domingo, 24 de octubre de 2010

LA DEMOSCOPICRACIA

Por un lado tenemos los partidos políticos, que, idealmente, defienden unos valores (o unas convicciones, o lo que sea) y de este modo representan a todos aquellos que comparten inquietudes similares. Y por otro, tenemos la demoscopia, una herramienta que proporciona datos exactos sobre cómo obtener los votos de los electores y ganar las elecciones. ¿Cómo encajan estas dos realidades? Y, para definir más exactamente el problema ¿no existe un riesgo cierto de que las directrices proporcionadas por la demoscopia sustituyan los principios de los partidos?

Podría argumentarse que, en realidad, puesto que la demoscopia detecta los gustos de los electores, permitiendo a los partidos adaptarse a ellos, es el instrumento perfecto para canalizar la voluntad de aquellos. Democracia en estado puro, podríamos decir. Sencillamente, actuando a impulsos demoscópicos los partidos estarían anticipándose a los gustos de los electores y proporcionándoles exactamente lo que desean. Dejemos, pues actuar a la demoscopia y abandonemos los principios.

Primer problema: éste es, ni más ni menos, el argumento que lleva a las televisiones a realizar programas basura, malolientes pero con altos índices de audiencia. Así pues, si aceptamos la sumisión a la demoscopia, preparémonos para aceptar el populismo, equivalente político del programa-basura.

Tal vez más molesto aún. Es innegable que “principios” y “convicciones” son términos que aún gozan de cierto prestigio. De modo que, aunque el partido decida sustituir ambos por la demoscopia, seguirá invocándolos, aunque para él hayan quedado vacíos de contenido. Preparémonos, y esta es la segunda consecuencia, a ingentes dosis de palabras altisonantes y tonos solemnes. Estemos dispuestos, en suma, a engullir bullshit.

He dejado la última consecuencia, que es la peor, para el final. Si los partidos sustituyen principios por demoscopia, sus líderes habrán renunciado de antemano a esta cualidad, es decir, a liderar. ¿Es esto un problema? Temo que sí. Si, en un momento dado, la preparación (o la virtud cívica) de la sociedad es baja, el camino llevará al desastre. No es difícil imaginar una masa crítica a partir de la cual, la sumisión a la demoscopia generará una espiral descendente: el electorado poco preparado demandará políticas populistas (pues son más sencillas de ingerir), que a su vez deteriorarán la sociedad, que generará electorados con menor virtud cívica que, a su vez, solicitarán más populismo.

En realidad lo peor no es esto. Lo peor es que el proceso ya está en marcha. Con Zapatero, el partido socialista ya ha renunciado a las convicciones en favor de la demoscopia, y, desde las elecciones de 2008, el PP de Rajoy parece haber hecho otro tanto. Zapatero, de hecho, es el líder-ameba ideal para esta política posmoderna: informe, sin un armazón de convicciones (aparte de mantenerse en el poder), lo que le facilita adaptarse a cualquier situación y colarse por cualquier agujero. Obsérvese que también la realidad (exigencias, ¡ay!, de la disonancia) ha tenido que adecuarse a las nuevas circunstancias. Y, como la política líquida exige poder decir una cosa en un momento y la opuesta en el siguiente, la realidad se ha fragmentado para eludir la coherencia: hoy y ayer ya no están conectados. Lo que los políticos dijeron ayer, ya no existe.

Lo más notable, lo que indica que el proceso está muy avanzado, es que cada vez es más visible. Los grandes partidos cada vez se molestan menos en disimularlo.

lunes, 18 de octubre de 2010

LIBROS RECOMENDADOS


Esto es una prueba. Con frecuencia, los despistados que caen en esta página web realizan sugerencias (básicamente de libros, pero también de películas y documentales) que encuentro valiosísimas. Me parece, por tanto, buena idea recoger y presentar esas recomendaciones. No sé aún como hacerlo. Quizás creando otro blog al que enlazaría desde aquí. De momento, dejo aquí la naciente lista para ver si funciona. Se agradecerán comentarios y nuevas recomendaciones.

domingo, 17 de octubre de 2010

I.G. FARBEN (4)


Tras el armisticio las autoridades alemanas comenzaron a preparar la comisión que negociaría las condiciones de paz en Versalles. En representación de la industria química fue propuesto Duisberg, pero éste había decidido, prudentemente, emigrar a Suiza. Era una figura excesivamente conocida, cabeza de la temida industria de los colorantes y, tal como lo describió el NYT al relatar su huida, “el eslabón entre el mundo de los negocios y Ludendorff y uno de los más activos pangermanistas”. Duisberg propuso en su lugar a Bosch, que aceptó.

En abril de 1919 la delegación alemana llegó al Hotel des Réservoirs en Versalles. Las peticiones más exigentes con las que tenía que lidiar eran la de la delegación francesa, que exigía el desmantelamiento de toda la industria militar alemana incluyendo las fábricas de nitratos y colorantes. Bosch razonó que la destrucción de las plantas de Oppau y Leuna imposibilitaría la fabricación de fertilizantes y propiciaría de este modo una hambruna en Alemania, pero los franceses no se dejaron convencer. Ante el fracaso de este argumento humanitario, Bosch recurrió a otro de carácter práctico: si los franceses respetaban las fábricas de colorantes, Alemania les transmitiría el know-how necesario para la síntesis de los nitratos. Los franceses aceptaron. Suponía el comienzo del fin del monopolio alemán sobre la técnica Haber-Bosch, pero las fábricas no serían destruidas.

En otoño Fritz Haber obtuvo el Premio Nobel de química por el descubrimiento de la síntesis del amoniaco en laboratorio. Esto despertó las iras de gran parte del mundo científico, que denostaba la orientación de su talento hacia la fabricación de armas químicas, y así el nombre de Haber salió a la luz pública en un momento especialmente inadecuado. El tratado de Versalles preveía el establecimiento de un tribunal especial para juzgar a las “personas acusadas de haber cometido actos en violación de las leyes y costumbres de la guerra” En febrero de 1920 los
aliados elaboraron una lista de 900 personas, que comenzaba con el Kaiser, Hindenburg, y Ludendorff, y en ella fue incluido Haber, que, ataviado con una barba postiza, decidió emigrar, a su vez, a Suiza. El asunto finalmente quedó en nada. El Kaiser, después de pronunciar una serie de declaraciones altisonantes acerca de morir rodeado de sus hombres, se había refugiado en un confortable castillo cerca de Utrecht, y los holandeses rehusaron entregarlo. Por otra parte, habían pasado más de quince meses desde el armisticio, las fuerzas aliadas habían comenzado a ser desmovilizadas, y no se deseaba un enfrentamiento directo con una Alemania a la que se adjudicaba el papel de tapón contra el bolchevismo. La lista original se redujo a 45 personas, todas ellas de tercera fila. Los juicios tuvieron lugar en mayo y, en lugar del Kaiser y sus generales, fueron procesados unos cuantos guardias de prisiones que habían maltratado a los prisioneros a su cargo y un comandante de submarinos que había disparado sobre los ocupantes de un bote salvavidas. Algunos de ellos fueron condenados a penas leves, entre ellos el comandante de submarinos, que posteriormente se fugó.

Sin embargo, la aplicación de la ciencia a la fabricación de gases venenosos había provocado un cambio en la percepción de la gente. Los científicos dejaron de ser contemplados como unos venerables ancianos con bata y barba blanca que trabajaban para llevar a la humanidad a un futuro de sabiduría. Ahora también había inventores malignos que, en misteriosos laboratorios, trabajaban para desatar y controlar inimaginables fuerzas de destrucción. En septiembre de 1921 estas sospechas parecieron verse confirmadas cuando una gigantesca explosión destrozó la fábrica BASF de Oppau, produciendo 600 muertos, más de 2.000 heridos, y un enorme cráter.

La prensa internacional, recogiendo los gustos del público, se lanzó a propalar rumores sobre las tenebrosas fuerzas de la naturaleza que se habían desencadenado, y sobre las conspiraciones a las que se hallaban dedicados los alemanes. En cualquier caso, Bosch tenía ante sí el enorme problema de la reconstrucción. A las pérdidas generadas por la explosión se añadirían otras, insostenibles, si la producción no era reiniciada en el menor tiempo posible. Encomendó la tarea a Carl Krauch que, a pesar estimar que sería necesario recurrir a una fuerza de trabajo de 10.000 trabajadores, obró el milagro en tres meses.

Mientras tanto en Estados Unidos continuaban convencidos de la necesidad militar de desarrollar una industria propia de colorantes, y habían depositado sus esperanzas en la empresa Du Pont. En 1919 las fuerzas aliadas habían ocupado Renania, donde se encontraba, entre otras fábricas de I.G., la de Oppau. Los norteamericanos habían confiscado patentes y habían tratado de persuadir a los técnicos alemanes para que les revelaran sus técnicas, pero éstos, cortésmente, les habían proporcionado todo tipo de información irrelevante. En 1920 la empresa Du Pont, a quien ni las patentes ni los variopintos datos suministrados por los alemanes habían servido de gran cosa, inició una nueva aproximación al asunto, y fichó, por unas cantidades astronómicas, a cuatro prominentes químicos de Bayer. A continuación la historia se desarrolló de manera rocambolesca. Los científicos se encargaron de llenar un camión con muestras, redomas y documentos. El camión fue descubierto, por casualidad, en la frontera holandesa, que lo retuvo y dio tiempo a que los alemanes dictaran una orden de búsqueda y captura por espionaje industrial. Dos de los químicos consiguieron llegar a Estados Unidos, pero los otros dos fueron detenidos y devueltos a Alemania, junto con el camión. Du Pont activó entonces sus influencias políticas. Como resultado el comandante de las fuerzas de ocupación en Alemania, dio las órdenes oportunas al jefe de la policía secreta, que organizó una operación para liberarlos que culminó con éxito. Ahora Du Pont, al igual que Francia, estaba en posición de comenzar a competir en el sector.

En 1925, el incremento de la competencia internacional llevó a Haber a proponer a I.G. un nuevo paso: que las empresas del grupo dejaran de existir de forma independiente y se fusionaran en una única entidad. Y, puesto que dejarían de constituir una Comunidad de Intereses, Bosch propuso abandonar el nombre de I.G. y adoptar el nombre, nada comercial, de Unión de Empresas Alemanas de Colorantes de Alquitrán de Carbón. Sin embargo Duisberg, que había retornado desde Suiza, expuso lo absurdo que sería renunciar al fondo de comercio que proporcionaba una marca consolidada. El día 9 de diciembre las empresas de I.G. se integraron en BASF y formaron I.G. Farbenindustrie Aktiengesellschaft*, la compañía más grande de Europa en términos absolutos, y la mayor empresa química del mundo.
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* Aktiengesellschaft: Sociedad Anónima

sábado, 9 de octubre de 2010

GRACIAS POR EL CHOCOLATE. Claude Chabrol. 2000.


Comienza la película con una boda. A través de las conversaciones mantenidas entre los distintos invitados, el espectador se entera de que él es un famoso pianista, con un hijo, que se casa en segundas nupcias. De la novia, por el momento, no se sabe nada, pero, como es Isabelle Huppert, no cabe duda de que trama algo maligno. Isabelle Huppert tiene, a mi entender, un problema como actriz. Es decididamente guapa y su expresión es enigmática, pero es muy bajita. Normalmente no hay nada de malo en ello, pero es que tiene cara de ser alta, y esto desorienta al espectador.

En la siguiente escena, dos amigas charlan en un restaurante junto al lago Léman mientras esperan la llegada de la hija de una de ellas y el novio de ésta. Cuando llegan, la amiga A, que rebosa maledicencia, aprovecha la menor excusa para revelar un secreto a la recién llegada. Resulta que ésta nació el mismo día que el hijo del pianista, y que, cuando éste acudió a la clínica para conocer a su hijo, una enfermera le enseñó en su lugar a la chica. Todo parece indicar que es posible que hubiera un error, y que la chica sea, en realidad, hija del concertista.

Pero, un momento. ¿Un error? Podría entenderse que la enfermera cambiara en el nido dos bebés nacidos el mismo día. Pero ¿es creíble que tenga lugar tal error cuando los bebés son de distinto sexo? ¿Es que ni las madres ni las comadronas recordaban si el resultado del parto había sido un niño o una niña? Pues así están las cosas. El caso es que la chica, que también toca el piano, está encantada con la posibilidad de que se confirme la confusión, pues entiende que es mucho mejor tener un padre que es pianista y famoso a otro que es un desconocido y, por cierto, está muerto. Cariño filial, el justo.

De modo que la chica decide visitar al pianista, que vive en una hermosa villa sobre el lago. Tras un primer momento de desconcierto, éste también queda encantado de conocer a su hija eventual. Es normal, pues es guapa y talentuda, mientras que su hijo oficial es molondro y despeinado. En esa primera visita la chica asiste por casualidad a un suceso llamativo. Voluntariamente, aunque pretendiendo que se ha tratado de un accidente, la mujer del pianista (Huppert) derrama el contenido de un termo con chocolate que estaba destinado a su hijastro. Como la acción la ha intrigado, y el chocolate ha manchado su jersey, la chica pide a su novio, que es químico, que lo analice. Según su dictamen, el chocolate está atiborrado de somníferos. En realidad, todo en la casa del pianista gira en torno a los tranquilizantes. Él no puede dormir sin recurrir al Rohipnol, y su primera mujer murió al estrellarse su coche cuando, al bajar al pueblo para reponer las existencias que se habían agotado, se quedó dormida al volante. La chica, tras enterarse de que Huppert ha intentado drogar a su hijastro, ata cabos. ¿Será posible que también provocara la muerte de la primera mujer del pianista? Pues sí, averigua el espectador.

Las sospechas no impiden que la chica acuda a casa del pianista cuando éste la invita a pasar unos días para ayudarla a superar un certamen de piano. El hijo, que cada vez está más obtuso, recibe la noticia con profundos celos. En resumen, Huppert decide volver a matar, y como es exageradamente fiel a su modus operandi repite minuciosamente la secuencia original: anuncia que se ha agotado el Rohipnol, acepta la oferta de la chica de bajar a la farmacia del pueblo, y droga su bebida. Incluso se pone el mismo echarpe que utilizó cuando mató a la primera mujer del pianista. La chica, a pesar de sus recelos, se toma el café narcotizado. El hijo, que también sospecha, la acompaña. Cuando a la chica le entra sueño, en lugar de, una vez confirmadas sus sospechas, parar el coche en el arcén, continúa hasta que se estrella contra un muro. Un comportamiento singular.

Y hablando de comportamientos ¿por qué actúa así Huppert? Pues por ninguna razón en especial. Porque es mala, y punto. Así se lo comunica a su marido, que recibe la noticia, así como la posibilidad de que su hijo o hija, sea el que sea el auténtico, va a morir, con perfecta ecuanimidad. En resumen, las cosas no ocurren de acuerdo con la lógica convencional sino con la francesa, que consiste en, cuando no se sabe qué decir, poner una cara de intensa vida interior que evoca un cierto retardo mental.

Una pregunta más. ¿Cómo un mismo director puede hacer una película tan buena como “La ceremonia” y esta otra?

viernes, 8 de octubre de 2010

EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CHE

El Che Guevara es el ejemplo perfecto de "iluminado”. Llamo así a los que consideran la vida un gigantesco escenario diseñado para su exclusivo lucimiento, por el que pasean como si los focos estuvieran permanentemente dirigidos hacia ellos. Ellos son los protagonistas absolutos de la obra: los demás carecen de importancia, aunque el iluminado suela afirmar virtuosamente que todo lo hace por ellos. Todos, desde luego, deseamos representar un papel interesante en la vida. ¿Qué es, por tanto, lo que distingue a los iluminados? La desmesura. Un exceso de egolatría que se manifiesta en considerar que todo lo externo a él es mero decorado. Su peligro es, por tanto, tremendo, porque el destino del atrezzo (es decir, de todos los demás) no les preocupa en absoluto.

Un ejemplo. Todo parece indicar que el Che sufrió un ataque de frustración e ira cuando comprobó que la crisis de los misiles rusos en Cuba no desembocaba en un estallido nuclear, que él consideraba el final apocalíptico idóneo para su historia (es decir, para la historia del mundo)*. Envuelto en su palabrería de fraternidad y solidaridad, estaba dispuesto a llevar a la muerte a millones de personas para su lucimiento. Por eso, a pesar de su indiscutible arrojo, el Che es un personaje (y en su caso esta denominación es exacta) que me provoca una profunda aversión.

Aquí y ahora tenemos también muchísimos iluminados. Por ejemplo, la tendencia, perfectamente destructiva, a considerar España un decorado es un síntoma claramente visible en Zapatero, a quien todos los destrozos que lo sobrevivan le resultan irrelevantes. Pero mi preferido es Garzón, al que sus excesos teatrales parecen estar reconduciendo, afortunadamente, a la condición de actor secundario.

* El Che Guevara en el Daily Worker, criticando el acuerdo entre Kennedy y Jruschov: ”Si los cohetes hubieran permanecido, los hubiéramos usado todos y dirigido hacia el corazón mismo de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión.”

p.d. No se pierdan el excelente libro de Jorge Castañeda “Compañero”

jueves, 7 de octubre de 2010

I.G. FARBEN (3)


El ataque con gases tóxicos reveló a los aliados la ventaja militar que proporcionaba a Alemania su monopolio mundial en la industria de colorantes. De acuerdo con las exigencias de la nueva guerra química, un país sin tal industria era vulnerable a sus enemigos, una situación intolerable que cada uno intento solucionar por su cuenta. En Estados Unidos la empresa Du Pont, la principal proveedora de pólvora y explosivos, respondió a la llamada de su gobierno y, comenzó a adquirir patentes y know-how a través de una empresa inglesa del sector. Más importante aún, Du Pont contrató a un ejecutivo que trabajaba en una filial norteamericana de BASF, para enorme enfado de Carl Bosch, que, a pesar de que el ejecutivo en cuestión era norteamericano, lo consideró una absoluta traición.

En mayo de 1915 Bosch anunció que había conseguido completar satisfactoriamente el proceso de producción industrial de nitrato sintético, y Alemania dejó de depender de Chile. Inmediatamente Bosch comenzó a presionar al Ministerio para que subvencionara la expansión de la capacidad productiva de BASF, y para ello contó con la inestimable colaboración de Hermann Schmitz, un joven oficial de la
Oficina de Materias Primas. De este modo consiguió que el gobierno financiara la construcción de una gigantesca planta Haber-Bosch de producción de nitratos en Leuna, en Alemania Central. Fue el comienzo de una fructífera colaboración entre Bosch y Schmitz.

En julio de 1916 la batalla del Somme despertó en los alemanes serias dudas sobre sus posibilidades de victoria. Carl Duisberg, que además observaba con preocupación el crecimiento de la competencia internacional, se reunió con representantes del sector con el fin de formalizar un acuerdo de cooperación permanente entre las principales empresas alemanas. En julio las Tres Grandes, BASF, Bayer y Hoechst, se unieron a AGFA, Kalle, Cassella, Ter Meer y Grisham y formaron la I. G. der Deutschen Teerfarbenindustrie*.

La batalla del Somme supuso, además, la sustitución de Falkenhayn por el Mariscal de Campo Paul von Hindenburg, que nombró a Erich von Ludendorff como su segundo. Este nombramiento fue bien recibido por el mundo industrial, pues Ludendorff era considerado favorable a sus intereses. Efectivamente, tres días después de su nombramiento Hindenburg decretó un incremento de la producción militar, triplicando la de armamento ligero y pesado y doblando la de municiones (una decisión extraña, a no ser que tuvieran intención de que el número de disparos se redujese en un tercio). También suponía un considerable incremento de la producción de gas venenoso y, en general, de armamento químico. En septiembre Hindenburg y Ludendorff recibieron a Duisberg y a Gustav Krupp, de la industria del acero, para que le manifestaran sus impresiones sobre el nuevo programa armamentístico. Ambos entonces le expusieron al unísono que la industria estaba aquejada de una grave falta de mano de obra. Como consecuencia de esta reunión dos meses más tarde, en noviembre de 1916, el ejército alemán comenzó la deportación forzada de trabajadores belgas a las fábricas alemanas. La prensa internacional recogió el relato: grupos de obreros conducidos como ganado a los trenes que los llevarían a Alemania, entre muestras de desesperación de sus familiares. Incluso el gobierno de Estados Unidos, todavía neutral, dirigió una nota formal de protesta al gobierno alemán, que fue puntualmente ignorada. En total, unos 60.0000 belgas fueron enviados a Alemania para trabajar en situación de virtual esclavitud.

Pero nuevos problemas de suministro comenzaban a asaltar a Alemania. Su fuente más cercana de combustible se encontraba en los campos petrolíferos de Rumania, que había permanecido neutral. En agosto de 1916, viendo la creciente debilidad de las Potencias Centrales, Rumania decidió entrar en guerra. Los rumanos ambicionaban una serie de territorios vecinos, y consideraron que había llegado el momento de alinearse con los vencedores y disfrutar del reparto que seguiría al fin de la guerra. La decisión resultó ser precipitada. Tres meses más tarde los alemanes y húngaros habían invadido la mitad del país, y a lo largo del siguiente invierno 300.000 rumanos murieron de hambre y enfermedades. Pero cuando los alemanes llegaron a los codiciados campos de petróleo, se encontraron con que ya habían sido volados por los aliados.

Había, sin embargo, experimentos en marcha para encontrar sustitutivos sintéticos del petróleo. El más prometedor intentaba conseguir una gasolina sintética a través de carbón e hidrógeno. Este proceso, inventado en 1909 por Friedrich Bergius y conocido como hidrogenación, combinaba altas presiones y temperaturas al modo Haber-Bosch. De manera análoga a lo ocurrido en el desarrollo del proceso Haber-Bosch, en 1916 quedaba el problema de llevarlo a la producción a gran escala.

También existían serios problemas de escasez de goma, y Alemania recurrió a medidas extraordinarias para eludir el bloqueo inglés. Por ejemplo, en dos ocasiones el submarino Deutschland había conseguido romper el bloqueo y traer sendas cargas de goma de puertos de los Estados Unidos, recibidas a cambio de materiales de la industria de colorantes y medicamentos como Salvarsan y Novocaína. Ante la escasez, Bayer y BASF se lanzaron a la búsqueda de un sustitutivo de la goma. Pero, si bien consiguieron una goma sintética, no era lo suficientemente flexible para ser utilizada en la fabricación de neumáticos, que era para lo que se requería con mayor urgencia, y su uso se limitó a equipamientos eléctricos, tales como baterías y magnetos.

En abril de 1917 los Estados Unidos entraron en guerra. Esto, sumado al bloqueo fue demasiado para Alemania. El 11 de noviembre de 1918 firmó el armisticio.
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* Nota de Brunilda: Teer significa brea, y Farben colores. Así, el nombre podría traducirse como Comunidad de Intereses de la industria alemana de los colores de la brea. Es normal, puesto que los colorantes se obtenían a partir de la anilina, que a su vez se extraía del alquitrán de hulla o brea.