Dada su condición de volátil centro del universo, Zapatero necesita gente como Juan Pedro Valentín para orientar a sus fieles, que dan lo mejor de sí mismos por su religión pero se pueden despistar ante la velocidad de los giros. El valor de Valentín radica en su tono. En él, el tono sustituye al contenido, lo que es muy conveniente cuando este no existe o no huele muy bien. Con su voz bien modulada, Valentín señala a los fieles donde está la Meca en cada momento, a fin de que puedan postrarse adecuadamente y no enseñar inadvertidamente las posaderas al Profeta. También podría decirse, aunque es algo más ordinario, que Valentín es el mamporrero que ayuda a apuntar correctamente las energías de los adeptos.
“ La política debería ser realista; la política debería ser idealista. Estos dos principios son verdaderos cuando se complementan, y falsos por separado. ” Johann K. Bluntschli
La política puede contemplarse desde una perspectiva ideal y otra real. O bien prescriptiva (lo que debe ser) y descriptiva (lo que es). Lo importante es destacar que, cuando el análisis se acomete exclusivamente desde una de las perspectivas, el error (o el desastre, cuando se tiene poder efectivo) están garantizados. De paso, sospecho que cuando políticos poco escrupulosos llegan al poder, y acceden a un conocimiento privilegiado de la política real, el efecto es devastador. Es fácil que estos políticos lleguen rápidamente a la conclusión de que toda la política es real, y olviden con la misma velocidad el plano ideal o prescriptivo. El político así liberado de escrúpulos pensará que todos los que continúan contemplando la política desde una perspectiva de valores son meros ingenuos, y que él no es un si...
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