En su libro “Los usos del pesimismo”, Scruton nos previene frente al “optimista sin escrúpulos”. ¿Y quién es? En mi opinión, éste. Es aquél que piensa que, por naturaleza, el hombre es bueno, y el mundo un lugar feliz. No es consciente del frágil armazón, construido laboriosamente a lo largo del tiempo, sobre el que nuestra sociedad prospera. En realidad, cuando compara la realidad con el paraíso que, en su opinión, debería encontrarse ahí, encuentra el resultado decepcionante, e inmediatamente se pone a buscar a los culpables. Y no nos engañemos: nuestro optimista odia con bastante intensidad. El suyo es un relato de buenos y malos, en el que él ocupa el lado bueno, el de los elegidos. Esto, de paso, satisface sus necesidades de trascendencia, y su relato sirve como sustitutivo de la religión. Como está convencido de que sólo unas instituciones injustas impiden el restablecimiento del paraíso en la tierra, nuestro optimista es francamente destructivo. No tiene el menor inconveniente e...
* Todo parece indicar que Navarth es Fernando Navarro, former MP de Ciudadanos por Baleares en la XI y XII Legislatura