jueves, 4 de noviembre de 2010

SOBRE EL TEA PARTY

Dos versiones en Herrera:

Nicolás redondo se ha referido al magnífico artículo de Vargas Llosa, ha dicho que dentro del Tea Party, entre una serie de bufones que la prensa se empeña en destacar, hay una idea de gran importancia, que es el temor del individuo ante la amenaza que supone el crecimiento desmesurado del Estado. Redondo se ha remontado a Tocqueville y ha recordado que en Estados Unidos, por la forma en que nació, la libertad del individuo es un valor capital de la sociedad.

El enfoque de Ónega ha sido, quizás, menos sofisticado. Ha dicho que en la derecha española todos guardan algo del Tea Party “en el armario”. No ha definido, pues, en que consiste el movimiento, pero ha dejado claro que se trata de algo vergonzoso. A continuación, para que no quedaran dudas, ha pasado a enumerar a los que lo integrarían en España: Intereconomía, Federico Jiménez Losantos, Esperanza Aguirre (que, según Ónega, proporcionaría la faceta populista), el alcalde de Valladolid, Mayor Oreja y Vidal Cuadras. Es extraño que se haya olvidado de Sánchez-Dragó.
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Y la tercera, de Camacho.

Denuncia Camacho a los que ponen palos en las ruedas a Rajoy en su proyecto de que el PP sea un all catch party, es decir, un partido de amplio espectro. Para ganar las elecciones, Camacho reclama un partido simpático que no despierte los recelos de la izquierda, y en esto coincide con los que aconsejaron a Rajoy que cambiara el rumbo tras perder las elecciones de 2008. Para Camacho sí hay un embrión de Tea Party en España, que puede perturbar el triunfo del “moderantismo” de Rajoy. Se compone de tres variedades mitológicas: 1) el “integrismo católico”, 2) el “fundamentalismo economicista” (que además es “alborotado”), y 3) aquellos que mantienen “una interpretación cerrada y ultramontana del hecho nacional”.

Obviamente la posibilidad de cubrir un mayor espacio político (léase: un mayor caladero de votos) es directamente proporcional a la ambigüedad del mensaje, y, por tanto, inversamente proporcional a la firmeza de las convicciones. Desde esta perspectiva no es raro que a Rajoy le molesten los que exigen claridad en sus posiciones. Más sorprendente es que también le molesten a Camacho. En cualquier caso, Camacho deja pocas alternativas: o asumir el “moderantismo” (es decir, el esqueleto gelatinoso) o ser reos de extremismo.

7 comentarios:

Laslo a Sotavento dijo...

Buenas noches amigo mio,¿me podría V.D. aclarar este galimatías?.

Según tengo entendido el Tea Party, es un partido de ideología libertaria en sus comienzos.


Un abrazo.

Horrach dijo...

La imagen que uno se hace de sí mismo pueden tener la contraprestación de impedir en ocasiones que circulen las neuronas, y me parece que Camacho, que suele ser un columnista muy apreciable, ha incurrido a ese tic. Lo de Ónega es distinto, porque no hay desnivel en su caso: todo él es una mediocridad espesa, sin músculo ni neurona. Pero ambos parecen sentirse muy satisfechos de pertenecer supuestamente a la 'derecha civilizada', aunque el precio para mantener esa posición a veces les lleva a exagerar sus ataques a la también supuesta 'caverna' de Padrojotas y Losantos. Por eso el ascenso político y sobre todo mediático del Tea Party les viene de perlas para escenificar su candidatura al sector bueno de la derecha.

abrazos

navarth dijo...

Horrach, a mi también me gusta mucho Camacho, por eso me llamó la atención su artículo. Creo que actualmente existe una extraña etiqueta social según la cual mantener posiciones firmes en política equivale a extremismo. Es como si se considerase de mal gusto acalorarse por defender una postura, aunque ésta sea irreprochable, y se considerase más elegante mantener una especie de distanciamiento y no sudar. Creo que ese es el tic en el que Camacho ha incurrido. Un abrazo.

navarth dijo...

Querido Laslo, lo primero que oí del Tea Party me hizo imaginar una especie de congregación amish. Luego me enteré de dónde venía el nombre (de los bostonianos disfrazados de indios mohicanos asaltando los barcos de la Compañía de las Indias Orientales, y eso). Y luego leí el artículo, buenísimo, de Vargas Llosa (el link está en la entrada). Lo que me hizo cobrarle mucho más respeto al movimiento. En todo caso, como ve, mi conocimiento del asunto es muy limitado. Pero lo que me interesa es constatar cómo los adalides del progreso se han lanzado en tromba para, convirtiendo al Tea Party en una condensación de todos los demonios de la derecha, lanzárselo a la cabeza al PP. Lo habitual. Abrazos.

BenGunn dijo...

Estimado NAVARTH, yo creo que no he leído un solo artículo en Pravda (con la excepción del de Vargas Llosa, claro) en el que no se recalcase el carácter "racista" del Tea Party. Nuestros progresistas, y los de allende el Atlántico, se han aplicado con mucho celo a caricaturizar el movimiento como algo a medio camino entre una extravagancia folclórica y un revival del Ku Klux Klan.

He entrado sobre todo para enlazarle este artículo de un tal Angelo M. Codevila, que formula argumentos muy similares a los de Vargas Llosa. Aunque no menciona directamente al Tea Party, sí habla del extendido rechazo entre los americanos a una partitocracia cada vez más oligárquica y arbitraria, que está destruyendo las libertades cívicas tradicionales. Es un texto largo, de tono pesimista, incluso lúgubre. Creo que le interesará.

Codevila menciona de pasada a Barry Goldwater como uno de los políticos de principios que intentó oponerse al creciente autoritarismo del gobierno americano. Goldwater fue candidato republicano a la presidencia las elecciones del 64, frente a Lyndon Johnson, que ganó de manera aplastante. Pese a su fracaso en las urnas, Goldwater dejó una huella profunda en el conservadurismo estadounidense. Hoy, historiadores de derechas e izquierdas coinciden en que la revolución reaganiana hubiese sido imposible sin su influencia. Es un político poco conocido en Europa (creo) y que me inspira curiosidad. He visto que en Amazon hay varios libros consagrados a su figura, incluida una autobiografía titulada With No Apologies. Alguno caerá, aún no he decidido cuál. Si averiguo algo interesante, ya se lo contaré.

Respecto a Camacho, la forma en que nuestros políticos e intelectuales de derechas mendigan aprobados en democracia otorgados por la izquierda (porque de esto se trata) es verdaderamente penosa.

BenGunn dijo...

He escrito (dos veces) Codevila y es Codevilla. Disculpas.

Horrach dijo...

Navarth, de acuerdo con usted a medias: la fobia por los principios firmes como sinónimo de extremismo creo que va por barrios, fruto del sectarismo que se defiende tan bien en este país. Porque si esa asociación automática con el extremismo se hace con individuos que profesen principios vinculados, por ejemplo, al catolicismo, el neoliberalismo o el centralismo, muchas veces no sucede lo mismo con otros principios fijos relacionados de alguna con los anteriormente citados, como el islamismo, el anticapitalismo y el separatismo.

En fin, lo mismo que ha sucedido estos días con lo de Dragó.