jueves, 12 de marzo de 2015

a.t.p. MARX: LA DICHOSA PLUSVALÍA


El Marx posterior a la redacción del Manifiesto es básicamente economista, lo que quiere decir que se dedica a elaborar una teoría económica que sirva de base y justificación a su visión de las cosas. Obsérvese que si para Marx es la estructura (la economía) la que determina la superestructura (la ideología), al leer El capital se tiene la impresión de que él ha recorrido en sentido contrario la secuencia que ha teorizado, diseñando una estructura económica en la que pueda encajar su personal superestructura. De modo que partiendo de su visión de una sociedad irremediablemente dividida en clases antagónicas tiene que llegar a su teoría de la explotación y la plusvalía. Y como en otras facetas de Marx, la tarea constituye un fracaso científico pero un gran éxito comercial. En 1867 el primer libro de El capital es publicado en Hamburgo.

Marx desarrolla su teoría de la plusvalía en una secuencia de cuatro etapas:

1) Primera premisa: teoría del valor. Para Marx, en las cosas que las personas se intercambian coexisten dos tipos de valor, un valor de uso y una especie de valor intrínseco. Una chaqueta y una silla tienen distintos valores de uso (vestirse y sentarse), así que para que puedan ser valoradas y comparadas (para que podamos decir “una silla vale como dos chaquetas”) deben tener algo común y mesurable. ¿Qué puede ser? Marx llega a la conclusión de que lo único que comparten todas las mercancías es que para obtenerlas ha sido necesaria una cierta cantidad de trabajo obrero, en este caso respectivamente del sastre y del carpintero [1]:

”Consideradas como valores, las mercancías no son más que determinadas cantidades de tiempo de trabajo cristalizado”.


2) Segunda premisa: el trabajo del obrero es una mercancía como otra cualquiera. Como tal, se puede comprar y vender, y por tanto, al igual que la silla y la chaqueta, debe tener un valor de cambio. ¿Cuál es éste? Es, afirma Marx, el necesario para la manutención del trabajador y su familia. El trabajador dedica una parte de su jornada laboral a generar el valor equivalente al de sus necesidades de subsistencia: es lo que denomina trabajo necesario. La jornada laboral, según Marx, se compone de un trabajo necesario y un trabajo excedente, pero el capitalista sólo retribuye al obrero el equivalente al trabajo necesario. ¿Dónde va el resto? Lo veremos.


3) Tercera premisa: distinción entre capital constante y capital variable. Para Marx en el proceso de fabricación de las mercancías pueden intervenir dos tipos de factores. El primero lo integran las materias primas, las máquinas, los combustibles que hacen que funcionen… Llama a esto capital constante. El segundo es el trabajo obrero, al que llama capital variable. Insisto en el calificativo de obrero o proletario porque Marx no parece tener en cuenta el trabajo del empresario como organizador de los recursos productivos, (ni su idea, ni su facultad de organizador de los recursos productivos, ni su asunción del riesgo) y lo engloba con los inversores en la denominación genérica “capitalista” [2]. En cualquier caso la diferencia entre capital fijo y capital variable es esencial para Marx, porque a través de una serie de argumentaciones, que lo remontan hasta el kalos kagathos ateniense y al “boyardo de la Valaquia”, llega a una conclusión trascendental: el capital constante no añade valor a la mercancía elaborada. Se limita a transmitir a ésta el valor que él mismo pierde en el proceso de fabricación a la mercancía (por ejemplo las maquinarias según se van depreciando), manteniéndose constante el valor total:

”Los medios de producción no pueden jamás añadir al producto más valor que el que ellos mismos poseen independientemente del proceso de trabajo al que sirven”.

Y aporta un ejemplo inapelable:

”El carbón que se quema en la máquina desaparece sin dejar rastro, al igual que el aceite con que se engrasan las bielas”.

Por el contrario el capital variable, es decir, el trabajo obrero crea valor:

”El obrero añade al objeto sobre el que recae el trabajo nuevo valor, incorporándole una nueva cantidad de trabajo (…) El conservar valor añadiendo valor es, pues, un don natural de la fuerza de trabajo viva, un don natural que al obrero no le cuesta nada y al capitalista le rinde mucho”.

Insistamos: para Marx lo único que añade valor en el proceso productivo es el trabajo del obrero:

"Es el único valor original que ha brotado dentro de este proceso, la única parte de valor del producto creada por el propio proceso.


4) Conclusión: plusvalía y explotación. Hemos visto que según Marx el capitalista remunera al trabajador sólo una parte de lo que trabaja. ¿Y el resto?:

”La segunda etapa del proceso de trabajo, en que el obrero rebasa las fronteras del trabajo necesario (…) supone fuerza de trabajo desarrollada pero no crea valor alguno para él. Crea la plusvalía que sonríe la capitalista con todo el encanto de algo que brota de la nada”.

La presencia de beneficio delata al capitalista, puesto que sólo el trabajo del obrero es capaz de generar valor. La plusvalía, por tanto, sólo puede provenir de la presencia de trabajo excedente no remunerado:

”La plusvalía guarda con el capital variable la misma relación que el trabajo excedente con el trabajo necesario, de donde  plusvalía /capital variable = trabajo excedente/trabajo necesario”.

Y por tanto todo capitalista se nutre, sencillamente, de robar al obrero:

La cuota de plusvalía es, por tanto, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza del trabajo por el capital, o del obrero por el capitalista.
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Como todo esto puede resultar un tanto farragoso (y ciertamente sorprendente) el propio Marx aporta algunos ejemplos. Aquí tienen el texto completo de uno de ellos, que Marx presenta de forma bastante enrevesada, quizás para confundir al espectador (de momento confunde al propio Marx, que olvida una partida en los cálculos), y que se resume así. Supongamos un capitalista opresor que adquiere una hiladora Jenny que le cuesta 10.000 ₤, que prevé amortizar a lo largo de 10 años (500 semanas), capaz de producir 10.000 madejas de algodón a la semana. Para eso utiliza 10.600 libras de algodón semanales que le cuestan 320 ₤. A esto hay que añadir una serie de gastos, siempre semanales, que se recogen en la siguiente cuenta de resultados. El salario de los sufridos obreros es de 52 ₤ con una jornada laboral de 10 horas.El precio que obtiene por la venta de las madejas es de 510 ₤:



El ejemplo, y la teoría de la plusvalía en general, provocan una serie de sobresaltos y alzamientos de cejas:
  • Obsérvese que el empresario está obteniendo un margen bastante razonable de un 13,7%, calculado, como es normal, como el porcentaje de beneficio sobre las ventas. Pero Marx llega a la conclusión de que el empresario está obteniendo un 153,8% de plusvalía a costa de explotar al obrero (dividiendo 80 entre 52). Llega a esta cifra por la suma de dos factores: a) prescinde olímpicamente de los costes que componen el “capital fijo”, y b) se equivoca en los cálculos. Esto último no tendría que ser más que una anécdota, pero dada la manera en que Marx calcula el trabajo excedente su error convierte al capitalista en un poco más explotador.
  • Obsérvese también que para Marx el trabajo necesario está en relación inversa con la plusvalía de acuerdo con la fórmula mencionada anteriormente (plusvalía /capital variable = trabajo excedente/trabajo necesario). De modo que, aun manteniendo constantes los salarios, la jornada, y las necesidades del trabajador, si aumenta el beneficio/plusvalía (por ejemplo, porque el empresario logra adquirir materias primas a mejor precio) disminuye mágicamente (“con el encanto de lo que brota de la nada”, podríamos decir) el trabajo necesario, es decir, el que supuestamente necesita el trabajador para obtener el valor equivalente a sus medios de subsistencia (que debería ser constante, siempre que no se incremente su familia). Con ello aumenta equivalentemente el trabajo excedente, de modo que un empresario más eficiente se convierte en más explotador aunque los sueldos no se toquen.
  • Y obsérvese también que la proporción de “capital fijo” sobre el beneficio es perfectamente irrelevante para Marx. Para él toda la plusvalía es debida a la mano de obra, independientemente de que ésta represente un 99% o un 1% del total de los costes.

Planteemos finalmente dos objeciones a la teoría de la plusvalía francamente difíciles de soslayar. En primer lugar, si el trabajo obrero tiene la virtud inimitable de crear valor ¿por qué no se dedican sin descanso los capitalistas a contratar trabajadores? Y si Marx cree realmente en su teoría ¿no piensa que esta competición entre capitalistas por contratar obreros haría subir los salarios?

Más importante aún. Si es el trabajo obrero es lo único que crea valor, el margen de beneficio debería disminuir conforme las empresas fueran sustituyendo mano de obra (capital variable creador de valor) por tecnología (capital fijo inerte). Dado que es evidente que esto no es así, sino exactamente lo contrario ¿qué ha ocurrido? El marxista responderá que sin duda hay contradicciones y antagonismos en juego, pero que acabarán resolviéndose dialécticamente. El agnóstico contestará más lacónicamente: la teoría de la plusvalía carece de sentido. Funciona muy bien para dar una pátina científica a la teoría de la explotación que Marx tiene en mente, pero para nada más.

El propio Marx se da cuenta de algunas de estas contradicciones , y promete resolverlas en cuanto tenga un momento en los siguientes tomos de El capital, pero no tendrá ese momento. Los tomos serán publicados tras su muerte por Engels, que recopilará los incontables manuscritos dejados por Marx a los que no conseguirá dar una forma coherente.

Termina aquí este breve ensayo sobre Marx. Se complementará con un pequeño apéndice que aparecerá en breve, que intentará mostrar la gran versatilidad de la jerga marxista, y la extensión del materialismo histórico a campos insospechados.


Notas:
[1] Para empezar ¿por qué aceptar que esto es lo único que comparten las mercancías que se compran y venden? También comparten todas, por ejemplo, otra cualidad: que unos las tienen y otros las desean. O que son escasas. Marx ignora por completo una herramienta de análisis que funciona bastante mejor para explicar los intercambios entre personas, la utilidad marginal. En todo caso para un profano en economía esta teoría del valor, que Marx adapta de Ricardo, resulta desconcertante: el mismo abrigo, hecho por el mismo sastre ¿vale lo mismo en Siberia que en el Sahara? ¿Tiene igual valor la foto de un ser querido que la de un desconocido que pasa por la calle si ambas las hace el mismo fotógrafo?

[2] Para Marx la única distinción tajante e inamovible es la que divide a proletarios, aquellos que se ven obligados a trabajar por un salario, y capitalistas, que son los propietarios de los medios de producción y no tienen que trabajar por un sueldo. Según eso el dueño de un bar con un camarero tendría que ser un capitalista, y un director general de Procter&Gamble un obrero. Marx admite la existencia de categorías intermedias (artesanos, comerciantes, pequeños fabricantes…) pero está convencido de que desaparecerán por la inapelable “lógica” del capitalismo y pasarán fatalmente a engrosar las filas del proletariado.

5 comentarios:

Bruno dijo...

Yo el Capital no lo leí como tal pero me encontré con la tira de citas del mismo, todos lo citaban pero sospecho que no lo leían, de las que he de decir que siempre me sonaban a tomadura de pelo. La parte por el todo.
Ud. creo que es más joven. No puede imaginar la veneración a ese libro por los de izquierda de la transición, que tampoco lo habían leído.
Su resumen me confirma mis sospechas. Pero hay errores muy fuertes en el análisis de Marx. Las cosas no se venden, se fija el precio, por su coste sino por su valor de mercado.
Los componentes que intervienen en un producto varían de un diseño a otro. Algo inventarían en aquellas fechas que haría a la gente enriquecerse. No les pagarían a todos igual lo que implica posibilidad de plusvalía personal. Aparte de eso del salario de subsistencia suena a café para todos en el sentido de que algunos vivirían más “holgados” que otros. ¿O iba Marx a medirles su subsistencia?
Lo de que todo el capital es constante implica un desconocimiento considerable de las diversas formas de producir lo mismo. Es un razonamiento interesado para dejar a todos los obreros, sin excepción, al descubierto y sometidos.
La intención de Marx de delatar las condiciones del mercado de trabajo que vió no necesita manipular conceptos económicos. (Ignoro el desarrollo de la microeconomía en esas fechas) Hubiera sido muy interesante que dedicara su tiempo a estudiar la oferta y demanda de trabajo.
Pero seguir con todo esto es obsoleto. Si una sociedad se lo propone los trabajadores también se generan su propia “plusvalía”. Marx no escribió para esta sociedad. Pondría la misma cara que bastantes a los que no les gusta que el ciclo económico se active ahora.

navarth dijo...

Es exactamente como usted dice, hay errores insostenibles en la formulación de la teoría de la plusvalía como la diferencia de salarios entre trabajadores. ¿Por qué sigue rodeada de un aura de respeto? Pues porque su éxito ha sido espectacular, y eso pone en juego la falacia de la abuela: “no será tan tonta si ha triunfado”.

Desde luego es indiscutible también que las condiciones laborales del siglo XIX eran infrahumanas y merecían ser denunciadas, pero Marx se negaba a ver lo obvio: que en el momento de publicar El Capital, ya estaban mejorando lentamente. Pero da la impresión de que el motor de Marx no era tanto la compasión hacia los obreros (que nunca le interesó mucho ver de cerca) como el odio a la burguesía. En consecuencia la doctrina marxista acaba fomentando el resentimiento y convirtiéndose en una fuerza más destructiva que creativa.

Saludos.

Bruno dijo...

Por eso insisto en que Marx debía de haber estudiado el mercado de trabajo y no dar por supuesto que siempre el empresario se apropiaba de todas las plusvalías del resto del mundo. Está claro que lo que se había propuesto era demostrar su primera premisa. Pero este asunto me irrita por dos causas: Si Marx se hubiera fijado en la historia se hubiera dado cuenta de que aún siendo las condiciones tan miserables la sociedad iba acumulando capital desde el inicio de la historia y que eso no lo podían evitar los malvados capitalistas. La otra es que encarriló la lucha obrera a un callejón sin salida y, como consecuencia, sigue habiendo fanáticos en ese camino. Nadie discute las dificultades de los "proletarios". Lo difícil es mejorar las condiciones.
Lo que le lleva a ud a la "obligación" de comentar el desarrollo del capitalismo.
Por cierto nunca hablan de que los ricos no gastan mucho. Tienen, mas que riqueza, poder y lo emplean para manejar el capital en grandes inversiones. Lo que les debemos "envidiar" no es tanto la riqueza como su poder.

luigi dijo...

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Marxismo: ¿Contradicciones? Dialéctica proveerá.

navarth dijo...

Luigi, lo espero en la siguiente entrada.