sábado, 28 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (11): EL CATECISMO REVOLUCIONARIO

El revolucionario desprecia la opinión pública. Desprecia y odia la moral de la sociedad actual en todas sus manifestaciones. Para él, lo moral es todo lo que contribuye al triunfo de la revolución. Inmoral y criminal es todo lo que se interpone en su camino (…) No es un revolucionario si tiene alguna simpatía por este mundo. No debe vacilar a la hora de destruir cualquier cosa o cualquier persona en este mundo. Debe odiar a todos y todo lo que hay en él con igual intensidad

La Sociedad (de los revolucionarios) no tiene otro objetivo más que la completa liberación y felicidad de las masas. Convencido de que la emancipación y la consecución de esta felicidad sólo puede venir de una revolución popular omnidestructiva, la Sociedad usará todos sus recursos y energías en incrementar e intensificar los males y miserias del pueblo hasta acabar con su paciencia y llevarlo a un levantamiento general.

Catecismo revolucionario. Bakunin y Nechayev


De todos los populistas presentados hasta ahora, Sergei Nechayev es el primero que realmente proviene “del pueblo”. Su padre es camarero y pintor, y su madre es hija de campesinos siervos. Ha nacido en 1847 en Ivanovo, que en ese momento se ha convertido en el mayor centro textil de Rusia hasta llegar a ser conocido como la “Manchester rusa”. Nechayev desempeña una serie de trabajos pintorescos y llega a trabajar, con cierto éxito, como actor. Pero ya desde muy pequeño se siente superior a lo que lo rodea, y desea escapar del ambiente en el que se ha criado. Asume que el camino de huída pasa por la formación, y se convierte en un ávido devorador de libros. Su mentor es un escritor de Moscú, un tal Nefedov, que lo orienta en su instrucción y le proporciona los libros que necesita. A los 17 años le escribe: “Nada nuevo en Ivanovo, el fango lo invade todo. Imposible soportarlo más”. “La realidad sin refinamiento me golpea tan fuerte que me quedo sin aliento”.

En 1865, con 18 años, llega a Moscú, y Nefedov le facilita une empleo. El año siguiente viaja a San Petersburgo, y está allí cuando Karakozov dispara contra el zar. Más tarde escribirá: “los cimientos de nuestra sagrada causa fueron puestos por Karakozov en la mañana del 4 de abril de 1866. Su acción debe ser entendida como un prólogo”. En 1870 se convierte en un estudiante externo de la universidad. A estas alturas ha leído mucho, y muestra grandes deseos de influir en su entorno.

En cuanto a su ideología, pues proviene de lo que se ha ido sedimentando a lo largo de los años precedentes de populismo y nihilismo: una mezcla vaga que proporciona un buen cauce para dar salida a lo que parece un inagotable caudal de ambición y resentimiento. Nechayev no sólo está convencido de que la revolución es necesaria e inminente, sino que cree saber la fecha exacta: el 19 de febrero de 1870. Resulta que, en el momento de la emancipación, los campesinos, junto a las tierras recibidas en propiedad, han recibido una parcela adicional para que la cultiven junto a éstas y entreguen los frutos a su propietario: se trata de una “tasa de redención” destinada a compensar a éste de la expropiación de sus propiedades. Pues bien, a los nueve años el campesino podrá elegir entre devolver esta franja de tierra, y considerar cumplidas sus obligaciones, o continuar pagando para redimir también ésta. Nechayev, que cree que la emancipación es un fraude que no ha hecho más que empeorar la situación de los campesinos, cree que en la fecha indicada éstos se darán cuenta finalmente de su situación y se rebelarán.


Convencido de esta fecha Nechayev redacta, en colaboración con Pyotr Tkachev un “Programa de acción revolucionaria”:

Si pensamos en lo que nos rodea, debemos concluir inevitablemente que vivimos en el mundo de la locura, tan terribles y antinaturales son las relaciones de unas personas con otras; así de extraña e increíble es su actitud hacia la masa de injusticias, vilezas y bajezas que constituyen nuestra sociedad (...) El orden existente no puede durar”.

Obsérvese el milenarismo latente en el pensamiento de Nechayev: un mundo de vileza, una fecha (un juicio final), donde se desatará el odio contra los injustos, la llegada de un reino de felicidad…

El Programa planea una unión con todas las organizaciones revolucionarias europeas. Con el objeto de acelerar este punto del proyecto, en marzo de 1869, con 21 años, Nechayev llega a Ginebra, donde Bakunin edita Narodnoe delo (“La causa del pueblo”), revista de la que Nechayev es ávido lector. Pero ¿Bakunin no estaba preso? No, se ha fugado. Tras pasar tres años en la fortaleza de Pedro y Pablo, y otros tantos en Shlisselburg, ha sido deportado de por vida a Siberia. Allí ha contado con el apoyo del gobernador, que es primo suyo, que le ha permitido trasladarse a Irkutsk y le ha proporcionado un trabajo. Pero en 1861 ha conseguido fugarse, y tras un rocambolesco viaje que lo ha llevado por Japón, Estados Unidos, e Inglaterra, finalmente ha recalado en Ginebra, donde reanuda su labor revolucionaria con inagotable vigor.


Unos años antes Herzen ha quedado desfavorablemente impresionado ante el contacto con los jóvenes representantes de Zemlya i Volya. Ahora ante Nechayev, un ejemplar de las nuevas generaciones de populistas aún más fanático y estrecho de miras, Bakunin queda fascinado. Inmediatamente comienzan a trabajar estrechamente unidos.

De la colaboración de Bakunin y Nechayev nace el Catecismo revolucionario. Es un documento breve que describe el programa para llevar a cabo la revolución y destruir la sociedad. Es también un muestrario de odio sin esfuerzo por disimularlo. Hay un asunto al que Bakunin y Nechayev dedican mucha atención. Ellos son los buenos, los revolucionarios, esto está claro. ¿Qué hacer, entonces, con los malos, con “los otros”? En concreto, ¿cómo proceder “cuando se elabora la lista de los que van a ser condenados, y se prepara el orden de ejecuciones”? Bakunin y Nechaev proponen no asesinarlos inmediatamente a todos como el cuerpo y la revolución les pide, sino proceder con astucia para que ésta progrese adecuadamente, y a tal fin dividen a la sociedad en varios grupos:

- El primero está formado por las personas inteligentes e influyentes, que se consideran las más peligrosas para la revolución: deben ser eliminadas inmediatamente mediante acciones terroristas con la mayor violencia posible para paralizar y aterrorizar a la sociedad.

- El segundo está formado por los influyentes y no inteligentes. A estos es mejor dejarlos vivir por el momento, porque con su crueldad y estupidez enfurecerán al pueblo y acelerarán la revolución.

- El tercero está formado por la gran mayoría de la sociedad: “las bestias y personalidades de alto rango que no son inteligentes ni competentes”. Estas, sencillamente, deben ser chantajeadas: “debemos apoderarnos de sus sucios secretos y convertirlos así en nuestros esclavos”.

- El cuarto grupo está formado por liberales y políticos ambiciosos. Ante estos los revolucionarios deben fingir que están en el mismo bando, que emprenden una senda de reformas y, para cuando se den cuenta, estarán embarcados en una revolución sin marcha atrás.

- El quinto está formado por los revolucionarios de salón, aquellos que se limitan a proferir discursos de boquilla. A esto se les asignarán las tareas más peligrosas dentro de la revolución. La mayoría morirá así sin dejar rastro, y del resto quizás se pueda hacer verdaderos revolucionarios.

- La última categoría es la de las mujeres. De éstas, las claramente comprometidas con la revolución son consideradas como el mayor valor de ésta. En cuanto al resto, aplíquesele el tratamiento destinado a la tercera y cuarta clase de hombres.

Asusta pensar qué habría ocurrido si Bakunin y Nechayev hubiesen alcanzado efectivamente el poder.


La colaboración entre ambos continúa. Publican “Los principios de la revolución”, en la que exponen su programa. La revolución tiene una función meramente negativa; la aniquilación. La reconstrucción no puede ser emprendida por la misma generación que ha llevado a cabo la necesaria destrucción, porque aún está influida por las antiguas estructuras. Eso queda para las siguientes generaciones. De hecho, para zanjar el asunto, y que dejen de importunarlos acerca de cómo será la sociedad post revolucionaria, declaran que es “criminal” intentar predecir el “neblinoso” futuro.

En este momento Bakunin funda un grupo revolucionario para Nechayev llamado ominosamente “Narodnoya rasprava” (“La justicia sumaria del pueblo”). Esta organización se presenta encuadrada en dos organizaciones internacionales completamente ficticias, la Alianza Revolucionaria Europea y la Unión Revolucionaria Mundial, y para dar mayor credibilidad al asunto, Bakunin provee a Nechayev con documentos acreditativos de estas sociedades imaginarias. “Narodnoya rasprava” publica inmediatamente su propia revista de edición bastante limitada, en la que insiste en el programa revolucionario: “Todo debe ser destruido, personas, cosas, instituciones, todo lo que se interponga en el camino de la liberación del pueblo”.


Como la fecha mágica del 19 de febrero de 1870 se acerca, Nechayev desde “Narodnoya rasprava” propone emprender acciones inmediatas, y comienza a señalar objetivos inmediatos, entre ellos prominentes políticos como Mezentsov, Trepov, y “demás cerdos” que efectivamente acabarán siendo víctimas de las balas de futuros grupos terroristas. La lista incluye escritores “reaccionarios” como Katkov “cuyas lenguas deben ser cortadas para librarnos de sus mentiras sistemáticas y de la traición de la cultura y la enseñanza en conjunto”.

En agosto de 1869 Nechayev vuelve a Rusia y comienza a organizar una célula de “Narodnoya rasprava” en Moscú reclutando estudiantes de la turbulenta Escuela de Agricultura que, por alguna razíon, es ideológicamente muy turbulenta. Nechayev no admite la menor disidencia dentro de su grupo, y está acuciado por la llegada de la fecha profética. Por eso cuando unos de sus primeros seguidores de la Escuela de Agricultura, Ivan Ivanovich Ivanov, que ha desempeñado un papel esencial en la captación de nuevos miembros del grupo, discute alguna de sus instrucciones, Nechayev se pone nervioso. Se reúne con sus adeptos más fieles y les anuncia solemnemente que el Comité Central de “Narodnoya rasprava” (es decir, él) tiene en su poder pruebas de que Ivanov tiene intención de delatarlos. La noche del 21 de noviembre de 1869 Nechayev convoca a Ivanov al jardín de la Escuela de Agricultura para desenterrar una máquina de escribir que han escondido previamente alli. Allí Nechayev y otros tres miembros de “Narodnoya rasprava” asesinan a Ivanov, lo evisceran, lo rellenan con piedras y lo tiran al río.

El de Ivanov resulta ser el primer y último asesinato en la prometedora carrera criminal de Nechayev, que escapa a San Petesburgo y a finales de año cruza la frontera. Mientras tanto el cadáver de Ivanov ha sido hallado, y, aunque al principio se piensa en un robo, pronto la policía se pone en la pista de “Narodnoya rasprava”. Son arrestados muchos estudiantes, y miembros de la Tercera Sección son enviados en busca de Nechayev. Entretanto éste ha vuelto a Ginebra y desempeña una actividad frenética. Ahora su actitud hacia Bakunin ya no es de reverencia, y afirma que “ha perdido el nivel de energía y abnegación” requerido para ser un buen revolucionario. Bakunin, enfadado, rompe con él: “Es un fanático, y el fanatismo lo ha transformado en un completo jesuita, cuando no en ciertos momentos, en un estúpido. A menudo sus mentiras son pueriles, pero a pesar de esto es muy peligroso”.


En agosto de 1872 Nechayev es detenido por la policía suiza y entregado a la Tercera Sección. En octubre es trasladado a la inevitable fortaleza de Pedro y Pablo. Es juzgado y condenado a veinte años de trabajos forzados y exilio de por vida en Siberia. En enero es sometido a la ejecución civil y grita: “Antes de tres años vuestras cabezas serán cortadas en este mismo lugar por la primera guillotina rusa. Abajo el zar. Viva la libertad. Viva el pueblo ruso”.

Imágenes: 1) y 2) Nechayev de muy joven y de joven. 3) Bakunin. 4) Feodor Trepov, jefe de la policía de San Petersburgo. 5) La fortaleza de Shlisselburg. 6) Retrato de una desconocida de Ivan Kramskoi. No viene a cuento de nada, salvo quizás para enfatizar que, en la sociedad en que vivía Nechayev, no todo era tan desagradable.
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Notas: El sello oficial de Narodnaya rasprava muestra un hacha rodeada por la frase “El Comité de la Justicia Sumaria del Pueblo de 19 de febrero de 1870”. El hacha, obviamente, simboliza la voluntad de derribar violentamente la sociedad, y se convierte en un símbolo habitual de los revolucionarios. Herzen comentará en “La campana”:

No clamaré por el hacha, esa última ratio de los oprimidos, mientras exista la más mínima esperanza de una solución sin ella. Rusia necesita escobas, no hachas. Hemos de seguir el camino progresista de Norteamérica e Inglaterra. Tal camino no les resulta simpático a los artistas de la revolución, pero me tiene sin cuidado. Resueltamente prefiero este camino al sangriento”.

domingo, 22 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (10): LA TERCERA SECCIÓN

Entrada en construcción. Disculpen las molestias.

viernes, 13 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (9): ISHUTIN Y KARAKOZOV

Hermanos, desde siempre me han torturado el pensamiento y las dudas de por qué mi amado pueblo ruso debe sufrir tanto. Por qué junto al eterno y sencillo campesino, y al trabajador de la fábrica, hay gente que no hace nada –nobles ociosos, una horda de cortesanos y gente rica, todos ellos viviendo en casas resplandecientes. Viven sobre los hombros de la gente sencilla, y chupan la sangre de los campesinos. He buscado la respuesta a esto en los libros, y no la he encontrado. La persona realmente responsable es el Zar (...) Por eso he decidido acabar con el malvado, y morir por mi amado pueblo. Entonces habrá verdaderamente libertad." Manifiesto de Karakozov.

Esta serie de episodios marca el camino de una degeneración. Ideas cada vez más esquemáticas van ocupando todo el horizonte mental de sus propietarios, que consideran perfectamente normal imponerlas a los demás. Se extienden así el fanatismo y la intransigencia. Sólo ha transcurrido una generación desde Herzen, pero ahora es el momento de gente como Nikolai Ishutin.


Ha nacido en 1840 en la región de Saratov, la misma en la que doce años antes ha nacido Chernishevsky (por alguna razón, Saratov resulta ser un suelo extraordinariamente fértil para la producción de populistas revolucionarios). Es un pobre orador, un mal escritor, y no es, ni con los más benévolos criterios, un intelectual. Sus lecturas son muy limitadas, y básicamente se reducen al “¿Qué hacer?” de Chernishevsky, a cuyos ‘hombres nuevos’ desea emular. Por problemas de salud no ha conseguido finalizar la enseñanza secundaria, y ha acudido a Moscú con el fin de completar su educación. No lo consigue, y a los veintitrés años abandona la universidad argumentando que no es más que un corral donde domesticar a los hombres y convertirlos en burgueses.

Sin embargo, ha conseguido atraer a un grupo de estudiantes con sus mismas lecturas e inquietudes, que, como aquéllas, se reducen a una: la revolución. Todos ellos creen (y creer es la palabra exacta) que es imprescindible, que es inminente, y que el resultado será un mundo feliz organizado en torno a la obshchina. Por esa razón, detestan las reformas dirigidas a mejorar las condiciones de trabajadores y campesinos, incluida la emancipación de los siervos, pues las consideran trampas liberales para diferir la llegada del paraíso socialista. Las sucesivas corrientes de utilitarismo, egoísmo científico, y nihilismo, se han llevado por delante todos sus escrúpulos. Así, los miembros del grupo de Ishutin son firmes partidarios del crimen para alcanzar sus objetivos, y uno de ellos incluso se plantea si es lícito envenenar a su propio padre para heredar su dinero y dedicarlo a la causa. Concluye que sí.


Si bien desdeñan las escuelas como acceso a la cultura, las valoran profundamente como instrumento de adoctrinamiento. En 1865 organizan una en uno de los barrios más pobres de Moscú. Ishutin no disimula su verdadero propósito: “haremos revolucionarios de estos pequeños. A esta escuela seguirán otras. Mientras tanto el grupo pasa a denominarse ”Organización”, como en el chiste, entidad dedicada a la agitación y propaganda. Y simultáneamente se crea un núcleo dirigente en la sombra, secreto incluso para la mayoría de los miembros de “Organización”, cuyo objeto social será el terrorismo: ”Infierno”. Cada miembro de “Infierno” debe “vivir con nombre falso y romper todos los lazos familiares; no puede casarse; debe abandonar a sus amigos; y en general debe vivir con un único y exclusivo fin: un infinito y devoto amor por su país” (el amor y la devoción quedan pendientes de definir por “Infierno”). En realidad sólo se desarrollan tres células, una en Moscú, otra en San Petersburgo, y otra en Saratov formada por antiguos miembros de Zemlya i Volya. Pero Ishutin acostumbra a presentar “Infierno” como “la sección rusa de un Comité Revolucionario Europeo”.

Los objetivos de “Infierno” son los miembros del gobierno y terratenientes, pero el principal es el asesinato del zar, que será el desencadenante de la revolución. Incluso después de iniciada ésta, “Infierno” continuará desarrollando su actividad, sirviendo de guía espiritual y eliminando a los revolucionarios que, a su juicio, se desvíen de la ortodoxia. En reuniones interminables el atentado es discutido en sus detalles más nimios (especialmente en éstos). El asesino será determinado por sorteo entre los miembros de “Infierno”; deberá entonces vivir en los bajos fondos, llevar una mala vida, y, de ser posible, convertirse en confidente de la policía para ganar su confianza. Tras el asesinato deberá, simultáneamente, suicidarse y desfigurar su rostro con ácido para evitar ser reconocido. En realidad, todo parece abundar en palabrería, y los miembros de “Infierno” quedarán realmente sorprendidos cuando uno de ellos manifieste su intención decidida de llevar a cabo el plan.


El 14 de marzo de 1866 llega a la Cancillería del Gobierno General de San Petersburgo un sobre firmado por "un estudiante". Contiene el proyecto detallado de asesinar al zar en una fecha próxima, y parece estar redactado por el propio asesino. Sorprendente. Más sorprendente aún: tal vez por no haber llegado a la ventanilla adecuada, por carecer de algún sello esencial, o por no ser haber sido presentado por triplicado, la conspiración así desvelada vuelve a desaparecer sepultada bajo un montón de papeles y formularios, y ninguna precaución es tomada. Pero ¿de dónde ha salido el documento?


Ha sido escrito por Dimitri Karakozov. Proviene también de Saratov, de una familia noble, y está lejanamente emparentado con Ishutin. En Moscú pasa grandes penurias económicas, que lo llevan a ser despedido de la universidad por impago de las tasas, y a trabajar como secretario de un noble local. De esta época extraerá un profundo odio hacia la aristocracia. Ingresa en “Organización”, asiste a sus reuniones con lo que parece una cara de sueño invencible, y trabaja como maestro en una de sus escuelas de adoctrinamiento. Sufre sucesivas crisis existenciales, y en febrero de 1866 anuncia su intención de suicidarse. Desaparece por algunos días, y al volver, vivo aún, anuncia a sus compañeros su irrevocable intención de matar al zar.

En marzo llega a San Petersburgo, y se aloja en distintas posadas. En una de éstas escribe un manifiesto en el que detalla su proyecto y lo deja para que sea encontrado, pues tan importante como la muerte del tirano es que la posteridad conozca a Karakozov y sus motivos. Mientras tanto ha conseguido un arma, y realiza algunos ensayos.


El 4 de abril de 1866 Karakozov se acerca a Alejandro II mientras pasea por los Jardines de Verano de San Petersburgo y le dispara, pero un paseante le desvía el brazo y la bala se pierde en el aire. Intenta huir, pero es detenido por los espectadores a los que increpa “estúpidos, lo he hecho por vosotros”. Llevado ante el zar éste le pregunta ¿eres polaco?. No, ruso puro, contesta. Interrogado por el motivo del disparo responde “mira la libertad que has dado a tus campesinos”. El zar, desconcertado, no pregunta más.

El atentado causa gran impresión. Es duramente criticado desde todos los sectores de la sociedad, y permite constatar que el zar goza de gran apoyo popular. Por otra parte, destruye toda influencia liberal sobre el Gobierno, y abre el paso a una intensa represión policial que llegará a ser conocida como el terror blanco.


Karakozov es interrogado. Durante un tiempo su verdadera identidad permanece oculta, pero se accede a ella a través de una de las posadas en las que ha pernoctado. En ella, además, se descubren papeles con la dirección de Ishutin, lo que provoca su inmediato arresto y la caída de la célula de Moscú. En uno de estos documentos se menciona el imaginario “Comité Revolucionario Europeo”. Muy impresionado, Alejandro II se pone en contacto con Bismarck y le solicita una estrecha vigilancia policial sobre los emigrados rusos.

Karakozov es juzgado en la fortaleza de Pedro y Pablo y condenado a muerte. Pide clemencia al zar, y éste le contesta que puede dársela como cristiano pero no como soberano. El 3 de octubre es públicamente ejecutado. A lo largo de las siguientes semanas serán detenidos todos aquellos que se acerquen a visitar su tumba. También Ishutin ha sido condenado a muerte, pero su sentencia es conmutada por el exilio en Siberia.

El que ha desviado el brazo de Karakozov, salvando así a Alejandro II de la muerte, es un campesino llamado Ossip Komissarov, que se encontraba de paso en San Petersburgo. El zar lo ennoblece y lo invita a toda una serie de recepciones, pero es una persona extremadamente rústica y con tendencia a la embriaguez que acaba provocando toda una serie de situaciones incómodas, grotescas, o cómicas. Finalmente es devuelto a su provincia natal, donde al poco tiempo muere alcoholizado.


Imágenes:
1.- Nikolai Ishutin.
2.- Retrato de campesino, por Ivan Kranskoi. No conocía a este pintor. Me parece magnífico, y usaré sus cuadros para siguientes entradas. Pueden ver una buena muestra de sus obras aquí.
3.- Alejandro II.
4 y 5.- Dimitri Karakozov.
6.- El atentado.

sábado, 7 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (8): LOS NIHILISTAS

Fundamentalmente, el nihilismo representaba una filosofía de negación de toda forma de esteticismo; defendía el utilitarismo, y el racionalismo científico. El nihilismo representaba una cruda forma de positivismo y materialismo, una revuelta contra el orden social establecido; negaban cualquier autoridad ejercida por el estado, por la iglesia, o por la familia. No creía en nada más que la verdad científica; la ciencia se convertía en la panacea de todos los problemas sociales. Todos los males, creían los nihilistas, provenían de una única fuente, la ignorancia, que la ciencia por sí sola podía superar.” Nihilismo. Enciclopedia Británica.

 “(Según Comte) del mismo modo que los sabios imponen su saber a los ignorantes y aficionados en cuestiones de matemáticas y de astronomía, igualmente deben imponer su criterio en el ámbito de la sociología y de la política. Y esto presupone que la sociología puede determinar a la vez lo que es, lo que será y lo que debe ser.” Raymond Aron. Las etapas del pensamiento sociológico.

Un químico honesto es veinte veces más útil que cualquier poeta –le interrumpió Bazarov.” Turgénev. Padres e hijos.


En 1863, tras el aplastamiento de la revuelta polaca, altos funcionarios de la administración comienzan a considerar la necesidad de dar una pátina de constitucionalismo al régimen. Animados por este empeño, se dirigen al zar con una propuesta para aumentar las competencias del Consejo de Estado. Pero Alejandro II considera que, con la emancipación de los siervos, ya ha hecho bastante, y contesta: “lo que él ya ha hecho debe ser suficiente garantía para sus fieles súbditos”.

Mientras tanto, la constatación de que, tras la emancipación, los campesinos no muestran predisposición a rebelarse, provoca sutiles alteraciones en la percepción de algunos populistas. El pueblo, ahora convertidos en masa ignorante e incluso en chusma, no está a la altura de las circunstancias: es necesaria una élite intelectual que, sin tenerlo en cuenta, actúe por su bien. Los populistas evolucionan así hacia el nihilismo.

El nihilista desdeña todo principio y todo valor si no puede ser expresado mediante una ley científica o una fórmula matemática, y con eso renuncia a lo que le permita orientarse en la vida. Y desprecia, en los mismos términos, la elegancia, los modales, y toda emoción estética y sentimental, y con eso renuncia a todo aquello que contribuye a hacerla agradable. La palabra no es nueva: ha sido previamente utilizada, en sentido meramente peyorativo, para designar a aquél que no cree en nada. Pero es Turgénev quien la populariza en “Padres e hijos”, cuyo personaje Bazarov compone una potente imagen de la juventud de los sesenta. Bazarov es irreverente, desdeña las manifestaciones estéticas, desprecia el afecto entre Arkady y su padre, que considera anticuado sentimentalismo, y antepone su propia actitud “científica”, que se manifiesta en una tendencia exagerada a diseccionar ranas. Turgenev no presenta a su nihilista con especial cariño, y hace que, tras su desdén por las emociones, se enamore perdidamente, no sea correspondido, y sufra. Y, además, que muera por una infección contraído al diseccionar un cadáver.


Pero Dimitri Pisarev, que escribe en Russkoe Slovo, recoge, como un elogio, el termino nihilista, y lo convierte en bandera de la publicación. Pisarev, a pesar de tener formación de letras, se dedica con entusiasmo a divulgar los últimos adelantos científicos. Ahora Russkoe Slovo sustituye a Sovremennik en las preferencias de la juventud.
En su acepción de no creer en nada, el término no es afortunado, pues el nihilista cree con fanatismo e intransigencia en sus propias ideas, aunque estén difusamente formuladas. Básicamente bebe de dos fuentes. Una es el nuevo hombre descrito en “¿Qué hacer?” por Chernishevsky. Todo parece indicar que, tras ir desterrando valores por acientíficos, y quedarse así sin ninguno, Chernyshevski ha experimentado un cierto vértigo que lo ha llevado a inventarse lo que podríamos llamar “inteligencia de mercado”. Según este concepto, la base de la futura sociedad feliz será el egoísmo inteligente de todos los hombres, que llevará, una vez superadas las trabas, tabúes y demás convenciones burguesas, a alcanzar la felicidad científica. Es en cierto modo (de un modo ciertamente curioso) la transposición del liberalismo económico de Adam Smith (debemos el pan que comemos al egoísmo del panadero etc.) al populismo social, y el resultado es bastante desconcertante.


La otra es el positivismo de Auguste Comte. Comte se ha propuesto desterrar el conocimiento no científico, y ha pretendido elevar la sociología a un nivel superior al de las matemáticas. De este modo ha acabado desarrollando una teoría determinista según la cuál la evolución de la sociedad está predeterminada por leyes científicas. La labor del científico debe limitarse a señalar el lugar al que, inexorablemente, se dirige la humanidad, y a facilitar el camino. Lo que ha logrado así ha sido cambiar de religión, y sustituir a los sacerdotes por los científicos positivistas.

El término ‘nihilista’ pasará finalmente a occidente, y se usará para designar a los terroristas rusos de los 70, en que el populismo habrá degenerado.




Imágenes: 1.- Retrato de Turgénev, por Ilya Repin. 2.- Dimitri Pisarev. 3.- Auguste Comte.

domingo, 1 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (7): ZEMLYA I VOLYA

Más adelante, cuando en 1863 Herzen reciba en su casa de Londres a representantes de Zemlya i Volya quedará desfavorablemente impresionado, pensará que se trata de unos patanes sin modales ni lecturas, y comentará:

En algunos casos ellos tenían, en teoría, razón, pero no tenían en cuenta el complejo, intrincado, proceso de equilibrar lo ideal con lo real, y, por descontado, asumían que sus visiones y sus teorías eran las visiones y teorías de toda Rusia. Pero culpar a nuestros jóvenes pilotos de la tempestad que se avecinaba habría sido injusto. Es la característica común de la juventud.

Y también:

Con frecuencia no teníamos nada que decirnos. Estaban completamente ocupados con los detalles más nimios de sus círculos, más allá de los cuáles nada les interesaba. Una vez que habían descrito todo lo que les interesaba acerca de éstos, no había nada que hacer más que repetirlo, y vaya si lo repetían. Tenían poco interés en aprender, o en los asuntos públicos; realmente leían poco, y ni siquiera seguían regularmente los periódicos”.

En realidad, la mala impresión era recíproca. Herzen, que era educado, vivía confortablemente, y no iba permanentemente disfrazado de nihilista, les parecía un carcamal aburguesado, y se enfurecían cuando se resistía a sus sablazos:

Mis nuevos conocidos consideraban que todo lo que yo hacía no era suficiente, y contemplaban con indignación a un hombre que se declaraba socialista y no distribuía sus propiedades a partes iguales entre gentes que querían dinero sin trabajar.

Sin embargo, cuando en 1860 conoce al fundador del grupo su impresión es muy buena. Y, de hecho, será Ogarev quien proporcione el nombre a éste. La historia es la siguiente.


Nikolai Serno-Solovevich es hijo de un funcionario ennoblecido en reconocimiento a sus méritos. Es un veinteañero cuando, en 1855, Rusia es desalojada de Sebastopol, lo que marca su derrota en la Guerra de Crimea y el nacimiento de un profundo sentimiento de humillación nacional. Al igual que su padre, Serno ingresa en la administración civil, y junto con su hermano frecuenta el círculo de María Trubnikova, hija de un decembrista exiliado en Siberia. En él se habla de Vico, Prouhon, Lassalle, Saint-Simon, Louis Blanc y Herzen. En septiembre de 1858 resume sus impresiones sobre la situación en Rusia en un manuscrito que entrega al propio zar mientras pasea por los jardines de su palacio de Tsarskoe Tselo. Sus ideas son vehementes, pero no siempre realistas: “el Zar debe darse cuenta de que sólo los principios socialistas pueden actuar como guía para la transformación de Rusia”. Aún más: “en el trono de Rusia el Zar sólo puede ser, consciente o subconscientemente, un socialista”.

Con tales ideas su progreso en la administración civil no está garantizado, y en noviembre de 1959 Serno anuncia su intención de abandonarla. A principios de 1860 se encuentra con Herzen y Ogarev en Londres, e inmediatamente simpatizan. También Serno cree firmemente que la base para organizar la vida de los campesinos y el reparto de las tierras es la obshchina. El zar está preparando el decreto que emancipará a todos los siervos, y Serno cree que debe ser absolutamente ambicioso: los campesinos deberán recibir la totalidad de las tierras que están trabajando, que serán entregadas a las obshchinas, y no se les podrá exigir ninguna tasa de redención para compensar a los propietarios. Para eso está el estado, que, para financiar el proyecto, deberá reducir los gastos del ejército, la corte, y vender sus propiedades. Y, si resulta insuficiente, habrá que subir los impuestos. Ogarev colabora en la redacción de este proyecto, que se convertirá en el primer programa del naciente grupo. Y, además, le proporciona el nombre. ¿Qué es lo que necesita la gente?, se pregunta: ”Tierra y libertad” (”Zemlya i Volya”)


El proyecto también prevé la organización del grupo en células de 5 personas. Cada una de ellas deberá, a su vez, reclutar y organizar otra, de modo que únicamente conocerá a sus 4 compañeros de célula, y a los 4 de la que él mismo habrá creado. La idea no está mal: rellenar las celdas con gente competente es otro asunto. Serno vuelve a Rusia, pero sus andanzas ya han atraído la atención de la Tercera Sección, la policía secreta zarista. Ésta está mejorando rápidamente sus métodos, mientras que los emigrados londinenses continúan sin tomar excesivas precauciones. En julio de 1862 es interceptado un mensajero entrando en Rusia un número de cartas de Herzen, Bakunin y Ogarev. Una de ellas, dirigida a Serno, recomienda explorar la posibilidad de que Chernyshevski imprima su revista Sovremennik en Londres para sincronizar sus esfuerzos con Kolokol. Esto conduce al simultáneo arresto de Serno y Chernishevsky, que son enviados a la fortaleza de Pedro y Pablo. Serno aprovecha para escribir cartas al zar, y reanudar así la comunicación iniciada en Tsarskoe Tselo. Después es enviado a Siberia, y la correspondencia se interrumpe definitivamente.


Tras la desaparición de Serno, la calidad de los representantes de Zemlya i Volya decae rápidamente, y la dirección del grupo pasa a un tal Sleptsov. En ellos Herzen cada vez tendrá menos peso, desplazándose definitivamente el centro de gravedad ideológico hacia Chernishevsky. A finales de de 1862 Zemlya i Volya se encuentra con un reto al que consagrará todos sus esfuerzos: la inminente insurrección polaca. El grupo siempre ha apoyado la independencia de las nacionalidades del Imperio. Ahora se arroja a la causa con todas sus fuerzas, y se estrella con igual ímpetu. Para empezar, contacta con los polacos presentándose como una fuerza política relevante en el escenario ruso. En diciembre un tal Segismund Padlewski, miembro del Comité Central nacional polaco, es enviado desde Varsovia a San Petersburgo . Lleva cartas de recomendación de Herzen y Bakunin, y pretende ponerse en contacto con el Comité Central de Zemlya i Volya para negociar su apoyo. Es un momento difícil, pues la importancia real de Zemlya i Volya es considerablemente menor de lo que han vendido a los polacos, y de hecho no existe nada parecido a un Comité Central. Sleptsov está convencido de que es inminente una revolución campesina, e intenta sin éxito convencer a los polacos para que esperen y hagan coincidir su insurrección con ésta.

En enero de 1863 estalla la revuelta. Sleptsov y otros miembros de Zemlya i Volya viajan a Londres para recabar el apoyo de Herzen. Para su asombro, le proponen, con gran arrogancia, que se convierta en un agente a sus órdenes. Mientras tanto, convencidos de la necesidad de contar con un medio de comunicación propio, imrovisan una pequeña imprenta que expelerá un par de panfletos a lo largo del año. Pero en Rusia la revuelta polaca no ha sido vista unánimemente con simpatía, ni siquiera entre los turbulentos universitarios. En realidad, el apoyo decidido de Herzen marcará el inicio del declive de la influencia de “La Campana” entre los liberales rusos. Por su parte Zemlya i Volya no sobrevivirá a la ola de represión, y a final de año su nombre no será más que un mito para futuros movimientos revolucionarios. Alguno incluso resucitará el nombre.




Imágenes:
1.- El sitio de Sebastopol.
2.- Herzen y Ogarev.
3.- El pabellón Hermitage en Tsarskoye Tselo.
4.- Polacos esperando ser desterrados tras el fracaso de la revuelta.