lunes, 2 de febrero de 2015

BREVE MILENIO EN MÜNSTER (1)

1525. Lutero ha arrebatado al clero el papel de intérprete último de las Escrituras para entregarlo a los fieles, lo que, lógicamente, ha disparado el número de interpretaciones dispares de la voluntad divina. Tomemos por ejemplo a los anabaptistas. De una lectura literal de los Evangelios han llegado a la conclusión de que la eficacia de los sacramentos está determinada por la fe del que los recibe: sólo si éste cree, aquellos despliegan sus virtudes. Pero para creer hay que tener conocimiento, luego hay que ser adulto. ¿Qué sentido, tiene, por tanto impartir el sacramento del bautismo a un recién nacido? Es obvio que carecerá por completo de eficacia, y por eso los anabaptistas creen que hay que subsanar el error sometiendo a sus seguidores a un nuevo bautismo en la edad adulta [1]. El asunto no es menor: tradicionalmente se ha pensado que el bautismo es un requisito esencial para acceder al cielo, y por eso los cristianos se han apresurado a bautizar a sus hijos recién nacidos para evitarles, en caso de muerte prematura, el penoso destino del limbo. Por tanto las posturas de anabaptistas por un lado, y católicos y luteranos por otro, no son fácilmente conciliables.

Aunque todos piensan que son “pequeñas islas de moralidad en un mar de iniquidad” [2], y que tanto católicos como luteranos son peores que turcos, los anabaptistas no constituyen un grupo homogéneo. Al menos hay tres grandes variedades, una que florece en Suiza, otra en Alemania central y meridional, y otra en Holanda. En esta última predominan las enseñanzas de Melchor Hoffmann, que ha pasado muchos años recorriendo Europa predicando la segunda venida de Cristo y el comienzo del milenio. En 1529 se ha unido a los anabaptistas, cuya variante neerlandesa resulta ser especialmente receptiva al milenarismo. A pesar de que el centro de la industria textil se ha desplazado desde Flandes a Holanda, y las grandes ciudades como Leyden pasan por un momento de prosperidad, también malvive en ellas un gran número de desempleados, lo que supone una fuente inagotable de nuevos adeptos.


Münster es una ciudad próspera. Capital del principado-obispado que lleva su nombre, está gobernada por un Consejo municipal electivo de dieciséis miembros con dos burgomaestres al frente. Por su parte el príncipe-obispo es elegido por el Capítulo de la diócesis, un órgano colegiado cuyos miembros son elegidos entre la nobleza local. A pesar de la terminología eclesiástica, el obispo y los miembros del Capítulo suelen vivir como seglares en medio del lujo, y con frecuencia el obispo ni siquiera ha sido previamente ordenado. En cualquier caso en Münster el clero no sólo es muy numeroso, sino también muy privilegiado: está completamente libre de tributos, y toda la carga fiscal recae sobre los laicos. Dado que con frecuencia los clérigos se dedican también al comercio, los gremios se quejan de la competencia desleal. En la ciudad, que desde el siglo XV se ha convertido en un importante centro comercial y en miembro de la Liga Hanseática, los conflictos de los gremios con el príncipe-obispo y el clero local son constantes. Con ocasión de la Guerra Campesina, los gremios han forzado al Capítulo a otorgarles importantes concesiones, pero después éstas han sido gradualmente retiradas. Ahora contemplan el luteranismo como una ocasión para desgastar el poder del católico príncipe-obispo.

En 1531 un elocuente predicador luterano llamado Rothmann comienza a atraer multitudes en Münster. Cuenta con el apoyo de los gremios, y el patrocinio de Bernt Knipperdollinck, un rico e influyente mercader. En 1532 los gremios, apoyados por el populacho, consiguen asignar predicadores luteranos a todas las iglesias de Münster. En 1533 el obispo Franz von Waldeck, incapaz de revertir la marea, se ve obligado a conceder libertad religiosa a la ciudad.

Simultáneamente, a lo largo de 1532 y 1533 oleadas de anabaptistas holandeses han ido llegando a la ciudad. Pronto las fantasías milenaristas de los discípulos de Hoffmann se propagan virulentamente por los estratos más bajos de Münster. El propio Rothmann se adhiere al anabaptismo, y de paso adopta la recurrente fabula igualitarista:

”Poco después de aquello Nemrod comenzó a gobernar y todo el que pudo comenzó a aprovecharse del otro. Y comenzaron a separar a la humanidad y a reñir por la propiedad. Así nació lo Mío y lo Tuyo. Al final la gente se volvió tan salvaje que eran como bestias. Cada uno quería ser mejor y superior al otro, y de hecho ser su amo. Pero Dios había hecho todas las cosas comunes, del mismo modo que aún hoy podemos disfrutar del aire, el fuego, la lluvia y el sol en común, así que el resto no se lo pueden apropiar los ladrones y tiranos y disfrutarlo para ellos mismos” [3].


A pesar de que el paraíso comunista no debería resultar muy tentador para los prósperos comerciantes de Münster, Knipperdollinck mantiene su apoyo entusiasta a Rothmann. Mientras tanto Melchor Hoffmann ha sido arrestado en Estrasburgo, precisamente la ciudad en la que cree que tendrá lugar el segundo advenimiento, y ha sido encerrado en una jaula para que pueda contemplarlo con tranquilidad. La vacante en el liderazgo espiritual de los anabaptistas holandeses es ocupada por Jan Matthys, panadero de Haarlem, lo que produce un brusco cambio de orientación en la secta. Hoffman ha sido un líder pacífico, convencido de la conveniencia de esperar tranquilamente la llegada del milenio; Matthys piensa que los Elegidos deben tomar la espada y limpiar el mundo de impíos antes de que éste se produzca. Thomas Müntzer habría firmado con entusiasmo el programa.

Para difundir el mensaje Matthys se dedica a enviar apóstoles, adeptos convencidos de que el Espíritu Santo ha descendido sobre ellos como en su momento hizo con los originales. A principios de 1534 dos apóstoles llegan a Münster, y rápidamente propagan el fervor. Uno de ellos es Jan Bockelson, que pasará a la historia como Jan de Leyden.

Bockelson entabla buenas relaciones con Knipperdollink, y la influencia de los anabaptistas en Münster crece rápidamente. El 8 de febrero ambos se dedican a recorrer las calles conminando a sus habitantes para que se arrepientan de sus pecados, y episodios contagiosos de histeria comienzan a propagarse por la ciudad. Algunas mujeres comienzan a padecer visiones apocalípticas que en ocasiones las llevan a revolcarse por el suelo gritando y soltando espumarajos. Arropados por esta atmósfera los anabaptistas asaltan el ayuntamiento y se hacen fuertes en la plaza del mercado. En esos momentos son aún minoría y podrían ser desalojados si los ciudadanos más sensatos emprendieran acciones firmes, pero ante el cariz de los acontecimientos muchos optan por emigrar. Por su parte los anabaptistas comienzan a enviar mensajeros a las poblaciones vecinas explicando que el mundo va a ser destruido antes de Pascua, que sólo Münster va a salvarse convirtiéndose en la Nueva Jerusalén, y que los fieles deben acudir allí inmediatamente. La oferta es difícil de resistir, y pronto el número de inmigrantes anabaptistas supera al de emigrantes. Es elegido un nuevo Consejo municipal con una abrumadora mayoría de miembros anabaptistas, y Knipperdollink es nombrado burgomaestre. A lo largo de los siguientes días iglesias, monasterios, e incluso la catedral, son saqueados.

En ese momento el propio Jan Matthys llega a Münster desde Haarlem. Alto, flaco, con larga barba negra y mirada escrutadora, ofrece un aspecto imponente, y rápidamente él y Bockelson dominan la ciudad. Rothmann, que no puede competir en popularidad con los profetas neerlandeses, se convierte en un adepto más. Para conseguir eficazmente una Nueva Jerusalén libre de impíos, Matthys propone la ejecución inmediata de todos los conspicuos católicos y luteranos que no han tenido la prudencia de emigrar, pero Knipperdollinck se opone. Renuentemente Matthys accede a perdonarles la vida, pero exige que, al menos, sean expulsados. El 27 de febrero de 1534 Matthys, acompañado de hombres armados, recorre Münster en estado de frenesí: “Fuera de aquí, descreídos, y no volváis nunca, enemigos del Padre”. En mitad de una tormenta de nieve, y despojados de todas sus pertenencias, los descreídos, hombres y mujeres, ancianos y niños, son expulsados de Münster. Los pocos a los que se permite permanecer serán inmediatamente rebautizados en el mercado, con lo que la Nueva Jerusalén queda ocupada exclusivamente por los “hijos de Dios”.


Un día después de la expulsión el obispo, que ha conseguido improvisar un ejército de mercenarios, cerca Münster, y los anabaptistas se encuentran para su sorpresa inmersos en una guerra. Knipperdollinck asume la defensa de la ciudad con decisión, y Matthys se encarga de la organización interna. Tras confiscar las propiedades de los católicos y protestantes expulsados inventa la renegociación de la deuda: todos los pagarés, libros de cuentas y contratos son quemados. Pero Matthys es, a fin de cuentas, un forastero, y su protagonismo despierta resentimientos. Un herrero local se atreve a criticarlo. Inmediatamente Matthys ordena que sea arrestado y llevado al mercado. Allí, rodeado por su guardia personal, pronuncia un elocuente discurso y recurre al exitoso argumento que emplearán todos los milenaristas en siglos venideros: quien me insulta a mí insulta al pueblo. Peor aún, continúa, Dios me ha dicho que está escandalizado ante las calumnias dirigidas a su profeta, y se vengará de la ciudad si el miserable herrero no es castigado. Unos cuantos miembros del consejo, presentes en el episodio, se atreven a señalar la irregularidad del procedimiento y son a su vez arrestados. Matthys entonces manda apuñalar al herrero, y exhorta a la multitud a que aproveche lo edificante del ejemplo. La masa, captando perfectamente el mensaje, se dispersa tras cantar unos cuantos himnos de alabanza.

Con el ambiente más calmado Matthys puede continuar la implantación de su programa comunista. La propiedad privada queda abolida en Nueva Jerusalén, y todos los ciudadanos deben entregar sus pertenencias al profeta. Los bienes muebles y consumibles son expropiados y trasladados a almacenes comunales. Para decidir quién dirigirá éstos Matthys se encierra tres días para orar transcurridos los cuales emerge con las candidaturas que el propio Dios le ha propuesto. Las medidas no son pacíficamente aceptadas, y muchos ciudadanos optan por enterrar sus propiedades antes que ponerlas en común. Matthys desata entonces una campaña de terror cuyo primer objetivo son los católicos y luteranos rebautizados en el último momento tras la expulsión. Unas cuantas ejecuciones tienen lugar, y en un par de meses todos los bienes de Münster están en poder de Matthys.


Dado que la mayoría de sus seguidores son analfabetos los profetas holandeses, haciendo de la necesidad virtud, declaran que son los ignorantes los elegidos por Dios para limpiar el mundo. En marzo Matthys prohíbe todos los libros salvo la Biblia. Los restantes son llevados frente a la catedral, y arrojados a una enorme hoguera. Entretanto continúa enviando periódicos mensajes de propaganda a las poblaciones vecinas: ”los más pobres entre nosotros, que solían ser despreciados como mendigos, ahora van vestidos tan finamente como los de mayor rango y los más distinguidos. Por la gracia de Dios se han vuelto tan ricos como los burgomaestres”. En efecto, pronto el burgomaestre de Münster será tan rico como un mendigo. Los gobernantes comienzan a alarmarse con el efecto que la insurrección anabaptista puede provocar en otras poblaciones, y reaccionan violentamente. El anabaptismo pasa a ser castigado con pena capital, y decenas de personas son torturadas y ejecutadas.

En Pascua los habitantes de Münster tienen ocasión de contemplar desde las murallas un curioso espectáculo: el profeta Matthys a caballo, obedeciendo instrucciones directas de Dios y seguido a prudente distancia por cinco adeptos, se encamina hacia el campamento enemigo para romper el asedio con sus propias manos.

(Continuará)

Notas:
[1] Anabaptista: aquel que se bautiza de nuevo. [2] Cohn. [3] De un libelo del humanista Sebastian Franck. Citado por Cohn.

Imágenes: 1) La ciudad de Münster; 2) Jan Matthys; 3) Münster asediada; 4) El burgomaestre Knipperdollinck.

5 comentarios:

viejecita dijo...

¡ Ay que miedo tan espantoso !
Estos relatos suyos, Don Navarth, aunque sean históricos, se leen como si fueran novelas de intriga, y hay que hacer un verdadero esfuerzo de voluntad, para no irse corriendo a la wikipedia a ver qué ocurrió a continuación.
Por mucho que una sepa que no hubo una segunda venida de J.C. al mundo, etc etc.

Yo, como soy una materialista incorregible, no paro de dar vueltas a qué pasaría con las casas, los talleres, los almacenes, los cuadros, los bienes todos, de los expulsados, y como conseguirían estos probar a su vuelta, que eran de ellos y no de los milenaristas. ¿ Les bastaría con las escrituras ?. Porque capaces de haberlas quemado en la plaza pública, junto a los libros...

El caso es que estoy deseando que siga, y siga...
Muchas Gracias

navarth dijo...

Querida Viejecita, resista la tentación e la wikipedia, que la siguiente parte de la historia está al caer.

Me temo que en estos momentos la venida más probable para nuestro atribulado mundo es la de JC… Monedero. Estos son nuestros nuevos milenaristas.

Psykoaktive dijo...

Buenos días Don Navarth,

nos ha dejado el relato en el clímax.

Me resulta curioso que una gran parte de estos movimientos se hayan desarrollado poco después de la invención de la imprenta, cerca de la zona donde se inventó la imprenta, sobre ideas del libro más impreso.

No recuerdo que Dawkins mencionara la imprenta en sus ideas de los memes en El Gen Egoísta. Nate Silver sí menciona en la introducción de "The signal and the noise" su interpretación de las consecuencias de la invención de la imprenta y las posibles con el análogo actual, Internet. Aunque Silver se centra en el Big Data, no puedo pensar establecer posibles paralelismos. Vivimos en la época de las consecuencias y todavía no sabemos interpretarlas.

En otro orden de cosas, leí el artículo enlazado por D. JotaEle en casa de D. Santiago sobre dónde viene el dinero de Podemos. Como usted apuntaba, es curioso que esa labor de investigación sea marginal, hecha por particulares o por gente "marginal", fuera de los medios de comunicación de masas, que han elegido el ruido (the noise) como estrategia de supervivencia.

Saludos,

navarth dijo...

Buenos días D. Psykoaktive. Interesante tema de reflexión, lo de la imprenta e internet. Precisamente ayer me descargué en el kindle el libro de Nate Silver, y ahora me han entrado aún más ganas de leerlo. Saludos.

viejecita dijo...

¡Mira que es usted malaidea, Don Psycoactive !
Cuando una ya se ha leído el "thinking fast & slow, "gut feelings, el Gen Egoista, " the better Angels of our nature", etc, etc, y se pudiera creer que está al día va usted y saca a relucir a Nate Silver ...

Pues yo le recomiendo que lea el libro que recomendó D .T & T también en casa de D. Santiago;
"Debt ; Updated and Expanded...." de David Graeber, ( más de 600 páginas de nada ), para que lo destroce usted, que, por lo visto, es uno de los libros importantes para los de Podemos...

Me juego algo a que ya lo ha leído usted siete veces, y lo puede resumir en dos líneas. Pero por intentar vengarme, que no quede...