viernes, 10 de septiembre de 2010

VILFREDO PARETO: LOS RESIDUOS Y LAS DERIVACIONES

"Para empezar, debemos hacer constar que la mayor parte de las acciones humanas tienen su origen, no en el razonamiento lógico, sino en el sentimiento. (…) No obstante al hombre, impelido a actuar por motivos no-lógicos, le gusta relacionar lógicamente sus actos con ciertos principios; de este modo inventa estos a posteriori para justificar sus acciones. Así sucede que una acción A, que en realidad es el efecto de la causa B, es presentada por su autor como el efecto de una muy frecuentemente imaginaria causa C. El hombre que engaña a sí a sus iguales comienza engañándose a sí mismo, y firmemente cree en su propio argumento.
Vilfredo Pareto. El ascenso y caída de las élites.

"En el lenguaje de Pareto, los residuos son los sentimientos o las expresiones de los sentimientos inscritos en la naturaleza humana, y las derivaciones son los sistemas intelectuales de justificación mediante los cuales los individuos enmascaran sus pasiones o confieren apariencia de racionalidad a proposiciones o a formas de conducta que no la tienen.
Raymond Aron. Las etapas del pensamiento sociológico.

Así pues Pareto defiende que tendemos a ocultar nuestras motivaciones emocionales detrás de formulaciones lógicas construidas a posteriori, y que este enmascaramiento suele engañar tanto a su autor como a los espectadores. Pareto presenta el siguiente esquema, en el que A representa el estado emocional del individuo, B sus acciones y C las razones invocadas para éstas, que pueden tomar el aspecto de una teoría o una ideología. Dice Pareto: ”La tendencia muy marcada que tienen los hombres a tomar las acciones no-lógicas por acciones lógicas los lleva a creer que B es un efecto de la ‘causa’ C. De este modo se establece una relación directa CB en lugar de la relación indirecta que resulta de las dos relaciones AB, AC”.


Puesto que son los sentimientos (A) los que determinan nuestra conducta (B), las refutaciones lógicas de la cobertura ideológica (C) tienen escasa utilidad. Es ésta una aparente paradoja con la que, supongo, todos nos hemos enfrentado en algún momento, al ver como personas inteligentes soportan ver demolida argumentalmente su ideología sin que esto les haga variar un ápice su posición. Para modificar los comportamientos hay que actuar sobre los sentimientos. Sólo a largo plazo las discusiones en las ideologías pueden influir en ellos. Por eso, como dice Aron, “para actuar sobre los hombres los razonamientos necesitan transformarse en sentimientos”. El propio Pareto revela algunos mecanismos dialécticos para influir en el comportamiento de los hombres:

Aunque no tenga el más mínimo valor lógico-experimental, la repetición vale más y es mejor que la más rigurosa demostración lógico experimental. La repetición actúa especialmente sobre los sentimientos y modifica los residuos. La demostración lógico experimental actúa sobre la razón; en el mejor de los casos, puede modificar las derivaciones, pero tiene escasa influencia sobre los sentimientos.

Los residuos son manifestaciones de nuestro sustrato instintivo y emocional. A partir de la observación y los datos históricos Pareto realiza una exhaustiva clasificación en cinco clases. Sin embargo, para el propio Pareto las más importantes son la primera y la segunda:

- La primera clase de residuos es “el instinto de las combinaciones”. Refleja la tendencia a establecer relaciones entre las cosas, a realizar desarrollos lógicos, a razonar. Las sociedades más brillantes de la historia son aquellas en las que, según Pareto, han predominado los residuos de la primera clase, como la Atenas de Pericles.

- La segunda clase es “la persistencia de los conglomerados”, y es en cierto modo la otra cara de la moneda de la anterior. Si el instinto de las combinaciones impulsa a las sociedades hacia el cambio y la renovación, la persistencia de los conglomerados refleja la tendencia a conservar las instituciones ya formadas y a rechazar los cambios. Como resume Aron de estos residuos “uno incita a construir edificios intelectuales y otro a estabilizar las combinaciones”. En la esfera de los residuos de segunda clase Pareto incluye las costumbres, creencias, y religiones. Y, siguiendo el ejemplo anterior, si la Atenas de Pericles estaba saturada de residuos de la primera clase, Esparta predominaban más bien los de segunda.

Los residuos de primera clase favorecen el progreso (o, al menos, el movimiento), el individualismo, la sofisticación y, quizás, la decadencia de las sociedades. Por el contrario, los de segunda están más relacionados con el tribalismo. Por eso la cuarta clase, “los residuos en relación con la sociabilidad” (que es importantísima) podría ser subsumida en la segunda.

Según Pareto, si bien los residuos son relativamente estables (básicamente similares en una persona del s.X y en otra del s.XX), se producen oscilaciones o ciclos en los que varía el peso relativo de los residuos de una u otra clase en la sociedad. De este modo, los residuos de primera y segunda clase funcionan como un par de fuerzas que determina los movimientos de la sociedad (el otro motor de la sociedad, del que escribiré más adelante, es la circulación de las élites)

En cuanto a las derivaciones, de la gran y vistosa variedad de argumentos con que los hombres pueden justificar sus actos Pareto se limita a establecer cuatro categorías, que recogen aquellas argumentaciones que suelen ser más convincentes, tanto para el que las emite como para el que las recibe:

1. Las simples afirmaciones.
2. Los argumentos de autoridad.
3. La apelación a entidades sobrenaturales o a principios abstractos (la igualdad, la democracia…)
4. Las acrobacias verbales.

En “El ascenso y caída de las élites”, un breve ensayo escrito antes del “Tratado de sociología general”, Pareto, al hablar de los ciclos con los que los residuos se presentan en la sociedad, dice que hay momentos de la historia en que es detectable un fuerte incremento del sentimiento religioso. Uno de ellos coincide con la expansión del cristianismo en el imperio romano. Otro con la expansión del socialismo (incluyendo ls distintas marcas del marxismo). Tanto el cristianismo como el socialismo son, para Pareto, meras derivaciones, expresiones ambas de un sentimiento religioso predominante. Pero el enorme éxito de la derivación “socialismo” proviene de tener, además, una convincente apariencia científica. La Ilustración no significó tanto el triunfo de la razón como el triunfo del prestigio de la razón, y desde entonces toda derivación necesita tener una buena apariencia de racionalidad. Podría decirse que esa necesidad de apariencia de razón se ha incorporado ya a los residuos.

En cualquier caso, si aceptamos que detrás de la aceptación del socialismo hay una emoción religiosa nos encontraremos con unas cuantas ironías. Para empezar, cuando contemplamos la pretendida (y efectivamente virulenta) laicidad de sus adeptos. Para continuar, la constatación de que la progresía está aquejada de residuos conservadores, pues no olvidemos que las emociones religiosas se integran en los residuos de segunda categoría. Lo dejo aquí.

10 comentarios:

benjamingrullo dijo...

“…la mayor parte de las acciones humanas tienen su origen, no en el razonamiento lógico, sino en el sentimiento.”
Vale, pero estamos otra vez en lo mismo. Qué sentimiento, qué es cómo se crea, cómo funciona. La afirmación me parece demasiado generalista e imprecisa. Por eso me gustó tanto el libro de Cialdini, porque entra a clasificar y a desentrañar las irracionalidades.

*Casualidad, hoy mismo he estado haciendo búsquedas en Google sobre Pareto. Acabo de terminar el estudio “Sobre la violencia” de Hanna Arendt y Pareto era uno de los nombres que repetía una y otra vez. Los otros dos eran Fanon y Sorel. (La introducción de Sartre al libro de Fanon – Los condenados de la tierra es tan imprescindible como siniestra. Ya te la mandaré, si es que no te la he mandado ya)

navarth dijo...

Pero si precisamente Pareto se dedica a hacer una clasificación exhaustiva de los residuos en clases y subclases:

Clase 1) El instinto de las combinaciones.
1-1) Instinto de las combinaciones en general.
1-2) Instinto de las combinaciones de las cosas semejantes o contrarias.
1-3) El poder misterioso de ciertas cosas o ciertos actos.
1-4) Necesidad de unir los residuos.
1-5) Necesidad de desarrollos lógicos.
1-6) Fe en la eficacia de las combinaciones.

Clase 2) La persistencia de los conglomerados.

Clase 3) La necesidad de manifestar sentimientos mediante actos externos.

Clase 4) Residuos en relación con la sociabilidad.
4-1) Sociedades particulares.
4-2) Necesidad de uniformidad.
4-3) Fenómenos de compasión y crueldad.
4-4) Tendencia a imponerse uno mismo un mal por el bien de otro.
4-5) Sentimientos vinculados con la jerarquía.
4-6) Fenómenos relacionados con el ascetismo.

Clase 5) Integridad del individuo y sus dependencias.

Clase 6) Residuos sexuales.

No he leído el Tratado de Sociología General (aunque acabaré haciéndolo), pero en él Pareto proporciona numerosos ejemplos de cada clase de residuo.

p.d. Por favor, mándame esa introducción de Sartre.

benjamingrullo dijo...

Es cierto. He metido la pata y he saltado con un argumento hecho aplicándolo mal. Todo porque no he entendido la clasificación de Pareto, ni su vocabulario. Mi vanidad se ha enfadado y me ha hecho ser injusto. Peor, tonto.

navarth dijo...

Sí, la nomenclatura de Pareto es incomprensible, y Aron no proporciona ejemplos de las distintas clases, así que habrá que acabar comprando el original.

p.d. Gracias por lo Frantz Fanon. Ahora voy a leerlo.

benjamingrullo dijo...

1

Ya he terminado el libro Ordinary Men. El mejor capítulo es Ordinary Men, el último. Pero tampoco estoy de acuerdo con sus conclusiones. No me gusta la idea de conformidad, ni la de presión de grupo, porque indican cierta reflexión y algo peyorativo, un comportamiento mezquino, viciado, como si de alguna manera se hubiera producido una reflexión y una elección. El resultado es que todos quedan como miserables. Yo creo que la explicación de ciertos comportamientos es mucho más sencilla, se trata sólo de mimetismo, imitación instintiva, un piloto automático inconsciente que todos tenemos bien arraigado en nuestro sistema de navegación social y de supervivencia y al que, paradójicamente, no prestamos atención. Y no le prestamos atención porque seguimos pensándonos a nosotros mismos según el modelo de hombre creado por la ilustración.

Me explico, los comportamientos espontáneos, la forma de ser de los hombres y sus formas de relacionarse se crearon durante la fase más larga de su existencia, su vida en pequeños grupos de cazadores donde todos se conocían. No han existido nunca manadas de hombres. Por eso, tal vez, las personas sólo seamos biológicamente capaces de mantener relaciones auténticas con un número bastante pequeño de personas. La familia y poco más. Pero en la sociedad actual el hombre se ve constantemente obligado a relacionarse con montones de gentes a las que no conoce y en situaciones en las que hay muchedumbres anónimas que no le gustan. Para abordar estas situaciones desarrolla una serie de protocolos, un guión para cada situación, unos saludos, unas frases hechas… al hombre le encanta la repetición, así mecaniza la situación y la afronta con seguridad y certidumbre. (Por supuesto, lo que detectamos como mayoritario es una parte fundamental de nuestro sistema de navegación mimético, pero es conformidad instintiva. Mimetismo, automatismo… me parecen palabras más precisas) Este mimetismo abstracto del hombre es completamente antinatural, contrario a su forma de ser. Y éste es el problema, que la forma de ser del hombre y las exigencias de las sociedades más complicadas que el pequeño clan de cazadores se contradicen.

benjamingrullo dijo...

2

Unos 200 transeúntes vieron como una cuadrilla acuchillaba a una niña no la ayudaron. Los judíos fueron pasivamente a las cámaras de gas. 500 hombres de dispararon a sus víctimas. ¿Somos realmente así los seres humanos?

No, por supuesto que no. Sería descorazonador compartir humanidad con gente capaz de pensar así. No podemos tener una concepción así de nosotros mismos. El hombre es mucho mejor que todo eso, aunque no lo sepamos. Y los miles de judíos presentes en esa angustiosa situación no son unos cobardes. Ni mucho menos. Incluso los miembros del batallón 101 no son unos asesinos aunque de hecho asesinaran.

Dependiendo de las circunstancias, una misma persona es capaz de actuaciones heroicas o cobardes, morales o inmorales. Lo que hay que saber es por qué unas veces actúa de una manera y otras de otra.

La estadística demuestra que a cuanta más gente apeles en una situación de peligro menos posibilidades tienes de ser ayudado. ¿Por qué?

benjamingrullo dijo...

3

Somos, soy, 95% imitación, mimetismo y 5% pensamiento propio y personalidad. El libre albedrío es una quimera y el hombre ilustrado capaz de dirigirse a sí mismo es más una aspiración que una realidad.

En cualquier proceso de toma de decisiones, en una situación de duda, de urgencia, la acción que realizan los que tenemos alrededor va a condicionar nuestra respuesta. Las personas tendemos a ver un comportamiento como correcto cuando vemos que hay mucha gente comportándose igual.

En la situación de peligro del judío, sin tiempo para la reflexión, optó por hacer lo que hacían los demás. Nada más. Sus mecanismos instintivos funcionaron de esa manera, paralizándolo. El piloto automático de la imitación al que acudimos en situaciones de urgencia que no comprendemos se estropea cuando hay demasiada gente a la que imitar.

Los nazis sabían que la mejor forma de llevar a las ovejas al matadero era en rebaño y que cuanto más masivo más pacífico. Porque las iniciativas de unos eran anuladas por las de otros. La individualidad se ahogaba en una colectividad pasiva y manipulable. Los vaqueros saben que cuanto mayor es la manada menor es la posibilidad de estampida.

benjamingrullo dijo...

4

En el proceso de examinar las reacciones de otras gentes a la hora de tomar decisiones para resolver la incertidumbre nos olvidamos de algo que ocurre muy a menudo. Los demás a los que nosotros estudiamos para copiar sus reacciones, también nos están mirando a nosotros. Buscando también evidencias en nosotros que les digan qué tienen que hacer. Y en estos momentos de situación ambigua y peligrosa en los que la tendencia de todos es mirar lo que hacen los demás puede llevar a un fenómeno fascinante conocido como Pasividad Colectiva. Y esta Pasividad Colectiva que es mayor cuanto mayor es el grupo explica muy bien todas esa noticias que llenan los periódicos y ante las que nos indignamos y avergonzamos a la vez, algo en lo que la sociedad esta fallando: la incapacidad de grupos enteros de paseantes de ayudar a victimas agonizantes necesitadas de ayuda. Y siempre nos preguntamos qué es lo que ocurrió. Cuando analizamos todo desde un punto de vista racional, dando por el hecho que el hombre es un ser racional, nos contestamos falsamente que la gente es pasota. Eso es falso. Menos mal. Esto es tranquilizador porque nos enseña que no estamos rodeados de gente indiferente, sino de personas con reacciones lentas.
Esto es lo que le ha ocurrido al judío de la “anécdota”, nada más. No es un cobarde. Su mecanismo de toma de decisiones instintiva ha actuado contra él. Su cerebro ha recibido órdenes contradictorias y su cuerpo se ha paralizado. Como un crash del ordenador.
El hombre actuó tal y como actuamos todos en una situación. Y esto no nos convierte en monstruos sino en prisioneros de nuestros propios mecanismos de toma de decisiones instintivas.

Se ha estudiado mucho la pasividad judía en los campos de concentración. Se ha llegado a decir que era algo congenito a su raza. Así se aprovechaba la muerte del judio para insultar al vivo. Pero todo es mucho más sencillo a la luz de nuevos conocimientos sobre nosotros mismos.

benjamingrullo dijo...

5

Esa pasividad es la misma que hace que grupos enormes de ballenas queden baradas en las playas. De la misma manera que una estampida de lemmings cegatos puede ir directa a un precipicio.
Que sepas, si alguna vez has estado en esta situación, que si estuviste pasiva no fue por cobardía, sino que confluyeron en ti las dos formas de actuar del ser humano contradiciendo la una a la otra e impidiendo la voluntad moral. No hay que culparse por ello, porque entonces somos automanipulables, hay que poner los medios para que la próxima vez podamos apelar y reaccionar más humanamente.
(Es muy gracioso cuando entra un grupo de personas a un bar, cómo se miran los unos a los otros para saber dónde tienen que ir, o simplemente cuando caminan, y giramos la cabeza instintivamente para acompasarnos con el resto, y como nadie quiere quedarse atrás, hasta se agrupan un poco más, porque todos buscan el cobijo de los demás. Todos. El mundo es tremendamente tímido.)

Para romper está situación los conductistas han descubierto que en situaciones de peligro entre masas de gente lo mejor es apelar a una sola persona o dos y no a la totalidad en su conjunto. Alguien que lidere al resto, y para sorpresa de todos, cualquiera puede ser capaz de comportarse como un héroe y activar los mecanismos de solidaridad, o los miméticos, de un grupo humano.

navarth dijo...

Hum, tengo que reflexionar sobre todo esto y te contesto.