rusos en Cuba no desembocaba en un estallido nuclear, que él consideraba el final apocalíptico idóneo para su historia (es decir, para la historia del mundo)*. Envuelto en su palabrería de fraternidad y solidaridad, estaba dispuesto a llevar a la muerte a millones de personas para su lucimiento. Por eso, a pesar de su indiscutible arrojo, el Che es un personaje (y en su caso esta denominación es exacta) que me provoca una profunda aversión.

Aquí y ahora tenemos también muchísimos iluminados. Por ejemplo, la tendencia, perfectamente destructiva, a considerar España un decorado es un síntoma claramente visible en Zapatero, a quien todos los destrozos que lo sobrevivan le resultan irrelevantes. Pero mi preferido es Garzón, al que sus excesos teatrales parecen estar reconduciendo, afortunadamente, a la condición de actor secundario.

* El Che Guevara en el Daily Worker, criticando el acuerdo entre Kennedy y Jruschov: ”Si los cohetes hubieran permanecido, los hubiéramos usado todos y dirigido hacia el corazón mismo de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión.”

p.d. No se pierdan el excelente libro de Jorge Castañeda “Compañero”

jueves, 7 de octubre de 2010

I.G. FARBEN (3)


El ataque con gases tóxicos reveló a los aliados la ventaja militar que proporcionaba a Alemania su monopolio mundial en la industria de colorantes. De acuerdo con las exigencias de la nueva guerra química, un país sin tal industria era vulnerable a sus enemigos, una situación intolerable que cada uno intento solucionar por su cuenta. En Estados Unidos la empresa Du Pont, la principal proveedora de pólvora y explosivos, respondió a la llamada de su gobierno y, comenzó a adquirir patentes y know-how a través de una empresa inglesa del sector. Más importante aún, Du Pont contrató a un ejecutivo que trabajaba en una filial norteamericana de BASF, para enorme enfado de Carl Bosch, que, a pesar de que el ejecutivo en cuestión era norteamericano, lo consideró una absoluta traición.

En mayo de 1915 Bosch anunció que había conseguido completar satisfactoriamente el proceso de producción industrial de nitrato sintético, y Alemania dejó de depender de Chile. Inmediatamente Bosch comenzó a presionar al Ministerio para que subvencionara la expansión de la capacidad productiva de BASF, y para ello contó con la inestimable colaboración de Hermann Schmitz, un joven oficial de la
Oficina de Materias Primas. De este modo consiguió que el gobierno financiara la construcción de una gigantesca planta Haber-Bosch de producción de nitratos en Leuna, en Alemania Central. Fue el comienzo de una fructífera colaboración entre Bosch y Schmitz.

En julio de 1916 la batalla del Somme despertó en los alemanes serias dudas sobre sus posibilidades de victoria. Carl Duisberg, que además observaba con preocupación el crecimiento de la competencia internacional, se reunió con representantes del sector con el fin de formalizar un acuerdo de cooperación permanente entre las principales empresas alemanas. En julio las Tres Grandes, BASF, Bayer y Hoechst, se unieron a AGFA, Kalle, Cassella, Ter Meer y Grisham y formaron la I. G. der Deutschen Teerfarbenindustrie*.

La batalla del Somme supuso, además, la sustitución de Falkenhayn por el Mariscal de Campo Paul von Hindenburg, que nombró a Erich von Ludendorff como su segundo. Este nombramiento fue bien recibido por el mundo industrial, pues Ludendorff era considerado favorable a sus intereses. Efectivamente, tres días después de su nombramiento Hindenburg decretó un incremento de la producción militar, triplicando la de armamento ligero y pesado y doblando la de municiones (una decisión extraña, a no ser que tuvieran intención de que el número de disparos se redujese en un tercio). También suponía un considerable incremento de la producción de gas venenoso y, en general, de armamento químico. En septiembre Hindenburg y Ludendorff recibieron a Duisberg y a Gustav Krupp, de la industria del acero, para que le manifestaran sus impresiones sobre el nuevo programa armamentístico. Ambos entonces le expusieron al unísono que la industria estaba aquejada de una grave falta de mano de obra. Como consecuencia de esta reunión dos meses más tarde, en noviembre de 1916, el ejército alemán comenzó la deportación forzada de trabajadores belgas a las fábricas alemanas. La prensa internacional recogió el relato: grupos de obreros conducidos como ganado a los trenes que los llevarían a Alemania, entre muestras de desesperación de sus familiares. Incluso el gobierno de Estados Unidos, todavía neutral, dirigió una nota formal de protesta al gobierno alemán, que fue puntualmente ignorada. En total, unos 60.0000 belgas fueron enviados a Alemania para trabajar en situación de virtual esclavitud.

Pero nuevos problemas de suministro comenzaban a asaltar a Alemania. Su fuente más cercana de combustible se encontraba en los campos petrolíferos de Rumania, que había permanecido neutral. En agosto de 1916, viendo la creciente debilidad de las Potencias Centrales, Rumania decidió entrar en guerra. Los rumanos ambicionaban una serie de territorios vecinos, y consideraron que había llegado el momento de alinearse con los vencedores y disfrutar del reparto que seguiría al fin de la guerra. La decisión resultó ser precipitada. Tres meses más tarde los alemanes y húngaros habían invadido la mitad del país, y a lo largo del siguiente invierno 300.000 rumanos murieron de hambre y enfermedades. Pero cuando los alemanes llegaron a los codiciados campos de petróleo, se encontraron con que ya habían sido volados por los aliados.

Había, sin embargo, experimentos en marcha para encontrar sustitutivos sintéticos del petróleo. El más prometedor intentaba conseguir una gasolina sintética a través de carbón e hidrógeno. Este proceso, inventado en 1909 por Friedrich Bergius y conocido como hidrogenación, combinaba altas presiones y temperaturas al modo Haber-Bosch. De manera análoga a lo ocurrido en el desarrollo del proceso Haber-Bosch, en 1916 quedaba el problema de llevarlo a la producción a gran escala.

También existían serios problemas de escasez de goma, y Alemania recurrió a medidas extraordinarias para eludir el bloqueo inglés. Por ejemplo, en dos ocasiones el submarino Deutschland había conseguido romper el bloqueo y traer sendas cargas de goma de puertos de los Estados Unidos, recibidas a cambio de materiales de la industria de colorantes y medicamentos como Salvarsan y Novocaína. Ante la escasez, Bayer y BASF se lanzaron a la búsqueda de un sustitutivo de la goma. Pero, si bien consiguieron una goma sintética, no era lo suficientemente flexible para ser utilizada en la fabricación de neumáticos, que era para lo que se requería con mayor urgencia, y su uso se limitó a equipamientos eléctricos, tales como baterías y magnetos.

En abril de 1917 los Estados Unidos entraron en guerra. Esto, sumado al bloqueo fue demasiado para Alemania. El 11 de noviembre de 1918 firmó el armisticio.
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* Nota de Brunilda: Teer significa brea, y Farben colores. Así, el nombre podría traducirse como Comunidad de Intereses de la industria alemana de los colores de la brea. Es normal, puesto que los colorantes se obtenían a partir de la anilina, que a su vez se extraía del alquitrán de hulla o brea.

jueves, 30 de septiembre de 2010

I.G. FARBEN (2)


En julio de 1914, a menos de un mes del estallido de la guerra, la planta BASF de Oppau producía 40 toneladas diarias de amoniaco sintético. Entretanto Bosch había realizado pruebas en el laboratorio, y a partir del amoniaco había obtenido cantidades limitadas de nitrato de sodio. El nitrato era imprescindible para la fabricación de pólvora, pero, sorprendentemente, el Ministerio de la Guerra no había demostrado un gran interés en el asunto. Por el contrario, en agosto, como un elevado número de técnicos y trabajadores de Oppau habían sido llamados a filas, la planta tuvo que ser cerrada. Este desinterés del mando alemán era una consecuencia directa del Plan Schlieffen, sobre el que se basaba el ataque a Francia. El Plan había sido creado por el conde Alfred von Schlieffen entre 1897 y 1905, y se planteaba como objetivo fundamental evitar que Alemania se viera envuelta en una guerra en dos frentes. Partía de la hipótesis de que Rusia tardaría unas seis semanas en movilizar a su ejército, y, consiguientemente, este era el tiempo que concedía Schlieffen para la derrota de Francia.

Puesto que los militares alemanes preveían una fulgurante victoria, no estaban preocupados por la escasez de pólvora y, en general, de materias primas. Cuando apenas habían transcurrido unas semanas desde el inicio de la guerra, Walter von Rathenau, presidente de la AEG (Allgemeine Elektricitäts-Gesellschaft), se entrevisto con el Ministro de la Guerra, el general Erich von Falkenhayn, y le expuso su inquietud, que reflejaba la del mundo industrial. Alemania no era especialmente rica en materias primas, y dependía directamente del exterior para el abastecimiento de productos tales como petróleo, nitratos, y goma, todos ellos decisivos para el desarrollo de la guerra. Los aliados bloqueaban la entrada de esas mercancías, y, en caso de que no llegara a cumplirse el calendario previsto por el Plan Schlieffen, en poco más de seis meses la industria se colapsaría, y con ella Alemania. Rathenau era una figura de prestigio: no sólo era consejero en un centenar de empresas, sino que además era un personaje político que, algunos años más tarde, llegaría a ser Ministro de Exteriores. Falkenhayn fue receptivo a su inquietud, y creo una Oficina de Materias Primas dependiente de su Ministerio. Al frente de ella puso a Haber, que se trajo consigo un surtido de Premios Nobel y otros prominentes científicos. Pronto, firmemente apoyada por Falkenhayn, el Gabinete Haber creció en influencia. Sin embargo, muchos de los generales prusianos del Ministerio contemplaban con desdén y suspicacia a Rathenau, que no sólo era civil sino además judío. Pero en septiembre de 1914 las tropas alemanas fueron detenidas en El Marne, a las puertas de París, y las esperanzas de una rápida victoria se desvanecieron por completo.

A partir de ese momento el problema más acuciante era la escasez de nitratos, y, con la armada inglesa dominando el atlántico, las posibilidades de acceder al mercado chileno eran nulas. Así las cosas Haber persuadió al Ministerio de la Guerra para que convocara con urgencia a Bosch a Berlín. Este explicó a Falkenhayn que, si bien la producción de nitrato sódico a partir de amoniaco se había logrado en el laboratorio, estaba lejos de conseguirse una producción industrial. Era necesario trabajar febrilmente, era imprescindible que los ingenieros y técnicos llamados a filas retornaran a Oppau, y era muy recomendable que BASF recibiera cuantiosos fondos del Ministerio. Satisfechas todas sus condiciones previas, Bosch puso manos a la obra.

A la espera de los resultados de los trabajos de Bosch y la BASF, el Ministerio de la Guerra buscó una solución militar a la escasez de nitratos y encargó al Almirantazgo un plan para romper el bloqueo naval y abrir la ruta con Chile. El proyecto recibido en respuesta incluía la conquista de las islas Malvinas, usadas por los ingleses para el abastecimiento de sus buques. Allí fue enviado el almirante von Spee que, tras algún éxito inicial, fue mandado al fondo con su flota.

El tiempo corría en contra de Alemania, y Falkenhayn designó al comandante Max Bauer como enlace del Ministerio de la Guerra con los representantes de la industria. Asesorado por el Gabinete Haber, Bauer se enteró de que la industria de los colorantes empleaba sustancias altamente tóxicas, como el fosgeno o los compuestos del cloro, que podían ser fácilmente convertidas en armas químicas sin necesidad de realizar grandes cambios en las plantas industriales. Bauer visitó entonces a Duisberg y le solicitó la colaboración de la industria en el desarrollo de armas químicas. Duisberg era un patriota, fiel a Alemania y a Bayer, y comprendió de inmediato las posibilidades que el proyecto ofrecía para revitalizar el sector. Otras consideraciones no fueron tenidas en cuenta. El primer gas tóxico producido por la Bayer derivaba del fosgeno y se conoció como “T-stoff”. Tenía efectos lacrimógenos y fue probado contra los rusos en el frente oriental con escaso éxito. Las bajas temperaturas congelaron el gas, que se precipitó, inofensivo, a tierra.

Mientras tanto Haber, que desde la Oficina de Materias Primas participaba con fervor en el proyecto de creación de gases venenosos, consideró que el cloro era un agente más adecuado para sus propósitos, y supo que BASF había conseguido almacenarlo en cilindros metálicos en lugar de los tradicionales recipientes de cristal, poco adecuados para ser manejados en un campo de batalla. Esta vez decidieron probarlo en el frente occidental. En abril de 1915 Haber, acompañado de representantes del Ministerio de la Guerra y de la industria de los colorantes, llegó a Ypres, en Bélgica, con 5.000 cilindros de cloro líquido, Tras esperar condiciones de viento favorables, el día 22 los abrieron y dejaron que una espesa nube amarilla se dirigiera a las líneas enemigas. El efecto fue devastador: el paso del gas dejó 15.000 combatientes inutilizados, 5.000 de ellos muertos, y abrió una amplia brecha en el frente. Entusiasmado con el éxito, Haber se puso a trabajar en un ataque masivo sobre el frente oriental. Su mujer le rogó que abandonara el proyecto, pero él destino de Alemania, y el prurito científico de Haber, estaban en juego. Partió, pues, hacia el este, y su mujer se suicidó. Desgraciadamente para los alemanes, desaparecido el factor sorpresa, los gases venenosos dejaron de ser un arma decisiva para el desarrollo de la guerra.


martes, 28 de septiembre de 2010

I.G. FARBEN (1)


En 1856 William Henry Perkin, un estudiante de dieciocho años del Royal College of Chemistry de Londres, intentaba sintetizar quinina a partir de la anilina. La quinina, un alcaloide usado para combatir la malaria, únicamente puede extraerse de forma natural del árbol de la Quina , que crece en regiones andinas de Bolivia y Perú. La producción natural resultaba, por tanto, dramáticamente insuficiente para la demanda mundial, y por eso los científicos se esforzaban para encontrar un sustitutivo. Perkin no obtuvo el éxito que esperaba. Al oxidar la anilina, en lugar de los blancos cristales de la quinina deseados, obtuvo una sustancia de un indeleble color malva: había descubierto el primer colorante artificial. Perkin, cuyo espíritu era más negociante que científico, abandono el College y fundó una fábrica con su padre en la que comenzó a producir sus propios pigmentos. Así nació una nueva industria.

El descubrimiento de los colorantes sintéticos había sido inglés, pero fueron los alemanes los que se aprovecharon de él. La anilina es un derivado del benceno, y éste era extraído a su vez del alquitrán de hulla, un residuo del proceso de obtención de alumbrado de gas. Los alemanes disponían de ingentes cantidades de alquitrán, desechos de la producción de acero en el Ruhr a los que, de este modo, podían dar una nueva utilidad. Al comenzar el siglo XX seis grandes compañías alemanas dominaban la industria mundial de producción y distribución de colorantes sintéticos. Las mayores eran conocidas como las Tres Grandes:

BASF (Badische Anilin und Soda-Fabrik, Ludwigshafen)
Bayer (Farbenfabriken vorm. Friedrich Bayer & Co., Leberkusen)
Hoechst (Farbwerke vorm. Meister Lucius und Bruening of Hoechst am Main)

Y eran seguidas por otras tres empresas:

Agfa (Aktiengesellschaft für Anilinfabrikanten, Berlín)
Cassella (Leopold Cassella & Co., Frankfurt)
Kalle (Kalle & Co., Biebrick)

Si bien las empresas alemanas habían conseguido el monopolio mundial de la industria del colorante, permanecían enredadas entre ellas en interminables luchas de precios y litigios sobre patentes. En 1903 Carl Duisberg, director general de Bayer y prominente figura en la industria, visitó América y admiró la elegancia con la que algunas empresas, y en especial la Standard Oil de Nelson Rockefeller, sorteaban la legislación anti-trust del país. Al volver a Alemania Duisberg se reunió con los directivos de las empresas del sector de los colorantes, que, obviamente, se mostraron receptivos a cualquier idea que pudiera disminuir la sangría que les suponía la competencia. De este modo se crearon dos Interessen Gemeinschaft (comunidades de intereses) que agrupaban respectivamente a BASF, Bayer y AGFA, por un lado, y a Hoechst, Cassella y Kalle por otro.

Las I.G. se encargaban de fijar políticas comunes y organizar el reparto de cuotas exclusivamente en el ámbito de la fabricación de colorantes, pero las integrantes se mantenían como empresas independientes, que se dedicaron a explorar otros campos de la química. AGFA se con
virtió en la principal productora mundial de material fotográfico. Hoechst y Bayer diversificaron hacia la industria farmacéutica. La primera desarrolló la Novocaína, y apoyo la investigación que llevaría a la obtención del Salvarsan, el medicamento que curaba la sífilis. De los laboratorios de Bayer emergió la Aspirina. También la Heroína, diseñada para remediar la adicción a la morfina y como medicamento contra la tos, especialmente efectivo en los niños.

En principio el nombre de BASF no era tan conocido para el público como AGFA, Bayer o Hoechst, ya que no se dedicó al gran consumo. Sin embargo, dentro del sector la empresa era altamente respetada. Para empezar, fue la primera empresa en desarrollar los colorantes azules (los rojos y los verdes habían resultado mucho más sencillos de alcanzar), en una carrera en la que había empeñado su prestigio y su dinero. Tras este triunfo se embarcó en una empresa de mucha mayor trascendencia: la obtención de nitratos sintéticos. Los nitratos naturales, también conocidos como guano, de los que Chile poseía el monopolio natural, eran usados como fertilizantes. A finales del siglo XIX las teorías de Malthus,
que profetizaban la incapacidad de la Tierra para alimentar una población en aumento, hacían temer que las reservas de nitrato de Chile acabaran agotándose, por lo que la búsqueda de un nitrato sintético se convirtió en una prioridad. Adicionalmente, el nitrato de sodio era un elemento fundamental en la fabricación de pólvora negra y, en general, de explosivos.


En 1909 el científico Fritz Haber, patrocinado por BASF, desarrolló en laboratorio un proceso para, mediante la combinación de elevadas presiones y temperaturas, obtener amoniaco a partir de hidrógeno y nitrógeno. La obtención de amoniaco representaba un paso intermedio en la obtención de nitratos sintéticos, pero, previamente, había que desarrollar un procedimiento para conseguir trasladar los resultados del laboratorio a la producción industrial. BASF escogió para esta misión al ingeniero Carl Bosch, que construyó una planta en Oppau, muy cerca de la sede de la empresa. En 1913 Bosch consiguió su objetivo, y la planta de Oppau era capaz de producir industrialmente amoniaco. Este método basado en altas presiones y temperaturas se denominó Haber-Bosch, en honor del científico y el ingeniero que lo habían desarrollado.
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* El árbol de la Quina fue denominado Cinchona por Linneo, ya que, según la tradición, la primera persona en ser curada de la malaria usando corteza de Quina había sido la condesa de Chinchón. Se dice que fueron los quechuas los primeros en apreciar sus virtudes curativas, y que fueron los jesuitas los que la introdujeron en Europa. Por eso era conocida como “corteza jesuita” o “polvo jesuita” (con perdón)

sábado, 18 de septiembre de 2010

DE NUEVO, UN HONOR

Santi González ha tenido la amabilidad de publicar esta entrada en su blog.

viernes, 10 de septiembre de 2010

VILFREDO PARETO: LOS RESIDUOS Y LAS DERIVACIONES

"Para empezar, debemos hacer constar que la mayor parte de las acciones humanas tienen su origen, no en el razonamiento lógico, sino en el sentimiento. (…) No obstante al hombre, impelido a actuar por motivos no-lógicos, le gusta relacionar lógicamente sus actos con ciertos principios; de este modo inventa estos a posteriori para justificar sus acciones. Así sucede que una acción A, que en realidad es el efecto de la causa B, es presentada por su autor como el efecto de una muy frecuentemente imaginaria causa C. El hombre que engaña a sí a sus iguales comienza engañándose a sí mismo, y firmemente cree en su propio argumento.
Vilfredo Pareto. El ascenso y caída de las élites.

"En el lenguaje de Pareto, los residuos son los sentimientos o las expresiones de los sentimientos inscritos en la naturaleza humana, y las derivaciones son los sistemas intelectuales de justificación mediante los cuales los individuos enmascaran sus pasiones o confieren apariencia de racionalidad a proposiciones o a formas de conducta que no la tienen.
Raymond Aron. Las etapas del pensamiento sociológico.

Así pues Pareto defiende que tendemos a ocultar nuestras motivaciones emocionales detrás de formulaciones lógicas construidas a posteriori, y que este enmascaramiento suele engañar tanto a su autor como a los espectadores. Pareto presenta el siguiente esquema, en el que A representa el estado emocional del individuo, B sus acciones y C las razones invocadas para éstas, que pueden tomar el aspecto de una teoría o una ideología. Dice Pareto: ”La tendencia muy marcada que tienen los hombres a tomar las acciones no-lógicas por acciones lógicas los lleva a creer que B es un efecto de la ‘causa’ C. De este modo se establece una relación directa CB en lugar de la relación indirecta que resulta de las dos relaciones AB, AC”.


Puesto que son los sentimientos (A) los que determinan nuestra conducta (B), las refutaciones lógicas de la cobertura ideológica (C) tienen escasa utilidad. Es ésta una aparente paradoja con la que, supongo, todos nos hemos enfrentado en algún momento, al ver como personas inteligentes soportan ver demolida argumentalmente su ideología sin que esto les haga variar un ápice su posición. Para modificar los comportamientos hay que actuar sobre los sentimientos. Sólo a largo plazo las discusiones en las ideologías pueden influir en ellos. Por eso, como dice Aron, “para actuar sobre los hombres los razonamientos necesitan transformarse en sentimientos”. El propio Pareto revela algunos mecanismos dialécticos para influir en el comportamiento de los hombres:

Aunque no tenga el más mínimo valor lógico-experimental, la repetición vale más y es mejor que la más rigurosa demostración lógico experimental. La repetición actúa especialmente sobre los sentimientos y modifica los residuos. La demostración lógico experimental actúa sobre la razón; en el mejor de los casos, puede modificar las derivaciones, pero tiene escasa influencia sobre los sentimientos.

Los residuos son manifestaciones de nuestro sustrato instintivo y emocional. A partir de la observación y los datos históricos Pareto realiza una exhaustiva clasificación en cinco clases. Sin embargo, para el propio Pareto las más importantes son la primera y la segunda:

- La primera clase de residuos es “el instinto de las combinaciones”. Refleja la tendencia a establecer relaciones entre las cosas, a realizar desarrollos lógicos, a razonar. Las sociedades más brillantes de la historia son aquellas en las que, según Pareto, han predominado los residuos de la primera clase, como la Atenas de Pericles.

- La segunda clase es “la persistencia de los conglomerados”, y es en cierto modo la otra cara de la moneda de la anterior. Si el instinto de las combinaciones impulsa a las sociedades hacia el cambio y la renovación, la persistencia de los conglomerados refleja la tendencia a conservar las instituciones ya formadas y a rechazar los cambios. Como resume Aron de estos residuos “uno incita a construir edificios intelectuales y otro a estabilizar las combinaciones”. En la esfera de los residuos de segunda clase Pareto incluye las costumbres, creencias, y religiones. Y, siguiendo el ejemplo anterior, si la Atenas de Pericles estaba saturada de residuos de la primera clase, Esparta predominaban más bien los de segunda.

Los residuos de primera clase favorecen el progreso (o, al menos, el movimiento), el individualismo, la sofisticación y, quizás, la decadencia de las sociedades. Por el contrario, los de segunda están más relacionados con el tribalismo. Por eso la cuarta clase, “los residuos en relación con la sociabilidad” (que es importantísima) podría ser subsumida en la segunda.

Según Pareto, si bien los residuos son relativamente estables (básicamente similares en una persona del s.X y en otra del s.XX), se producen oscilaciones o ciclos en los que varía el peso relativo de los residuos de una u otra clase en la sociedad. De este modo, los residuos de primera y segunda clase funcionan como un par de fuerzas que determina los movimientos de la sociedad (el otro motor de la sociedad, del que escribiré más adelante, es la circulación de las élites)

En cuanto a las derivaciones, de la gran y vistosa variedad de argumentos con que los hombres pueden justificar sus actos Pareto se limita a establecer cuatro categorías, que recogen aquellas argumentaciones que suelen ser más convincentes, tanto para el que las emite como para el que las recibe:

1. Las simples afirmaciones.
2. Los argumentos de autoridad.
3. La apelación a entidades sobrenaturales o a principios abstractos (la igualdad, la democracia…)
4. Las acrobacias verbales.

En “El ascenso y caída de las élites”, un breve ensayo escrito antes del “Tratado de sociología general”, Pareto, al hablar de los ciclos con los que los residuos se presentan en la sociedad, dice que hay momentos de la historia en que es detectable un fuerte incremento del sentimiento religioso. Uno de ellos coincide con la expansión del cristianismo en el imperio romano. Otro con la expansión del socialismo (incluyendo ls distintas marcas del marxismo). Tanto el cristianismo como el socialismo son, para Pareto, meras derivaciones, expresiones ambas de un sentimiento religioso predominante. Pero el enorme éxito de la derivación “socialismo” proviene de tener, además, una convincente apariencia científica. La Ilustración no significó tanto el triunfo de la razón como el triunfo del prestigio de la razón, y desde entonces toda derivación necesita tener una buena apariencia de racionalidad. Podría decirse que esa necesidad de apariencia de razón se ha incorporado ya a los residuos.

En cualquier caso, si aceptamos que detrás de la aceptación del socialismo hay una emoción religiosa nos encontraremos con unas cuantas ironías. Para empezar, cuando contemplamos la pretendida (y efectivamente virulenta) laicidad de sus adeptos. Para continuar, la constatación de que la progresía está aquejada de residuos conservadores, pues no olvidemos que las emociones religiosas se integran en los residuos de segunda categoría. Lo dejo aquí.