sábado, 11 de diciembre de 2010

LA PEOR ESCENA DE SEDUCCIÓN DE LA HISTORIA DEL CINE

Es la que tiene lugar en ‘El sirviente’, de Losey. He vuelto a ver la película, y vuelvo a quedarme con la duda de no haberla comprendido correctamente. Para los que no la hayan visto este es el argumento.

Estamos en Londres, en los 60. Un hombre de evidente clase alta (James Fox) contrata un sirviente (Dirk Bogarde) para atender la casa que acaba de adquirir. Poco a poco va cargando sobre él todo el trabajo, desde la cocina, hasta la limpieza, pasando por la decoración de la casa. Sin embargo, la acumulación de tareas parece tener un efecto de doble dirección, como si a la vez que fuera convirtiendo a Bogarde en un esclavo, Fox se fuera quedando despojado de atributos y completamente a su merced Si no entienden esto que estoy diciendo no me extraña. El caso es que, hasta tal punto llega la cosa, que Bogarde, que desaprueba a la novia de Fox, consigue que la deje proporcionándole en su lugar a su propia novia (Sarah Miles), a la que, a partir de ese momento, van a simultanear. Esta es la escena de la seducción que he mencionado al principio, y los movimientos de Sarah Miles intentando engatusar a Fox son tan naturales como los del marciano disfrazado de hembra humana en ‘Mars Attacks’. En un momento dado Fox parece reaccionar, y expulsa a ambos de su casa cuando descubre su noviazgo. Pero poco después vuelve a caer en las garras de Bogarde, y a contratarlo. Comienza una nueva fase de su relación amo-siervo en la que además son camaradas y posiblemente amantes. Pero mientras tanto Bogarde continúa su implacable labor de vaciado de Fox, en el curso de la cual lo lleva al alcoholismo. Al final Fox está hecho un guiñapo y meramente dedicado a la satisfacción de sus necesidades básicas, para lo que depende enteramente de Bogarde, que es quien le proporciona la comida, la bebida y las putas. En la última escena, la exnovia de Fox aparece inopinadamente en mitad de una orgía, y acaba rindiéndose también a Bogarde. Esto, por muchas vueltas que le dé, no lo entiendo. Y esto es todo.

7 comentarios:

Horrach dijo...

Pues mira, yo tengo cierta debilidad por esta película, aunque no la veo desde hace casi 10 años y debería revisarla antes de afirmar absolutamente nada. Dirk Bogarde era uno de mis actores predilectos y en esta película lo recuerdo maravilloso, con ese cambio de registro hacia lo canallesco de la parte final.

En cuanto a las relaciones de los personajes, yo caí en mi típica tentación que muchos me reporchan: leer las cosas a partir de principios girardianos. En este caso también fue así, pero en mi descargo hay que decir que si no se le aplica al argumento los elementos que caracterizan lo que Girard llama 'mediación interna' y se ve que la relación entre Bogarde y Fox está cortada por el patrón sujeto-mediador, siendo Bogarde el referente que va modificando (o vampirizando) la forma de ser de Fox, no se entiende nada.

saludos

Horrach dijo...

Una historia con grandes parecidos a la relación BOgarde-Fox es 'El eterno marido' de Dostoievski. La dependencia de uno con respecto al otro llega hasta el punto de rozar (en el caso de la novela) el homoerotismo. El débil desea tanto tener lo que tiene el otro que al final lo que hay es un deseo de usurpación del ser-otro, es decir, se pretende ser directamente el otro (pues en él ve la autonomía y el dominio de la que él carece). El rol que juegan las respectivas novias es en realidad secundario.

navarth dijo...

No, si a mi la película me gustó en su día y me ha vuelto a gustar ahora (salvo la escena de la seducción), pero creo que es por el trabajo de Dirk Bogarde. Creo que no he sabido captar correctamente los matices sicológicos. ¿Podrías desarrollar un poco más lo de la ‘mediación interna’ de Girard?

Horrach dijo...

Ya digo que me cuesta aplicar este esquema a la película, tras tantos años sin revisarla (aunque me acabo de bajar una copia de internet, no sé cuando podré verla), pero lo de la 'mediación interna' girardiana viene a cuento de que todo sujeto desea a partir de un mediador (o de varios), mimetizándose con su conducta y deseos de forma inconsciente. Pero si en la 'mediación externa' el modelo es alguien que está fuera de nuestro alcance y, por tanto, no podemos entrar en conflicto con él de ninguna manera (un mediador externo puede ser un ídolo, un personaje literario, un escritor muerto, un dios, etc.), en la mediación de tipo interno el nivel de conflictividad, al estar en contacto directo el sujeto de turno con su modelo, es tan elevado que las consecuencias son más lesivas. Pero lesivas para ambos, porque los roles de sujeto y mediador pueden intercambiarse a lo largo de la misma pugna, y de hecho eso es lo que sucede en la película de Losey (con guión del Nobel Pinter si no recuerdo mal). Tanto Bogarde como Fox (nunca distingo bien a los dos hermanos Fox, creo que gemelos) buscan en el otro un grado de autonomía y poder distinto, pero esos intereses y ambiciones van evolucionando hasta hacerse indistinguibles ambos personajes. Al final, y ese es el fruto de toda pugna determinada a partir de la mediación interna, todos se acaba pareciendo, las diferencias de inicio se van limando progresivamente (aunque, de forma paradójica, lo que busca todo sujeto cuando imita a su mediador no reconocido es una diferencia que lo distinga de los demás).

No sé si le sirve esta parrafada, amigo Navarth. Si no, dígamelo con total sinceridad, pues en el momento de la tesis en el que me encuentro (espero que en la última fase) me interesa saber si se entiende bien la manera que tengo que explicar aspectos de la teoría girardiana.

saludos

Horrach dijo...

No, veo en la wikipedia que los hermanos Fox, James y Edward, no son gemelos, aunque el de la película es el primero.

navarth dijo...

No Horrach está muy bien explicado por su parte, muchas gracias. Es que me cuesta ver esa parte del proceso que describe Girard, en la que el modelo mimético y el imitador comienzan una espiral de competición, en la que los deseos se van confundiendo y ambos llegan a ser indiferenciables. Abrazos.

Horrach dijo...

Tal vez un ejemplo más logrado de cómo se plasma ese proceso de identificación a partir del conflicto lo tengamos en el antifranquismo, que se llegó a mimetizar con las formas y mecanismos del franquismo de forma aparentemente sorprendente (defendiendo ideales y principios distintos). En las ejemplos políticos se ve más claramente cómo, al margen de ideologías, es el poder y el dominio lo que se ambiciona y que, como decía Jünger, las ideas simplemente son el medio.