martes, 20 de febrero de 2007

A VUELTAS CON EL NACIONALISMO

Comentarios al artículo de Alberto López Basaguren, catedrático de Derecho Constitucional de la UPV, publicado hoy en El País.

También en Quebec, por lo que se deduce del artículo, los que se oponen a los separatistas están permanentemente a la defensiva, teniendo que justificar la evidencia de que su oposición no implica un comportamiento antidemocrático. Por eso el líder liberal Stéphane Dion establece la necesidad de decir, sin complejos, que nada justifica la separación de Quebec de Canadá, y propone invertir la carga de la prueba de las bondades del nacionalismo dejando “a los dirigentes separatistas que nos demuestren que estamos en un error. Dejémosles que convenzan a la gente de la conveniencia de hacer algo tan triste y radical como convertir a ciudadanos en extranjeros".

Sin embargo, mientras que, según el artículo, en Québec son los separatistas los que juegan con el significado de las palabras para ocultar su voluntad secesionista, aquí es el Presidente Zapatero el que ha acostumbrado a desproveer de contenido a los conceptos para ponerlos al servicio de su política. Así para Zapatero nación es una palabra hueca, un concepto “discutido y discutible”. Nación, nacionalidad, comunidad... ¿qué mas da?

Esto les viene muy bien a los nacionalistas, para los que el concepto de nación es bastante claro, y define una secuencia con tres hitos fundamentales: diferenciación, privilegio y secesión. El último de los hitos, la secesión, puede producirse o no, pero basta su mera posibilidad para afirmar la desigualdad y el privilegio. De forma cruda, la política nacionalista podría formularse de la siguiente manera: “Nosotros somos nación. Somos, por la tanto, diferentes de vosotros (y, se entiende, mejores). Hasta ahora hemos estado embarcados a la fuerza en vuestro triste proyecto común. A partir de ahora, si queréis que continuemos, tendréis que pagar” ¿No es esta la esencia del nacionalismo asimétrico?

jueves, 15 de febrero de 2007

EL PSOE INTENTA SACAR A BATASUNA DE LA LISTA DE ORGANIZACIONES TERRORISTAS DE LA UE

Los socialistas continúan con su proceso subterráneo de negociación con ETA, y cada cierto tiempo, como burbujas malolientes, afloran a la superficie hechos indiscutibles. La no ilegalización del PCTV fue una de ellas. El apoyo a la excarcelación de De Juana, otra. Hoy surge con fuerza ésta. El resto de los términos del acuerdo irá, asimismo, aflorando con la fuerza de los hechos consumados. Mientras tanto, mucha gente se va aclimatando a estas periódicas emanaciones mefíticas, y es posible que en el futuro, sin darse cuenta, puedan vivir en el hedor.

miércoles, 14 de febrero de 2007

CONTESTACIÓN A FÉLIX DE AZUA

Hace unos años, quizás desde que en las penúltimas elecciones vascas no alcanzaran los resultados esperados, los socialistas dieron un dramático bandazo en su política, orientándola hacia los nacionalismos periféricos.

Para muchos, este movimiento fue una regresión. Significaba un cambio brusco de dirección de la curva que definía el progresivo abandono, por parte de la sociedad y, más tarde, de la política, de la visión “navideña” del nacionalismo. Llamo navideña a aquella que entendía que todo lo que provenía del nacionalismo (las reivindicaciones históricas, las apelaciones a cultura de los pueblos, la invocación al derecho a decidir etc) era bonito y aún razonable. Aquella que entendía que ETA era un grupo, violento, sí, pero romántico, que luchaba para liberar a su patria oprimida.

Posiblemente, los socialistas entendieron que gran parte de sus votantes no simpatizarían con ese bandazo. Y, de este modo, hicieron lo más práctico: ocultarlo. Así que comenzaron a hablar con ETA a escondidas, cuando aún estaban en la oposición, y a la vez que mantenían firmado el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo.

El Pacto representa un punto de referencia insoslayable, porque al reunirse en él ambos partidos declaraban estar en la misma situación frente a ETA. Pero, una vez firmado, los socialistas dejaron un almohadón debajo de las sábanas para que pareciera que continuaban allí, y se marcharon de puntillas y con los zapatos en la mano. Hubo un momento, sin embargo, en que fue evidente que los socialistas y el PP ya no estaban juntos ¿Cómo justificarlo? De nuevo recurrieron al pragmatismo y emplearon la técnica habitual: echar la culpa al PP mediante cualquier pretexto. Esta técnica llevaba algún tiempo poniéndose en práctica con excelentes resultados, consecuencia, supongo, de la abundancia de residuos ideológicos adecuados en sus votantes.

Por ejemplo, en este artículo que condena la negociación del Gobierno con ETA, usted atiza contundentemente al PP, que se ha limitado a mantener su posición y a declararla abiertamente, por su “espíritu de bronca” que deriva, muy probablemente, de su “ética momificada”.

lunes, 12 de febrero de 2007

SOBRE MI INCAPACIDAD PARA VER A HITCHCOCK (2)



Mi tía Jacinta, visitante asidua del blog, me recrimina agriamente mis opiniones desfavorables sobre Hitchcock. Ella afirma que no se pude criticar la obra de un genio sobre la base de un par de escenas cuya interpretación se deforma grotescamente. Y añade que son necesarios argumentos de más peso que un par de chascarrillos para demoler una obra consagrada, en sus palabras, a la mayor gloria del séptimo arte. Voy, pues, a defenderme.

Hace tiempo leí un libro en el que Hitchcok era exhaustivamente entrevistado por François Truffaut. Allí afirmaba que es esencial que el espectador vea las cosas más importantes que ocurren en la película. No basta con que éstas le sean narradas: lo importante debe verlo. Con esta postura Hitchcock se adelantaba al homo videns de Sartori, y parecía intuir la diferencia de impacto de un mensaje basado en la palabra, que va dirigido al razonamiento abstracto, y de otro basado en la imagen, que apunta directamente a la capacidad de ver y es, por tanto, indiscutible. Sea como sea, este empeño porque ni siquiera el espectador más despistado pueda perderse cosas que Hitchcock considera clave, hace que muchas escenas resulten tan forzadas que se convierten en cómicas. Por ejemplo, en “El hombre que sabía demasiado”, un supuesto moro es apuñalado en el zoco de Marrakech y va a morir a los brazos de James Stewart. Entonces, para que el espectador se de cuenta que el moro no es tal sino un occidental maquillado, Hitchcock genera una escena absurda en la que James Stewart, conforme el acuchillado se va deslizando al suelo, va agarrándolo de forma imposible por la cara de manera que sus dedos la despintan al resbalar sobre ella. Esta tendencia a resaltar de modo antinatural determinadas acciones estaba presente en las películas de la época inglesa, aunque se agrava notablemente en las americanas. Dentro de las primeras, en “La sombra de una duda” Joseph Cotten decide, en un momento dado, eliminar a su sobrina. Y para que hasta el más obtuso de los espectadores se de cuenta de su determinación, Hitchcock lo presenta en una escena engarfiando las manos mientras la contempla, como si se tratara de Nosferatu o la bruja de Blancanieves.

Y sin embargo ésta es una buena película. Joseph Cotten representa a un tipo elegante y encantador con un pasado turbio, cuyo contenido concreto es desconocido al comienzo de la película. Huyendo de ese pasado, se dirige a casa de su hermana, que vive en una pequeña ciudad californiana. La hermana, junto con su marido y tres hijos constituyen una familia de lo más convencional (salvo en que los progenitores son mayorcísimos). Joseph Cotten fascina a la hija mayor de su hermana, una adolescente para la que su tío representa la otra cara de la luna de su existencia previsible. Cotten lo hace a la perfección, mostrando su aspecto elegante y encantador y dejando que la depravación aflore cuando su secreto es revelado. No obstante, otro fallo de Hitchcock, la elegancia de Cotten no es uniforme a lo largo de toda la película. Existe al comienzo y al final, pero desaparece brevemente en el medio, cuando Cotten acude al banco en el que trabaja su cuñado vestido como un proxeneta.

(continuará)

viernes, 9 de febrero de 2007

EL PAÍS, SIN COMPLEJOS


TRIBUNA: J. A. GONZÁLEZ CASANOVA
ETA y PP, la pareja suicida
J. A. GONZÁLEZ CASANOVA 07/02/2007

En estos días hemos asistido al suicidio político de ambos polos del antisistema democrático, emparejados en ser derechas extremas, pues les une idéntica mentalidad totalitaria, so capa en el PP de falso afán liberal y, en ETA, de nacionalismo. Unos perpetúan el desprecio a la democracia de los viejos partidos conservadores, y los otros resucitan la "democracia de alpargata" del carlismo violento, que tras la defensa popular de los fueros vascos ocultaba el absolutismo más reaccionario. Su emparejamiento objetivo frente al actual Estado social y democrático de derecho denuncia su aparente enemistad radical, que ya no engaña a nadie, pues a los grupos políticos , como a las personas, hay que juzgarlos por lo que hacen y no por lo que dicen. Si liberales y carlistas impidieron la democracia española durante el siglo XIX y, unidos al golpista Franco, la erradicaron en el XX por las armas, ahora sus respectivos herederos mentales siguen apoyándose mutuamente en su feroz combate contra el Gobierno legítimo y electo de la ciudadanía. Pero el atentado de Barajas y la bochornosa actitud del aznariano Rajoy culpando del mismo (como en el 11-M) a Zapatero y no sumándose a la protesta general contra el atentado tras manipular fríamente a las víctimas del terrorismo han supuesto el suicidio político de quienes comprueban, sin reconocerlo nunca, su nulo futuro ante el veredicto de las urnas. De ahí que sus últimos actos constituyan más bien el levantamiento de un acta de últimas voluntades. ¿Alguien puede entender que los organizadores de múltiples manifestaciones contra Zapatero, incluida la del lunes, se negasen a participar en una sólo contra ETA y no contra el PP, e incluso exigieran que se desconvocara porque parecía favorecer al presidente del Gobierno? ¿A quién combate Rajoy: al enemigo de todos o al suyo propio? Patxi López y Josu Imaz han ido juntos en la manifestación convocada a favor de la paz y el diálogo por la Iglesia vasca, pero el PP acusa a ésta de estar al lado de ETA.
La noticia en otros webs

ETA ha fracasado siempre en su pertinaz empeño de ulsterizar el conflicto provocando una escalada de represión policial, e incluso militar, que exacerbe a todos los vascos y los integre masivamente en la lucha por la independencia. Su Gobierno español ideal es el neofranquista, dispuesto a responder incluso con el Ejército y sin diálogo político alguno con el nacionalismo vasco, incluido el PNV. Su mayor adversario es el Gobierno actual, firme frente a la violencia, de acuerdo con el leal Josu Imaz y dispuesto al diálogo con Batasuna si ésta se distancia de ETA. De ahí el apoyo etarra al PP para que expulse al ZP dialogante con la minoría social independentista, ya que puede integrarla de nuevo en la política democrática (como es el caso de ERC) dejando a ETA sin soporte popular.

Ciertamente, Rajoy cumple a la perfección el papel que de él espera la banda. Se niega a apoyar al Gobierno aunque Zapatero le apoyaba cuando estaba en la oposición; dinamita la unión de todos los demócratas y se hace portavoz etarra cuando le espeta al Presidente que si se niega al precio político exigido por ETA será culpable de sus asesinatos, y que, si éstos no se dieran, también lo sería, ya que eso implicaría sin ninguna duda que habría cedido ante el chantaje. Así como ETA sostiene que la bomba no rompe el alto el fuego y que es Zapatero quien lo ha roto, Rajoy proyecta en éste su propia alianza de intenciones con ETA, según la táctica neocon de calumniar sin descanso hasta que su mentira sea verdad para los futuros electores. Sólo le falta acudir, como hizo en el caso del 11-M, a otro descomunal embuste: si Zapatero pactó con ETA el atentado de Atocha para impedir la victoria electoral de Rajoy, ahora habría pactado el de Barajas para suspender el proceso de paz (apetitosa carne donde quiere hincar sus fauces el PP) hasta después de las elecciones de 2008, y de ese modo librarse en el interregno del acoso de su rival.

Si el PP perdió su poder mendaz por extremarlo de forma suicida, ahora pierde la posibilidad de recuperarlo al ponerse en contra del resto de los partidos , del propio Parlamento y de casi todo el país. A este suicidio habrá que sumar el impacto electoral que debiera tener la impresionante serie de corrupciones inmobiliarias y urbanísticas que protagoniza el PP y que demuestran el descaro con que la derecha se nutre, antes, con y después de Franco, de poder económico, siempre a costa del expolio de los bienes públicos y del medio ambiente. Por tanto, ETA perderá su mejor aliado cuando el PP pierda las elecciones. Sin pareja y sin otra respuesta que el pacífico cumplimiento de las leyes y el respeto por las ideas pacíficas de la minoría abertzale, verá a su base social liberarse progresivamente de su tiranía armada. Seguirán en Batasuna escisiones como las de Aralar, hasta que, sin apoyos, ETA rinda las armas. Toda la historia etarra es una lenta paranoia suicida, pero su final es inevitable y está próximo. Los demócratas acabaremos venciendo a nuestros dos enemigos parejos más antiguos y tercos.

J. A. González Casanova es catedrático de Derecho Constitucional de la UB.

viernes, 2 de febrero de 2007

CRASH

Ciudad: Los Angeles. Época: actual. La película presenta a personas de distintas razas y culturas con el fin (supongo) de elaborar un mosaico de la ciudad y describir los problemas de convivencia de sus habitantes. Para ello, escoge un formato similar al de Las Mil y Una Noches, mostrando historias entremezcladas de los personajes, y convirtiendo de este modo a Los Angeles en una nueva Bagdad. Quizás inducido inconscientemente por esta semejanza con una ciudad mágica, el director de la película no se ha sentido constreñido por la verosimilitud y, si bien no ha incluido alfombras voladoras en la película, sí ha presentado a unos personajes extremos inmersos en situaciones desaforadas (o en interpretaciones desaforadas de situaciones más o menos normales). De estas muestras tan marginales, las conclusiones que podrán extraerse de la vida en Los Angeles serán, necesariamente, poco representativas de la realidad.

Creo que puede ser útil realizar una breve descripción de los personajes (¿de los colectivos?) que el director nos muestra: un iraní, varios negros, varios blancos, un chino... Empecemos por la historia del iraní. Se trata del propietario de una tienda que, al parecer, ha sufrido varios robos en su local a través de una puerta que no cierra correctamente. En vista de ello, emprende dos acciones: comprar una pistola y llamar a un cerrajero para que arregle el acceso a la tienda. El cerrajero, a petición del iraní, cambia el cerrojo de la puerta, pero le asegura que si no cambia o arregla ésta, será completamente inútil. Ante esto, el iraní acomete nuevas acciones: le echa con cajas destempladas, no le paga y no arregla la puerta. Como resultado, al día siguiente descubre que le han desvalijado y destrozado la tienda. Al reclamar al seguro, el agente le contesta que ha cometido una negligencia y que, de acuerdo con lo estipulado en el contrato, el seguro no cubre sus daños. El iraní, que parece completamente incapaz de seguir los razonamientos más elementales, coge la pistola y va a matar al cerrajero, disparando finalmente sobre la hija de éste.

Sigamos con los negros. Para empezar, está el protagonista, un inspector de policía que tiene una madre heroinómana y un hermano, que en principio no es conocido por el espectador, delincuente. Después, hay dos ladrones que se sienten muy orgullosos de atreverse a robar a los blancos. Tampoco parece ocasionarles serios reparos de conciencia atropellar chinos. En una escena particularmente desafortunada de la película, los dos negros comienzan a discutir acerca de lo que tienen que hacer con el que acaban de arrollar en el coche que acaban de robar. Esta escena atroz está realizada desde una perspectiva humorística y consigue, me temo, contar con la complicidad de parte del público, que acaba riendo las ocurrencias de los negros. Por último, hay un negro triunfador, director de cine, del que hablaré más adelante.

En cuanto a los blancos hay, en primer lugar, un matrimonio de clase alta. Hace su primera aparición como víctima de un robo por parte de los dos ladrones negros. El marido es fiscal jefe de la ciudad. Es un político cínico que busca el voto de los negros, y para ello no vacila en empapelar a un policía blanco que, en lo que parece un caso de legítima defensa, ha acabado con la vida de un traficante negro. Para hacer desaparecer pruebas que podrían conseguir la absolución del policía blanco, el fiscal corrompe al protagonista negro ofreciéndole eliminar los antecedentes penales de su hermano. En cuanto a la mujer, se trata de una pobre niña rica, despótica con el servicio, a la que el robo de su coche parece haber revelado (no se sabe por qué) la esencial falsedad de su modo de vida. Abrumada por esta reciente tensión existencial, se cae por las escaleras de su casa y permanece un buen rato sin ser auxiliada, ya que su mejor amiga se niega a posponer su sesión de masaje para acudir en su ayuda. Descubre de este modo que su única amiga real es la sirvienta, para asombro de ésta, y acaba abrazándola en una escena que produce vergüenza ajena al espectador, parece que a la chacha y posiblemente incluso al director, que pasa apresuradamente y de puntillas por ella.

Dentro del grupo de blancos, también destaca una pareja de policías. Uno de éstos, racista y matón, detiene y humilla a un conductor negro (el director de cine) haciéndole presenciar como somete a un cacheo a su mujer en el transcurso del cuál acaba insertándole un dedo en el culo. Ante esto, el otro policía, idealista y noble, exige a sus superiores que lo aparten de ese compañero brutal (o, al menos, que se lave el dedo) y acaba salvando al negro humillado cuando, al día siguiente, recobrado el orgullo, se enfrenta con otros dos policías.

¿Y el chino atropellado? Pues éste que, si bien ha conseguido escapar con vida de la ordalía, no ha conseguido evitar que, además, le roben la furgoneta, resulta ser un traficante de seres humanos.

¿Qué nos quiere contar, pues, la película? Desde luego, sería absurdo afirmar, por ejemplo, que el director quiere transmitir que los iraníes son unos energúmenos obtusos. Pero, en cambio, resulta indiscutible afirmar que el nivel de maldad que la película presenta es sorprendente y alarmante.

Pero ¿pretende esta película emitir juicios morales sobre sus personajes? En realidad, parece todo lo contrario. Veámoslos desde otro punto de vista. El negro ladrón 1 roba y atropella a un chino (mal), pero renuncia a lucrarse con los esclavos hallados en la furgoneta de este último y los libera (bien). El policía malo mete mano a una mujer para humillar a su marido negro y rico (mal) pero luego arriesga su vida para salvarla de un coche en llamas (bien). El policía bueno queda asqueado por la actuación del policía malo (bien), y luego salva al negro humillado (bien), pero mas tarde, inopinadamente, le pega un tiro a un autoestopista negro (el hermano del protagonista) cuando éste va a sacar del bolsillo una imagen de San Cristóbal (lo juro) (mal). La mujer rica es déspota y malcriada (mal), pero luego acaba recapacitando y abrazando a la muchacha (¿bien?) Más complicada es la redención que el director realiza del iraní. Es cierto que al final recobra la serenidad y la sonrisa, pero no porque se haya dado cuenta de lo atroz de sus actos sino porque, como es tonto, termina convencido de que la niña a la que ha disparado es en realidad un genio enviado para protegerlo.

Es evidente que con este esquema repetitivo el director intenta transmitirnos algo. ¿Qué puede ser? Si en “Crash” las mismas personas cometen actos muy buenos y muy malos sin solución de continuidad, quizás sea porque lo que genera la bondad o maldad es ajeno a ellas (dado que las propias personas no han variado). Quizás, por ello, lo determinante no sea la calidad de las personas sino las circunstancias en las que se ven inmersas. Tal vez, por tanto, el director ha querido transmitirnos esto: la ciudad ejerce una influencia inexorable sobre sus habitantes que hace que estos se vean obligados a representar distintos papeles según las circunstancias. Por ello, no se puede decir que haya buenos y malos, porque todos son títeres de la ciudad. Y si los personajes se ven obligados a representar papeles crueles es, en realidad, porque la ciudad es cruel. Esta visión del director sería, desde luego, gratuita, porque los sincopados sucesos que narra son escasamente representativos y no se puede hacer derivar de ellos leyes generales. Pero, además, sería desoladora, porque negaría la noción de responsabilidad y, con ella, la de libertad. No obstante, esta visión de una ciudad esclavizante es lo suficientemente vaga, etérea y un poco anti-sistema para que encaje en ciertas corrientes de opinión naïf detectables en nuestra sociedad. Además, contiene dos elementos gratos a estas corrientes: la negación de la relación causa-efecto y la promoción de la ética de las buenas intenciones y ninguna responsabilidad. Es normal, pues, que haya triunfado, a pesar de que sea bastante mala. Creo, no obstante, que el tiempo la tratará cruelmente.

jueves, 1 de febrero de 2007

LEY ORGANICA 6/2002, DE 27 DE JUNIO, DE PARTIDOS POLÍTICOS

Esta Ley fue aprobada con los votos favorables del PP y el PSOE, es decir, con un apoyo abrumador del Parlamento. Decía lo siguiente:

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS
(...) El objetivo (de la Ley) es garantizar el funcionamiento del sistema democrático y las libertades esenciales de los ciudadanos, impidiendo que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de bandas terroristas.
Especialmente si se tiene en cuenta que, por razón de la actividad del terrorismo, resulta indispensable identificar y diferenciar con toda nitidez aquellas organizaciones que defienden y promueven sus ideas y programas, cualesquiera que éstas sean, incluso aquellas que pretenden revisar el propio marco institucional, con un respeto escrupuloso de los métodos y principios democráticos, de aquellas otras que sustentan su acción política en la connivencia con la violencia, el terror, la discriminación, la exclusión y la violación de los derechos y de las libertades.

Artículo 9. Actividad.
2. Un partido político será declarado ilegal cuando su actividad vulnere los principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante alguna de las siguientes conductas, realizadas de forma reiterada y grave:
a) Vulnerar sistemáticamente las libertades y derechos fundamentales, promoviendo, justificando o exculpando los atentados contra la vida o la integridad de las personas, o la exclusión o persecución de personas por razón de su ideología, religión o creencias, nacionalidad, raza, sexo u orientación sexual.
b) Fomentar, propiciar o legitimar la violencia como método para la consecución de objetivos políticos o para hacer desaparecer las condiciones precisas para el ejercicio de la democracia, del pluralismo y de las libertades políticas.
c) Complementar y apoyar políticamente la acción de organizaciones terroristas para la consecución de sus fines de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública, tratando de someter a un clima de terror a los poderes públicos, a determinadas personas o grupos de la sociedad o a la población en general, o contribuir a multiplicar los efectos de la violencia terrorista y del miedo y la intimidación generada por la misma.
3. Se entenderá que en un partido político concurren las circunstancias del apartado anterior cuando se produzca la repetición o acumulación de alguna de las conductas siguientes:
a) Dar apoyo político expreso o tácito al terrorismo, legitimando las acciones terroristas para la consecución de fines políticos al margen de los cauces pacíficos y democráticos, o exculpando y minimizando su significado y la violación de derechos fundamentales que comporta.
b) Acompañar la acción de la violencia con programas y actuaciones que fomentan una cultura de enfrentamiento y confrontación civil ligada a la actividad de los terroristas, o que persiguen intimidar, hacer desistir, neutralizar o aislar socialmente a quienes se oponen a la misma, haciéndoles vivir cotidianamente en un ambiente de coacción, miedo, exclusión o privación básica de las libertades y, en particular, de la libertad para opinar y para participar libre y democráticamente en los asuntos públicos.
c) Incluir regularmente en sus órganos directivos o en sus listas electorales personas condenadas por delitos de terrorismo que no hayan rechazado públicamente los fines y los medios terroristas, o mantener un amplio número de sus afiliados doble militancia en organizaciones o entidades vinculadas a un grupo terrorista o violento, salvo que hayan adoptado medidas disciplinarias contra éstos conducentes a su expulsión.
d) Utilizar como instrumentos de la actividad del partido, conjuntamente con los propios o en sustitución de los mismos, símbolos, mensajes o elementos que representen o se identifiquen con el terrorismo o la violencia y con las conductas asociadas al mismo.
e) Ceder, en favor de los terroristas o de quienes colaboran con ellos, los derechos y prerrogativas que el ordenamiento, y concretamente la legislación electoral, conceden a los partidos políticos.
f) Colaborar habitualmente con entidades o grupos que actúan de forma sistemática de acuerdo con una organización terrorista o violenta, o que amparan o apoyan al terrorismo o a los terroristas.
g) Apoyar desde las instituciones en las que se gobierna, con medidas administrativas, económicas o de cualquier otro orden, a las entidades mencionadas en el párrafo anterior.
h) Promover, dar cobertura o participar en actividades que tengan por objeto recompensar, homenajear o distinguir las acciones terroristas o violentas o a quienes las cometen o colaboran con las mismas.
i) Dar cobertura a las acciones de desorden, intimidación o coacción social vinculadas al terrorismo o la violencia.
4. Para apreciar y valorar las actividades a que se refiere el presente artículo y la continuidad o repetición de las mismas a lo largo de la trayectoria de un partido político, aunque el mismo haya cambiado de denominación, se tendrán en cuenta las resoluciones, documentos y comunicados del partido, de sus órganos y de sus Grupos parlamentarios y municipales, el desarrollo de sus actos públicos y convocatorias ciudadanas, las manifestaciones, actuaciones y compromisos públicos de sus dirigentes y de los miembros de sus Grupos parlamentarios y municipales, las propuestas formuladas en el seno de las instituciones o al margen de las mismas, así como las actitudes significativamente repetidas de sus afiliados o candidatos.
Artículo 12. Efectos de la disolución judicial.
1. La disolución judicial de un partido político producirá los efectos previstos en las leyes y, en particular, los siguientes:
a) Tras la notificación de la sentencia en la que se acuerde la disolución, procederá el cese inmediato de toda la actividad del partido político disuelto. El incumplimiento de esta disposición dará lugar a responsabilidad, conforme a lo establecido en el Código Penal.
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Después de esto, el PSOE continuó su dramático cambio de rumbo, que ya había iniciado subrepticiamente mientras aprobaba esta ley. Luego, vino la tolerancia ante el PCTV, la reivindicación de Otegui y de Juana Chaos, la moderación del Fiscal General, etc.

Esta Ley pretendía negar rango de interlocutor político a lo que se solía denominar “brazo político” de una organización terrorista. Evitaba la trampa utilizada por los terroristas consistente en “compartimentalizar” sus actividades, separándolas en distintos departamentos: terrorista, político, financiero... La Ley venía a decir lo siguiente: una banda terrorista, o el departamento político de una banda terrorista, no pueden ser interlocutores políticos en una democracia.

Ayer Jose María Calleja, hoy Maruja Torres, muchos opinan que la querella interpuesta contra Ibarretxe por haberse reunido con Arnaldo Otegui, representante de una organización ilegal, carece de fundamento. Sin embargo, la actuación de Ibarretxe parece contradecir claramente el espíritu de la Ley de Partidos. Desgraciadamente, la política de Rodríguez Zapatero también.