lunes, 26 de noviembre de 2012

EPISODIOS DEL VÖLKITSCH EN FORMATO ELECTRÓNICO


Hace unos días un buen amigo se ofreció, de forma un tanto imprudente, a maquetar los Episodios del VölKitsch en formato electrónico. El resultado ha sido muy bueno, y lo pongo a disposición de todo aquel que desee tener una copia. Interesados, manifiéstense en este correo:

navarthdeeridu@yahoo.es

lunes, 29 de octubre de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO EN KINDLE

Ahora están maquetadas en forma de libro electrónico las “Escenas del populismo ruso”, que publiqué por entregas en el blog este verano. Si alguien está interesado en tener una copia (por ejemplo, alguien que padezca insomnio), por favor envíeme un correo a: navarthdeeridu@yahoo.es La copia está en formato kindle. Si no tienen el programa pueden descargarlo aquí Con él podrán visualizarlo tanto en el propio kindle (si lo tienen) como en el ordenador. Que la Fuerza los acompañe.

sábado, 22 de septiembre de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (y 15): LA VOLUNTAD DEL PUEBLO

El 15 de agosto de 1879 se constituye en San Petersburgo el Comité Ejecutivo de la Voluntad del Pueblo. Diez días más tarde vuelve a reunirse y en solemne sesión decreta la muerte del Zar.
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Durante todo su reinado Alejandro II se ha encontrado frente a un problema de imposible solución: los intentos de liberalización del régimen han sido respondidos con virulentos brotes revolucionarios; y las subsiguientes oleadas represivas le han privado de la simpatía de los sectores ilustrados no revolucionarios. De este modo gobierno y populistas han acabado entrando en una espiral destructiva cuya fase final será definida por los fanáticos de Narodnaya Volya* con un argumento difícil de contestar: la dinamita.

En otoño de 1879 Alejandro II se prepara para volver a San Petersburgo desde el palacio Livadia, en Crimea. Dependiendo de las condiciones meteorológicas debe elegir entre dos itinerarios: o bien hacer la primera parte del trayecto en barco hasta Odessa y luego en tren hasta San Petersburgo, o bien realizar todo el recorrido en tren. Considerando todas las contingencias Narodnaya Volya prepara atentados con dinamita en tres posibles puntos del camino de vuelta: Odessa, Alexandrovsk, cerca de Járkov, y Moscú. El mal tiempo hace que el zar renuncie al recorrido marítimo y Narodnaya Volya se concentra en los dos puntos restantes. En Alexandrovsk los terroristas han enterrado unos cilindros llenos de dinamita junto a la vía férrea, con un detonador eléctrico accionable a prudente distancia. El tren del zar se acerca, un terrorista grita “fuego”, el detonador es activado, y nada ocurre. Queda la trampa de Moscú preparada por Sofía Perovskaya. Un convoy formado por dos trenes se acerca al punto en que se encuentra la dinamita. Pero ¿en cuál de ellos viaja el zar? En ocasiones su tren ha sido precedido por otro que sirve de escolta, así que Narodnaya Volya deja pasar el primero y activa la dinamita al paso del segundo. El tren, que contiene el equipaje del zar y a sus sirvientes, vuela por los aires. Alejandro II viajaba en el anterior.


A finales de año el Ministro del Interior Pyotr Valuyev escribe en sus diarios:

Todo se desmorona, todo se va a los perros. Uno puede sentir cómo la tierra se estremece y cómo el edificio amenaza con venirse abajo, pero la gente no parece darse cuenta de ello.

A partir de enero de 1880 se dedica a presentar en los sucesivos consejos de ministros una batería de medidas que pretenden “acabar con la pasividad de la gente de bien, que es mayoritaria, y darle al gobierno la posibilidad de contraatacar y refutar los argumentos subversivos que se predican por doquier”. Durante las reformas de los 60 Alejandro II ha creado los zemstvos, unos consejos electivos provinciales, formados por representantes de los distintos estamentos, dedicados a tratar asuntos locales. Ahora Valuyev propone que de los distintos zemstvos elijan representantes para formar parte del Consejo de Estado. Además, propone la creación de una constitución que limite, aunque sea moderadamente, el poder absoluto del zar. Se producen interminables debates, pero Valuyev cuenta con la decidida oposición de la camarilla del heredero, el futuro Alejandro III, cuya receta para salir de la crisis es reforzar el poder autocrático del Zar.


Pero mientras tanto “La Voluntad del Pueblo” ha infiltrado a Stepan Jalturin en el mismo Palacio de Invierno. Carpintero de profesión y terrorista por vocación, se ha ganado de tal forma la confianza del personal del palacio que un guardia del zar le ha presentado a su hija con intención de incorporarlo a su familia. Jalturin, sin dejarse seducir por el proyecto matrimonial, ha ido introduciendo poco a poco dinamita en palacio y la ha acumulado en su habitación, situada en los sótanos de la residencia imperial. El plan consiste en colocarla en un habitáculo situado debajo del comedor en el que Alejandro II acostumbra a cenar. La noche del 5 de febrero de 1880 una gigantesca explosión sacude el Palacio de Invierno matando instantáneamente a 11 personas y de forma diferida a otras 55. El Zar no se encuentra allí.


El atentado provoca la caída de Valuyev y el nombramiento de Mijaíl Loris-Melikov como ministro con amplios poderes y jefe de la Tercera Sección. La policía zarista ha demostrado una perseverante ineptitud, tanto para proteger la seguridad del zar, como la vida de sus propios jefes. Loris-Melikov la unifica con el Cuerpo Especial de Gendarmes en el Departamento para la Defensa de la Seguridad Pública y el Orden. Con el tiempo esta nueva policía secreta será conocida como la Ojrana (la Guardia), y adquirirá una siniestra reputación bajo el sucesor de Alejandro II.

En un principio Loris-Melikov se alinea con la postura del heredero: “estoy convencido de que Rusia vive hoy una peligrosa crisis, y sólo podrá ser rescatada si el Zar muestra un espíritu decididamente autocrático”. Pero pronto la necesidad de ganarse a los segmentos más ilustrados de la sociedad lo convence de la necesidad ineludible de reanudar las reformas. De este modo apela al Zar y a sus ministros a recobrar el espíritu reformista de los 60. De nuevo se eleva la propuesta de incorporar representantes de los zemstvos al Consejo de Estado, y se vuelve a proponer la redacción de una constitución. Loris-Melikov contribuye además a calmar el ambiente de las universidades al sustituir al autoritario conde Dmitry Tolstoy, ministro de instrucción pública, por Saburov, de carácter mucho más liberal. De este modo se produce la siguiente paradoja: en el momento en que los estudiantes están más calmados, el terrorismo de “la voluntad del pueblo” alcanza la mayor efervescencia.


Porque una vez más los revolucionarios acabarán con este último brote liberal. Durante semanas han sometido a vigilancia a Alejandro II que, para su desgracia, observa una rutina. Todos los domingos acude a las caballerizas reales para pasar revista a las tropas por uno de dos itinerarios, la concurrida alameda de Malaya Sadovaya o el canal de Catalina. En diciembre de 1880 dos miembros de Narodnaya Volya han alquilado un local en el nº 56 de Malaya Sadovaya, han colgado un cartel anunciando “Esposos Kobosev, queseros”, y han comenzado a cavar un túnel para colocar una bomba bajo la calzada. Simultáneamente los terroristas han diseñado una rudimentaria bomba de mano formada por una carcasa de metal en cuyo interior hay dos tubos transversales llenos de nitroglicerina, destinados a romperse al chocar contra el suelo y provocar el estallido.

Pero el rendimiento de la policía de Loris-Melikov aún está lejos de la excelencia. En febrero de 1881 recibe una denuncia de un vecino de Malaya Sadovaya, a quien el absoluto desconocimiento en materia de quesos demostrado por los esposos Kobosev ha inducido a sospechar. La casa es registrada, pero el túnel permanece indetectado. Simultáneamente es detenido un miembro del Comité Ejecutivo de la Voluntad del Pueblo que confiesa que la voluntad de asesinar al zar permanece inalterada. A pesar de ello Loris-Melikov asegura a Alejandro II que todas las precauciones han sido tomadas. El zar queda poco convencido, pero decide continuar con su rutina. Cuando el 1 de marzo el zar acude a la revista semanal de tropas los asesinos de Narodnaya Volya están preparados. Uno de ellos se encuentra en la casa de Malaya Sadovaya dispuesto a accionar el detonador que activará la mina al paso de Alejandro II. En el canal de Catalina quedan apostados cuatro lanzadores de bombas. La comitiva escoge este último itinerario, y Sofía Perovskaya asume que también volverá por él. Efectivamente, a las dos y cuarto ve pasar el convoy de vuelta y agita un pañuelo para alertar a los lanzadores. El primero de ellos arroja la bomba contra el carruaje de Alejandro II matando a varios paseantes y a un cosaco de la escolta. El Zar emerge ileso de los restos del coche y se dirige hacia los heridos. Uno de los oficiales de la guardia que ha acudido corriendo le pregunta, sin reconocerlo, si el Zar ha sido herido. Gracias a dios estoy bien pero ¿y ese hombre?, dice señalando a un herido que se retuerce de dolor entre gritos. En ese momento un segundo terrorista lanza otra bomba a los pies de Alejandro II. Cuando el humo se disipa el Zar yace agonizante entre otros cuerpos.



EPILOGO



El nuevo zar, Alejandro III, acabará decididamente con cualquier intento reformista dirigido a limitar su poder absoluto, y afrontará la crisis imponiendo la unanimidad en sus súbditos. Su reinado se fundará sobre tres pilares: autocracia política, nacionalismo y ortodoxia religiosa. Los primeros en pagarlo serán los judíos. La Ojrana, convertida en el prototipo de policía secreta de los futuros estados totalitarios, promoverá pogromos y acabará produciendo “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Narodnaya Volya no sobrevivirá mucho tiempo al asesinato del zar. El 3 de abril de 1881 Sofía Perovskaya y el resto de los lanzadores supervivientes subirán las escaleras del patíbulo. El terrorismo desaparecerá por completo de Rusia hasta comienzos del siglo XX. Entonces renacerá bajo la forma del Partido Socialista Revolucionario, y esta también es una historia que merece ser contada.



* Narodnaya Volya significa "LA Voluntad del Pueblo". Usaré el nombre indistintamente en ambos idiomas. Imágenes: 1.- El palacio Livadia en Crimea. En él se celebrará la conferencia de Yalta. 2.- Pyotr Valuyev. 3.- Stepan Jalturin. He aquí, quizás, una de las razones de la apatía de la sociedad hacia los asesinos: eran jóvenes y con frecuencia guapos. Nada que ver con sus oponentes (se aportan como prueba las imágenes 2 y 4). Esto, y el hecho de que sus programas fueran una sucesión de simplezas, los hacían difícilmente resistibles. 4.- Loris Melikov. 5.- 1 de marzo de 1881: la primera bomba. 6.- 1 de marzo de 1881: la muerte de Alejandro II. 7.- Coronación de Alejandro III. 8.- Ejecución de los autores del atentado.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (14): LA SOCIEDAD DESMORONADA


El 24 de enero de 1878 una joven pulcramente vestida acude a la multitudinaria audiencia semanal del general Trepov, jefe de la policía de San Petersburgo, que reúne a los vecinos de la ciudad con las más diversas peticiones. Tras esperar pacientemente su turno, la joven se sienta frente a la mesa de Trepov, abre su bolso, extrae un revolver, y lo descarga sobre el pecho del general. Después, ajena al revuelo que se ha formado, deja que la detengan sin oponer resistencia y afirma: ha sido en venganza por Bogolyubov.

La joven es Vera Zasulich, activista populista de los círculos de Tkachev. El Ministro de Justicia solicita al zar que sea juzgada en lugar de por una comisión del Senado (lo habitual en los juicios políticos) por un tribunal ordinario. El juicio comienza de manera peculiar: el fiscal parece excusarse por acusar a Vera Zasulich y no a Trepov, y califica el atentado como una “loable protesta de la dignidad humana herida”. El jurado debe emitir un veredicto sobre la siguiente pregunta: ¿es culpable Vera Zasulich de haber disparado contra Trepov con intención de matarlo? El sorprendente veredicto es: no.

¿Cómo se ha llegado a este disparate?
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Los registros de la policía zarista recogen un total de 1611 detenidos por actividades subversivas entre 1873 y 1877. Esta lista se refiere a detenidos de larga estancia, y no incluye a los que han sido liberados a las pocas horas o días. De éstos, 557 son liberados en el transcurso de los siguientes meses a la detención, y los restantes se dividen en “criminales” y “especialmente criminales”. Entre los “especialmente criminales”, la mayoría tiene una edad inferior a 21 años, mientras que entre los “criminales” el 70% tiene menos de 25 años. La mayoría de ellos pertenecen a la nobleza; el siguiente grupo lo integran los hijos de altos cargos de la administración y de clérigos. Sólo nueve son realmente campesinos.


El caso es que tras las peregrinaciones narodniki de 1873 y 1874 el Zar y sus ministros comienzan a pensar, con razón, que están perdiendo la batalla de la opinión pública. La extrema juventud de los peregrinos, y la simpleza irresistible de sus planteamientos, han hecho que muchos hayan visto con cierta simpatía sus andanzas. En un Consejo de Ministros de 1875 se expone lo siguiente:

Una de las principales razones de la grave indiferencia con la que bienintencionados elementos de la sociedad acogen la ampliamente difundida propaganda de principios subversivos (...) se encuentra en la ignorancia que predomina, no sólo en amplios sectores del público, sino entre altos funcionarios de la administración gubernamental -incluyendo la mayoría del Consejo de Ministros- en lo referente al alcance de dicha propaganda (...) Ellos mismos (los revolucionarios) afirman que torrentes, ríos, una inundación de sangre es necesaria para conseguir sus fines. El Consejo está convencido de que estos desvaríos delirantes de una mente fanática no pueden encontrar ningún soporte. Pero para que la opinión pública rompa con los que mantienen estas doctrinas, sus principios no deben permanecer ocultos por más tiempo”.

Se decide que los procesos a los narodniki reciban la máxima difusión, y sirvan para poner de manifiesto el peligroso radicalismo que subyace bajo sus propuestas aparentemente inocentes. El más importante de ellos será conocido como el "juicio de los ciento noventa y tres". Pero lo cierto es que el régimen zarista no ha sabido responder al creciente desafío populista, y ha entrado en una espiral represiva que le ha enajenado las simpatías incluso de sectores de la población nada receptivos a los proyectos revolucionarios. Por si esto fuera poco, la administración zarista es contemplada como un torpe dinosaurio burocrático, incapaz de un funcionamiento mínimamente eficiente y mucho menos de emprender las tareas necesarias de modernización del país. La masa descontenta crece, y es un animal mimético a cuyo paso la gente se apresura a adherirse.


En 1875 Bosnia y Herzegovina se rebelan contra la dominación turca, y Bulgaria aprovecha para hacer lo propio. La revuelta búlgara es ahogada en sangre por los funestos bashi-bazouk, las tropas irregulares turcas. La contienda puede ser presentada por el gobierno ruso como una agresión a los hermanos eslavos, y la tentación de canalizar el descontento hacia un enemigo exterior, y lograr así una unanimidad interna, es irresistible. En 1877 Rusia entra en guerra con Turquía. Sin embargo, el rendimiento del ejército ruso no es memorable, las bajas se multiplican, y el descontento contra la administración crece. Para cuando llegue el momento de juzgar a los narodniki la sociedad rusa estará en estado de alta crispación contra el gobierno.

Mientras tanto los populistas no han permanecido inactivos. En 1875 Mark Andreyevich Natanson, el creador del círculo de Chaikovsky, ha vuelto a reunir en San Petersburgo a algunos de sus miembros dispersos que pasan a denominarse “los trogloditas”. Agrupan en sí a las tres corrientes populistas más fuertes del momento: los seguidores de Bakunin, los partidarios del jacobino Tkachev, y los de Piotr Lavrov, que cree que la tarea fundamental es despertar al pueblo por medio de la propaganda. En 1876 los trogloditas adoptan el nombre más fino de “Grupo Revolucionario-Populista del Norte”, y más adelante cambian al definitivo Zemlya i Volya (“Tierra y Libertad”). Será el segundo y más famoso grupo populista en llevar esta denominación; su orientación mayoritaria, a pesar de la convivencia de distintas tendencias, será decididamente terrorista. El 6 de diciembre de 1876 organizan lo que se considera la primera manifestación masiva en Rusia: una concentración frente a la catedral de Nuestra Señora de Kazan en San Petersburgo.


En julio de 1877 el general Trepov llega al Centro de Detención Preventiva de San Petersburgo, donde muchos narodniki se encuentran recluidos en espera de juicio. Al pasar delante de los prisioneros, Trepov observa que uno de ellos, un estudiante llamado Bogolyubov, no se ha quitado la gorra, lo que interpreta como una falta de respeto. Trepov reacciona violentamente; intenta golpear a Bogolyubov y, a continuación, ordena que sea públicamente azotado. Bogolyubov queda muy malparado.

En octubre de 1877, ante una sección especial del Senado, comienza el “juicio de los ciento noventa y tres”, que se prolongará hasta enero del siguiente año. Uno de los acusados, un tal Myshkin, realiza un alegato inicial:

Puedo decir que esto no es un tribunal, sino una comedia sin sentido; o algo peor, algo más repulsivo, más vergonzoso que un burdel. Allí las mujeres venden su cuerpo por necesidad. Aquí los senadores comercian con la vida de otros, con la verdad y la justicia; comercian, de hecho, con todo lo que es más apreciado por la humanidad, y lo hacen por cobardía, bajeza, oportunismo, y por percibir salarios elevados.

La declaración despierta entusiasmo entre los presentes y es ampliamente difundida, y que una soflama tan escasamente sofisticada reciba tanta notoriedad es un síntoma del ambiente poco favorable al gobierno en el que se mueve el proceso. Los propios senadores parecen estar poco tranquilos con él, y las sentencias finales son leves: cinco de los acusados son condenados a diez años de prisión; diez a nueve años; tres a cinco años; cuarenta a destierro; la mayoría queda en libertad. Esto último pone de manifiesto, además, que la mayoría de los acusados han estado detenidos provisionalmente, sin motivo, durante tres o cuatro años. El día siguiente a la finalización del juicio Vera Zasulich intenta asesinar a Trepov.


Zemlya i Volya extrae inmediatas conclusiones de la absolución de Zasulich. “La sociedad de San Petersburgo ha hablado el lenguaje de la humanidad” afirma Georgi Plejanov, y ante el apocamiento de la sociedad el grupo empieza a trasladar el asesinato a la práctica. Entre enero y agosto de 1978 produce una oleada de atentados contra policías y altos funcionarios que culmina el 4 de agosto cuando el general Mezentsov, jefe de la Tercera Sección, es apuñalado hasta la muerte en una céntrica calle de San Petersburgo. En un panfleto titulado “Una muerte por otra” Zemlya i Volya justifica el asesinato como la respuesta al fusilamiento previo de un tal Kowalsky, un miembro del grupo que disparó a los policías que pretendían detenerlo. Se inicia así un perverso mecanismo por el que la justificación del verdugo mancha de sospecha a la víctima. A partir de ahora los asesinos no sólo matarán a sus víctimas, sino que las culpabilizarán. Esta perversa inversión de papeles no sólo será parcialmente asumida por la sociedad (si han sido escogidos para ser asesinados, algo habrán hecho), sino que se prolongará durante décadas. Por cierto, el asesinato de Mezentsov ha comenzado a ser preparado meses antes de la muerte de Kowalsky.


Y los crímenes continúan. El 9 de febrero de 1879 es asesinado el príncipe Kropotkin, gobernador de Jarkov y primo del famoso populista anarquista. La víctima es bien conocida por sus tendencias políticas liberales, pero Zemlya i Volya lo responsabiliza de las malas condiciones de vida de la prisión local.

El 12 de marzo el general Drenteln, sucesor de Mezentsov al frente de la Tercera Sección, es asesinado en San Petersburgo.

El 2 de abril Alejandro II pasea por los jardines del Palacio de Invierno cuando el terrorista Solovev dispara cinco tiros contra él. Ninguno de ellos da en el blanco. Alejandro II decide retirarse temporalmente al palacio Livadia, en Crimea.

El intento de asesinato del Zar no ha sido bien visto por todos los miembros de Zemlya i Volya, y agranda las disensiones dentro de la organización que culminarán el 26 de agosto con su escisión en dos grupos. Cherny Peredel (“Partición Negra”*), liderado por Plejanov, abogará por compatibilizar los atentados con propaganda y acciones políticas. El otro pasará a denominarse "La Voluntad del Pueblo" (Narodnaya Volya), y se enfocará exclusivamente en la destrucción de la sociedad existente mediante el terrorismo.
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* Hace referencia a su proyecto populista de repartir toda la tierra entre los campesinos, que junto con los siervos eran considerados las 'clases negras'.

Imágenes:
1.- Vera Zasulich.
2.- Alejandro II.
3.- Un caudillo bashi-bazouk. Por cierto, éste es el insulto preferido del capitán Haddock.
4.- El general Trepov.
5.- Sergey Kravchinsky, asesino del general Mezentsov.
6.- Kropotkin, gobernador de Jarkov.

martes, 4 de septiembre de 2012

lunes, 3 de septiembre de 2012

jueves, 23 de agosto de 2012

jueves, 16 de agosto de 2012

lunes, 13 de agosto de 2012

sábado, 11 de agosto de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (13): CHAIKOVSKY Y LOS NARODNIKI

Realmente el verdadero fundador del círculo de Chaikovsky no ha sido éste, sino un tal Mark Andreyevich Natanson, que a principios de la década de los 80 ha reunido un grupo de estudiantes en la Escuela de Medicina de la Universidad de San Petersburgo. La ciudad se está convirtiendo en el foco de populismo del momento: una versión dulcificada de las precedentes de Nechayev y Tkachev. Natanson dura tan poco en el grupo que ni siquiera tiene tiempo para darle su nombre. En 1871 es detenido por realizar actividades subversivas, y comienza así una serie de detenciones que acabarán llevándolo a Siberia.


Nikolai Vasilevich Chaikovsky toma el relevo. Está agobiado por profundas dudas existenciales, y busca denodadamente un sentido a su vida. Durante dos años lo busca en el populismo, y llama a su círculo “la Orden” como si de monjes se tratara. Pero finalmente lo encuentra en el deo-humanismo de Alexander Malikov, una religión que a diferencia del populismo se reconoce como tal, y que pretende encontrar a Dios en el interior de cada uno. Mas tarde contará uno de sus compañeros del círculo:

Chaikovsky vio en esta predicación una revelación desde arriba. En un fogonazo solucionó todos los problemas que lo torturaban. Le dio todo lo que estaba buscando, correspondía exactamente a los deseos de su alma, que era honorable, compasiva, y recta. Ya no eran necesarias la conspiración, el secreto, la revolución o la revuelta (...) Él creyó con total fe, y súbitamente se desprendió de sus espaldas el peso de los problemas y las dudas que lo atormentaban. Alcanzó calma y paz de mente, que incluso se reflejó en su estado físico: de ser un estudiante flaco pasó a ser un hombre robusto”.

A partir de ese momento Chaikovsky trata de convertir a sus compañeros a la nueva fe, pero sólo uno, Vasily Alexeyev, ve la luz; el resto continúa apegado a la doctrina populista. En 1874 Chaikovsky, Alexeyev y el propio Malikov emigran a los Estados Unidos y fundan una comuna socialista/deo-humanista en Cedarville, Kansas. Chaikovsky volverá posteriormente a Rusia. En 1917 combatirá a los bolcheviques, y llegará a ser el gobernador delegado de los ejércitos blancos en la provincia de Arcángel. Su discípulo Alexeyev también volverá a Rusia. No habrá encontrado a Dios en su interior, pero al menos habrá hallado el amor en el exterior. Concretamente, en la mujer del maestro Malikov, que se traerá de vuelta con él.


Los Chaikovskistas son extremadamente jóvenes. Uno de sus miembros más viejos (30 años) es Piotr Kropotkin. Perteneciente a la nobleza más antigua de Rusia, y descendiente de la casa de Rurik, ha servido en el exclusivo cuerpo de pajes de Nicolás I. Ha sufrido con su hermano las inquietudes políticas y sociales de la época, y ha quedado destrozado cuando éste, tras ser deportado a Siberia, se ha suicidado. Tras abandonar su brillante carrera militar, entre 1862 y 1867 ha viajado por Siberia en expediciones científicas y geográficas. Después se ha sentido atraído por las prédicas de Bakunin, y ha recalado finalmente en el grupo.


Los Chaikovskistas son los primeros populistas en extender su radio de acción a los obreros. En principio se centran exclusivamente en los de la industria textil, a los que consideran más auténticos y cercanos a los campesinos, y desdeñan a los de la metalurgia, de los que piensan que están irremediablemente corrompidos por la civilización urbana. Así que también en la lucha de clases hay clases. Estos encuentros con obreros ocasionan una serie de arrestos, y para el invierno de 1873 el círculo de Chaikovsky está desbandado. De él surgirán muchos de los que posteriormente formaran los grupos Zemlya i Volya (el segundo con este nombre) y Narodnaya Volya, como Sofía Perovskaya.


Pero los Chaikovskyistas no son los organizadores del movimiento “al encuentro del pueblo” que se extenderá de 1873 a 1874. Los narodniki, que es como serán conocidos estos peregrinos, brotan espontáneamente por centenares en las universidades, fruto de décadas de siembra de distintas semillas de populismo. Por primera vez la cosecha populista es masiva, y el fruto es una ideología difusa dominada por una única y sencilla idea: tenemos una deuda con el pueblo. Esta idea provoca un intenso sentimiento de culpa a los narodniki, por lo que puede decirse que éstos, más que marchar al encuentro del pueblo, van en busca de la salvación de su alma. También es posible afirmar esto: el movimiento “al encuentro del pueblo” es una gigantesca superproducción en la que el pueblo no es realmente el protagonista, sino el gigantesco decorado para que 10.000 protagonistas consigan que los relatos de sus vidas tengan sentido y sean emocionantes.

El encuentro de los narodniki con el objeto de sus afanes es decepcionante. El pueblo, entendido como depositario del alma rusa, no aparece por ningún lado. En su lugar encuentran campesinos que no consiguen contagiarse del entusiasmo de los narodniki por su propia salvación, y que parecen escasamente interesados en el socialismo. Miran con desconfianza a los estudiantes, y con frecuencia los denuncian a las autoridades. Su nivel cultural es decepcionante, y su propensión a la bebida alarmante, incluso para los criterios de los propios estudiantes. El movimiento “al encuentro del pueblo” se desvanecerá en cuanto se enfríe el entusiasmo inicial, pero mientras tanto los más contumaces narodniki se ven obligados a simplificar el discurso para adaptarlo a las circunstancias. Un ejemplo de esta predicación narodniki es éste:

Al principio Dios creó iguales a todos los hombres y les regaló las tierras, pero luego vinieron los nobles y se apropiaron de las mejores. Y mira por donde, hermano, ahora los campesinos tienen que pagar fuertes contribuciones para que no engorden demasiado. Pero los campesinos olvidan que son cien veces más fuertes que sus opresores. Ahora deben tomar venganza y fundar un imperio campesino en el que sólo reine la fraternidad

Y otro éste:

Esta medida de aguardiente la pagas tú ahora a cinco kopeks; pero cuatro de esos cinco kopeks van a parar al bolsillo de aristócratas y usureros; y si se matase a todos los aristócratas y usureros todos podríamos, ¡y tú también, hermano!, beber cinco medidas de aguardiente por cinco kopeks”.

Puesta en funcionamiento la policía zarista se producen detenciones a gran escala, y el movimiento es definitivamente desarbolado. En 1877 tendrá lugar en San Petersburgo el juicio multitudinario contra los narodniki, con resultados inesperados para las autoridades.

Imágenes: 1) Chaikovsky, muchos años después de su aventura populista. 2) Retrato de la madre de Kropotkin. 3) Kropotkin. 4) Sofía Perovskaya.

domingo, 5 de agosto de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (12): TKACHEV O LA PESADILLA IGUALITARIA

Cuanto más abstracto es un ideal, más lógico es; porque al edificar un sistema así el hombre está guiado únicamente por las leyes de la pura lógica. No puede contener nada ilógico, ninguna contradicción. Todo se deduce de una idea, todo es armonioso y equilibrado”. Petr Tkachev

La política debería ser realista; la política debería ser idealista. Estos dos principios son verdaderos cuando se complementan, y falsos por separado”. Johann K. Bluntschli


Tras la desaparición de Nechayev de la escena parece que el fanatismo y la tendencia al crimen en los movimientos populistas se moderan un poco. En este ambiente surgirán el círculo de Chaikovski y el movimiento “Al encuentro del pueblo" (1). Durará poco porque el pueblo, una vez encontrado, defraudará por completo sus expectativas revolucionarias, y los populistas volverán a encaminarse decididamente al crimen, tanto en la teoría como en la práctica. En este sentido Petr Tkachev va desfasado con respecto a la corriente dominante, pues en todo momento es tan partidario del terrorismo como el propio Nechayev.


Desde 1861, año en que ha ingresado en la universidad de San Petersburgo, Tkachev parece haber estado metido en todos los tumultos universitarios, y ha pasado brevemente por la cárcel varias veces. En 1868 escribe junto a Nechayev un “Programa de acción revolucionaria”. Un año más tarde vuelve a ser detenido y condenado a deportación en Siberia, pero la sentencia se conmuta por alejamiento a su distrito natal de Velikiye Luki. Desde allí organiza su fuga, y en 1874 llega a Ginebra.

A finales de 1875 Tkachev, con un grupo de exiliados rusos y polacos, lanza en Ginebra la revista Nabat (“La campana de alarma”). A diferencia de Bakunin y Nechayev, que se han limitado a exponer el programa revolucionario de destrucción de la sociedad, dejando para los que vengan detrás la tarea de reconstruirla, Tkachev defiende que la revolución debe planificarse en sus dos fases, la destructiva y la constructiva (léase, el ejercicio del poder por los revolucionarios). El resultado es aún más inquietante.

En el número séptimo de Nabat Tkachev expone una serie de directrices que deberán orientar a los revolucionarios cuando hayan alcanzado el poder. Además de las inevitables menciones a la obshchina, y a la abolición de la propiedad privada, resulta interesante el objetivo detallado en la cuarta directriz:

4) La gradual abolición de las diferencias físicas, intelectuales, y morales entre los hombres por medio de un sistema de educación social forzosa, igual para todos e inspirado por el espíritu de amor, igualdad y fraternidad”.

Porque la piedra angular de la ideología de Tkachev es el igualitarismo. Y con igualitarismo, aclara Tkachev, se refiere “a una igualdad que no debe de ningún modo ser confundida con igualdad política, legal, o económica, sino una igualdad orgánica y fisiológica producida por la misma educación y condiciones de vida comunes”. Para Tkachev este es un asunto de la máxima importancia, y lo repetirá en muchas ocasiones. Así por ejemplo, al intentar definir el valor de la unidad de trabajo cuando se evalúa el de personas distintas, afirma:

Lo cierto es que este problema se resolverá de la manera más sencilla conforme las diferencias entre individuos disminuyan y su igualdad desde el punto de vista físico y psicológico sea absoluta. El problema se resolverá cuando todo el mundo sea incondicionalmente igual, cuando no haya diferencias entre cualquiera, ni desde el punto de vista intelectual, ni moral, ni físico”.

Y aparentemente no le perturba la visión de pesadilla de una sociedad de himenópteros*.

Como todos los populistas, Tkachev cree que el único método posible para mejorar las cosas es la revolución violenta. Piensa que, con respecto a lo antiguo y lo nuevo, “no se debe ocultar que existe un abismo entre ellos”. Para Tkachev una transición pacífica entre un orden social y el siguiente no es más que una de esas quimeras que la humanidad inventa para su propia tranquilidad. Además, a diferencia de los Chaikovskistas y los integrantes de “al encuentro del pueblo”, está convencido de que la revolución es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de sus destinatarios. Él no cree que se deba adoctrinar al pueblo, ya que si se pierde en tiempo en docencias “una sangrienta y violenta revolución se convertiría en algo impensable”.

¿Y quién será aquel sobre el que recaerá el peso de la revolución? Tkachev presenta una versión mejorada del “hombre extraordinario” de Chernishevsky, el fanático puro:

Su seña de identidad consiste en que toda su actividad, todo su modo de vida, está dominado por una ambición, una idea apasionada: hacer felices a la mayoría de los hombres e invitar al mayor número posible al banquete de la vida. La realización de esta idea se convierte en el único propósito de su actividad, porque esta idea está por completo fundida es su concepto de felicidad personal. Todo está subordinado a esta idea, y todo sacrificado a ella (si es que puede hablarse de sacrificio)”.

Como siempre en estos casos, la definición de la felicidad de la mayoría queda a cargo del propio Tkachev. En todo caso, los fanáticos constituirán la élite revolucionaria que desarrollará la revolución en sus dos fases. Pero esta élite, una vez en el poder, ¿no acabará representando la sustitución de una aristocracia por otra? De ningún modo, afirma Tkachev. El poder no corromperá ni cambiará a estos revolucionarios puros de corazón y diáfanos de cerebro:

¿De qué os asustáis? Qué derecho tenéis a pensar que esta minoría (...) totalmente devota a los intereses del pueblo, al alcanzar el poder, pueda súbitamente convertirse en un grupo de tiranos. Decís: el poder corrompe. Pero ¿en qué basáis esa extraña idea? ¿En los ejemplos de la historia? Leed biografías y os convenceréis de lo contrario”.

Y a continuación pone un ejemplo inapelable para afianzar su tesis: Robespierre. Porque hay que decir que Tkachev, en lo esencial, se equivoca espectacularmente casi siempre, pero lo hace argumentando con gran tenacidad. La afinidad de Tkachev con Robespierre es recurrente. En una ocasión ha afirmado que la revolución en Rusia no será posible si previamente no se ha decapitado a todo varón mayor de 25 años.


En realidad Tkachev se considera a sí mismo un utópico, pero, tal y como refleja la cita que abre esta entrada, su alejamiento de la realidad no lo perturba, sino que lo considera una virtud. Para Tkachev las utopías son las más extremadamente lógicas expresiones de un principio. Esto encaja con su aversión a los que prefieren la reforma gradual a la revolución, y pone un ejemplo significativo en las revueltas campesinas del s XVI. Para él los milenaristas Juan de Leyden y Thomas Müntzer fueron más realistas que aquellos que se limitaron a exigir mejoras concretas de las condiciones de vida de los campesinos, pues a la larga éstos sólo contribuyeron a perpetuar un orden social injusto. En estas entradas he comentado las semejanzas entre los populistas rusos y los milenaristas. En el caso de Tkachev, la asociación es directa e invocada por él mismo.

Desgraciadamente Tkachev no podrá llevar a cabo sus sugestivos proyectos, porque en 1882 enferma y su estado mental decae rápidamente. Los últimos días los pasará en un “asilo de lunáticos”.


P.d. Hay algún autor que posteriormente llamará a Tkachev “el primer bolchevique”, y lo considerará el precursor de Lenin. Lo cierto es que los bolcheviques acabarán demostrando que es posible implantar el ideal igualitario en una sociedad, siempre que se haga al nivel más bajo de ésta y excluyendo a los miembros del Partido.

(1) Esta es la traducción más aproximada en su significado a “to go to the people”. La traducción literal, “marchar al pueblo”, parece evocar más bien unas vacaciones rústicas.

* Con su permiso, Belosticalle.

sábado, 28 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (11): EL CATECISMO REVOLUCIONARIO

El revolucionario desprecia la opinión pública. Desprecia y odia la moral de la sociedad actual en todas sus manifestaciones. Para él, lo moral es todo lo que contribuye al triunfo de la revolución. Inmoral y criminal es todo lo que se interpone en su camino (…) No es un revolucionario si tiene alguna simpatía por este mundo. No debe vacilar a la hora de destruir cualquier cosa o cualquier persona en este mundo. Debe odiar a todos y todo lo que hay en él con igual intensidad

La Sociedad (de los revolucionarios) no tiene otro objetivo más que la completa liberación y felicidad de las masas. Convencido de que la emancipación y la consecución de esta felicidad sólo puede venir de una revolución popular omnidestructiva, la Sociedad usará todos sus recursos y energías en incrementar e intensificar los males y miserias del pueblo hasta acabar con su paciencia y llevarlo a un levantamiento general.

Catecismo revolucionario. Bakunin y Nechayev


De todos los populistas presentados hasta ahora, Sergei Nechayev es el primero que realmente proviene “del pueblo”. Su padre es camarero y pintor, y su madre es hija de campesinos siervos. Ha nacido en 1847 en Ivanovo, que en ese momento se ha convertido en el mayor centro textil de Rusia hasta llegar a ser conocido como la “Manchester rusa”. Nechayev desempeña una serie de trabajos pintorescos y llega a trabajar, con cierto éxito, como actor. Pero ya desde muy pequeño se siente superior a lo que lo rodea, y desea escapar del ambiente en el que se ha criado. Asume que el camino de huída pasa por la formación, y se convierte en un ávido devorador de libros. Su mentor es un escritor de Moscú, un tal Nefedov, que lo orienta en su instrucción y le proporciona los libros que necesita. A los 17 años le escribe: “Nada nuevo en Ivanovo, el fango lo invade todo. Imposible soportarlo más”. “La realidad sin refinamiento me golpea tan fuerte que me quedo sin aliento”.

En 1865, con 18 años, llega a Moscú, y Nefedov le facilita une empleo. El año siguiente viaja a San Petersburgo, y está allí cuando Karakozov dispara contra el zar. Más tarde escribirá: “los cimientos de nuestra sagrada causa fueron puestos por Karakozov en la mañana del 4 de abril de 1866. Su acción debe ser entendida como un prólogo”. En 1870 se convierte en un estudiante externo de la universidad. A estas alturas ha leído mucho, y muestra grandes deseos de influir en su entorno.

En cuanto a su ideología, pues proviene de lo que se ha ido sedimentando a lo largo de los años precedentes de populismo y nihilismo: una mezcla vaga que proporciona un buen cauce para dar salida a lo que parece un inagotable caudal de ambición y resentimiento. Nechayev no sólo está convencido de que la revolución es necesaria e inminente, sino que cree saber la fecha exacta: el 19 de febrero de 1870. Resulta que, en el momento de la emancipación, los campesinos, junto a las tierras recibidas en propiedad, han recibido una parcela adicional para que la cultiven junto a éstas y entreguen los frutos a su propietario: se trata de una “tasa de redención” destinada a compensar a éste de la expropiación de sus propiedades. Pues bien, a los nueve años el campesino podrá elegir entre devolver esta franja de tierra, y considerar cumplidas sus obligaciones, o continuar pagando para redimir también ésta. Nechayev, que cree que la emancipación es un fraude que no ha hecho más que empeorar la situación de los campesinos, cree que en la fecha indicada éstos se darán cuenta finalmente de su situación y se rebelarán.


Convencido de esta fecha Nechayev redacta, en colaboración con Pyotr Tkachev un “Programa de acción revolucionaria”:

Si pensamos en lo que nos rodea, debemos concluir inevitablemente que vivimos en el mundo de la locura, tan terribles y antinaturales son las relaciones de unas personas con otras; así de extraña e increíble es su actitud hacia la masa de injusticias, vilezas y bajezas que constituyen nuestra sociedad (...) El orden existente no puede durar”.

Obsérvese el milenarismo latente en el pensamiento de Nechayev: un mundo de vileza, una fecha (un juicio final), donde se desatará el odio contra los injustos, la llegada de un reino de felicidad…

El Programa planea una unión con todas las organizaciones revolucionarias europeas. Con el objeto de acelerar este punto del proyecto, en marzo de 1869, con 21 años, Nechayev llega a Ginebra, donde Bakunin edita Narodnoe delo (“La causa del pueblo”), revista de la que Nechayev es ávido lector. Pero ¿Bakunin no estaba preso? No, se ha fugado. Tras pasar tres años en la fortaleza de Pedro y Pablo, y otros tantos en Shlisselburg, ha sido deportado de por vida a Siberia. Allí ha contado con el apoyo del gobernador, que es primo suyo, que le ha permitido trasladarse a Irkutsk y le ha proporcionado un trabajo. Pero en 1861 ha conseguido fugarse, y tras un rocambolesco viaje que lo ha llevado por Japón, Estados Unidos, e Inglaterra, finalmente ha recalado en Ginebra, donde reanuda su labor revolucionaria con inagotable vigor.


Unos años antes Herzen ha quedado desfavorablemente impresionado ante el contacto con los jóvenes representantes de Zemlya i Volya. Ahora ante Nechayev, un ejemplar de las nuevas generaciones de populistas aún más fanático y estrecho de miras, Bakunin queda fascinado. Inmediatamente comienzan a trabajar estrechamente unidos.

De la colaboración de Bakunin y Nechayev nace el Catecismo revolucionario. Es un documento breve que describe el programa para llevar a cabo la revolución y destruir la sociedad. Es también un muestrario de odio sin esfuerzo por disimularlo. Hay un asunto al que Bakunin y Nechayev dedican mucha atención. Ellos son los buenos, los revolucionarios, esto está claro. ¿Qué hacer, entonces, con los malos, con “los otros”? En concreto, ¿cómo proceder “cuando se elabora la lista de los que van a ser condenados, y se prepara el orden de ejecuciones”? Bakunin y Nechaev proponen no asesinarlos inmediatamente a todos como el cuerpo y la revolución les pide, sino proceder con astucia para que ésta progrese adecuadamente, y a tal fin dividen a la sociedad en varios grupos:

- El primero está formado por las personas inteligentes e influyentes, que se consideran las más peligrosas para la revolución: deben ser eliminadas inmediatamente mediante acciones terroristas con la mayor violencia posible para paralizar y aterrorizar a la sociedad.

- El segundo está formado por los influyentes y no inteligentes. A estos es mejor dejarlos vivir por el momento, porque con su crueldad y estupidez enfurecerán al pueblo y acelerarán la revolución.

- El tercero está formado por la gran mayoría de la sociedad: “las bestias y personalidades de alto rango que no son inteligentes ni competentes”. Estas, sencillamente, deben ser chantajeadas: “debemos apoderarnos de sus sucios secretos y convertirlos así en nuestros esclavos”.

- El cuarto grupo está formado por liberales y políticos ambiciosos. Ante estos los revolucionarios deben fingir que están en el mismo bando, que emprenden una senda de reformas y, para cuando se den cuenta, estarán embarcados en una revolución sin marcha atrás.

- El quinto está formado por los revolucionarios de salón, aquellos que se limitan a proferir discursos de boquilla. A esto se les asignarán las tareas más peligrosas dentro de la revolución. La mayoría morirá así sin dejar rastro, y del resto quizás se pueda hacer verdaderos revolucionarios.

- La última categoría es la de las mujeres. De éstas, las claramente comprometidas con la revolución son consideradas como el mayor valor de ésta. En cuanto al resto, aplíquesele el tratamiento destinado a la tercera y cuarta clase de hombres.

Asusta pensar qué habría ocurrido si Bakunin y Nechayev hubiesen alcanzado efectivamente el poder.


La colaboración entre ambos continúa. Publican “Los principios de la revolución”, en la que exponen su programa. La revolución tiene una función meramente negativa; la aniquilación. La reconstrucción no puede ser emprendida por la misma generación que ha llevado a cabo la necesaria destrucción, porque aún está influida por las antiguas estructuras. Eso queda para las siguientes generaciones. De hecho, para zanjar el asunto, y que dejen de importunarlos acerca de cómo será la sociedad post revolucionaria, declaran que es “criminal” intentar predecir el “neblinoso” futuro.

En este momento Bakunin funda un grupo revolucionario para Nechayev llamado ominosamente “Narodnoya rasprava” (“La justicia sumaria del pueblo”). Esta organización se presenta encuadrada en dos organizaciones internacionales completamente ficticias, la Alianza Revolucionaria Europea y la Unión Revolucionaria Mundial, y para dar mayor credibilidad al asunto, Bakunin provee a Nechayev con documentos acreditativos de estas sociedades imaginarias. “Narodnoya rasprava” publica inmediatamente su propia revista de edición bastante limitada, en la que insiste en el programa revolucionario: “Todo debe ser destruido, personas, cosas, instituciones, todo lo que se interponga en el camino de la liberación del pueblo”.


Como la fecha mágica del 19 de febrero de 1870 se acerca, Nechayev desde “Narodnoya rasprava” propone emprender acciones inmediatas, y comienza a señalar objetivos inmediatos, entre ellos prominentes políticos como Mezentsov, Trepov, y “demás cerdos” que efectivamente acabarán siendo víctimas de las balas de futuros grupos terroristas. La lista incluye escritores “reaccionarios” como Katkov “cuyas lenguas deben ser cortadas para librarnos de sus mentiras sistemáticas y de la traición de la cultura y la enseñanza en conjunto”.

En agosto de 1869 Nechayev vuelve a Rusia y comienza a organizar una célula de “Narodnoya rasprava” en Moscú reclutando estudiantes de la turbulenta Escuela de Agricultura que, por alguna razíon, es ideológicamente muy turbulenta. Nechayev no admite la menor disidencia dentro de su grupo, y está acuciado por la llegada de la fecha profética. Por eso cuando unos de sus primeros seguidores de la Escuela de Agricultura, Ivan Ivanovich Ivanov, que ha desempeñado un papel esencial en la captación de nuevos miembros del grupo, discute alguna de sus instrucciones, Nechayev se pone nervioso. Se reúne con sus adeptos más fieles y les anuncia solemnemente que el Comité Central de “Narodnoya rasprava” (es decir, él) tiene en su poder pruebas de que Ivanov tiene intención de delatarlos. La noche del 21 de noviembre de 1869 Nechayev convoca a Ivanov al jardín de la Escuela de Agricultura para desenterrar una máquina de escribir que han escondido previamente alli. Allí Nechayev y otros tres miembros de “Narodnoya rasprava” asesinan a Ivanov, lo evisceran, lo rellenan con piedras y lo tiran al río.

El de Ivanov resulta ser el primer y último asesinato en la prometedora carrera criminal de Nechayev, que escapa a San Petesburgo y a finales de año cruza la frontera. Mientras tanto el cadáver de Ivanov ha sido hallado, y, aunque al principio se piensa en un robo, pronto la policía se pone en la pista de “Narodnoya rasprava”. Son arrestados muchos estudiantes, y miembros de la Tercera Sección son enviados en busca de Nechayev. Entretanto éste ha vuelto a Ginebra y desempeña una actividad frenética. Ahora su actitud hacia Bakunin ya no es de reverencia, y afirma que “ha perdido el nivel de energía y abnegación” requerido para ser un buen revolucionario. Bakunin, enfadado, rompe con él: “Es un fanático, y el fanatismo lo ha transformado en un completo jesuita, cuando no en ciertos momentos, en un estúpido. A menudo sus mentiras son pueriles, pero a pesar de esto es muy peligroso”.


En agosto de 1872 Nechayev es detenido por la policía suiza y entregado a la Tercera Sección. En octubre es trasladado a la inevitable fortaleza de Pedro y Pablo. Es juzgado y condenado a veinte años de trabajos forzados y exilio de por vida en Siberia. En enero es sometido a la ejecución civil y grita: “Antes de tres años vuestras cabezas serán cortadas en este mismo lugar por la primera guillotina rusa. Abajo el zar. Viva la libertad. Viva el pueblo ruso”.

Imágenes: 1) y 2) Nechayev de muy joven y de joven. 3) Bakunin. 4) Feodor Trepov, jefe de la policía de San Petersburgo. 5) La fortaleza de Shlisselburg. 6) Retrato de una desconocida de Ivan Kramskoi. No viene a cuento de nada, salvo quizás para enfatizar que, en la sociedad en que vivía Nechayev, no todo era tan desagradable.
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Notas: El sello oficial de Narodnaya rasprava muestra un hacha rodeada por la frase “El Comité de la Justicia Sumaria del Pueblo de 19 de febrero de 1870”. El hacha, obviamente, simboliza la voluntad de derribar violentamente la sociedad, y se convierte en un símbolo habitual de los revolucionarios. Herzen comentará en “La campana”:

No clamaré por el hacha, esa última ratio de los oprimidos, mientras exista la más mínima esperanza de una solución sin ella. Rusia necesita escobas, no hachas. Hemos de seguir el camino progresista de Norteamérica e Inglaterra. Tal camino no les resulta simpático a los artistas de la revolución, pero me tiene sin cuidado. Resueltamente prefiero este camino al sangriento”.

domingo, 22 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (10): LA TERCERA SECCIÓN

Entrada en construcción. Disculpen las molestias.

viernes, 13 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (9): ISHUTIN Y KARAKOZOV

Hermanos, desde siempre me han torturado el pensamiento y las dudas de por qué mi amado pueblo ruso debe sufrir tanto. Por qué junto al eterno y sencillo campesino, y al trabajador de la fábrica, hay gente que no hace nada –nobles ociosos, una horda de cortesanos y gente rica, todos ellos viviendo en casas resplandecientes. Viven sobre los hombros de la gente sencilla, y chupan la sangre de los campesinos. He buscado la respuesta a esto en los libros, y no la he encontrado. La persona realmente responsable es el Zar (...) Por eso he decidido acabar con el malvado, y morir por mi amado pueblo. Entonces habrá verdaderamente libertad." Manifiesto de Karakozov.

Esta serie de episodios marca el camino de una degeneración. Ideas cada vez más esquemáticas van ocupando todo el horizonte mental de sus propietarios, que consideran perfectamente normal imponerlas a los demás. Se extienden así el fanatismo y la intransigencia. Sólo ha transcurrido una generación desde Herzen, pero ahora es el momento de gente como Nikolai Ishutin.


Ha nacido en 1840 en la región de Saratov, la misma en la que doce años antes ha nacido Chernishevsky (por alguna razón, Saratov resulta ser un suelo extraordinariamente fértil para la producción de populistas revolucionarios). Es un pobre orador, un mal escritor, y no es, ni con los más benévolos criterios, un intelectual. Sus lecturas son muy limitadas, y básicamente se reducen al “¿Qué hacer?” de Chernishevsky, a cuyos ‘hombres nuevos’ desea emular. Por problemas de salud no ha conseguido finalizar la enseñanza secundaria, y ha acudido a Moscú con el fin de completar su educación. No lo consigue, y a los veintitrés años abandona la universidad argumentando que no es más que un corral donde domesticar a los hombres y convertirlos en burgueses.

Sin embargo, ha conseguido atraer a un grupo de estudiantes con sus mismas lecturas e inquietudes, que, como aquéllas, se reducen a una: la revolución. Todos ellos creen (y creer es la palabra exacta) que es imprescindible, que es inminente, y que el resultado será un mundo feliz organizado en torno a la obshchina. Por esa razón, detestan las reformas dirigidas a mejorar las condiciones de trabajadores y campesinos, incluida la emancipación de los siervos, pues las consideran trampas liberales para diferir la llegada del paraíso socialista. Las sucesivas corrientes de utilitarismo, egoísmo científico, y nihilismo, se han llevado por delante todos sus escrúpulos. Así, los miembros del grupo de Ishutin son firmes partidarios del crimen para alcanzar sus objetivos, y uno de ellos incluso se plantea si es lícito envenenar a su propio padre para heredar su dinero y dedicarlo a la causa. Concluye que sí.


Si bien desdeñan las escuelas como acceso a la cultura, las valoran profundamente como instrumento de adoctrinamiento. En 1865 organizan una en uno de los barrios más pobres de Moscú. Ishutin no disimula su verdadero propósito: “haremos revolucionarios de estos pequeños. A esta escuela seguirán otras. Mientras tanto el grupo pasa a denominarse ”Organización”, como en el chiste, entidad dedicada a la agitación y propaganda. Y simultáneamente se crea un núcleo dirigente en la sombra, secreto incluso para la mayoría de los miembros de “Organización”, cuyo objeto social será el terrorismo: ”Infierno”. Cada miembro de “Infierno” debe “vivir con nombre falso y romper todos los lazos familiares; no puede casarse; debe abandonar a sus amigos; y en general debe vivir con un único y exclusivo fin: un infinito y devoto amor por su país” (el amor y la devoción quedan pendientes de definir por “Infierno”). En realidad sólo se desarrollan tres células, una en Moscú, otra en San Petersburgo, y otra en Saratov formada por antiguos miembros de Zemlya i Volya. Pero Ishutin acostumbra a presentar “Infierno” como “la sección rusa de un Comité Revolucionario Europeo”.

Los objetivos de “Infierno” son los miembros del gobierno y terratenientes, pero el principal es el asesinato del zar, que será el desencadenante de la revolución. Incluso después de iniciada ésta, “Infierno” continuará desarrollando su actividad, sirviendo de guía espiritual y eliminando a los revolucionarios que, a su juicio, se desvíen de la ortodoxia. En reuniones interminables el atentado es discutido en sus detalles más nimios (especialmente en éstos). El asesino será determinado por sorteo entre los miembros de “Infierno”; deberá entonces vivir en los bajos fondos, llevar una mala vida, y, de ser posible, convertirse en confidente de la policía para ganar su confianza. Tras el asesinato deberá, simultáneamente, suicidarse y desfigurar su rostro con ácido para evitar ser reconocido. En realidad, todo parece abundar en palabrería, y los miembros de “Infierno” quedarán realmente sorprendidos cuando uno de ellos manifieste su intención decidida de llevar a cabo el plan.


El 14 de marzo de 1866 llega a la Cancillería del Gobierno General de San Petersburgo un sobre firmado por "un estudiante". Contiene el proyecto detallado de asesinar al zar en una fecha próxima, y parece estar redactado por el propio asesino. Sorprendente. Más sorprendente aún: tal vez por no haber llegado a la ventanilla adecuada, por carecer de algún sello esencial, o por no ser haber sido presentado por triplicado, la conspiración así desvelada vuelve a desaparecer sepultada bajo un montón de papeles y formularios, y ninguna precaución es tomada. Pero ¿de dónde ha salido el documento?


Ha sido escrito por Dimitri Karakozov. Proviene también de Saratov, de una familia noble, y está lejanamente emparentado con Ishutin. En Moscú pasa grandes penurias económicas, que lo llevan a ser despedido de la universidad por impago de las tasas, y a trabajar como secretario de un noble local. De esta época extraerá un profundo odio hacia la aristocracia. Ingresa en “Organización”, asiste a sus reuniones con lo que parece una cara de sueño invencible, y trabaja como maestro en una de sus escuelas de adoctrinamiento. Sufre sucesivas crisis existenciales, y en febrero de 1866 anuncia su intención de suicidarse. Desaparece por algunos días, y al volver, vivo aún, anuncia a sus compañeros su irrevocable intención de matar al zar.

En marzo llega a San Petersburgo, y se aloja en distintas posadas. En una de éstas escribe un manifiesto en el que detalla su proyecto y lo deja para que sea encontrado, pues tan importante como la muerte del tirano es que la posteridad conozca a Karakozov y sus motivos. Mientras tanto ha conseguido un arma, y realiza algunos ensayos.


El 4 de abril de 1866 Karakozov se acerca a Alejandro II mientras pasea por los Jardines de Verano de San Petersburgo y le dispara, pero un paseante le desvía el brazo y la bala se pierde en el aire. Intenta huir, pero es detenido por los espectadores a los que increpa “estúpidos, lo he hecho por vosotros”. Llevado ante el zar éste le pregunta ¿eres polaco?. No, ruso puro, contesta. Interrogado por el motivo del disparo responde “mira la libertad que has dado a tus campesinos”. El zar, desconcertado, no pregunta más.

El atentado causa gran impresión. Es duramente criticado desde todos los sectores de la sociedad, y permite constatar que el zar goza de gran apoyo popular. Por otra parte, destruye toda influencia liberal sobre el Gobierno, y abre el paso a una intensa represión policial que llegará a ser conocida como el terror blanco.


Karakozov es interrogado. Durante un tiempo su verdadera identidad permanece oculta, pero se accede a ella a través de una de las posadas en las que ha pernoctado. En ella, además, se descubren papeles con la dirección de Ishutin, lo que provoca su inmediato arresto y la caída de la célula de Moscú. En uno de estos documentos se menciona el imaginario “Comité Revolucionario Europeo”. Muy impresionado, Alejandro II se pone en contacto con Bismarck y le solicita una estrecha vigilancia policial sobre los emigrados rusos.

Karakozov es juzgado en la fortaleza de Pedro y Pablo y condenado a muerte. Pide clemencia al zar, y éste le contesta que puede dársela como cristiano pero no como soberano. El 3 de octubre es públicamente ejecutado. A lo largo de las siguientes semanas serán detenidos todos aquellos que se acerquen a visitar su tumba. También Ishutin ha sido condenado a muerte, pero su sentencia es conmutada por el exilio en Siberia.

El que ha desviado el brazo de Karakozov, salvando así a Alejandro II de la muerte, es un campesino llamado Ossip Komissarov, que se encontraba de paso en San Petersburgo. El zar lo ennoblece y lo invita a toda una serie de recepciones, pero es una persona extremadamente rústica y con tendencia a la embriaguez que acaba provocando toda una serie de situaciones incómodas, grotescas, o cómicas. Finalmente es devuelto a su provincia natal, donde al poco tiempo muere alcoholizado.


Imágenes:
1.- Nikolai Ishutin.
2.- Retrato de campesino, por Ivan Kranskoi. No conocía a este pintor. Me parece magnífico, y usaré sus cuadros para siguientes entradas. Pueden ver una buena muestra de sus obras aquí.
3.- Alejandro II.
4 y 5.- Dimitri Karakozov.
6.- El atentado.

sábado, 7 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (8): LOS NIHILISTAS

Fundamentalmente, el nihilismo representaba una filosofía de negación de toda forma de esteticismo; defendía el utilitarismo, y el racionalismo científico. El nihilismo representaba una cruda forma de positivismo y materialismo, una revuelta contra el orden social establecido; negaban cualquier autoridad ejercida por el estado, por la iglesia, o por la familia. No creía en nada más que la verdad científica; la ciencia se convertía en la panacea de todos los problemas sociales. Todos los males, creían los nihilistas, provenían de una única fuente, la ignorancia, que la ciencia por sí sola podía superar.” Nihilismo. Enciclopedia Británica.

 “(Según Comte) del mismo modo que los sabios imponen su saber a los ignorantes y aficionados en cuestiones de matemáticas y de astronomía, igualmente deben imponer su criterio en el ámbito de la sociología y de la política. Y esto presupone que la sociología puede determinar a la vez lo que es, lo que será y lo que debe ser.” Raymond Aron. Las etapas del pensamiento sociológico.

Un químico honesto es veinte veces más útil que cualquier poeta –le interrumpió Bazarov.” Turgénev. Padres e hijos.


En 1863, tras el aplastamiento de la revuelta polaca, altos funcionarios de la administración comienzan a considerar la necesidad de dar una pátina de constitucionalismo al régimen. Animados por este empeño, se dirigen al zar con una propuesta para aumentar las competencias del Consejo de Estado. Pero Alejandro II considera que, con la emancipación de los siervos, ya ha hecho bastante, y contesta: “lo que él ya ha hecho debe ser suficiente garantía para sus fieles súbditos”.

Mientras tanto, la constatación de que, tras la emancipación, los campesinos no muestran predisposición a rebelarse, provoca sutiles alteraciones en la percepción de algunos populistas. El pueblo, ahora convertidos en masa ignorante e incluso en chusma, no está a la altura de las circunstancias: es necesaria una élite intelectual que, sin tenerlo en cuenta, actúe por su bien. Los populistas evolucionan así hacia el nihilismo.

El nihilista desdeña todo principio y todo valor si no puede ser expresado mediante una ley científica o una fórmula matemática, y con eso renuncia a lo que le permita orientarse en la vida. Y desprecia, en los mismos términos, la elegancia, los modales, y toda emoción estética y sentimental, y con eso renuncia a todo aquello que contribuye a hacerla agradable. La palabra no es nueva: ha sido previamente utilizada, en sentido meramente peyorativo, para designar a aquél que no cree en nada. Pero es Turgénev quien la populariza en “Padres e hijos”, cuyo personaje Bazarov compone una potente imagen de la juventud de los sesenta. Bazarov es irreverente, desdeña las manifestaciones estéticas, desprecia el afecto entre Arkady y su padre, que considera anticuado sentimentalismo, y antepone su propia actitud “científica”, que se manifiesta en una tendencia exagerada a diseccionar ranas. Turgenev no presenta a su nihilista con especial cariño, y hace que, tras su desdén por las emociones, se enamore perdidamente, no sea correspondido, y sufra. Y, además, que muera por una infección contraído al diseccionar un cadáver.


Pero Dimitri Pisarev, que escribe en Russkoe Slovo, recoge, como un elogio, el termino nihilista, y lo convierte en bandera de la publicación. Pisarev, a pesar de tener formación de letras, se dedica con entusiasmo a divulgar los últimos adelantos científicos. Ahora Russkoe Slovo sustituye a Sovremennik en las preferencias de la juventud.
En su acepción de no creer en nada, el término no es afortunado, pues el nihilista cree con fanatismo e intransigencia en sus propias ideas, aunque estén difusamente formuladas. Básicamente bebe de dos fuentes. Una es el nuevo hombre descrito en “¿Qué hacer?” por Chernishevsky. Todo parece indicar que, tras ir desterrando valores por acientíficos, y quedarse así sin ninguno, Chernyshevski ha experimentado un cierto vértigo que lo ha llevado a inventarse lo que podríamos llamar “inteligencia de mercado”. Según este concepto, la base de la futura sociedad feliz será el egoísmo inteligente de todos los hombres, que llevará, una vez superadas las trabas, tabúes y demás convenciones burguesas, a alcanzar la felicidad científica. Es en cierto modo (de un modo ciertamente curioso) la transposición del liberalismo económico de Adam Smith (debemos el pan que comemos al egoísmo del panadero etc.) al populismo social, y el resultado es bastante desconcertante.


La otra es el positivismo de Auguste Comte. Comte se ha propuesto desterrar el conocimiento no científico, y ha pretendido elevar la sociología a un nivel superior al de las matemáticas. De este modo ha acabado desarrollando una teoría determinista según la cuál la evolución de la sociedad está predeterminada por leyes científicas. La labor del científico debe limitarse a señalar el lugar al que, inexorablemente, se dirige la humanidad, y a facilitar el camino. Lo que ha logrado así ha sido cambiar de religión, y sustituir a los sacerdotes por los científicos positivistas.

El término ‘nihilista’ pasará finalmente a occidente, y se usará para designar a los terroristas rusos de los 70, en que el populismo habrá degenerado.




Imágenes: 1.- Retrato de Turgénev, por Ilya Repin. 2.- Dimitri Pisarev. 3.- Auguste Comte.

domingo, 1 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (7): ZEMLYA I VOLYA

Más adelante, cuando en 1863 Herzen reciba en su casa de Londres a representantes de Zemlya i Volya quedará desfavorablemente impresionado, pensará que se trata de unos patanes sin modales ni lecturas, y comentará:

En algunos casos ellos tenían, en teoría, razón, pero no tenían en cuenta el complejo, intrincado, proceso de equilibrar lo ideal con lo real, y, por descontado, asumían que sus visiones y sus teorías eran las visiones y teorías de toda Rusia. Pero culpar a nuestros jóvenes pilotos de la tempestad que se avecinaba habría sido injusto. Es la característica común de la juventud.

Y también:

Con frecuencia no teníamos nada que decirnos. Estaban completamente ocupados con los detalles más nimios de sus círculos, más allá de los cuáles nada les interesaba. Una vez que habían descrito todo lo que les interesaba acerca de éstos, no había nada que hacer más que repetirlo, y vaya si lo repetían. Tenían poco interés en aprender, o en los asuntos públicos; realmente leían poco, y ni siquiera seguían regularmente los periódicos”.

En realidad, la mala impresión era recíproca. Herzen, que era educado, vivía confortablemente, y no iba permanentemente disfrazado de nihilista, les parecía un carcamal aburguesado, y se enfurecían cuando se resistía a sus sablazos:

Mis nuevos conocidos consideraban que todo lo que yo hacía no era suficiente, y contemplaban con indignación a un hombre que se declaraba socialista y no distribuía sus propiedades a partes iguales entre gentes que querían dinero sin trabajar.

Sin embargo, cuando en 1860 conoce al fundador del grupo su impresión es muy buena. Y, de hecho, será Ogarev quien proporcione el nombre a éste. La historia es la siguiente.


Nikolai Serno-Solovevich es hijo de un funcionario ennoblecido en reconocimiento a sus méritos. Es un veinteañero cuando, en 1855, Rusia es desalojada de Sebastopol, lo que marca su derrota en la Guerra de Crimea y el nacimiento de un profundo sentimiento de humillación nacional. Al igual que su padre, Serno ingresa en la administración civil, y junto con su hermano frecuenta el círculo de María Trubnikova, hija de un decembrista exiliado en Siberia. En él se habla de Vico, Prouhon, Lassalle, Saint-Simon, Louis Blanc y Herzen. En septiembre de 1858 resume sus impresiones sobre la situación en Rusia en un manuscrito que entrega al propio zar mientras pasea por los jardines de su palacio de Tsarskoe Tselo. Sus ideas son vehementes, pero no siempre realistas: “el Zar debe darse cuenta de que sólo los principios socialistas pueden actuar como guía para la transformación de Rusia”. Aún más: “en el trono de Rusia el Zar sólo puede ser, consciente o subconscientemente, un socialista”.

Con tales ideas su progreso en la administración civil no está garantizado, y en noviembre de 1959 Serno anuncia su intención de abandonarla. A principios de 1860 se encuentra con Herzen y Ogarev en Londres, e inmediatamente simpatizan. También Serno cree firmemente que la base para organizar la vida de los campesinos y el reparto de las tierras es la obshchina. El zar está preparando el decreto que emancipará a todos los siervos, y Serno cree que debe ser absolutamente ambicioso: los campesinos deberán recibir la totalidad de las tierras que están trabajando, que serán entregadas a las obshchinas, y no se les podrá exigir ninguna tasa de redención para compensar a los propietarios. Para eso está el estado, que, para financiar el proyecto, deberá reducir los gastos del ejército, la corte, y vender sus propiedades. Y, si resulta insuficiente, habrá que subir los impuestos. Ogarev colabora en la redacción de este proyecto, que se convertirá en el primer programa del naciente grupo. Y, además, le proporciona el nombre. ¿Qué es lo que necesita la gente?, se pregunta: ”Tierra y libertad” (”Zemlya i Volya”)


El proyecto también prevé la organización del grupo en células de 5 personas. Cada una de ellas deberá, a su vez, reclutar y organizar otra, de modo que únicamente conocerá a sus 4 compañeros de célula, y a los 4 de la que él mismo habrá creado. La idea no está mal: rellenar las celdas con gente competente es otro asunto. Serno vuelve a Rusia, pero sus andanzas ya han atraído la atención de la Tercera Sección, la policía secreta zarista. Ésta está mejorando rápidamente sus métodos, mientras que los emigrados londinenses continúan sin tomar excesivas precauciones. En julio de 1862 es interceptado un mensajero entrando en Rusia un número de cartas de Herzen, Bakunin y Ogarev. Una de ellas, dirigida a Serno, recomienda explorar la posibilidad de que Chernyshevski imprima su revista Sovremennik en Londres para sincronizar sus esfuerzos con Kolokol. Esto conduce al simultáneo arresto de Serno y Chernishevsky, que son enviados a la fortaleza de Pedro y Pablo. Serno aprovecha para escribir cartas al zar, y reanudar así la comunicación iniciada en Tsarskoe Tselo. Después es enviado a Siberia, y la correspondencia se interrumpe definitivamente.


Tras la desaparición de Serno, la calidad de los representantes de Zemlya i Volya decae rápidamente, y la dirección del grupo pasa a un tal Sleptsov. En ellos Herzen cada vez tendrá menos peso, desplazándose definitivamente el centro de gravedad ideológico hacia Chernishevsky. A finales de de 1862 Zemlya i Volya se encuentra con un reto al que consagrará todos sus esfuerzos: la inminente insurrección polaca. El grupo siempre ha apoyado la independencia de las nacionalidades del Imperio. Ahora se arroja a la causa con todas sus fuerzas, y se estrella con igual ímpetu. Para empezar, contacta con los polacos presentándose como una fuerza política relevante en el escenario ruso. En diciembre un tal Segismund Padlewski, miembro del Comité Central nacional polaco, es enviado desde Varsovia a San Petersburgo . Lleva cartas de recomendación de Herzen y Bakunin, y pretende ponerse en contacto con el Comité Central de Zemlya i Volya para negociar su apoyo. Es un momento difícil, pues la importancia real de Zemlya i Volya es considerablemente menor de lo que han vendido a los polacos, y de hecho no existe nada parecido a un Comité Central. Sleptsov está convencido de que es inminente una revolución campesina, e intenta sin éxito convencer a los polacos para que esperen y hagan coincidir su insurrección con ésta.

En enero de 1863 estalla la revuelta. Sleptsov y otros miembros de Zemlya i Volya viajan a Londres para recabar el apoyo de Herzen. Para su asombro, le proponen, con gran arrogancia, que se convierta en un agente a sus órdenes. Mientras tanto, convencidos de la necesidad de contar con un medio de comunicación propio, imrovisan una pequeña imprenta que expelerá un par de panfletos a lo largo del año. Pero en Rusia la revuelta polaca no ha sido vista unánimemente con simpatía, ni siquiera entre los turbulentos universitarios. En realidad, el apoyo decidido de Herzen marcará el inicio del declive de la influencia de “La Campana” entre los liberales rusos. Por su parte Zemlya i Volya no sobrevivirá a la ola de represión, y a final de año su nombre no será más que un mito para futuros movimientos revolucionarios. Alguno incluso resucitará el nombre.




Imágenes:
1.- El sitio de Sebastopol.
2.- Herzen y Ogarev.
3.- El pabellón Hermitage en Tsarskoye Tselo.
4.- Polacos esperando ser desterrados tras el fracaso de la revuelta.


miércoles, 27 de junio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (6): LA REVUELTA ESTUDIANTIL

Las protestas universitarias que comenzaron a extenderse desde mediados del s XIX por las universidades rusas tuvieron su origen, no tanto en razones ideológicas, como en las turbulencias emocionales y hormonales que se desatan en esa enfermedad llamada extrema juventud. Por eso cuando hablemos de las ideologías invocadas por la segunda generación de populistas, no olvidemos que, en realidad, solían ser el disfraz virtuoso de estallidos de adanismo, mimetismo, y testosterona. Como dice Venturi, refiriéndose a estos alborotos:

“No es necesario en este punto un examen detallado de estos movimientos. Con frecuencia carecían de contenido político, y más que otra cosa revelan un estado mental de frustración, preparado para manifestarse en las más diversas, e incluso contradictorias, formas y direcciones.”


En las universidades rusas de la primera mitad del siglo XIX se recibía formación militar, se prestaba una gran atención al uniforme, y la disciplina era estricta. Esto último no me parece tan mal. Lo peor es que el acceso era muy complicado, y todos aquéllos que no pertenecieran a la nobleza encontraban muchas restricciones para ingresar. Como resultado, en 1853 el número total de estudiantes en todas las universidades rusas era inferior a 3.000. El objetivo prioritario de las universidades era formar a los futuros miembros de la administración, y el pensamiento independiente era desalentado. Como consecuencia, la oferta en disciplinas humanistas, tales como filosofía o historia, era muy restringida. En 1856, del total de 429 estudiantes de la universidad de San Petersburgo, únicamente 30 estaban adscritos a la facultad de filosofía, y el año siguiente sólo uno obtuvo la licenciatura.

Tras la muerte de Nicolás I en 1855, el nuevo zar, Alejandro II, comenzó una rápida apertura de las universidades. Se les dio libertad de organización, y fueron abolidos tanto el uniforme como la formación militar. Asimismo, se relajó la disciplina sobre los alumnos. A partir de 1857 las universidades tuvieron su propio órgano de gobierno, y, no sólo se permitió, sino que incluso se alentó la impresión y difusión de periódicos universitarios. Incluso uno de ellos llevaba el nombre de Kolokol, el periódico prohibido de Herzen. Pero estas medidas no tuvieron éxito, porque la bronca continua era mucho más entretenida. Por ejemplo, en Kazan, los universitarios se habían acostumbrado a desafiar la obligación de llevar uniforme acudiendo vestidos con pieles como trogloditas, y no estaban dispuestos a renunciar a la diversión porque la obligación contra la que se manifestaban hubiera desaparecido. En Moscú y San Petersburgo pasaba algo parecido: los estudiantes habían comenzado a ir a clase disfrazados con trajes regionales de campesinos.


Dos medidas adicionales, excelentes ambas, produjeron, sin embargo, un incremento de las algaradas. La primera, la apertura de las universidades a todas las clases sociales, que provocó la aparición de lo que Venturi llama “proletariado del pensamiento”, una masa de estudiantes pobres, sin apenas dinero para vivir, que generó un foco de descontento. La segunda la incorporación de las mujeres, que provocó un incremento de los conflictos derivado del natural afán de sus compañeros de otro sexo por impresionarlas.

En este ambiente de excitación general sólo faltaba una causa a la que abrazar que justificara virtuosamente la trifulca. Algunos estudiantes se inclinaron hacia la liberación de las nacionalidades del Imperio como los polacos, pero no encontraron unanimidad. Por el contrario, la defensa de los campesinos encontró un apoyo arrollador. Estar al corriente de la moda era esencial, y ésta era dictada por Herzen y, sobre todo, por Chernishevsky. Comenta un estudiante de la época: “no recuerdo a uno solo de mis compañeros que no sintiera una vocación por alguna actividad social”.

El primer incidente serio tuvo lugar en otoño de 1856 en la Universidad de Kazan. Los estudiantes, que gozaban de una sólida reputación de bebedores e indisciplinados, se enfrentaron con la guarnición local alegando vagas razones. Los detenidos fueron tratados con gran benevolencia, y se convertirían con el tiempo en los cabecillas de movimientos locales. Casi simultáneamente, en Kiev, un estudiante mostró su descontento mediante una patada que lanzó por los aires al perro del coronel de la guarnición. Un episodio más grave tuvo lugar en Moscú un año más tarde. Los estudiantes se atrincheraron en las facultades y fueron desalojados sin contemplaciones por la policía. El zar se puso de parte de los estudiantes, y algunos miembros de las fuerzas de seguridad fueron sancionados. Pero el apaciguamiento no genera paz, sino violencia, y la escalada de alborotos continuó.


En otoño de 1858 Alejandro II dejó de ver con benevolencia los desórdenes, y tras nuevos disturbios producidos en la universidad de Kharkov declaró públicamente que los estudiantes estaban yendo demasiado lejos. Pero ahora estaban crecidos, y comenzaron a exigir la destitución de aquellos profesores que no les gustaban. Con frecuencia eran apoyados por Chernishevsky y Dovrolyubov desde su revista Sovremennik . A estas alturas muchos estaban hartos de los tumultos juveniles. En 1859 un grupo de profesores encabezados por el jurista y filósofo Boris Chicherin, inspirador del programa de reformas de Alejandro II, firmó un manifiesto que decía: “La sociedad rusa ha dado a sus estudiantes una sensación de su propia importancia que no existe en ningún otro país (...) El estudiante no es ya un alumno, sino que pretende ser un maestro y un guía de la sociedad

De nuevo fue restringido parcialmente el acceso a la universidad. En septiembre de 1861 la ola de disturbios alcanzó, por primera vez, la universidad de San Petersburgo. Los altercados fueron especialmente violentos: los estudiantes se enfrentaron al ejército, y únicamente se dispersaron cuando el oficial al mando les dijo que, de no hacerlo, les esperaba “no una muerte gloriosa, sino una buena tunda”.

Alejandro II no había descubierto ese medio infalible de desactivar por completo a la juventud que es el botellón.




Imágenes:
1.- Estudiante nihilista, por Ilya Repin.
2.- Estudiantes en Ulm.
3.- Coronación e Alejandro II.
4.- Juerga de cosacos, por Ilya Repin, algo que, por supuesto, no tiene nada que ver con los movimientos estudiantiles populistas.