lunes, 23 de mayo de 2011

LA INFECCIÓN EMOCIONAL

El nacionalismo fomenta exponencialmente las emociones de pertenencia, que son muy útiles para una tribu pero poco aptas para una sociedad abierta. Cuando, además, actúan nacionalistas criminales entra en juego una emoción aún más potente, el miedo, que exaspera hasta lo increíblemente grotesco el anhelo de aceptación, y el temor a quedar fuera del grupo.

Cuando el nacionalismo infecta una sociedad, todas las personas normales sucumben a esa marea de emociones. Los que resisten son, sencillamente, héroes. Pero no se puede aspirar a una sociedad de héroes. Lo que hay que hacer es intentar luchar contra la propagación del virus. Esto empieza desde el colegio. Y, obvio es decirlo, lo que han hecho Zapatero y el TC es luchar contra la plaga fumigando con ébola.

Ante el avance de Bildu/ETA me parecen muy desafortunados comentarios del tipo “pues que se queden con el País Vasco” porque a) renunciamos a nuestra responsabilidad en el fracaso al prevenir la propagación del virus, b) contemplamos con desdén a una parte de la sociedad cuando, en muchos casos, nosotros no hemos sido puestos a prueba, c) renunciamos a defender una parte de nuestras sociedad (en esto, la unidad básica es el país), y d) dejamos desamparados a los héroes.


* Para queden las cosas claras, no estoy deshumanizando al votante nacionalista llamándolo virus. Es el nacionalismo lo que reviste la condición de virus para una sociedad abierta.

2 comentarios:

Psykoaktive dijo...

Buen comentario D. Navarth.

Tengo posiciones encontradas respecto de este tema. Mi experiencia en Finlandia me ha mostrado que no todo nacionalismo es poco apto para una sociedad abierta. Y que la clave es lo que entendemos como identidad.

"Identidad" es en realidad un cocktail formado por distintos componentes. Sin embargo, cuando se pulsa el botón de la identidad, las reacciones suelen ser conocidas y/o esperadas (tipo disonancia cognitiva).

En Finlandia el cocktail que yo he notado es bastante saludable porque toca la tecla individual independientemente de lo que hagan los otros. Uno puede ser finlandés de muchas formas distintas.

En País Vasco / Cataluña, lo importante no es lo que uno sienta, sino lo que uno sienta en conjunción con otros. Uno no puede ser vasco o catalán de muchas formas. Hay "normas", maneras y símbolos.

En la práctica esto implica que las "normas", maneras y símbolos son una línea directa a lo que se considera identidad. Y una crítica a ellas implica de manera sutil pero real una crítica a la identidad de cada uno. A lo que es cada uno.

Si uno pretende desmontar el constructo nacionalista, corre el riesgo de que críticas argumentadas o inocentes sean vistas como ataques personales.

Como decía benjamíngrullo, se necesita mucho humor para mostrar las contradicciones y al mismo tiempo que no disparen las reacciones identitarias.

No he querido utilizar la palabra emoción. En mi opinión todo es mucho más cognitivo.

Saludos

navarth dijo...

PSYKOACTIVE en principio, para mi ‘finlandés’ o ‘español’ no son más que adjetivos gentilicios: denotan donde han nacido las personas, o su nacionalidad. Pero nada más, no atribuyen a su portador ninguna cualidad. Es cierto que, basándonos en nuestra experiencia, podríamos decir que los norteamericanos son más altos que los bolivianos, o incluso que los franceses son más antipáticos que los italianos, pero no es más que una cuestión probabilística. Estamos afirmando que, tomados 1.000 norteamericanos y 1.000 bolivianos al azar, muy posiblemente la estatura media será superior en le primer grupo. El problema es cuando intentamos trasladar este dato estadístico al individuo, y Danny de Vito se convence de que es un gigante por ser norteamericano.

Insisto en que el nacionalismo es un problema de siembra emocional. Yo he vivido en Madrid y en Baleares, y los estímulos que reciben los niños en cada sitio son muy distintos. Aquí, en Baleares, reciben continuamente el mensaje de que ser mallorquín es estupendo, y que ser castellano algo vergonzante: eso despierta, desde la más tierna infancia, estímulos de pertenencia y de evitar la exclusión que en Madrid son desconocidos.

Sin embargo toa usted un aspecto esencial; desaparecido el vínculo emocional ¿qué es lo que queda para cohesionar una sociedad? Permítame que me lo reserve para una próxima entrada. Saludos.