domingo, 26 de diciembre de 2010

OPTIMISTA SIN ESCRÚPULOS

En su libro “Los usos del pesimismo”, Scruton nos previene frente al “optimista sin escrúpulos”. ¿Y quién es? En mi opinión, éste.

Es aquél que piensa que, por naturaleza, el hombre es bueno, y el mundo un lugar feliz. No es consciente del frágil armazón, construido laboriosamente a lo largo del tiempo, sobre el que nuestra sociedad prospera. En realidad, cuando compara la realidad con el paraíso que, en su opinión, debería encontrarse ahí, encuentra el resultado decepcionante, e inmediatamente se pone a buscar a los culpables. Y no nos engañemos: nuestro optimista odia con bastante intensidad. El suyo es un relato de buenos y malos, en el que él ocupa el lado bueno, el de los elegidos. Esto, de paso, satisface sus necesidades de trascendencia, y su relato sirve como sustitutivo de la religión.

Como está convencido de que sólo unas instituciones injustas impiden el restablecimiento del paraíso en la tierra, nuestro optimista es francamente destructivo. No tiene el menor inconveniente en arrasar los pilares (que, en cualquier caso, él no ve) que mantienen a una sociedad avanzada en frágil equilibrio. Por eso, cuando puede actuar, los resultados adversos se suceden. A consecuencia de ello, los inevitables encuentros con los hechos desaniman al optimista sin escrúpulos, pero esto no hace que abandone sus creencias, sino que progresivamente se vaya alejando de la realidad. Comienza a despreciar la relación entre causas y efectos, se desentiende del resultado de sus actos, y se da cuenta de que lo único importante es manifestar buenas intenciones. Por último, es fácil observar que el optimista sin escrúpulos se encuadra en una determinada posición ideológica.

La descripción precedente es mía, pero creo que coincide con el tipo que menciona Scruton, que, en su libro, nos describe las falacias que habitualmente emplea en la interpretación de la realidad. El significado habitual de falacia (no acudan en este caso a la RAE, porque el resultado es desolador) es equivalente al de sofisma: un razonamiento, con apariencia de verdadero, pero viciado en alguna parte del proceso. ¿Requiere la falacia una voluntad de engañar por parte de su autor? Si es así, entonces las que describe Scruton no lo son realmente, porque los primeros engañados son los que las están empleando. Se trata más bien de axiomas (con frecuencia, asumidos inconscientemente) desde los que partimos al interpretar la realidad, y, en este sentido, quizás sería más acertado hablar de ‘dogmas’ en lugar de ‘falacias’. ¿Por qué tienen tanta fuerza estos dogmas? Porque se adaptan perfectamente a un estado emocional previo, que es lo que realmente nos mueve. Aunque no lo dice expresamente, Scruton es consciente de que son las emociones las que guían nuestro comportamiento, y estos sofismas sirven meramente para dar a este comportamiento, a posteriori, una apariencia racional. Esta cualidad de mera cobertura racional de las falacias analizadas queda demostrada por el hecho de que son perfectamente inmunes a los argumentos (debido a que las emociones subyacentes siempre permanecen intactas).

En la última parte del libro (en mi opinión, la menos conseguida) Scruton trata de rastrear el origen de las falacias hasta nuestro pasado cavernícola, pues, afirma el autor, si bien estos instintos nos han servido en el estado de tribu, pueden ser poco compatibles con el ciudadano libre y responsable de una sociedad abierta. El próximo día hablaré de una de estas falacias.

viernes, 24 de diciembre de 2010

BALEARES Y LA SENTENCIA DEL SUPREMO

Continúan produciéndose en Baleares reacciones a la intolerable sentencia del TS favorable a que el español sea lengua vehicular en España.

El consejero de educación, el socialista Bartomeu Llinás, ha afirmado que en Baleares hay "una realidad diferente a la catalana", y por ello la sentencia "no tiene por qué afectar en absoluto". Llinás ha continuado diciendo que aquí el Decreto de Mínimos asegura que se imparta el 50 por ciento de la docencia en catalán. ¿Y el castellano? ¿Tiene asegurados esos mismos mínimos? ¡Ah, no! Eso "dependerá del proyecto lingüístico de cada centro". Llinás ha olvidado añadir que los proyectos lingüísticos de cada centro público suelen coincidir en perseguir el uso del castellano incluso en los recreos.

Por su parte Biel Barceló del PSM* ha dicho el sistema educativo actual "garantiza" que al final del proceso educativo los alumnos sepan hablar perfectamente tanto el castellano como el catalán. Esto sería realmente prodigioso, puesto que, como he dicho, el uso del castellano se persigue a conciencia, pero no nos asustemos: no estamos ante un milagro sino ante una mentira. Además, Biel Barceló ha tildado de "segregacionista" la doctrina del TS que dispone que el castellano sea lengua vehicular en las escuelas, y quizás tenga razón. A fin de cuentas es hora de reconocer que la libertad de elección disfruta de un excesivo prestigio, y que en realidad es antiigualitaria porque no todos quieren lo mismo. Mucho mejor, por tanto, suprimir las libertades individuales, tan segregacionistas, y sustituirlas por la Hermosa Libertad Unificada, representada por Biel Barceló.

Por último el representante de Esquerra Unida de las Islas Baleares, ha comenzado afirmando moderadamente que la cosa no va con ellos porque se trata «unas reclamaciones puntuales y muy minoritarias» que no deben poner en cuestión el modelo del catalán como lengua vehicular y el sistema de inmersión lingüística. Pero a continuación parece haberse dado cuenta de que sí, que precisamente lo que la sentencia pone en cuestión es ese modelo. Y, sin solución de continuidad, se ha enfadado y ha dicho que es «un ataque claro» contra «nuestra lengua y nuestro modelo de sistema educativo», y significa «un grave y peligroso retroceso democrático y, en definitiva, una agresión sin precedentes».

Y así están las cosas.

* El PSM es el Partido Socialista de Mallorca. No se debe confundir con el PSIB (Partido Socialista de las Islas Baleares) de Antich. No es que se diferencien mucho, pues ambos son férreamente nacionalistas. Sin embargo, el PSM es algo más montaraz, y su líder lleva una de esas perillas finas, como un trazo de rotulador en mitad de la barbilla.

martes, 14 de diciembre de 2010

CANDIDO Y LOS VAMPIROS

En lo que parece una imprudente exposición de sus fantasías, Cándido Méndez ha comparado a los mercados con el baile de los vampiros. Los vampiros serían los especuladores, que, en su búsqueda incesante de sangre fresca, son los que han provocado la crisis. Bueno, los vampiros y el PP: ‘sus políticas incubaron y propagaron la enfermedad; ahora se comportan como un agente patógeno”.

Para Cándido Van Helsing, lo de la sangre es una alegoría recurrente a lo largo del artículo. En ese sentido entiende que medidas tales como la contención del déficit no son sino “ofrendas” a los mercados. De hecho “el antropólogo Marvin Harris sugiere que las ofrendas de sangre que ritualizaron los aztecas, en las que se practicaba el canibalismo, tenían otra función: compensar el déficit de proteína de origen animal”, así que, se pregunta Cándido, “¿estarán buscando (…) aportar proteínas a esos mercados que nos piden ofrendas?”. Hmmm.

Bien, ya sabemos que lo de la contención del déficit es una mariconada. De hecho, afirma Cándido haciéndose un lío, nuestro sistema de pensiones es el más sólido del mundo porque no depende apenas del seguro privado (ya saben, vampiros especuladores) sino del gasto público, que no es de nadie. Pero no se desanimen. Tras la larga noche de Walpurgis de los mercados, Cándido nos anuncia un deslumbrante amanecer: ”la Confederación Europea de Sindicatos se manifestará en toda la Unión el próximo 15 de diciembre y en nuestro país lo haremos además el 18 de diciembre”. ¡Salvados!

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA PEOR ESCENA DE SEDUCCIÓN DE LA HISTORIA DEL CINE

Es la que tiene lugar en ‘El sirviente’, de Losey. He vuelto a ver la película, y vuelvo a quedarme con la duda de no haberla comprendido correctamente. Para los que no la hayan visto este es el argumento.

Estamos en Londres, en los 60. Un hombre de evidente clase alta (James Fox) contrata un sirviente (Dirk Bogarde) para atender la casa que acaba de adquirir. Poco a poco va cargando sobre él todo el trabajo, desde la cocina, hasta la limpieza, pasando por la decoración de la casa. Sin embargo, la acumulación de tareas parece tener un efecto de doble dirección, como si a la vez que fuera convirtiendo a Bogarde en un esclavo, Fox se fuera quedando despojado de atributos y completamente a su merced Si no entienden esto que estoy diciendo no me extraña. El caso es que, hasta tal punto llega la cosa, que Bogarde, que desaprueba a la novia de Fox, consigue que la deje proporcionándole en su lugar a su propia novia (Sarah Miles), a la que, a partir de ese momento, van a simultanear. Esta es la escena de la seducción que he mencionado al principio, y los movimientos de Sarah Miles intentando engatusar a Fox son tan naturales como los del marciano disfrazado de hembra humana en ‘Mars Attacks’. En un momento dado Fox parece reaccionar, y expulsa a ambos de su casa cuando descubre su noviazgo. Pero poco después vuelve a caer en las garras de Bogarde, y a contratarlo. Comienza una nueva fase de su relación amo-siervo en la que además son camaradas y posiblemente amantes. Pero mientras tanto Bogarde continúa su implacable labor de vaciado de Fox, en el curso de la cual lo lleva al alcoholismo. Al final Fox está hecho un guiñapo y meramente dedicado a la satisfacción de sus necesidades básicas, para lo que depende enteramente de Bogarde, que es quien le proporciona la comida, la bebida y las putas. En la última escena, la exnovia de Fox aparece inopinadamente en mitad de una orgía, y acaba rindiéndose también a Bogarde. Esto, por muchas vueltas que le dé, no lo entiendo. Y esto es todo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

RECTIFICACION Y REALINEAMIENTO

Camacho habla en ABC de los vaivenes de Zapatero.

En España un político (especialmente si es de izquierdas) puede desdecirse por completo y no pasar absolutamente nada. De hecho, como estamos viendo con Zapatero, es perfectamente posible, incluso, trasladar la crítica a la oposición (especialmente si es de derechas): ¿no es una muestra de irresponsabilidad, electoralismo, etc, criticar al gobierno, no sólo cuando practica una política, sino también cuando rectifica?

Rectificación es aquí la palabra clave. Lo que subyace en esta falacia, que permite a un gobierno hacer una cosa y la contraria, y de paso eliminar la crítica de la oposición, es, precisamente, confundir la rectificación con el realineamiento.

La rectificación debe provenir de un proceso intelectual, a través del cual se llega a la conclusión de que la postura mantenida hasta entonces era equivocada. Por eso, el segundo requisito básico de la rectificación es el reconocimiento del error. Y, cuando desde la postura recién abandonada, se ha atacado virulentamente a los que mantenían la posición adoptada tras la rectificación, es necesaria, además, la presentación de disculpas.

Obviamente, nada de esto ha ocurrido con el dramático timonazo de Zapatero. Y no ha ocurrido, sencillamente, porque no ha sido una rectificación, sino un realineamiento de los Dogmas progresistas con la realidad (recordemos que para el progrecentrismo, el universo gira, no en torno a la realidad, sino alrededor de estos Dogmas). Sin embargo en ocasiones la fuerza gravitacional de la realidad (por ejemplo, en forma de ruina económica) es excesiva, y los soles progresistas, para evitar ser chamuscados, deben abandonar, apresuradamente pero con circunspección, sus órbitas, y situarse en otras desde las que continuarán siendo el centro del universo.

El universo progresista puede continuar funcionando perfectamente a pesar de tener un centro móvil, pero es que su verdadero motor es el resentimiento. Sin embargo esto es otra historia.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

SOBRE EL SECTARISMO

El sectarismo es una manifestación de una característica esencial de la naturaleza humana: no somos racionales, sino razonadores.

Con esto me refiero a que nuestras acciones no suelen estar guiadas por la razón, sino por emociones e instintos. Ahora bien, al hombre le gusta imaginarse a sí mismo como racional, y por eso suele realizar grandes esfuerzos para argumentar a posteriori las decisiones que ha tomado previamente por motivos emocionales (obviamente estas seudorazones no son verdaderas razones, puesto que no han guiado realmente sus actos) Lo que diferencia, pues, a la persona racional de la razonadora es la inversión de la secuencia que lleva a la acción. Para el racional, esta secuencia es la siguiente: 1) argumentación -2) acción. Para el razonador, por el contrario, es esta: 1) emoción -2) acción - 3) racionalización a posteriori.

En ese sentido, las ideologías suelen ser meras herramientas de racionalización a posteriori. Y, por eso, son tanto más atractivas cuanto mejor sirven de cauce a las emociones, que son las que realmente nos mueven. Esto explica por qué los nacionalismos resultan tan adictivos y se propagan con tanta facilidad: porque sirven perfectamente de cauce a las fortísimas emociones gregarias y tribales que tan magníficamente suele describir Benjamingrullo.

Puesto que las ideologías suelen funcionar como meros racionalizadores de las emociones subyacentes, suelen ser inmunes a la argumentación racional. Para demolerlas, habría que atacar, precisamente, a esas emociones. Y por la misma razón, las ideologías se convierten en armazones mentales que se limitan a filtrar la realidad. Y, cuando se hace encajar en el molde ideológico, la realidad se comporta como plastilina: parte de ella tiene que deformarse para encajar en él, y parte de ella, sencillamente, se queda fuera, no es procesada. Este fenómeno se denomina sectarismo.

El único antídoto para este mecanismo humano es el decoro intelectual. Consiste en aceptar honestamente las reglas de la argumentación, lo que conlleva la posibilidad de ser convencidos cuando el adversario aporta unas razones más sólidas que las nuestras. Pocas veces ocurre.