jueves, 16 de octubre de 2014

LA MILENARIA TRADICIÓN ESCOCESA


En una época remota recorrieron las tierras altas de Escocia el caudillo Fingal y sus guerreros. Eran tiempos heroicos y trágicos, de batallas permanentes y amores desgraciados, y los personajes deambulaban entre la niebla de las highlands y de su propio destino. Su epopeya fue recogida por el bardo Ossian, hijo de Fingal, cuando ya era un anciano ciego. Los poemas de Ossian fueron rescatados por el escritor y poeta James Macpherson, que en 1760 publicó Fragmentos de poesía antigua recogidos en las highlands de Escocia, y traducidos del gaélico o lenguaje erse. Macpherson, según contaba, había reunido el material disperso a partir de diversas fuentes, que incluían la tradición oral de las highlands y la copia de ciertos manuscritos a los que había tenido acceso en sus interminables desplazamientos. Un par de años más tarde publicaría una nueva selección de poemas sobre Fingal, y finalmente en 1765 recopilaría todos los documentos en Las obras de Ossian. El propio Macpherson situó a Fingal en el siglo III, e identificó al personaje “Caracul” de los poemas con el emperador Caracalla. 


La importancia de la obra de Macpherson era enorme. La creencia general era que el gaélico hablado en las tierras altas de Escocia era una variedad del irlandés. Tenía su origen en la invasión de los escotos [1], un pueblo celta irlandés que en el siglo V había cruzado el mar desde el Ulster invadiendo Argyll y las islas intermedias. La cultura y tradiciones de los highlanders, se pensaba, no eran más que reflejos de la cultura y costumbres irlandesas. Pero el descubrimiento de Macpherson invertía por completo la secuencia. Al identificar a Fionn mac Cumhaill y al bardo Oisín, protagonistas del ciclo feniano de poesía irlandesa, con el rey Fingal y el bardo Ossian, demostraba que los personajes irlandeses se habían basado en los escoceses. En realidad la poesía irlandesa tenía un origen escocés, y el ciclo feniano no era más que una copia de los poemas de Ossian.

Entusiasmado con el descubrimiento, el reverendo John Macpherson [2] de la isla de Skye escribió una Disertación crítica en la que afirmaba la existencia de celtas hablantes de gaélico en las highlands del siglo III, y describía la literatura irlandesa como una mera imitación o apropiación de la escocesa. Para cerrar el círculo James Macpherson escribió una Introducción a la historia de Gran Bretaña e Irlanda en la que recogía todas las tesis del segundo Macpherson, que previamente se habían inspirado en las suyas.

Traducida a otros idiomas, la obra de James Macpherson fue recibida con entusiasmo. Para algunos Ossian era equivalente a Homero, y para otros aún mejor.  Las tierras altas escocesas comenzaron a ser vistas como un lugar poético y misterioso, y sus habitantes como los aguerridos portadores de una cultura ancestral, un cambio notable puesto que hasta este momento los highlanders eran casi unánimemente vistos por sus vecinos lowlanders como una pandilla de palurdos, vagos y maleantes.


Hay que descubrirse ante la desfachatez de los Macpherson, porque todo el asunto no era más que una gigantesca patraña. Ossian, Fingal y sus escoceses del siglo III eran burdas invenciones.

Racial y culturalmente el oeste de Escocia y las Hébridas habían sido, sencillamente, una colonia de Irlanda. De hecho habían estado políticamente unidas durante mucho tiempo: así había ocurrido desde que los escotos, tras la invasión, habían constituido el reino de Dalriada, que abarcaba el Ulster irlandés, las tierras altas escocesas y las islas entre ambos. La actual Escocia no constituyó una unidad política hasta el siglo IX, cuando el rey escoto Kenneth MacAlpin consiguió ser reconocido también por los pictos (estos sí, oriundos de Escocia) Pero incluso entonces, y a lo largo del resto de la Edad Media, los Señores Macdonald de las Islas habían gobernado un territorio a caballo sobre el norte de Irlanda y el oeste de Escocia (sometidos a la soberanía de los reyes de Escocia e Inglaterra). En el señorío de los Macdonald todos los bardos y arpistas (pues la tradición escocesa de la gaita también es una invención) provenían de Irlanda. Desaparecido el señorío de las islas, los Macdonald continuaron siendo poderosos en ambas orillas y se mantuvo la unidad cultural del territorio. Sin embargo poco a poco la cultura fue decayendo en las en las highlands, que se convirtieron en receptoras de los peores bardos irlandeses, de aquellos que no conseguían trabajo en Irlanda. En general las tierras altas escocesas se fueron empobreciendo, y se fue ampliando una brecha con sus vecinos, más civilizados, de las tierras bajas.
_______________


Dada la relación entre highlanders e irlandeses, sus habitantes vestían de forma similar. ¿De dónde salió el kilt? El caso es que ni siquiera Macpherson describía a sus imaginarios escoceses ataviados con esa prenda. Tampoco hacía referencia a que el diseño y color del tartán, el tejido del kilt, dependieran del clan al que su portador estuviera adscrito. El nombre “kilt” apareció por primera vez en 1726, y no hacía referencia a la actual falda con pliegues sino a una forma peculiar de llevar el manto: cubriendo la parte superior del cuerpo y ceñido en la cintura de manera que la parte inferior sirviera como falda. Esta forma de vestir de los highlanders era considerada primitiva e indecorosa ya que la parte inferior solía llevarse “tan corta que en un día de viento, subiendo una colina, o al agacharse, mostraba inmediatamente las indecencias”.


El ancestral kilt fue inventado en 1727 por Thomas Rawlinson, un cuáquero inglés de Lancashire. Rawlinson, que provenía de una familia de herreros, se había trasladado a Inverness para fundir material de hierro utilizando la abundante madera local como combustible. En seguida descubrió que, si bien el manto con cinturón era una vestimenta adecuada para triscar por los brezales, resultaba perturbador cuando su portador se subía a un árbol para talarlo, o se agachaba para recoger unas piedras para construir un horno. Siendo un hombre emprendedor se puso a manos a la obra: separó la falda del manto, la cosió de manera que quedara plisada, y alumbró así una tradición milenaria que rápidamente se puso de moda entre la población local.


En 1745, cuando los clanes levantaron su bandera en Glenfinnan a favor del pretendiente Carlos Estuardo, los highlanders llevaban mayoritariamente el kilt. El diseño y color de los cuadros no era relevante, porque aún no habían descubierto las centenarias diferencias de cada clan. Tras la derrota de Culloden el vestuario highlander fue proscrito, y en una generación las clases bajas lo sustituyeron sin mayores problemas por el pantalón. Sin embargo el kilt se popularizó entre los sectores más cultivados de la población, aquellos que jamás lo habían utilizado, que comenzaron a adoptarlo como un desafío (prudente, de momento sólo en sus casas). Mientras tanto el ejército británico comenzó a reclutar regimientos highlanders, y éstos, que no estaban incluidos en el ámbito de la prohibición sobre el vestuario, adoptaron también el kilt.

La cosa empezaba a ser imparable. En 1778 nació en Londres la Highland society, que se encargó de publicar el Ossian de Macpherson, de luchar contra la prohibición de la indumentaria Highland, y de revitalizar las tradiciones escocesas. Para ellos realizaban reuniones:

llevando la indumentaria que había sido tan aplaudida como vestido de los ancestros celtas (recientemente inventada por un cuáquero inglés) y (…) con el objetivo de conversar en esta lengua enfática (el gaélico irlandés), escuchar la música maravillosa (de la recién adoptada gaita), recitar la antigua poesía (inventada por los desenfadados Macpherson) y observar las típicas costumbres de su país” (los comentarios entre paréntesis son míos).

En 1805 el kilt se había afianzado tanto que sir Walter Scott, que había denunciado las falsedades históricas del Ossian, defendía que nadie podía dudar que los antiguos escoceses lo habían vestido, algo que ni siquiera los fabulosos Macpherson se habían animado a afirmar. Para el año 1822 se había programado una visita de Jorge V a Edimburgo, la primera de un monarca de la casa Hannover a Escocia. El propio Walter Scott fue nombrado maestro de ceremonias, y presionó a los jefes de los clanes para que acudieran correctamente vestidos a la usanza escocesa. Unos meses antes de la vista, cuando ésta ya se había anunciado, los fabricantes de tartán William Wilson & Son, de Bannockburn, decidieron crear un muestrario de diseños de tartán diferenciados para cada clan. A tal fin se aliaron con la Highland society, que certificó con entusiasmo la antigüedad de los diseños. A continuación, Willian Wilson & Son envío muestras a los jefes de los clanes.


La acción conjunta de Walter Scott y los fabricantes de tartán consiguió la proeza de convertir Edimburgo en un circo. Hay que decir que no todos los escoceses estuvieron de acuerdo. El propio hijo de Scott se asombró ante el hecho de que los escoceses se identificaran con las tribus celtas que “siempre habían constituido una parte de la población escocesa muy pequeña y casi siempre sin importancia”. Y Lord Macaulay, aunque no cuestionaba la autenticidad del kilt, protestó ante la profusión de “enaguas a rayas” y ante el hecho de que se considerase que “no podía dar una mejor prueba de respeto hacia las costumbres que habían predominado en Escocia antes de la Unión que disfrazarse delo que, antes de la Unión, era considerado por nueve de cada diez escoceses el vestido de un ladrón”. Pero la acción conjunta del sentimiento y el comercio resultó ser imparable, y es previsible que el kilt se extienda hacia el futuro con tanto éxito como lo ha hecho hacia el pasado.



[1] El nombre no debe inducir a error. Los escotos eran un pueblo celta irlandés que invadió el oeste de Escocia y acabaría dando el nombre a todo el país.
[2] Los Macpherson no estaban emparentados entre sí, pero se hicieron grandes amigos.

Imágenes: 1) Ossian, por François Gerard; 2) James Macpherson; 3) Guerreros escoceses provistos de kilts retroactivos; 4) “La delgada línea roja”. A pesar de la falda, miembros del regimiento Argyll and Sutherland Highlanders resisten una carga de la caballería rusa, numéricamente muy superior, en Balaclava, un episodio que contribuyó a la reforzar la fama militar de los highlanders; 5) El folklore escocés en la actualidad.

* Todo esto puede encontrarse en La tradición de las highlands en Escocia, de Hugh Trevor-Roper.