jueves, 18 de febrero de 2010

CABALLERO SIN ESPADA (PERO CON ESCOPETA)

Suele ocurrir que la política sea un asunto tan complicado que normalmente sólo podamos aspirar a conocer bien los asuntos de nuestro propio país, teniendo que conformarnos, cuando salimos al exterior, con unos cuantos estereotipos. Esto parece haber ocurrido al filósofo Paolo Flores D’Arcais, defensor de turno de Garzón en El País, capaz de discutir con soltura sobre la existencia de Dios con Habemas o Ratzinger y, simultáneamente, de escribir un artículo repleto de chorradas como el de hoy. “El ostracismo al que los sectores antidemocráticos de España quieren condenar al juez Baltasar Garzón no es una mera cuestión interna española, sino que atañe a Europa entera y a su porvenir”. Nada menos. Desde la primera línea Flores D’Arcais adopta un enfoque peculiar - se trata de una lucha heroica entre un Juez independiente, al mejor estilo de las películas de Capra, y los franquistas, al mejor estilo de Forges- que condiciona el resto de la argumentación. Sólo así se explica que se anime a decir que “lo que está en juego en el caso Garzón es, en efecto, la propia autonomía de la judicatura”, una afirmación que causa risa a todo aquél que conoce la trayectoria de Garzón y lo ha visto cazando con el Ministro de Justicia y miembros de la fiscalía y la policía judicial durante la instrucción de un caso contra la oposición.

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