sábado, 19 de enero de 2019

LA COLONIZACIÓN


Publicado en Revista Enki

Hemos celebrado en el Congreso, a lo largo de muchas sesiones, una Comisión de Investigación sobre la crisis financiera en España. Se trataba de ver qué fue lo que nos condujo al naufragio que, según el Tribunal de Cuentas, ha costado a los contribuyentes 60.800 millones de euros en concepto de “rescate bancario”. Un desastre que provocó la pérdida de más de 72.000 empleos directos que, sumados a los producidos por la falta de liquidez en la economía, se pueden calcular en millones.

Desde luego el naufragio tiene causas generales –la tempestad se inicia con el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos- pero tiene otras específicamente españolas. Desde las primeras sesiones de la Comisión hay algo que parece claro: la crisis financiera en España ha sido la crisis de las Cajas de Ahorro. ¿Por qué ha sido así? ¿Por qué los bancos, por lo general, aguantaron mejor la tempestad mientras que casi la totalidad de las Cajas –hay dos honrosas excepciones- han desaparecido? El motivo parece claro: las Cajas habían sido colonizadas por el poder político.

La colonización política dejó a las Cajas muy poco preparadas para capear el temporal por varias razones. En primer lugar porque fueron utilizadas para financiar proyectos de dudosa rentabilidad, pero con los que los políticos esperaban obtener rendimiento electoral. Se creó así lo que el compareciente Jesús Fernández Villaverde llamó el «el bucle diabólico» entre partidos políticos, cajas y constructores. Un bucle que provocó un «caciquismo posmoderno» en el que los poderes autonómicos y locales se dedicaron a financiar obras faraónicas y promociones inmobiliarias para su propio lucimiento y para disponer de inauguraciones en vísperas de elecciones. Este caciquismo posmoderno, por cierto, fue mucho más insidioso que el tradicional en el que, al menos, las voluntades de los votantes se compraban con el dinero de los propios caciques y no con los depósitos ajenos. Además, la financiación de las Cajas politizadas a constructores y promotores inmobiliarios abrió de par en par la puerta a la posibilidad de corrupción en forma de comisiones y mordidas. En todo caso esta utilización partidista hizo que, cuando llegó el temporal, la exposición de las Cajas al riesgo inmobiliario –por porcentaje y por solvencia- era muy superior al de los bancos.

Pero además, y esta es la segunda razón del desastre, los partidos, sindicatos y patronales llenaron los consejos de administración de las Cajas con políticos, parientes y amigos sin el menor conocimiento financiero; esto las dejó muy mal preparadas para reaccionar a tiempo ante la crisis y tomar las decisiones correctas. En este sentido las comparecencias de antiguos directivos de Caja Madrid, Caixa Catalunya, Bancaja, Caja de Castilla-La Mancha y muchas otras instituciones han sido desoladoras. «Ninguno de los que estábamos allí éramos expertos», admitió con total candor el expresidente de la desaparecida Caja de Ahorros del Mediterráneo. Era sincero: la cualificación aportada por uno de sus compañeros era la de ser bailarina profesional. Por su parte el expresidente de Caixa Catalunya –y exvicepresidente del Gobierno- sacó pecho y defendió que él se había preocupado en dar cursos de formación a los miembros de su Consejo… para que supieran lo que es un balance y una cuenta de resultados. La escasa preparación de sus miembros, por cierto, no les impidió subirse los sueldos -«para alcanzar el salario medio del sector»- como premio a los esfuerzos realizados para conseguir hundir la Caja, razón por la que ahora están imputados. Su entidad acabo necesitando un rescate de 12.052 millones de euros.

Hay una tercera razón por la que la colonización política de las Cajas precipitó el desastre: aquellos que tenían que haber regulado, vigilado e intervenido –el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores- lo hicieron tarde y de forma insuficiente. También sus presidentes habían sido nombrados por los partidos políticos.

¿Y en Baleares? Pues aquí, junto a Sa Nostra, que se hundió siguiendo el mismo patrón que el resto de Cajas, tenemos a una de las dos únicas Cajas que se han salvado del desastre: Colonya, Caja de Ahorros de Pollensa. Su presidente, que compareció en la Comisión de Investigación del Congreso, proporcionó la receta del éxito: ellos se habían mantenido en el negocio tradicional, no habían aceptado «interferencias políticas», y no habían financiado “ninguna macroinfraestructura pública”. Ahora díganme, por favor, si no es imprescindible que también en el Parlamento Balear haya una comisión de investigación para saber por qué Sa Nostra, y con ella su obra social, ha desaparecido de Baleares.

martes, 8 de enero de 2019

LA COMISIÓN PARA LA INMORTALIZACIÓN


La Ilustración abrió la puerta a la ciencia y la razón, pero con ellas entraron también cuestiones perturbadoras. Desacreditadas las religiones que se reconocían como tales, se abrió paso a la posibilidad de la muerte definitiva, es decir, a las desapariciones sucesivas de la consciencia individual, de la propia especie humana, y aún del cosmos. Se formularon preguntas sobre el sentido de la vida en un mundo con fecha de caducidad, y de la posibilidad de moral en un universo sin Dios. Era inevitable que, ante la sobrevenida zozobra, surgiera una búsqueda de evidencias de la continuidad de la vida después de la muerte, pero adaptada a las exigencias de la nueva época racional. Así nació en ¬1882 la Sociedad para la Investigación Psíquica (Society for Psychical Research, SPR)

El propósito de la Sociedad era analizar aquellas áreas menos atendidas por la ciencia oficial como el hipnotismo, la telepatía, el espiritismo y las apariciones en casas encantadas, todo ello “desde un enfoque científico y sin prejuicios”. Uno de sus principales miembros fue Frederic Myers (1843-1901) , antiguo estudiante en el Trinity College de Cambridge; su mentor allí había sido el filósofo utilitarista Henry Sidgwick, también miembro de la SPR. Como muchos de sus colegas, Myers tenía razones personales para buscar indicios de vida tras la muerte. A pesar de estar felizmente casado, y de ser padre de tres robustos hijos, había amado durante tres años a una mujer –una tal Phyllis- hasta que su suicidio interrumpió abruptamente la relación. Myers, traductor de Freud, comprendió enseguida que nuestro consciente es una parte bastante pequeña de lo que nos mueve a actuar, pero decidió que la mejor manera de aflorar la parte sumergida del iceberg era la escritura automática. En este sentido, es el inventor del surrealismo.


Mediante la escritura automática -en la cual el sujeto se sienta ante un papel en blanco, pretende haber vaciado su mente, y pone expresión ausente para demostrarlo- se intentaba sacar a la luz los misterios de nuestra parte oculta. Y, ya puestos, también podía ser el lugar idóneo para ponerse en contacto con ese elusivo mundo sobrenatural por el que las almas podían estar intentando afanosamente comunicarse con los vivos. Con este método Myers, que llevaba tiempo tratando de contactar con Phyllis, decidió que finalmente había alcanzado el éxito.

A la muerte de Myers el procedimiento de la escritura automática fue perfeccionado con el de “correspondencia cruzada”, mediante el cual dos médiums escribían simultáneamente en lugares separados y posteriormente confrontaban lo escrito. La teoría era que los espíritus, entre ellos los miembros de la SPR que se iban incorporando por fallecimiento, ya habrían entendido los problemas de comunicación entre ambos mundos, y habrían desarrollado soluciones, tanto para superarlos, como para demostrar fehacientemente su existencia: esto lo conseguirían al mandar el mismo mensaje a dos personas separadas. Por lo general, los resultados no eran impactantes como lo imaginativo de sus interpretaciones, pero algunos médiums comenzaron a afirmar haber recibido mensajes del propio Myers.


Inadvertidamente los investigadores de la SPR no buscaban un trasmundo cualquiera: esperaban encontrar de nuevo el paraíso. Pensaban demostrar que más allá de la muerte había un ecosistema benévolo donde los muertos pervivían como una versión mejorada de los vivos, libres de las inquietudes y las fealdades de la existencia previa. Parecían dar por sentado que el hallazgo de pruebas de una existencia más allá de la muerte sería una respuesta definitiva que alejaría toda incertidumbre, pero ¿por qué asumir eso? Para empezar, nada indicaría que ese mundo sobrenatural, en caso de existir, no estuviera también condenado a la extinción, de modo que uno podría morirse, continuar su existencia en otro mundo más inmaterial, y descubrir, para su consternación, que esa vida tampoco sería eterna. Por otra parte el más allá tampoco tendría que ser necesariamente más comprensible que el más acá: pudiera ser que ultratumba fuera igual de misteriosa e inaccesible al entendimiento que el mundo de los vivos, y que por ella las consciencias vagaran tan ausentes de respuestas como en este.

Un aspecto especialmente delicado era la propia continuidad de la consciencia. Si se asume que la persona es algo único e inmutable desde el comienzo hasta su muerte, es comprensible anhelar una proyección de ese ser más allá. Pero ¿y si fuéramos una sucesión de avatares, gobernados por un gestor de recuerdos y relatos, que cambian imperceptiblemente transcurrido un número de años? ¿Y si las identidades prescriben? Si esos avatares tienen una duración determinada, si pequeñas discontinuidades van alterando gradualmente la personalidad –y la muerte parece una discontinuidad bastante relevante- no puede hablarse de una única consciencia personal, o del espíritu de la persona en singular. En ese caso, en una especie de lotería cósmica, sólo se salvaría de la extinción el último afortunado avatar existente en el momento de la muerte, pero no todos los precedentes –ni los que podrían llegar a ser, como diría el filósofo William Munny-. Tengo para mí que el verdadero asunto que el SPR obviaba era que somos seres en movimiento, y que nuestras vivencias no son almacenables salvo por congelación, que no es muy estimulante. El problema parece ser, por tanto, nuestra deficiente gestión de la fugacidad, y la eventual inmortalidad no haría más que posponer indefinidamente la atención a este asunto.


Henry Sidgwick estaba especialmente preocupado por el problema de la moral. Para él, aunque esto parece contradecir sus principios utilitaristas, en un mundo sin dios no existe ningún estímulo para comportarse moralmente y no ceder a los deseos más inmediatos. Así lo dejó escrito, aunque posteriormente lo suavizó diciendo que se trataba de “una cuestión controvertida y profundamente difícil”. En realidad aquí hay de nuevo asunciones implícita: la creencia en que dios no sólo existe, sino que aprecia a los hombres y los valores morales. Pero ya Hume apuntó burlonamente la posibilidad de que no seamos más que la obra de un dios chapucero o primerizo, avergonzado posteriormente de su creación. Tampoco es que el dios, en caso de existir, deba ser justo: el alma errabunda podría acabar despertando en un mundo más injusto y arbitrario que este. En este sentido renacer en otro mundo podría ser, no deseable, sino algo a evitar, y aquí comenzamos a vislumbrar las pesadillas con las que en la actualidad nos desasosiega Black Mirror. Sidgwick, con ese mal formulado anhelo de almacenaje, llegó a apuntar la posibilidad de una especie de registro cósmico donde todos los hechos y vivencias quedarían registrados, como el Arca perdida al final de la película. Pero ¿para qué?

Es síntoma de la turbulencia emocional de la época que el austero filosofo utilitarista compartiera su camino durante un tiempo con Madame Blavatsky, previamente amazona circense, empresaria frustrada –fundó una fábrica de tinta y otra de flores artificiales-, informante ocasional de la policía zarista, cantante de nightclub, y finalmente médium y fundadora de la Sociedad Teosófica: su libro Isis Revelado, la biblia de la teosofía, se convirtió en el libro canónico del ocultismo. Sidgwick considero a Blavatsky “una persona genuina, con una naturaleza vigorosa tanto intelectual como emocionalmente, y un deseo real de conseguir el bien de la humanidad”. A pesar de que ella pretendía haber obtenido su sabiduría de misteriosos lamas tibetanos, sólo después de una exhaustiva investigación de la SPR llegó Sidgwick a admitir que Blavatsky era una charlatana y una impostora.


Otro conspicuo miembro de la SPR sería el Primer Ministro Arthur Balfour, que compartía con Sidgwick el horror a un universo sin dios. Balfour no era precisamente una persona apasionada -“nada importa mucho, y la mayoría no importa nada en absoluto”, decía-, pero también él sufría por la pérdida de una mujer, Mary Lyttleton, a la que había amado platónicamente. En octubre de 1929, cuando Arthur Balfour estaba muriendo, fue visitado inopinadamente por la sufragista y nacionalista Winifred Coombe Tennant, más conocida en el mundo espiritista como “Mrs. Willett”. En la habitación del moribundo Mrs. Willett procedió a entrar en trance y a reportarle un mensaje final de Mary Lyttleton: “dígale que me proporciona alegría”. Los presentes dijeron que Balfour había quedado profundamente impactado, aunque su biógrafo R. J. Q. Adams precisaría “si fue porque creyó el mensaje o simplemente porque lo impresionó la interpretación, no lo sabremos nunca”.


Mrs. Willett había sido protagonista de uno de los más intrépidos planes espiritistas para mejorar la humanidad: la producción de un Mesías destinado a guiarla. La idea había surgido en el más allá, y había sido transmitida al mundo de los vivos mediante correspondencia cruzada. El Plan, mitad espiritismo y mitad eugenesia, pretendía crear un ser para “rescatar a la humanidad del caos” mediante ingeniería genética dirigida desde ultratumba. El Mesías Augustus Henry Coombe Tennant, fue concebido -por métodos convencionales- entre Mrs Willet y el diputado Gerald Balfour -hermano de Arthur-, y llegó a esta parte del mundo en 1913. ¿Lo rescato del caos? No, pero llevó una vida interesante. Educado en Eton y –cómo no- en el Trinity College de Cambridge, combatió en la Segunda Guerra Mundial con la Guardia Galesa. Fue hecho prisionero e internado en un campo, desde donde protagonizó una sorprendente fuga que lo llevó a recorrer media Europa ocupada vestido con uniforme inglés. Posteriormente trabajó con el MI6, se convirtió al catolicismo y se hizo monje. No es este, por cierto, el único caso de mesianismo espiritista. El reputado gurú de la revolución espiritual Jiddu Krishnamurti empezó su carrera siendo adoptado por los miembros de la Sociedad Teosófica de Blavatsky como futuro salvador del mundo. Tampoco en su caso se cumplieron las expectativas.



La comisión para la inmortalización. John Gray, 2014.

Fotos. 1) Emblema de la SPR; 2) Frederic Myers; 3) Henry Sidgwick; 4) Madame Blavatsky; 5) Arthur Balfour: 6) Mrs. Willett; 7) Jiddu Krishnamurti.

domingo, 23 de diciembre de 2018

EL EJEMPLO YUGOSLAVO


Somos animales tribales y xenófobos. Somos herederos de aquellos más propensos a tratar bien a los de su grupo, y a desconfiar, temer y eventualmente destruir a los de fuera.

Pareto clasificó estos impulsos entre los residuos de la cuarta clase: “residuos relacionados con la sociabilidad” –cuyo género más importante, explicó, es el de la “necesidad de uniformidad”. Gustave le Bon y Gabriel de Tarde descubrieron, además, que cuando la persona se disuelve en una masa su propia psicología se altera. Haidt llama a este mecanismo el “interruptor de la colmena”; yo prefiero llamarlo “interruptor tribal”.

Hay factores que contribuyen a activar este interruptor tribal -Aldous Huxley se burlaba de los racionalistas afirmando que ninguno mantendría su individualidad ante el sonido continuado de un tam-tam-. Pero hay uno que contribuye a dejarlo en un estado de extrema sensibilidad, apto para ser activado en cualquier momento: las crisis. Cuando un número suficiente de personas se ven asaltadas por la inseguridad y la incertidumbre, cuando acecha la frustración, las sociedades son muy propensas a devenir en masas. Añadamos que René Girard afirma que las sociedades en crisis, una vez activado el interruptor, buscan recobrar la estabilidad y seguridad sobre el cadáver de un chivo expiatorio.

Este mecanismo era sin duda muy eficaz cuando éramos unos alegres cazadores recolectores, y posiblemente sea uno de los ingredientes de nuestro éxito como especie. Del mismo modo que somos golosos porque era útil que ingiriésemos ávidamente el azúcar escaso, somos xenófobos porque una tribu cohesionada y agresiva contra otras tenía más posibilidades de triunfar. Los golosos y xenófobos, al ser más exitosos, aportaron más genes al acervo, y aquí estamos nosotros. Pero ambos mecanismos son ahora inadecuados en una sociedad de la abundancia -el exceso de azúcar nos provoca enfermedades-, y en una sociedad abierta –la xenofobia las destruye-.

Popper acertó cuando hizo la distinción entre la sociedad abierta y la tribu porque, en realidad, la civilización consiste precisamente en mantener permanentemente bajo control al monstruo xenófobo-tribal que todos llevamos dentro. En esto, aún nos falta crear un relato emocional de la democracia que pueda competir con las potentes emociones primitivas de la tribu. Tendrá que ser sobre el esfuerzo y el orgullo.

En tiempos de crisis, por tanto, la primera obligación del político responsable es no activar el interruptor tribal. Y no nos despistemos: las tribus adoptan muchas formas. Pueden invocar la raza, la etnia, la lengua, la religión o la ideología, pero los mecanismos que desata el interruptor son los mismos. Así que siempre que veamos ira, ausencia de razonamiento y un chivo expiatorio son síntomas de que la masa se ha formado –otro síntoma muy fiable suele ser la ausencia de sentido el ridículo-. Ahora que se habla con ligereza de la vía eslovena vean un caso práctico de políticos irresponsable activando los interruptores tribales. Vean los seis episodios de este documental de la BBC “La muerte de Yugoslavia”. Vean a Milosevic. Vean todas las fases de un político trepa, incapaz de decir no a sus oyentes, oportunista, cobardón ante las masas que ha despertado, y navegante de la marea de sangre cuyos diques ha roto. Vean a masas enfurecidas por agravios inventados y batallas de más de seis siglos de antigüedad. Vean, por cierto cómo se crea un relato de violencia policial, algo que les recordará episodios recientes. Todo esto aquí.


CHANTAL MOUFFE, EL POPULISMO Y SU APLICACIÓN EN DIRECTO



El periódico argentino Página12 publicó recientemente una entrevista conChantal Mouffe, profesora de la Universidad de Westminster y una de las principales ideólogas del populismo. El otro era su marido, Ernesto Laclau, intelectual de cabecera de Pablo Iglesias, que falleció hace unos años.

Sobre qué es el populismo Mouffe y Laclau están de acuerdo: una herramienta para llegar al poder. Dado que a través de los cauces de la democracia representativa los populistas no suelen conseguirlo, se trata de deslegitimar esas vías y “construir un sujeto político” alternativo. “El pueblo no es la población, no es un referente empírico, el pueblo es una construcción política”, dice Mouffe. Una vez “construida”, esa parte de la sociedad se erige sin más en representación del todo. O, como dice Laclau con total tranquilidad, la plebs se arroga la representación del populus. Acabamos de escuchar a Pablo Iglesias y Garzón tras los pobres resultados de Podemos en las elecciones andaluzas hablar de la creación de un “bloque antifascista”, de la construcción de una “alternativa democrática” contra la “hidra de tres cabezas” de la extrema derecha que viene a “acabar con los derechos sociales y laborales” comenzando una “noche oscura”… Esta es la primera característica del populismo: la representación democrática es sustituida por el designio arbitrario del populista. Solo serán considerados representantes válidos de la sociedad aquellos que le ayuden a alcanzar el poder, quedando inmediatamente investidos con una autoridad moral en exclusiva.

¿Cómo se crea este sujeto político alternativo? “Cuando tú hablas de crear un pueblo, en realidad hablas de crear un nosotros, gente que se reconoce y se identifica como una colectividad. Eso implica un elemento afectivo, no es una cuestión puramente racional.” En efecto, como Mouffe dice, no es una cuestión racional. Es el abandono de la razón ilustrada y el retorno a los sótanos más lóbregos de nuestro bagaje emocional, como veremos. Resulta desolador que sean intelectuales quienes lo propongan, aunque, eso sí, adornándolo de palabrería vistosa. Y esta es la segunda característica del populismo: es un movimiento antiilustrado de retorno a la tribu.

Mouffe y Laclau saben que los descontentos de una sociedad tienen motivos variados: unos son justos, algunos tienen solución, otros son meras frustraciones personales. En todo caso, el populista tenderá a exagerarlos y exacerbarlos para desestabilizar la democracia. Pero al ser las “demandas insatisfechas” –en terminología de Laclau– heterogéneas, y con frecuencia contradictorias, el populista evitará cuidadosamente los hechos, la coherencia y el discurso racional. A cambio proporcionará a sus oyentes lo que Laclau llama “significantes flotantes” y “significantes vacíos”. En estos momentos, tras enumerar con seriedad de opositor los grupos dispares cuyo descontento va a intentar fomentar –con los pensionistas cabalgando junto a los grupos LGTB– Pablo Iglesias ofrece su solución mágica a la “noche oscura”: la república federal de España. Porque la “posdemocracia” –¿“Podemoscracia”?– que reivindica Mouffe requiere “posverdad”, y en ella el decoro intelectual es sustituido por el bullshit, el discurso fofo y la mentira directa. Esta es la tercera característica del populismo.

Para crear ese nosotros hace falta crear un ellos, y eso es sencillo. Somos animales xenófobos, acostumbrados a tratar bien a los de nuestro grupo y a temer, odiar, y eventualmente destruir, al de fuera. El populismo se limita a reunir a los más descontentos –por lo que sea– de la sociedad, agitarlos, convencerlos de que padecen un agravio intolerable y premeditado, y de que la culpa de todos sus males –que pueden incluir, digamos, la alopecia– la tiene un malvado enemigo común. Es la técnica del chivo expiatorio de toda la vida, sobre cuyo cadáver las sociedades aspiran a superar las crisis. “Es una construcción sobre la base de la frontera pueblo-oligarquía”, dice más finamente Mouffe. Porque esta ideología tan progresista se limita a activar el mecanismo xenófobo que llevamos implantado desde que éramos cazadores recolectores: nosotros frente a ellos. Estas son la cuarta –el ciudadano es reemplazado por una masa airada– y la quinta característica del populismo: es una ideología destructiva de confrontación, opuesta al principio transaccional y cauteloso de la democracia.

Pero la masa así creada es una tribu virtuosa: está convencida de tener razón y de estar justamente legitimada para castigar a los malos. Hannah Arendt advirtió de que el mayor mal no lo infligen los sádicos, sino los banales. Ahora Baumeister nos dice que los que más daño producen son los virtuosos. Ya es visible en nuestra sociedad la proliferación de virtuosos armados con antorchas, fanáticos puritanos dispuestos a castigar el mal. Esta es la sexta característica: es una ideología especialmente destructiva.

A pesar de todo esto Mouffe niega tranquilamente que todo populismo sea escasamente compatible con la democracia –aunque al afirmarlo quizás esté empleando algún significante vacío–. Para ella solo es antidemocrático el populismo de derechas y, como estamos viendo en directo, Pablo Iglesias coincide plenamente en esta hemiplejía intelectual. Por un populismo de izquierdas, se llama el libro de Mouffe. No creo que sea muy vendido en España, donde ya lo tenemos. Alineado junto con los nacional-populistas de Cataluña, además.


lunes, 10 de diciembre de 2018

ADOCTRINAMIENTO EN LOS LIBROS DE TEXTO

A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
Fernando Navarro Fernández-Rodríguez y Marta Martín Llaguno, Diputados del Grupo Parlamentario Ciudadanos, al amparo de lo dispuesto en el artículo 185 y siguientes del Reglamento de la Cámara, presenta la siguiente pregunta para la que se solicita respuesta por escrito sobre el adoctrinamiento en un libro de texto en Baleares.
Congreso de los Diputados, a 10 de diciembre de 2018

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
En fecha 23 de noviembre de 2018 ha sido registrada, ante la Alta Inspección Educativa, con número de registro 000005108e1803337810, ante  la Conselleria de Educación del Gobierno de las Islas Baleares, con número de registro 000005108e1803337788, y ante el Inspector Jefe de Educación de Baleares, con número de registro 000005108e1803337721, una petición de análisis y retirada del libro de texto LLENGUA CATALANA I LITERATURA, 1º DE BACHILLERATO, EDICIÓN DE BALEARES, EDITORIAL ANAYA, ISBN: 9788467827880. La petición se acompaña por un estudio que demuestra de forma exhaustiva que el libro sustituye sistemáticamente los hechos comúnmente aceptados por la historiografía por un relato de ficción nacionalista pancatalanista destinado a inducir en los alumnos la impresión de que, a pesar de continuos y maliciosos intentos por parte de Castilla y el resto de España, Cataluña -incluyendo a Valencia y a las Islas Baleares- es una entidad uniforme cultural y política, aparentemente impermeable a todo influencia externa, y que lleva siéndolo desde el siglo IX. El estudio puede verse aquí https://drive.google.com/file/d/19xK2mtLNaA9OPCcNBHT16PRoi-bnyQWG/view?usp=sharing
Estamos, una vez más, ante un descarado intento de adoctrinamiento de los alumnos de Baleares en la ideología nacionalista. Además este hecho es tanto más grave si consideramos que el libro es obligatorio en muchos centros públicos y concertados de Educación Secundaria de Baleares, donde casi uno de cada dos alumnos lo usan. La manipulación –pues es imposible tal acumulación involuntaria de errores, y que todos vayan en la misma dirección- es tan monumental que los diputados firmantes han decidido acompañar estas preguntas con un anexo que resume el relato presentado por el mencionado libro de texto, evidenciando sus más obvias falsedades.
Hay que recordar que el anterior Ministro de Educación Mendez de Vigo recibió en marzo un contundente informe sobre adoctrinamiento elaborado por la Alta Inspección Educativa que decidió no sacar a la luz, y que la actual Ministra Celaa decidió que el informe continuara oculto alegando “falta de rigor”.
En relación a lo anterior, se formulan las siguientes preguntas:
1.      ¿Ha leído el Gobierno al estudio del profesor Ruiz-Bravo sobre el libro de texto LLENGUA CATALANA I LITERATURA, 1Bachillerato, edición de Baleares, Editorial Anaya. ISBN 9788467827880? En caso afirmativo ¿le parece que este estudio es poco riguroso, tal y como le pareció el elaborado por la propia Alta Inspección Educativa?
2.      ¿Considera el Gobierno que las manipulaciones históricas de este libro de texto suponen una grave infracción del deber de adecuación al rigor científico que exige el apartado 2 de la Disposición Adicional Cuarta de la LOE, referida a Libros de texto y demás materiales curriculares de la LOE, disposición no modificada por la LOMCE?
3.      ¿Considera el Gobierno que las manipulaciones históricas de este libro de texto suponen una grave infracción de lo previsto en los artículos 52 y 53.11 del Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, que establece como deber de todo empleado público la neutralidad e imparcialidad en el ejercicio de sus funciones?
4.      ¿Considera el Gobierno que las manipulaciones históricas de este libro de texto suponen una grave infracción de lo contemplado en el artículo 53.2 de la Ley del Estatuto Básico del Empleado Público, que establece que la actuación del empleado público “perseguirá la satisfacción de los intereses generales de los ciudadanos y se fundamentará en consideraciones objetivas orientadas hacia la imparcialidad y el interés común, al margen de cualquier otro factor que exprese posiciones personales, familiares, corporativas, clientelares o cualesquiera otras que puedan colisionar con este principio”?
5.      ¿Considera el Gobierno que las manipulaciones históricas de este libro de texto suponen una grave infracción de lo contemplado en el artículo 15 de la Ley orgánica 8/1985, del Derecho a la Educación, donde se establece que la  autonomía de los centros se ha de ejercer “en la medida en que no constituya discriminación para ningún miembro de la comunidad educativa, y dentro de los límites fijados por las leyes”?
6.      ¿Considera el Gobierno que las manipulaciones históricas de este libro de texto suponen una grave infracción de lo previsto en el artículo 18.1 de la Ley orgánica 8/1985, del Derecho a la Educación, donde se obliga a la neutralidad ideológica a los centros educativos: “Todos los centros públicos desarrollarán sus actividades con sujeción a los principios constitucionales, garantía de neutralidad ideológica y respeto de las opciones religiosas y morales a que hace referencia el artículo 27.3 de la Constitución”?
7.      ¿Considera el Gobierno que las manipulaciones históricas de este libro de texto suponen una grave infracción de los más elementales principios de decencia, que exigen no utilizar a los alumnos para inocularles ideologías para que éstas sean propagadas en la sociedad?
8.      ¿Considera el Gobierno que, en aplicación de lo previsto en el artículo 3, primera, del Real Decreto 280/1981, en el artículo 2 del Real Decreto 1950/1985, en el artículo 6.bis de la LOMCE y en el artículo 149 de la LOE, sobre la Alta Inspección Educativa y sus funciones, el Gobierno, por medio de la Alta Inspección Educativa, debe intervenir cuando se detecten manipulaciones históricas de un libro de texto?
9.      Si ha respondido afirmativamente a alguna de las preguntas anteriores ¿qué piensa hacer el Gobierno?

 Fernando Navarro Fernández-Rodríguez
Marta Martín Llaguno




Diputados del Grupo Parlamentario Ciudadanos



ANEXO. Un resumen del relato creado por el libro LLENGUA CATALANA I LITERATURA, 1º DE BACHILLERATO, EDICIÓN DE BALEARES, EDITORIAL ANAYA, ISBN: 9788467827880 (entre paréntesis y cursiva se exponen los hechos comúnmente aceptados).

La historia de Cataluña comienza cuando en el siglo IX el conde Guifré el Pelós unifica los condados catalanes (unifica los condados de Barcelona, Gerona, Cerdaña, Urgell y Besalú; no así el resto de condados de la Marca Hispánica como Rosellón, Perelada, Ampurias, Pallars, Ribagorza, etc.). Guifré se convierte así en el primer rey de Cataluña (el Pelós nunca fue rey; el reino de Cataluña nunca existió; ni siquiera existía entonces el nombre “Cataluña”, ni nada parecido a una entidad geográfica o administrativa). En ese momento, los primeros documentos literarios en catalán son glosas y juramentos feudales (no son documentos literarios, y son posteriores: no consta que existieran en el siglo IX; en otro párrafo el libro, ya puesto, retrotrae las glosas aún más, hasta al siglo VIII). De los siguientes reyes catalanes (no existe ninguno) destaca Borrell II, que consigue la independencia rompiendo el vasallaje mantenido con los francos (se oculta que la ruptura del vasallaje con los francos es simultánea a la sumisión al califato de Córdoba; con Almanzor Borrell II rompe también este vasallaje, pero es severamente derrotado y vuelve a someterse a los francos; de nuevo se somete a Almanzor, y finalmente todos los condados de la Marca Hispánica dejan de pagar tributo a los francos; continúan sin ser nada parecido a una unidad política). Al casarse el rey Ramón Berenguer IV (no era rey) con Petronila, hija de Ramiro II de Aragón (este sí era rey) se crea la confederación catalano-aragonesa (este es un artefacto inventado para intentar encajar la ficción de la monarquía catalana con la verdadera incorporación de los condados de Barcelona a la monarquía de Aragón).

La historia continúa con la expansión nacional de Cataluña hacia el norte y hacia el sur (el concepto romántico “nacional” y la denominación “Cataluña” no son aplicables a las conquistas medievales de la Corona de Aragón) con los reyes Alfonso I el Casto, Pedro II de Cataluña, Alfonso II el Liberal de Cataluña, Alfonso III el Benigno de Cataluña y Pedro III el Ceremonioso de Cataluña (se trata de Alfonso II el Casto, Pedro III el Grande de Aragón, Alfonso III el Liberal de Aragón, Alfonso IV el Benigno de Aragón, y Pedro IV el Ceremonioso de Aragón; además de convertirlos en reyes de Cataluña, su numeración se ha alterado para que coincida con el nacimiento de la “confederación catalano-aragonesa). Tras su conquista por Jaime I, Valencia es repoblada mayoritariamente con catalanes (esta tesis proviene del archivero Próspero Bofarull, que en 1848 falsificó el “Llibre del Repartiment” borrando la mayor parte de los nombres y apellidos no catalanes; en realidad Valencia fue repoblada por castellanos, aragoneses de otras partes del reino, navarros y gentes provenientes de otros reinos de Europa; en realidad, los repobladores catalanes fueron una minoría).  A continuación Jaime I conquista las Illes, una empresa casi exclusivamente catalana, y la repuebla exclusivamente con catalanes (el rey Jaime I lo desmiente cuando declara que lo acompañan en su empresa “hombres de toda España”, entendiendo los reinos cristianos de la península; no se sabe la proporción de catalanes entre los que participaron en la conquista; el texto usa la denominación Illes en lugar de Reino de Mallorca, posiblemente para ocultar que Mallorca, a diferencia de Cataluña, fue un reino, y para presentar a las islas Baleares como un apéndice catalán). En los Cantares de Gesta catalanes (no se conoce ninguno) se presenta a los héroes luchando contra los infieles y los enemigos de la patria (¿?). Porque la literatura épica catalana de la época (no se conoce ningún poema épico en catalán) tiene la función de fomentar la identidad nacional propia, el patriotismo y el espíritu catalán (el concepto identidad nacional o espíritu nacional, aunque sin duda familiar para el autor del libro, no existía en el medioevo). Las Crónicas Reales, asimismo, pretenden fortalecer el espíritu nacional catalán (aplíquese lo anterior).

En el siglo XV, Castilla introduce la Inquisición en Cataluña (la Inquisición en Castilla y Aragón se instaura con los Reyes Católicos; la inquisición pontificia existía en Aragón –y no en Castilla- desde 1231). La expansión del castellano en Cataluña se favorece por la utilización del castellano en los procesos de la Inquisición (algo sumamente difícil, si se tiene en cuenta que los procesos de la inquisición eran secretos) Los escritores valencianos protagonizan la Edad de Oro de la literatura catalana (se omite que estos autores afirmaban estar escribiendo en valenciano, no en catalán) Se escriben libros con reglas de uso del catalán como las Regles d’esquivar (se trata, casi con total seguridad, de una falsificación de 1932 perpetrada por el pancatalanista Massot) Por desgracia esta situación de euforia cultural tiene un aspecto negativo. En Cataluña, desde la llegada de la dinastía Trastámara a la Corona de Aragón, el castellano va desplazando al catalán como lengua culta y literaria (no sólo: el castellano se extiende a todos los ámbitos de la sociedad), situación que se prolongará en los siguientes siglos (el libro hace un juicio de valor y considera “negativa” la adopción voluntaria del castellano por los catalanes; al relacionarla con la dinastía de los Trastámara se intenta presentar como una imposición castellana, pero el argumento es absurdo: no se empezó a hablar francés en España con la llegada de los Borbones). Carlos V divide Aragón en virreinatos, lo que provoca la dialectización del catalán (se presentan como consecuencia de una decisión política las diferencias entre lo que se hablaba en Valencia, Cataluña y Baleares, que eran previas a la instauración de los virreinatos).

A partir del siglo XVI continúa la decadencia literaria catalana. Esto va en paralelo a su decadencia económica (se oculta que el XV es un siglo de decadencia económica como consecuencia del estrangulamiento turco del comercio marítimo cristiano, y que los siglos XVI y XVII son de recuperación económica en territorios catalanes; entre otras cosas debido a los esfuerzos militares españoles en el Mediterráneo), lo que es imputable a la cesión del monopolio del comercio con las Indias a los castellanos (es difícil describir con ecuanimidad la magnitud de esta trola; a partir de 1520 se establece el monopolio de los puertos de Sevilla y Cádiz para el comercio con las Indias, lo que implica que los puertos del Cantábrico y el Mediterráneo dejan de ser operativos; pero esta medida afecta por igual a castellanos, navarros y aragoneses, incluidos los catalanes: todos ellos pueden seguir comerciando desde los citados puertos de Sevilla y Cádiz). Además, contribuye a la decadencia económica el hecho de que los catalanes y aragoneses tienen que sufragar las costosas guerras de los Austrias (a lo largo de todo el XVI, y de la primera mitad del XVII, el coste del esfuerzo militar recae casi exclusivamente en Castilla; sólo a mediados del XVII el Conde Duque de Olivares intenta que el esfuerzo sea más equitativo, y los catalanes se rebelan durante el Corpus de Sang). Con el Tratado de los Pirineos de 1659 España acuerda ceder a Francia las posesiones catalanas del Rossellón y la Cerdaña (el Tratado es consecuencia de la derrota española en la Guerra de los Treinta Años, no, como parece insinuar el libro, un capricho para fastidiar a los catalanes; se omite que contribuyó a esa derrota la alianza en 1640 de los sublevados catalanes con Francia).

Con la llegada de los Borbones Felipe V se convierte en el primer rey de España (todos los Austrias fueron y se llamaron rey de España) Los Decretos de Nueva Planta prohíben el uso de la lengua catalana (el único artículo con contenido lingüístico es el 5 del Decreto de Nueva Planta de Cataluña, donde se indica que es obligatorio usar el castellano en las causas de la Real Audiencia, pero a) la lengua empleada hasta entonces en la Real Audiencia no es el catalán, sino el latín, y b) el Decreto no menciona tribunales inferiores, donde podía seguir siendo empleado el catalán). Esto culminó la decadencia del catalán.

Ya en el siglo XIX la Constitución de Cádiz prohíbe las lenguas regionales (no existe tal disposición) La Ilustración termina de colocar al español como lengua de prestigio (¿?) motivo por el cual hasta los escritores catalanes empiezan a experimentar cierto “autoodio” hacia lo catalán (¿¿??) Afortunadamente en el siglo XIX se produce la Renaixença, la recuperación de la cultura y el idioma nacional etc. etc.


jueves, 29 de noviembre de 2018

LA PRIMAVERA LLEGÓ EN OTOÑO

Publicado en el zibaldone de The Objective 24/11/2018

En enero de 1968, con la llegada al poder de Alexander Dubček, se inició una modesta liberalización dentro del régimen comunista checo. La primavera de Praga fue abruptamente interrumpida por la llegada de tanques del Pacto de Varsovia, y a partir de ese momento comenzó la llamada “normalización”, un proceso de restauración de la vida conforme a la ortodoxia soviética.

La imagen de los tanques frente a los ciudadanos es poderosa; es mucho más complicado describir el intrincado decorado ideológico que la “normalización” venía a restablecer. Un ejemplo: imaginemos un frutero praguense al que se le imponía colocar en el escaparate el cartel “Proletarios del mundo, uníos”. Obviamente el régimen no pretendía que los clientes creyesen que el frutero había sufrido un arrebato de conciencia de clase. De lo que se trataba era deconstruir un escenario absoluto. Una imagen ideal que sustituyera la realidad, en la que los ciudadanos eran rebajados a meros figurantes. Desde luego aunque la realidad era suplantada por un decorado, éste tenía efectos reales: si el frutero se negaba a poner el atrezzo indicado se enfrentaba a consecuencias desagradables.

«Este panorama, por supuesto, también tiene un significado subliminal: recuerda a las personas dónde viven y qué se espera de ellos. Les dice lo que hacen los demás, y les indica lo que deben hacer también si no quieren ser excluidos, caer en el aislamiento, alienarse de la sociedad, romper las reglas del juego y arriesgarse a pérdida de su paz y tranquilidad y seguridad (…) Si el frutero hubiera recibido instrucciones de mostrar el eslogan: “Tengo miedo y, por lo tanto, soy indiscutiblemente obediente”, no sería tan indiferente a su semántica, aunque la afirmación reflejaría la verdad. El verdulero se sentiría avergonzado de poner una declaración tan inequívoca de su propia degradación en el escaparate, lo cual es natural porque es un ser humano y, por lo tanto, tiene un sentido de su propia dignidad. Para superar esta complicación, su expresión de lealtad debe tomar la forma de una señal que, al menos en su superficie textual, indica un nivel de convicción desinteresada».

Por eso la escenografía se construye a partir de pequeñas, e innumerables, claudicaciones. En este proceso son decisivos no sólo el miedo, sino también el mimetismo y la conformidad social. Pero siempre hay algunos, inicialmente pocos, que se resisten a sustituir la verdad por el atrezzo. De repente un frutero se niega a poner su cartel. Un pequeño acto, pero el sistema comprende que es muy dañino: si los figurantes comienzan a resistirse a vivir en la mentira puede acabar resquebrajándose todo el decorado.

«Con frecuencia se olvida que (la Primavera de Praga) fue simplemente el acto final y la consecuencia inevitable de un largo drama originalmente protagonizado principalmente en el teatro del espíritu y la conciencia de la sociedad (…) En algún lugar al comienzo de este drama, había individuos que estaban dispuestos a vivir dentro de la verdad, incluso cuando las cosas estaban en su peor momento. Estas personas no tenían acceso al poder real ni aspiraban a él. La esfera en la que vivían la verdad no era necesariamente ni siquiera la del pensamiento político. Podrían haber sido igualmente poetas, pintores, músicos o simplemente ciudadanos comunes que pudieron mantener su dignidad humana».

Los que optaban por su dignidad sabían que tendrían que pagar un precio. Y ni siquiera les quedaba el consuelo de que su heroísmo pudiera ser reconocido: en el improbable caso de que la gente se enterara, era muy probable que, abotargada, ni siquiera lo entendiese. En realidad, lo más probable es que la acobardada mayoría se alzase contra el disidente señalándolo como los Ultracuerpos:

«Perseguirán al verdulero porque se espera de ellos, o para demostrar su lealtad, o simplemente como parte del panorama general. Los ejecutores, por lo tanto, se comportan esencialmente como todos los demás, en mayor o menor grado: como componentes del sistema post-totalitario, como agentes de su automatismo, como pequeños instrumentos de la autotalidad social».

Era necesario alcanzar una masa crítica para romper la espiral de silencio. A veces estos procesos se aceleran por acontecimientos pintorescos o inesperados. En 1976 fueron detenidos los integrantes del grupo de rock La Gente Plástica del Universo. En enero de 1977 un grupo de doscientos cuarenta y dos intelectuales checos firmaron la Carta 77 reclamando al gobierno checo el respeto efectivo de derechos humanos internacionalmente aceptados. Aunque los Ultracuerpos oficiales y no oficiales reaccionaron inmediatamente contra la Carta 77 –la prensa oficial se lanzó contra los firmantes, se produjeron despidos y detenciones- la llama que acabaría volatilizando la escenografía estaba encendida. La historia se cierra en 1989 con La revolución de terciopelo; y en 1999 cuando el presidente checo es recibido en la Casa Blanca por Lou Reed y el cantante de la Gente Plástica del Universo.

Entre los primeros firmantes de la Carta 77 estaba Vaclav Havel, que en 1979 escribiría El poder de los sin poder. Pretendía explicar cómo funciona un “sistema post-totalitario”, para lo que el concepto tradicional de dictadura resultaba claramente insuficiente. Lo que Havel había visto era algo mucho más sutil: una compleja maraña no visible de presiones y coacciones ejercidas desde el poder, y asumidas e interiorizadas por gran parte de la sociedad con el simultáneo abandono de la libertad.

«El sistema post-totalitario, después de todo, no es la manifestación de una línea política particular seguida por un gobierno en particular. Es algo radicalmente diferente: es una violación compleja, profunda y de largo plazo de la sociedad, o más bien la auto-violación de la sociedad».

El análisis de Havel tiene un valor incalculable en nuestra época de golpes posmodernos y conceptos líquidos. Es el enfoque adecuado para entender el nacionalismo catalán, su ideología narcótica y la supeditación de los ciudadanos a una gigantesca escenografía, cuyo decorado principal, en la que los individuos son disueltos, representa “Un sol poble” y “una única lengua”. Escenografía que se construye, como Havel explicó, con toda la telaraña de presiones y coacciones, palos y zanahorias, que hacen que la claudicación silenciosa sea el camino más sencillo. Por estar, en la opresiva farsa del nacionalismo catalán están hasta los sufridos tenderos obligados a rotular, y el ominoso término “normalización”.

Es desde esta perspectiva desde donde se ve la importancia del 8 de octubre de 2017, en que el atrezzo nacionalista quedó volatilizado por una masiva marcha ciudadana. Porque, finalmente, es decisivo entender que para combatir las dictaduras soft es imprescindible el valor y la responsabilidad de los ciudadanos.

«En su conferencia de Harvard de junio de 1978, Solzhenitsyn describe la naturaleza ilusoria de las libertades no basadas en la responsabilidad personal y la incapacidad crónica de las democracias tradicionales, como resultado, de oponerse a la violencia y al totalitarismo».

Lo más importante de la visión de Havel es que centra la tarea en la dignidad y la responsabilidad de las personas. Afortunadamente tal vez Spengler se equivocaba: al final, los que salvan la civilización son un puñado de ciudadanos.

lunes, 12 de noviembre de 2018

EMOCIONES DE IZQUIERDA Y DE DERECHA: DE PARETO A HAIDT

PROPOSICIÓN 1: Los humanos no somos tanto racionales como racionalizadores.


"Para empezar, debemos hacer constar que la mayor parte de las acciones humanas tienen su origen, no en el razonamiento lógico, sino en el sentimiento. (…) No obstante al hombre, impelido a actuar por motivos no-lógicos, le gusta relacionar lógicamente sus actos con ciertos principios; de este modo inventa estos a posteriori para justificar sus acciones. Así sucede que una acción A, que en realidad es el efecto de la causa B, es presentada por su autor como el efecto de una muy frecuentemente imaginaria causa C. El hombre que engaña a sí a sus iguales comienza engañándose a sí mismo, y firmemente cree en su propio argumento”. Vilfredo Pareto: Un applicazione di teorie sociologiche. Rivista Italiana di Sociologia. 1901.

Al estudiar el comportamiento de las personas Pareto distingue entre los “residuos” y las “derivaciones”. Los residuos representan nuestro bagaje emocional evolutivo: el conjunto de deseos, pulsiones, instintos y sentimientos que nos dirigen, generalmente sin que seamos conscientes de ello. Las derivaciones son el intento de mantener una apariencia de racionalidad en comportamientos que carecen de ella: son las construcciones intelectuales ex post con los que las personas pretenden explicar –de forma automática, ante los demás y ante ellas mismas- por qué se han posicionado y actuado, algo que, en realidad, ha sido motivado por sus residuos. De esto se infiere inmediatamente una lección: para influir en el comportamiento de las personas de nada sirve dirigirse a sus derivaciones; hay que hacerlo a su sustrato emocional.


«La mente está dividida, como un jinete sobre un elefante, y la función del jinete es servir al elefante. El jinete es nuestro razonamiento consciente –la corriente de palabras e imágenes de las que nos damos perfecta cuenta-. El elefante es el otro 99% de procesos mentales, aquellos que tienen lugar fuera de nuestra consciencia pero que realmente gobiernan nuestro comportamiento». Jonathan Haidt. The righteous mind. 2012.

El jinete de Haidt simboliza nuestro yo consciente; el elefante es ese misterioso conjunto de mecanismos no conscientes -instintos, tendencias, gustos, atajos mentales- que condiciona nuestro comportamiento. El jinete no es estrictamente racional: no se comporta, por lo general, como un filósofo encargado de encontrar la verdad, sino que ha evolucionado para servir al elefante. No guía al elefante, sino que es más bien su portavoz, el encargado de proporcionar justificaciones y racionalizaciones ex post a sus movimientos, aunque casi nunca los entienda. En este sentido este singular portavoz, como Pareto adivinó, es el primer engañado por sus propios argumentos.


PROPOSICIÓN 2: Nuestra estructura emocional define nuestra inclinación política.

Tras haber descrito los residuos, Pareto se embarca en clasificarlos exhaustivamente en grupos y subgrupos, a los que proporciona nombres pintorescos. Los dos primeros grupos de residuos, que son los que nos interesan para este argumento, son “el instinto de las combinaciones” y “la persistencia de los conglomerados”. Simplificando bastante, los primeros impulsan al cambio y la renovación; los segundos reflejan la tendencia a conservar las instituciones ya formadas. Si en nuestra estructura emocional predominan los residuos del primer grupo tenderemos a ser progresistas –de los de verdad, me refiero- . Si abundan los residuos del segundo grupo tenderemos a ser conservadores.

Por su parte Haidt desarrolla la llamada Teoría de los Fundamentos Morales y propone la siguiente alegoría: al igual que la lengua dispone de receptores para captar cinco tipos de sabores, la mente humana dispone de seis receptores morales, nacidos por adaptación evolutiva. Su explicación llevaría más tiempo, pero básicamente son protección del vulnerable, equidad en los intercambios interpersonales, lealtad al grupo, respeto a la autoridad, no reconocimiento de la autoridad no merecida, y preservación de la santidad/pureza.

Es importante hacer notar que algunos de estos módulos tienen un reverso tenebroso. Especialmente el módulo de lealtad al grupo, que evolucionó en respuesta al desafío adaptativo de formar y mantener coaliciones. Somos los descendientes de tribalistas, no de sus más individualistas primos –los bonobos, tal vez-. El instinto tribal ha sido útil para el sapiens, pero nos predispone a dividir el mundo en nosotros-ellos, a la confrontación, a la xenofobia, al odio al ajeno al grupo, a mecanismos de chivo expiatorio, y a la guerra.

Según Haidt la moralidad de cada sociedad, de manera asimilar a su gastronomía, es una construcción cultural que, partiendo de los mismos receptores morales -o gustativos-, e influenciada por azares de ambiente e historia, llega a unas construcciones diferentes. Podría decirse que la mente virtuosa es un ecualizador; un aparato con seis módulos morales que ecualizados de distinta forma producen diferentes tonos morales.


También, obviamente, las personas realizan su propio ajuste fino partiendo de su disposición genética, la experiencia, y la adopción de uno u otro relato existencial –y hay relatos que son hegemónicos- De este modo las diferencias en ecualización predisponen a ser liberales o conservadores, de izquierdas o de derechas:



PROPOSICIÓN 3: La ola de tribalismo.

Pero entonces, si las diferencias entre izquierdas y derechas son emocionales y por tanto bastante permanentes ¿por qué en ocasiones el eje izquierda-derecha se difumina o desaparece? ¿Por qué en la actualidad populismos o nacionalismos de izquierda y derecha pueden congeniar a la perfección? Sugiero esta explicación. En momentos de crisis y de incertidumbre, generadores de miedo y frustración, el impulso tribal se ecualiza al máximo, y su sonido apaga el resto de resto de los módulos morales. Las sociedades quedan anegadas por el tribalismo, de modo que la izquierda y la derecha quedan como dos rocas separadas pero sumergidas.

El tribalismo, inscrito en nuestros genes, es un componente emocional mucho más potente que los otros. Nuestro triunfo como especie se debe a él, pero ahora, en su versión alta ecualización, está desfasado y es peligroso. Ocurre como con el azúcar, muy útil para nuestros antepasados homínidos, pero que ahora nos condena a la diabetes. Aunque nos cueste verlo, y aunque continuamente tengamos que introducir mejoras, nuestra sociedad actual es un oasis de tolerancia, seguridad y respeto a las personas. Es una construcción cultural: un triunfo de la Ilustración frente a la tribu, de la razón frente a las –malas- emociones. En estos momentos de crisis, necesitamos recuperar la razón para defender el oasis.