lunes, 13 de enero de 2014

CONTRA EL LADO EQUIVOCADO


¿Cuál es la receta del éxito de las sociedades? ¿Por qué unas progresan económica, social y culturalmente y otras se estancan o retroceden? Brillantes pensadores (y también de los otros) han intentado encontrar una respuesta atendiendo a sus particulares preferencias, y de este modo han querido ver las raíces del progreso en la raza, la etnia, el medio físico, o la lengua. Sin embargo el siglo XX nos ha proporcionado irrefutables ejemplos que demuestran que cuando una misma sociedad (con el mismo componente racial y cultural, habitando en el mismo medio físico, y hablando la misma lengua) es dividida arbitrariamente en dos, y cada una de las partes resultantes es sometida a un sistema económico y político diferente, el progreso de ambas es dramáticamente divergente, y en muy poco tiempo la diferencia es notable. Parece obvio, por tanto, que no hay que buscar en la raza, el clima o la lengua las claves del éxito de una sociedad: la clave está en las instituciones políticas y económicas. El resultado inexorable de uno de estos experimentos, la división de un país por la línea artificial del paralelo 38º, está todavía hoy a nuestra vista.

Otro de estos experimentos tuvo lugar en Alemania entre 1945 y 1989, y las dos películas de las que hoy hablo se sitúan en ese periodo y tratan de lo mismo. Sus protagonistas rebosan idealismo, rabia, falta de empatía, afán de protagonismo: es decir, son muy jóvenes. Encontrando insoportables e injustas las condiciones de la sociedad en la que les ha tocado vivir, y admirando la que tienen enfrente, optan por emprender el camino del terrorismo. Asumen los asesinatos con total tranquilidad, pues pueden alegar que luchan por mejorar la sociedad, y a esa sociedad abstracta y futura pueden ser sacrificadas unas cuantas personas actuales y concretas. Lo curioso es que ellos, a pesar de su frustración e ira, han tenido la fortuna de caer en la parte buena del experimento, aquella con mayor libertad y bienestar económico. La sociedad en la que viven y que quieren destruir es Alemania occidental, y aquella por la que suspiran es Alemania oriental.

Por supuesto ellos invocan la libertad y la igualdad. En realidad disponen de un amplísimo, vistoso y vacío argumentario para justificar sus acciones. Las emociones de estos jóvenes son estables en el tiempo: por ejemplo, se adivinan muy similares a las de los terroristas populistas rusos del siglo XIX. Pero, ¡ay!, el argumentario de cobertura está sujeto a la moda. La principal virtud de estas películas es que, transcurrido el tiempo, la fraseología marxista, revolucionaria o maoísta ha quedado completamente anticuada, y de ese modo desactivada. Ahora el conjuro ha desaparecido, y cuando los terroristas recitan su letanía quedan expuestos en su desnudez. Desaparecida la cháchara pseudo-política, ahora se ven los hilos de las emociones, que son realmente las que determinan sus acciones.


La primera de estas películas tiene el poco estimulante título de ”R.A.F. Facción del Ejército Rojo” (”Der Baader Meinhof Komplex”, 2008), es del alemán Uli Edel. Edel se dio a conocer a conocer en los 80 con la durísima ”Yo, Cristina F.”. Después se trasladó a Estados Unidos y rodó un bodrio con Madonna y Willem Defoe [1] que lo condenó justamente al ostracismo cinematográfico, del que ahora emerge con esta película que está muy bien. A pesar de ser alemana, la historia tiene ritmo y los personajes tienen la virtud de parecer reales (quizás el más acartonado es precisamente el actor más conocido, Bruno Ganz), y la única objeción que se le puede hacer (aunque realmente es de agradecer) es que todas las terroristas son guapísimas, algo que choca frontalmente con nuestra experiencia española.

La segunda película es El silencio tras el disparo (”Die Stille nach dem Schuß", 2000) del no menos alemán Volker Schlöndorff, y también está muy bien. Trata del periplo vital de una idealista abogada de Berlín occidental que se ve obligada a huir a Alemania oriental por un lamentable error (no haber previsto que si entrega una pistola a un terrorista éste la va a usar). La Stasi acoge a ella y sus compañeros con los brazos abiertos, y les dispensa grandes honores que se concretan en una barbacoa de lo más occidental (visualicen, por favor, esa siniestra reunión de terroristas y agentes de la Stasi comiendo salchichas al mejor estilo de Homer Simpson). A partir de ese momento ella se sumerge en la impecable sordidez del paraíso comunista pero es feliz porque, aunque su mirada es dulce, su visión es fanática, y sólo percibe lo que encaja en sus prejuicios monolíticos. Por eso acaba recriminando a sus compañeras de trabajo (que también es sórdido) que se muestren alegres por la inminente caída del muro anteponiendo sus burguesas ganas de libertad a la sociedad comunista tan trabajosamente creada. Y es que su visión totalitaria se resume muy bien en la frase de un camarada de la Stasi: a veces hay que obligar a la gente a ser feliz.

Notas
[1] Seguramente el objetivo de Madonna con El cuerpo del delito (que tal era el infortunado nombre de la película) era consagrarse como mito erótico, algo que no consiguió al aparecer con unas bragas excesivamente altas de talle, derramar cera ardiendo con cara de lunática sobre el cuerpo del pobre Dafoe, y, en general, no darse cuenta de que protagonizaba una película cómica. El objetivo del abrasado Willem Defoe permanece oscuro.

4 comentarios:

viejecita dijo...

Don Navarth
Otra entrada muy divertida, y que, además de resultar muy actual, encima recomienda cine.

No he visto ninguna de las dos películas, sí que vi el engendro de Madonna y Dafoe, y coincido con usted en que no es ningún buen precedente , así que si las recomienda a pesar del precedente, y de ser las dos alemanas, me las encargaré .. No suelo comprarme cine alemán, porque es dificilísimo conseguirlo en V.O. con subtítulos. Llevo detrás de La Familia Trapp, y de El Rey Loco, ni se sabe.

Pero dice usted que nuestras terroristas patrias son feas, y se olvida de Idoia Lopez Riaño, La Tigresa, que es ( era, al menos ) impresionante.

Pues eso , que Muchas Gracias

navarth dijo...

Sí, sí, se las recomiendo, especialmente la de Uli Edel. Para que vea que no sólo hago críticas de películas malas. Un abrazo.

luigi dijo...

.
La adolescencia es la partera de la Historia

viejecita dijo...

Ya he descargado "El patriota insufrible", y lo he estado leyendo.
Ya lo he dicho en otras partes pero

¡¡¡ Gracias !!!