miércoles, 12 de septiembre de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (14): LA SOCIEDAD DESMORONADA


El 24 de enero de 1878 una joven pulcramente vestida acude a la multitudinaria audiencia semanal del general Trepov, jefe de la policía de San Petersburgo, que reúne a los vecinos de la ciudad con las más diversas peticiones. Tras esperar pacientemente su turno, la joven se sienta frente a la mesa de Trepov, abre su bolso, extrae un revolver, y lo descarga sobre el pecho del general. Después, ajena al revuelo que se ha formado, deja que la detengan sin oponer resistencia y afirma: ha sido en venganza por Bogolyubov.

La joven es Vera Zasulich, activista populista de los círculos de Tkachev. El Ministro de Justicia solicita al zar que sea juzgada en lugar de por una comisión del Senado (lo habitual en los juicios políticos) por un tribunal ordinario. El juicio comienza de manera peculiar: el fiscal parece excusarse por acusar a Vera Zasulich y no a Trepov, y califica el atentado como una “loable protesta de la dignidad humana herida”. El jurado debe emitir un veredicto sobre la siguiente pregunta: ¿es culpable Vera Zasulich de haber disparado contra Trepov con intención de matarlo? El sorprendente veredicto es: no.

¿Cómo se ha llegado a este disparate?
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Los registros de la policía zarista recogen un total de 1611 detenidos por actividades subversivas entre 1873 y 1877. Esta lista se refiere a detenidos de larga estancia, y no incluye a los que han sido liberados a las pocas horas o días. De éstos, 557 son liberados en el transcurso de los siguientes meses a la detención, y los restantes se dividen en “criminales” y “especialmente criminales”. Entre los “especialmente criminales”, la mayoría tiene una edad inferior a 21 años, mientras que entre los “criminales” el 70% tiene menos de 25 años. La mayoría de ellos pertenecen a la nobleza; el siguiente grupo lo integran los hijos de altos cargos de la administración y de clérigos. Sólo nueve son realmente campesinos.


El caso es que tras las peregrinaciones narodniki de 1873 y 1874 el Zar y sus ministros comienzan a pensar, con razón, que están perdiendo la batalla de la opinión pública. La extrema juventud de los peregrinos, y la simpleza irresistible de sus planteamientos, han hecho que muchos hayan visto con cierta simpatía sus andanzas. En un Consejo de Ministros de 1875 se expone lo siguiente:

Una de las principales razones de la grave indiferencia con la que bienintencionados elementos de la sociedad acogen la ampliamente difundida propaganda de principios subversivos (...) se encuentra en la ignorancia que predomina, no sólo en amplios sectores del público, sino entre altos funcionarios de la administración gubernamental -incluyendo la mayoría del Consejo de Ministros- en lo referente al alcance de dicha propaganda (...) Ellos mismos (los revolucionarios) afirman que torrentes, ríos, una inundación de sangre es necesaria para conseguir sus fines. El Consejo está convencido de que estos desvaríos delirantes de una mente fanática no pueden encontrar ningún soporte. Pero para que la opinión pública rompa con los que mantienen estas doctrinas, sus principios no deben permanecer ocultos por más tiempo”.

Se decide que los procesos a los narodniki reciban la máxima difusión, y sirvan para poner de manifiesto el peligroso radicalismo que subyace bajo sus propuestas aparentemente inocentes. El más importante de ellos será conocido como el "juicio de los ciento noventa y tres". Pero lo cierto es que el régimen zarista no ha sabido responder al creciente desafío populista, y ha entrado en una espiral represiva que le ha enajenado las simpatías incluso de sectores de la población nada receptivos a los proyectos revolucionarios. Por si esto fuera poco, la administración zarista es contemplada como un torpe dinosaurio burocrático, incapaz de un funcionamiento mínimamente eficiente y mucho menos de emprender las tareas necesarias de modernización del país. La masa descontenta crece, y es un animal mimético a cuyo paso la gente se apresura a adherirse.


En 1875 Bosnia y Herzegovina se rebelan contra la dominación turca, y Bulgaria aprovecha para hacer lo propio. La revuelta búlgara es ahogada en sangre por los funestos bashi-bazouk, las tropas irregulares turcas. La contienda puede ser presentada por el gobierno ruso como una agresión a los hermanos eslavos, y la tentación de canalizar el descontento hacia un enemigo exterior, y lograr así una unanimidad interna, es irresistible. En 1877 Rusia entra en guerra con Turquía. Sin embargo, el rendimiento del ejército ruso no es memorable, las bajas se multiplican, y el descontento contra la administración crece. Para cuando llegue el momento de juzgar a los narodniki la sociedad rusa estará en estado de alta crispación contra el gobierno.

Mientras tanto los populistas no han permanecido inactivos. En 1875 Mark Andreyevich Natanson, el creador del círculo de Chaikovsky, ha vuelto a reunir en San Petersburgo a algunos de sus miembros dispersos que pasan a denominarse “los trogloditas”. Agrupan en sí a las tres corrientes populistas más fuertes del momento: los seguidores de Bakunin, los partidarios del jacobino Tkachev, y los de Piotr Lavrov, que cree que la tarea fundamental es despertar al pueblo por medio de la propaganda. En 1876 los trogloditas adoptan el nombre más fino de “Grupo Revolucionario-Populista del Norte”, y más adelante cambian al definitivo Zemlya i Volya (“Tierra y Libertad”). Será el segundo y más famoso grupo populista en llevar esta denominación; su orientación mayoritaria, a pesar de la convivencia de distintas tendencias, será decididamente terrorista. El 6 de diciembre de 1876 organizan lo que se considera la primera manifestación masiva en Rusia: una concentración frente a la catedral de Nuestra Señora de Kazan en San Petersburgo.


En julio de 1877 el general Trepov llega al Centro de Detención Preventiva de San Petersburgo, donde muchos narodniki se encuentran recluidos en espera de juicio. Al pasar delante de los prisioneros, Trepov observa que uno de ellos, un estudiante llamado Bogolyubov, no se ha quitado la gorra, lo que interpreta como una falta de respeto. Trepov reacciona violentamente; intenta golpear a Bogolyubov y, a continuación, ordena que sea públicamente azotado. Bogolyubov queda muy malparado.

En octubre de 1877, ante una sección especial del Senado, comienza el “juicio de los ciento noventa y tres”, que se prolongará hasta enero del siguiente año. Uno de los acusados, un tal Myshkin, realiza un alegato inicial:

Puedo decir que esto no es un tribunal, sino una comedia sin sentido; o algo peor, algo más repulsivo, más vergonzoso que un burdel. Allí las mujeres venden su cuerpo por necesidad. Aquí los senadores comercian con la vida de otros, con la verdad y la justicia; comercian, de hecho, con todo lo que es más apreciado por la humanidad, y lo hacen por cobardía, bajeza, oportunismo, y por percibir salarios elevados.

La declaración despierta entusiasmo entre los presentes y es ampliamente difundida, y que una soflama tan escasamente sofisticada reciba tanta notoriedad es un síntoma del ambiente poco favorable al gobierno en el que se mueve el proceso. Los propios senadores parecen estar poco tranquilos con él, y las sentencias finales son leves: cinco de los acusados son condenados a diez años de prisión; diez a nueve años; tres a cinco años; cuarenta a destierro; la mayoría queda en libertad. Esto último pone de manifiesto, además, que la mayoría de los acusados han estado detenidos provisionalmente, sin motivo, durante tres o cuatro años. El día siguiente a la finalización del juicio Vera Zasulich intenta asesinar a Trepov.


Zemlya i Volya extrae inmediatas conclusiones de la absolución de Zasulich. “La sociedad de San Petersburgo ha hablado el lenguaje de la humanidad” afirma Georgi Plejanov, y ante el apocamiento de la sociedad el grupo empieza a trasladar el asesinato a la práctica. Entre enero y agosto de 1978 produce una oleada de atentados contra policías y altos funcionarios que culmina el 4 de agosto cuando el general Mezentsov, jefe de la Tercera Sección, es apuñalado hasta la muerte en una céntrica calle de San Petersburgo. En un panfleto titulado “Una muerte por otra” Zemlya i Volya justifica el asesinato como la respuesta al fusilamiento previo de un tal Kowalsky, un miembro del grupo que disparó a los policías que pretendían detenerlo. Se inicia así un perverso mecanismo por el que la justificación del verdugo mancha de sospecha a la víctima. A partir de ahora los asesinos no sólo matarán a sus víctimas, sino que las culpabilizarán. Esta perversa inversión de papeles no sólo será parcialmente asumida por la sociedad (si han sido escogidos para ser asesinados, algo habrán hecho), sino que se prolongará durante décadas. Por cierto, el asesinato de Mezentsov ha comenzado a ser preparado meses antes de la muerte de Kowalsky.


Y los crímenes continúan. El 9 de febrero de 1879 es asesinado el príncipe Kropotkin, gobernador de Jarkov y primo del famoso populista anarquista. La víctima es bien conocida por sus tendencias políticas liberales, pero Zemlya i Volya lo responsabiliza de las malas condiciones de vida de la prisión local.

El 12 de marzo el general Drenteln, sucesor de Mezentsov al frente de la Tercera Sección, es asesinado en San Petersburgo.

El 2 de abril Alejandro II pasea por los jardines del Palacio de Invierno cuando el terrorista Solovev dispara cinco tiros contra él. Ninguno de ellos da en el blanco. Alejandro II decide retirarse temporalmente al palacio Livadia, en Crimea.

El intento de asesinato del Zar no ha sido bien visto por todos los miembros de Zemlya i Volya, y agranda las disensiones dentro de la organización que culminarán el 26 de agosto con su escisión en dos grupos. Cherny Peredel (“Partición Negra”*), liderado por Plejanov, abogará por compatibilizar los atentados con propaganda y acciones políticas. El otro pasará a denominarse "La Voluntad del Pueblo" (Narodnaya Volya), y se enfocará exclusivamente en la destrucción de la sociedad existente mediante el terrorismo.
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* Hace referencia a su proyecto populista de repartir toda la tierra entre los campesinos, que junto con los siervos eran considerados las 'clases negras'.

Imágenes:
1.- Vera Zasulich.
2.- Alejandro II.
3.- Un caudillo bashi-bazouk. Por cierto, éste es el insulto preferido del capitán Haddock.
4.- El general Trepov.
5.- Sergey Kravchinsky, asesino del general Mezentsov.
6.- Kropotkin, gobernador de Jarkov.

10 comentarios:

eltumbaollas dijo...

Muchas gracias Navarth,
no he entrado y leído por aburrimiento, lo he hecho para ver si aprendía algo. Y así ha sido. Como dice el Patrón, siga, siga.

Yapoco dijo...

El interés no decae. A la espera del próximo capítulo, tan interesante como the wire o los soprano.
Saludos.

Asturianín dijo...

Buenas tardes, D. Navarth.

Leyendo su entrada, con la represión zarista, la dejadez de algunos tribunales y la política revolucionaria de la Ley del Talión, me han venido a la cabeza algunas similitudes con nuestra situación actual. Sólo tres, para no aburrir:

- Represión de algunas opciones legales (rotular comercios en castellano y catalán) primando la rotulación solamente en catalán.

- Sentencias a la carta de algunos tribunales, para contentar a los políticos de turno.

- Asesinatos selectivos (no otra cosa son muchos de los crímenes de los terroristas) para compensar la "brutalidad policial" que, presuntamente, desequilibraba la balanza. El algo habrán hecho, que usted escribió y muchos conocen muy bien.

Gracias, D. Navarth. Como ha dicho D. Eltumbaollas, entro en su casa sin estar aburrido. Y salgo igual de animado y un poco menos borrico. Y disfrutando con sus escritos.

Permanezco en sintonía.

navarth dijo...

Don Tumbaollas, como siempre es usted muy bienvenido. A ver si nos conocemos en la próxima cena que organice el Patrón.

Don Yapoco, no se me ocurre un elogio mejor (y más inmerecido) que comparar esta humilde serie con “The wire” o “Los Soprano”. Muchas gracias.

Don Asturianín, por eso he titulado esta entrada ‘la sociedad desmoronada’. Porque da la impresión de estar haciendo agua por todos los lados. Un poco como nos ocurre ahora. Saludos.

viejecita dijo...

Don Navarth

Por fin he podido ponerme al día en esta serie de entradas, y estoy completamente fascinada.
De acuerdo con Don Asturianín en que recuerda mucho a la situación actual aquí .

Espero que siga, y siga, y luego lo publique todo en forma de libro. Y voy a buscar más libros sobre el tema por mi cuenta, para ir engañando a mi impaciencia mientras espero sus escritos.

¡Muchas Gracias!

navarth dijo...

Viejecita, si decido reunirlo en forma de libro para usted será el primer ejemplar. Un abrazo.

luigi dijo...

.
Zemlya i Volya: San Revolversburgo.

navarth dijo...

Luigi vaya preparando el próximo haiku porque en la próxima entrada los terroristas apuestan decididamente por la dinamita. Un abrazo.

Belosticalle dijo...

El caso ‘Vera Zasulich’ sentó un precedente nefasto, que aquí al parecer no ha servido de lección frente a ETA.

Autocracia en Rusia, democracia en España: la diferencia de régimen cuenta poco, junto al error de idealizar al terrorista y legitimarle en función de sus presuntos fines patrióticos o humanitarios.
El ramalazo de buenismo romántico, comprensivo, indulgente, se reproduce de varias maneras, como estamos viendo.

Se ve que la Historia, como maestra de la vida, no es muy brillante.

(Escrito lo anterior al hilo de mi retrasadísima lectura, así lo dejo, aunque veo que no soy original.)

navarth dijo...

Don Belosticalle yo he tenido la misma impresión. Que la narración de sucesos muy distantes me recordaba mucho a acontecimientos mucho más cercanos. Un abrazo.