jueves, 28 de enero de 2010

LA LISTA DE CUENCA

Dice Sánchez-Cuenca en El País:

”Si algo caracterizó al Gobierno de Zapatero durante los años 2004-08 fue la audacia de muchas de sus iniciativas. Hubo diversos asuntos que hicieron sonar todas las alarmas entre los grupos reaccionarios del país. La lista es bien conocida y no hace falta entrar en muchas explicaciones: 1) retirada de tropas de Irak, 2) aprobación del matrimonio homosexual, 3) proceso de paz para acabar con el terrorismo, 4) revisión del sistema autonómico, 5) Ley de Memoria Histórica, 6) Ley de Dependencia, 7) regularización de los inmigrantes, 8) inversiones masivas en I+D, 9) fin de la manipulación informativa en Televisión Española y Radio Nacional, 10) ley contra la violencia de género, 11) aumento del gasto en cooperación internacional” (la numeración es mía)

Lo más interesante de la lista presentada por Sánchez-Cuenca es su extraordinaria heterogeneidad, pues agrupa en una misma categoría, a la que únicamente proporciona unidad la virtud compartida de “haber hecho sonar todas las alarmas entre los grupos más reaccionarios del país”, asuntos que son humo (1 y 6), infamantes (3), devastadores (4), inoculadores de discordia (5), razonables (2), ya rectificados (7), imaginarios (8), mentira (9), controvertidos (10) o sin resultados perceptibles (11)

¿Y que hay de la crisis? Hay que reconocer que eso lo define muy bien: ”el Gobierno ha puesto todo el énfasis en sus esfuerzos por salir de la crisis”. O, dicho de otro modo, ha centrado su esfuerzo en mostrar al electorado lo preocupado que está. Los resultados son desastrosos, pero eso es secundario. Entre progresistas es frecuente confundir ir deprisa con poner cara de velocidad.

viernes, 22 de enero de 2010

TRES POSTURAS EN MATERIA LINGÜÍSTICA

El Decreto Feijoo ha tenido la virtud de poner de manifiesto cuál es la verdadera posición de los partidos en materia lingüística, obligándolos a encuadrarse en uno de estos tres grupos. El primero de ellos es el de los que optan por imponer la lengua autóctona y perseguir a la común, y reúne a nacionalistas, socialistas y perroflautas diversos. El segundo es el de los propugnan la obligatoriedad de la enseñanza de ambos idiomas al 50%, y está integrado por el pp (hay que decir que este segundo grupo acaba pavimentando inexorablemente el camino hacia el primero). El último es el de los que defienden (los que defendemos) la libertad de elección y la no obligatoriedad de dominar la lengua autóctona en las comunidades bilingües, que ha quedado desamparado por los dos partidos mayoritarios. En cualquier caso, ni el votante socialista ni el del PP pueden ahora alegar ignorancia sobre la postura que están defendiendo con su voto.

Descartada obviamente la primera de las posturas citadas el debate entre las otras dos debe plantearse sin ambages, y eso es lo que ocurrió anoche en La Linterna entre Girauta, de Prada, Sánchez-Cámara y un cuarto comentarista que no sé quien era. Girauta defendió, un poco sorprendentemente, la obligatoriedad de dominar ambas lenguas oficiales en las comunidades bilingües, tachando de poco acorde con el sentido común la opinión de aquéllos que defienden la libertad de elección. Afirmó que ésta acabaría generando ghettos lingüísticos, un razonamiento que no entendí porque es precisamente la imposición lo que acaba generando privilegios y ciudadanías de segunda. Finalmente empleó un argumento falaz, el de decir que por qué no protestaron estos mimos en el 82 contra las leyes de Fraga que sentaban las bases de la situación actual, un argumento que prescinde la variable ‘tiempo’ en el análisis. De Prada, como es habitual, estaba en la luna, y habló del ‘acervo cultural’ y de lo hermoso que es que las nuevas generaciones aprendan el gallego y el catalán para leer las Cantigas de Alfonso X y las obras de Ramón Llull que, como todo el mundo sabe, es lo primero que van a hacer, y su entusiasmo fue tal que consiguió contagiar a Girauta. Por su parte, Sánchez-Cámara, con su habitual tono cortés y reposado, se opuso a Girauta exponiendo los problemas que genera la obligatoriedad de conocer las lenguas co-oficiales para aquellos españoles que se desplazan por dentro del territorio.

Este último me parece un punto fundamental del asunto. Afrontar el problema idiomático desde la perspectiva ‘cultural’ permite pasar por alto sus costes (¿qué importancia tienen éstos ante la lectura de las Cantigas de Alfonso X?) Y el más evidente de los costes, como Sánchez-Cámara puso de manifiesto, es la compartimentalización territorial, y la consiguiente limitación de la circulación de personas dentro del territorio español que, en el ámbito del las empresas públicas, tiende a desaparecer por completo en las comunidades con dos lenguas* (al convertir en obligatorio el dominio de las lenguas co-oficiales los ‘autóctonos’ acaban copando todos los puestos, lo que incluye, por supuesto, sectores como la educación o la administración de justicia)

Y todo esto antes de empezar a hablar de lo poco saludable que resulta para una democracia permitir a los políticos que se arroguen la facultad de eliminar las libertades de las personas, aunque sea por causas tan elevadas como el folklore.. Continuará.


* Los compartimentos acaban funcionando como membranas de gore-tex, que impiden el acceso hacia las comunidades con lengua autóctona, pero lo permiten desde estas.

miércoles, 20 de enero de 2010

Y AHORA FEIJOO

Cristina López Schlichting ha entrevistado al presidente de Galicia.

En un tono francamente áspero, como si su paciencia hubiera sido llevada al límite, Feijoo ha intentado explicar la ruptura de su promesa electoral diciendo que, en realidad, lo que a él lo vincula es el programa. Habría estado bien que, a continuación, detallara por qué realizó entonces promesas que contravenían, según él, su programa electoral, pero la explicación racional ya había finalizado, y comenzaba el momento del folklore y las emociones. No era, ya la hora de las personas sino de los pueblos, y por eso, cuando se le ha planteado el penoso asunto de la libertad, él se ha puesto a detallar lo hermosa que era la convivencia entre el gallego y el castellano, y la belleza de ver a los gallegos en los bares hablando indistintamente una u otra lengua . Una inmensa mayoría de los gallegos habla las dos lenguas, y sólo un pequeño porcentaje habla (se obstina en hablar) únicamente el gallego o el castellano, ha afirmado (lo que parece constituir, sencillamente, una mentira descarada*). Soy contrario a la inmersión en castellano, ha llegado a decir de forma virtuosa, y ha finalizado con la suprema estupidez: “las lenguas son para unir, no para separar”. Un discurso muy conocido, por tanto, aunque no es frecuente verlo en boca de alguien del PP, cuyos dirigentes regionales se limitan a practicarlo de forma subrepticia.

* Desconozco la realidad de Galicia, pero extrapolando la de Mallorca me atrevo a suponer que hay un 50% que sólo habla la lengua común, un 50% que habla la común y la autóctona. No hay nadie que sólo hable la autóctona, y presentar esa supuesta simetría es una falsedad malintencionada.

lunes, 18 de enero de 2010

LA TRIBU DE SUSO



“Toda sociedad (…) tiene alguna conciencia íntima de que hay algo que nos es común: la conciencia del nosotros, de que con nuestros yos formamos un nosotros que existe realmente.”

“Para toda sociedad hay algo que es sagrado, las cosas que nos identifican: la lengua gallega, nuestras palabras, son parte del repertorio de la identidad compartida, de nuestro nosotros.”

“Una minoría de personas que no quieren que sus yos se unan en el nosotros de los gallegos cuestionan la existencia misma de Galicia, de nuestro nosotros, nós (…) No les gustamos, no quieren ser gallegos, parte de los que vivimos aquí. Porque también existe un territorio al que llamamos aquí.”

Vean como Suso de Toro formula, como si se derivase de una ley natural inapelable, la existencia del pueblo gallego, entidad orgánica definida por el uso de un idioma propio y la ocupación de un territorio. La obligación natural de la Junta de Galicia, por tanto, es defender, impulsar y normalizar la situación del gallego, no cuestionarlo..

La definición de la tribu (que Suso enfatiza mediante un uso masivo de la cursiva) lleva implícita la definición de “los otros”: son aquellos que se resisten a ser sumergidos (normalizados) en ella, revelándose así como enemigos que buscan destruirla. El siguiente paso de la secuencia, aunque Suso no lo dice, es el habitual.

miércoles, 13 de enero de 2010

LA TRIBU MOLA (AVATAR. James Cameron, 2009)



Avatar, vista en 3-D, es una película espectacular, y espero que sirva para que los directores se den cuenta de una vez del filón que tienen en la ciencia ficción clásica, ahora que la tecnología les permite recrear perfectamente cualquier mundo, civilización o espécimen. La idea del avatar es brillante y sugestiva: conseguir trasladar la personalidad de un sujeto a otro cuerpo (es decir, conseguir aislar el alma: el nombre de la película está muy bien puesto) y la historia está muy bien contada, aunque le sobra metraje.

Sin embargo, lo más interesante es lo rápidamente que cautiva al espectador la vida en una tribu (y, correlativamente, lo fácil que le resulta menospreciar la propia civilización). Desde luego el ser humano tiene una enorme tendencia a integrarse en grupos, lo que le libera de la capacidad de decidir y da sentido a su existencia, y hay que reconocer que esta tribu en concreto tiene enormes alicientes: se desenvuelve en un mundo paradisíaco, utiliza animales voladores y las tías están buenas. Curiosamente, este instinto tribal del espectador no es incompatible con un enorme sentimiento de superioridad (disimulado, desde luego), y por eso no le sorprende que el avatar humano se haga con las riendas de la tribu en cuanto se lo propone. Más o menos el mismo sentimiento que se intuye en aquellos que se emocionan
(estoy pensando en Sting) al verse mezclándose con tribus prehistóricas y resaltando su autenticidad y sus enormes valores espirituales (en contraposición con el podrido occidente) antes de volverse a su humilde mansión en la Toscana. Por mi parte, cuando las escenas de la tribu se alargaban echaba de menos a alguien con corbata, y me ponía los pelos de punta la visión de los miembros de la tribu realizando movimientos sincronizados para conectar con el Gran Espíritu del Árbol Esencial (o algo parecido), pues en esta película el ecologismo alcanza, ya sin ambages, la categoría de religión (esto es lo que hay, son los gustos actuales). En cualquier caso, no deben perdérsela.

martes, 12 de enero de 2010

VÍCTOR MANUEL Y LA CULTURA

Desde su condición de representante de la cultura, Víctor Manuel desvela la profundidad de su pensamiento político en La Razón: “Las opciones políticas son como las cajas de bombones: unos te gustan y otros, no.” Y añade a continuación “Cuando no me gusta un bombón de la caja que he elegido lo digo.” Pero entonces ¿las opciones políticas son como distintas cajas de bombones, o como los distintos bombones dentro de una misma caja? Y en todo caso ¿qué narices quiere decir? No queda claro, pero sí podemos rastrear su fuente de conocimiento: es Forrest Gump, que en una escena de la película afirma “la vida es como una caja de bombones; nunca sabes lo que te puede tocar.”

Mas tarde, a pesar de su condición de representante de la cultura, Víctor Manuel reconoce explícitamente que tampoco la economía es su fuerte: ”En lo económico no puedo entrar: no entiendo. Dicen que (el Gobierno) lo ha hecho mal.” Sin embargo, tiene claro que ”en lo que se refiere a la cultura, el Gobierno ha sido un desastre absoluto.. Ya sabemos, pues, que para Víctor Manuel la cultura no incluye lo político ni lo económico.

Termina Víctor Manuel definiéndose como crítico, y tiene razón. Por ejemplo, tuvo la valentía de criticar la dictadura de Franco en cuanto el dictador murió. De hecho, que ahora se atreva a criticar a Zapatero quizás sea un claro síntoma de que nuestro Presidente comienza a no oler muy bien.

sábado, 9 de enero de 2010

LOS ZOMBIS ANTISISTEMA (Land of the dead. George A. Romero, 2005)


No es que me haya vuelto tan tarumba como para ponerme a comentar una película de zombis, pero es que esta tiene algo verdaderamente especial: en ella los malos no son los muertos vivientes, sino los capitalistas. Así pues, el marxismo-Disney también se ha extendido, contra todo pronóstico, a este género.

Los zombis parecen estar en vías de adueñarse del planeta, y los humanos que sobreviven se han refugiado en ciudades amuralladas bastante cutres. Pero no todos los humanos son iguales: hay capitalistas y hay proletarios. Se reconoce a los primeros porque van bien vestidos y, en consecuencia, son malísimos. Viven, casi literalmente, en sus torres de marfil ajenos por completo a la miseria y el horror que los rodea (esto literalmente). El poder de los capitalistas deriva del hecho de tener grandes cantidades de dinero en billetes, lo que no se entiende muy bien en una economía en la que la producción parece haberse detenido por completo. Sea como sea los capitalistas tienen poder, y desprecian por completo a los proletarios que viven en los suburbios. Sin embargo, es evidente para el espectador que estos últimos desbordan autenticidad y honestidad.

Como he dicho, los muertos vivientes se alimentan de humanos. Estos se ven obligados a realizar incursiones para adueñarse de los bienes y alimentos que encuentran en las ciudades ocupadas por zombis. La situación alimenticia es, pues, favorable a estos últimos: los alimentos que consiguen los humanos están en vías de caducar, mientras que los propios humanos no caducan. Los zombis no tienen reparos en comerse a los humanos, pero parecen experimentar una sensación de injusticia con las incursiones que estos realizan y con las bajas que les causan. El propio protagonista (humano) de la película (a quién auguro pocos protagonismos mas) simpatiza con este planteamiento asimétrico, y de este modo perdona la vida al líder de los zombis alegando que sólo buscan un lugar donde vivir tranquilamente. ¿Empiezan ustedes ya a aspirar el aroma de la multiculturalidad?


Pero, un momento ¿su líder? Pues sí. Los zombis han conseguido demostrar una cierta capacidad para asociar ideas, y, simultáneamente, ha aparecido un caudillo entre ellos que sin duda provoca terror a los norteamericanos por su doble condición de muerto viviente y negro*. Tras una incursión especialmente sangrienta de los humanos, el negro se cabrea de veras y se dirige con sus zombis a la ciudad amurallada. De este modo, con pocas ideas en la cabeza y mucho resentimiento en el corazón, la marcha de los zombis contra la civilización consigue simbolizar con notable precisión a una relevante parte de la izquierda actual.

Aparentemente esta alegoría parece haber calado también en el propio Romero, que acaba mezclando confusamente a los zombis y a los proletarios. En realidad, en el colmo de la empanada, acaba mezclando también al terrorismo islámico. Y al final, los zombis penetran en la ciudad y devoran a los capitalistas, pero la película parece dar a entender que con la desaparición de éstos desaparece el problema (a pesar de que persisten los zombis). Así que es posible que el Presidente Zapatero haya encontrado en Romero alguien que comparte con él la tésis de que la causa del terrorismo está en la pobreza, que, por supuesto, es culpa de los capitalistas. De este modo eliminados éstos desaparecerá el problema de los terroristas y los zombis… hasta que seas devorado por ellos.

En resumen, la Alianza de las Civilizaciones continúa su imparable marcha con la inclusión de los zombis. Puede que incluso ZP sea ya un zombi, lo que explicaría su escasa actividad mental. Y quizás por eso nadie habla con él en las cumbres internacionales.

* Eso, al menos, es lo que defiende el bueno de Michael Moore en ‘Bowling for Columbine’, que la raíz de los problemas de los norteamericanos se encuentra en el miedo que les inspiran los negros.

jueves, 7 de enero de 2010

LA ULTIMA PELICULA (Last picture show. Peter Bogdanovich, 1971)
























Como comprador reciente (pero ya compulsivo) de e-bay, es frecuente que mi atención se vea atraída por miniaturas de coches de los años 40 y 50. Los compro, pues, pero una vez recibidos no se qué hacer con ellos. Sí, son muy bonitos, pero reclaman el resto del escenario: personas, vestuarios, edificios, ambientes… Si tuviera la habilidad necesaria (no es el caso) fabricaría lo que los modelistas llaman un ‘diorama’, pero al no hacerlo quedan huérfanos y acaban en el fondo de un armario, en una caja de zapatos. En esta película ocurre todo lo contrario.


Hay que decir que el comienzo no es prometedor. En ella encontramos a un Timothy Bottoms con más cara de sueño que nunca representando a un joven tolondro y despeinado. Su horizonte vital está definido, en el espacio, por la cafetería, el billar y el decrépito cine de Anarene, un pequeño pueblo de Tejas impecablemente deprimente, y, en el tiempo, por los años que transcurren entre la finalización de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de la de Corea. Veamos algunos de los mimbres con los que se teje esta historia.

Bottoms es amigo inseparable de Jeff Bridges, jugador como él del equipo de fútbol del instituto, y ambos son tan tontos como cabría esperar en especimenes de 17 años. Bottoms tiene una novia perfectamente prescindible con la que se magrea en el cine a cambio de soportar sus continuos reproches, mientras que Bridges sale con una espectacular Cibyll Shepherd, que además es la hija del magnate petrolífero del lugar. Además de guapísima es mala, lo que la hace irresistible. Con el tiempo, Bottoms se libra de su novia y se lía con la madura mujer de su profesor de gimnasia que, a juzgar por los azotes que pega en las nalgas de sus alumnos, es homosexual. Esta experiencia, por cierto, si bien no contribuye ostensiblemente a la madurez de Bottoms, al menos consigue que vaya mejor peinado. Por su parte, Shepherd decide que Bridges es guapo pero pobre, y lo cambia por otro compañero de instituto, más feo pero forrado y con amigos que realizan juergas desenfadadas. Así aparece un personaje, absolutamente secundario por desgracia, que provisto de una carga genética equiparable a la de genios del mal como Darth Vader 1) hace que Shepherd se desnude delante de todos en su piscina (desde el trampolín, además, como en el chiste) y 2) obliga a Shepherd, aún virgen, a que, antes de acostarse con él mismo, lo haga con otro y le ahorre así el penoso trámite de desvirgarla (ella cumple el encargo, a la segunda, con su ex novio Bridges, al que la repentina petición le provoca un soberbio gatillazo en primera instancia). No contenta con estas experiencias, Shepherd se acuesta con el amante de su madre y flirtea con Bottoms, ocasionando un violento enfrentamiento entre los amigos.

Pues esto es lo que hay. Unos personajes bastante anodinos encerrados en un pueblo de mierda. Es cierto que aparecen otros de más calado, como la madre de Shepherd (Ellen Burstyn), realmente simpática en su cinismo. O el mentor de Bottoms (Ben Johnson), que además es dueño de todos los locales que frecuenta, y que obviamente es un tipo de una pieza. Hacia el final de la película el espectador descubre que ambos, Burstyn y Johnson, han mantenido un idilio que se adivina de una gran profundidad, pero incluso en este caso la sordidez general impregna la escena, pues el lugar escogido por ambos para sus encuentros y para bañarse en pelotas es una charca desolada que se adivina trufada de mosquitos. ¿Cómo es posible, pues, que la película cautive inexorablemente al espectador? Quizás porque todo, desde los coches, hasta los costumbres, pasando por el peinado de Shepherd, contribuye a presentar un cuadro perfecto y completo, a diferencia de las miniaturas aisladas de las que hablaba al comienzo. O quizás es, precisamente, la capacidad de Johnson y Burstyn de protagonizar un episodio de enorme intensidad lo que redime a todo el pueblo de su sordidez (al modo de los lamed wufniks). Ni idea, pero cautiva, lo que la convierte en una película excelente*.

* Y con esto rompo con la costumbre de limitarme a comenta películas chuscas.