viernes, 8 de noviembre de 2013

VIDA Y COLONOSCOPIA



La eternidad está en las cosas
del tiempo, que son formas presurosas
J.L. Borges

A comienzos de los 90 Daniel Kahneman [1] y Don Redelmeier hicieron un estudio sobre la experiencia de los pacientes sometidos a una colonoscopia. En esos momentos se trataba de un proceso muy desagradable y doloroso (actualmente atenuado por la aplicación rutinaria de anestésicos) de duración variable en función de las necesidades de la exploración. En el experimento, cada 60 segundos se pedía al paciente que dijera el nivel de sufrimiento que estaba padeciendo en ese momento referido a una escala  de 0 (ningún dolor) a 10 (dolor insoportable), y el resultado se trasladaba a un gráfico cuyo eje vertical representaba la escala de dolor y el horizontal el tiempo. El siguiente gráfico muestra el ejemplo de 2 pacientes:

 

¿Cuál de estos pacientes lo pasó peor? Parece lógico que para evaluar el sufrimiento total padecido por el paciente sumemos el que experimentaba en cada momento. El resultado estaría representado por el área rayada, y así todo parece indicar que la experiencia del paciente B tuvo que ser mucho más traumática: ambos pacientes experimentaron un pico máximo de sufrimiento similar (alrededor de un 8) pero el proceso de éste último fue mucho más largo y con más momentos de alto dolor.

Finalizadas las exploraciones, Kahneman y Redelmeier pidieron a sus pacientes que realizaran una evaluación global del sufrimiento padecido, y los resultados fueron sorprendentes: la evaluación global a posteriori (es decir, la memoria del sufrimiento padecido) no coincidía en absoluto con el sufrimiento registrado mientras se estaba padeciendo.

Todo parece indicar que en el recuerdo del dolor padecido hay dos factores decisivos:

a)       El valor determinante para evaluar el sufrimiento global no es la suma del sufrimiento en cada momento (el área rayada); tampoco el pico máximo de dolor; tampoco el número de picos dolorosos. Es un promedio entre el pico máximo y el dolor experimentado al final de la prueba.

b)       La duración total de la experiencia es poco relevante.

Con estos datos, no resulta extraño que el paciente B calificara su experiencia como menos dolorosa que el paciente A. Obsérvese que el primero experimentó un pico de dolor superior a 6 al terminar la prueba, mientras que el paciente A, cuyo proceso había sido mucho más largo, lo finalizó con un nivel bajo de dolor (en torno a 1). El final condiciona la evaluación a posteriori en ambos casos.

De sus investigaciones Kahneman concluye que en la evaluación de las experiencias existe un conflicto entre dos seres: el yo que tiene experiencias y el yo que recuerda. En el experimento, ‘el yo que experimenta’ fue registrando puntualmente su situación en cada momento. Pero el ‘yo que recuerda’ sacó sus propias conclusiones. Y los datos proporcionados por uno y otro no coinciden.

Este ‘yo’ disociado no aparece en la persona únicamente cuando se le inserta un tubo por el recto, sino en todas las facetas de la vida. El yo que tiene experiencias es el ser fugaz que vive en el torrente del tiempo; el yo que recuerda es el encargado de crear un relato perdurable sobre la persona. También es este último el que formula anhelos de estabilidad, atesoramiento y eternidad, que son incompatibles con la naturaleza del ser en movimiento que tiene experiencias. Es el funcionamiento de ambos lo que evoca el poema de Borges que abre la entrada.

El experimento de Kahneman y Redelmeier pone de manifiesto que existen disfunciones en el trabajo del yo constructor del relato. Para empezar, como hemos visto, su relación con el yo que tiene experiencias no es del todo estrecha, y sus conclusiones difieren notablemente. Pero además, en la construcción del relato de la vida parece estar sometido a los mismos sesgos (las mismas reglas de estilo, podríamos decir en este caso) que en el recuerdo de las colonoscopias: ignora la mayoría de los momentos concretos, desprecia la duración total y sobrevalora el final, que en el caso de la vida siempre es el mismo.  Expongo, pues, esta intuición: una mayor armonización del funcionamiento de ambos ‘yo’ permitiría disipar la perplejidad ante la muerte y posibilitaría una existencia más plena.


[1] Daniel Kahneman. Pensar rápido, pensar despacio.




32 comentarios:

Gorpua dijo...

Deberían entregar una copia de este post a los pacientes, D. Navarth.

Con sentimiento informado, sería.

Neo... dijo...

Vamos a ser claros: a los dos les dieron por culo, pero a uno le gustó más que a otro. En resumidas cuentas se cumple el axioma de que para gustos están hechos los colones.

Neo... dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
F Manuel dijo...

D. Navarth, yo también leí Pensar Rápido Pensar Despacio, pero me interesó mas el tema del proceso de decisión que usamos según usemos el método usual o pensemos y también la enmienda a la teoría de juegos.

Será cuestión de releerlo.

F Manuel dijo...

D. Navarth, yo también leí Pensar Rápido Pensar Despacio, pero me interesó mas el tema del proceso de decisión que usamos según usemos el método usual o pensemos y también la enmienda a la teoría de juegos.

Será cuestión de releerlo.

Ciudadanomedio dijo...

El tal F Manuel era yo Ciudadanomedio. Cosas de no actualizar el perfil para hacerlo congruente.

navarth dijo...

Don Gorpua, Don Neo, muy bueno. Un placer verlos por aquí.

Don Ciudadano Medio (un placer también verlo) el libro de Kahneman da para muchas lecturas. Esto de las colonoscopias está en un capitulito breve hacia el final.

benjamingrullo dijo...

Así que el yo que recuerda aplica una lógica orgásmica.

Johannes A. Von Horrach dijo...

El ejemplo es escalofriante, pero ilustra. Tengo un caso personal: cuando tuve que pasar por la dolorosa rehabilitación (18 meses) que me permitiera volver a caminar (tras el accidente de moto que en el 2000 casi me mata, primero, o me deja sin pierna derecha, después). Los dolores eran intensísimos, casi de perder el conocimiento. Sin embargo, el recuerdo que tengo de esos días es maravilloso. Tal vez por masoquista, o porque viví esa época con una intensidad muy rara en la mayor parte de mi vida.

Me apunto a Kahneman, creo que es la segunda referencia que le leo sobre este autor.

un abrazo

viejecita dijo...

Muchas gracias Don Navarth

El problema de esta historia es para los médicos que tengan que realizar las colonoscopias , o para los que impongan tratamientos dolorosos.
Porque, en el segundo caso del ejemplo, el tratamiento conlleva mucho más dolor en el momento, a pesar de que luego se recuerde como menos doloroso.
Yo creo que el dolor físico, afortunadamente, no se recuerda. Se recuerda un reflejo, una imagen , una idealización de lo que fue, pero no el dolor físico en sí.
Y yo, por mi parte, aguanto mucho peor la prolongación en el tiempo de ese dolor físico, aunque sean los picos más bajos que los picos de dolor que hubiera padecido antes. Porque el cansancio y la sensación de rebeldía contra ese dolor físico son cada vez mayores… Así que, por mi parte, preferiría que fuera más corto, siempre que el pico más alto no tuviera por ello que ser más alto todavía.
Porque, el recuerdo del dolor físico, no es dolor físico, es otra cosa.

candela dijo...

¿Qué será más real, lo que se vive o lo que se recuerda?

¿Qué significará real?

En fin, he de ponerme con el libro de una vez.

Psykoaktive dijo...

Buenos días Don Navarth,

hice muchísimas pausas cuando leí ese capítulo. Aunque no lo parezca (y de ahí el mérito del autor) está llenísimo de información psicológica y ... filosófica.

En esta cuestión en particular hice la interpretación contrarrecíproca: acabar mal el relato de nuestra vida en nuestros últimos años, a pesar de haber tenido objetivamente buenas experiencias.

Y por experiencias personales, cuando pienso en cómo viven algunos ancianos en residencias de la tercera edad, o solos y lo conecto con este capítulo, me digo el "No es esto, no es esto" orteguiano. O cuando pienso en lo que me puede pasar a mí. No country for old men.

No quiero acabar con una nota triste. D. Navarth, ¿tiene usted en mente continuar con artículos sobre el libro de Kahneman?

Napo dijo...

Don Navarth, interesantísimo. Gracias.

Napo dijo...

¿"Tu también" Grande-Marlasca?

navarth dijo...

Buenas tardes. Permítanme que conteste primero a Mr. Psykoaktive, que es quien me recomendó el libro. Estoy completamente de acuerdo: ese capítulo, yu un par de ellos que le siguen (o lo anteceden, no me acuerdo) abandonan la estadística para internarse, profunda pero discretamente, por la psicología e incluso la foilosofía. El libro merece muchas lecturas, así que es muy posible que inspire otras entradas. Si admiten sugerencias.

Viejecita, ahí está la cosa. Indudablemente el que tiene más datos para decidir cual es la experiencia más dolorosa es el ‘yo que experimenta’, pero luego es el ‘yo que recuerda’ el que toma las decisiones.

Candela, el libro pone algunos ejemplos que hacen pensar. Imagínese que le ofrecen una semana de vacaciones, en el lugar que más le apetezca, con todas las comodidades etc, pero le dicen que al finalizar le van a aplicar una droga que eliminará por completo todos los recuerdos. Perturbador ¿verdad? A mi lo del ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’ me pareció un enfoque deslumbrante, y creo que la persona completa necesita ambos. El secreto debe ser articularlos armoniosamente. Ni idea.

Magnífica descripción, Benja, pero que no se enteren en el Cosmopolitan que sobrevaloras el orgasmo con respecto a los preámbulos.

Me alegro de que le haya parecido interesante, Napo. Gracias a usted.

Psykoaktive dijo...

Gracias por la respuesta D. Navarth.

Actualmente estoy leyendo "Gut Feelings" de Gerd Gigerenzer. Aunque tarda en arrancar, me está gustando y contiene críticas muy pertinentes a la investigación de Kahneman sobre la toma de decisiones. Bueno, más bien que un libro "opuesto a" es más bien "complementario a".

Si hubiera un tema sobre el que hablar, yo elegiría ahora mismo entre la "ilusión de entender" y la "falacia narrativa". Pero vamos, el libro es riquísimo.

viejecita dijo...

Don Psycoactive
Pues Gut Feelings tampoco tiene mala pinta. Y sus recomendaciones son de fíar que aparte de Kahneman, tengo en Favoritos una serie de enlaces a juegos de lógica que recomendó usted , creo que a través de Plazaeme,, (pero no me acuerdo seguro) , y a los que vuelvo una y otra vez.
Voy a ver si tienen el libro en versión Kindle, y si es así, cae...

viejecita dijo...

Pues lo tenían, y ya me lo he comprado. En cuanto termine " L'ile des pingouins" , que tengo por la mitad, lo empiezo.
¡ Como me apetece !

Psykoaktive dijo...

Me abruma usted Doña Viejecita, muchas gracias.

Espero que lo disfrute y aprenda con él. Literalmente, salvo las notas, acabo de "terminarlo" ahora mismo.

Los últimos capítulos, dedicados a la moral y al comportamiento social creo que serían especialmente del agrado de D. Benjamingrullo.

viejecita dijo...

No he resistido a la tentación, y he empezado Gut Feelings , ( así que ahora tengo los dos libros en lectura, y los iré alternando ).

Pero hay una cosa que me ha dejado angustiada. En el libro, habla de una serie de reglas no escritas (rules of thumb ), que los jugadores experimentados, o los perros, aplican espontáneamente, para poder alcanzar una bola que estuviera en el aire, siguiendo el ángulo en vez de tener que calcular la trayectoria, con todas las variables que le pudieran afectar, cosa que sería mucho más lenta y trabajosa, y que dificultaría el que se alcanzara la bola. Y explica que esa regla intuitiva, se puede explicar y enseñar.
Hasta aquí, conformes.

Pero aplica esta regla a la enseñanza de pilotos. Y dice que si un piloto ve a otro avión acercarse, y teme una colisión, debe fijarse en algún punto de su parabrisas ( espero que lo del scratch / arañazo sea una figura retórica, porque si un fallo en el parabrisas es un peligro en un coche, cuánto más lo será en un avión ). El caso es que dice que el instructor enseña que, si el avión que viene no se mueve en relación con ese punto "dive immediately" , o sea , que bajes inmediatamente, para evitar la colisión.
Pero se supone que el avión que viene también deberá seguir las mismas reglas, y bajará también, y ¡¡¡ Crash !!!. Tendrían que desviarse cada uno un poco a su derecha, como hacemos los viandantes, o como hacen los coches en carreteras pequeñas, para no chocarse ¿no?.
Es que vivo en una zona donde vuelan muchas avionetas, que hay un campo de entrenamiento cerca, y si siguieran las reglas esas, habría choques a punta de pala...

Psykoaktive dijo...

Buenos días Doña Viejecita,

sé muy poco sobre pilotaje de aviones. Pero una vez le pregunté a un amigo piloto sobre la falta de colisiones en el aire. Él me comentó que siguen ciertos "pasillos de seguridad" a diferentes alturas y anchos. Además, hay que tener en cuenta que la densidad del tráfico en un espacio dado es mucho menor de la que estamos acostumbrados aquí abajo

navarth dijo...

Oigan, pongan los enlaces a los juegos de lógica, que nos tienen en ascuas.

Von Horrach me había dejado sin contestar su impactante experiencia. Realmente su caso es absolutamente significativo.

Arturo dijo...

Se confirma una vez más la cuestionable fiabilidad de nuestra memoria. He tenido que releer el párrafo posterior a las conclusiones del experimento; de hecho, sólo lo entiendo si donde dice "paciente A" hay una errata, y se refiere al B.
Me interesa este libro. Lo buscaré.

Gracias y saludos.

viejecita dijo...

Los marcianitos me han medio hecho desaparecer muchos de los enlaces a los juegos de lógica, pero dejo este, que no consiguieron esconderme

http://www.juegosdelogica.com/neuronas/acertijos2.htm

Había uno estupendo para ver si uno se fijaba en las cosas que salían en la pantalla, voy a ver si lo encuentro de nuevo, buscando en Plaza Moyúa...

viejecita dijo...

Otro test muy divertido:
http://www.youtube.com/watch?v=vJG698U2Mvo

viejecita dijo...

Y un libro
"The invisible Gorilla, and... " de Chabris y Simons
( de los autores del video anterior )

Y no se preocupen, que ya me marcho

Anónimo dijo...

Lo peor, don Navarth, son los dos días previos de evacuación y enemas. Yo he dirigido un periódico digital sentado en el WC de casa con un carrito delante, con el ordenador encima. Cuando llegas a la clínica tienes el objetivo ya dilatado e irritado. Ya todo te da igual.
(como don Neo solo se opera de la cadera, no sabe lo que es malo...)

Napo dijo...

Don Navart, que como no sé dónde colocarlo se lo digo aquí:

Que si hace usted lo del chapapote ( galipote en mi tierra) yo tengo moito que contar y usted lo considera necesario. Estuve allí en calidad de voluntario ( con una Diputación) una semana, y de mirón también estuve varias veces.

navarth dijo...

Estimado Anónimo, tremenda imagen.

Don Napo, todavía no estoy muy convencido de hacerlo, pero esta tarde voy a colgar en el blog de SG lo que sería la introducción a la historia del Prestige. Por supuesto que estoy interesado en contar con su información y conocer su experiencia.

Axolotl dijo...

Me han gustado el artículo y especialmente la asimilación tan elegante de la conclusión final al verso de Borges (cuya obra "Historia del tiempo", así como muchos ensayos suyos de "Inquisiciones" y "Otras inquisiciones", versa sobre este concepto tan fascinante y esquivo del tiempo, como también lo hace casi toda su obra de ficción).

No obstante, encuentro muy ligera la aseveración de que "el final", la muerte, está sobrevalorado. ¿Cómo puede un acontecimiento que, todo parece indicar, supone el fin de la existencia del "yo constructor del relato" estar sobrevalorado? En todo caso estaría infravalorado.

Axolotl dijo...

Donde dije "Historia del tiempo" me refería a "Historia de la eternidad".

navarth dijo...

Estimado Axolotl, bienvenido y gracias. Lo de la sobrevaloración de la muerte me va a costar explicarlo, porque de hecho no es más que una intuición y como tal puede estar profundamente equivocada (y porque, como usted dice, objetivamente es un hecho bastante relevante)

En realidad quizás no sea tanto una cuestión de sobrevaloración como de distorsión en la evaluación de la existencia. Al ser humano, que es por naturaleza dinámico (no se puede entender si no es inmerso del tiempo) la muerte parece convertirlo en un sujeto estático. Es como si la muerte convirtiera la vida en un proceso dirigido a un fin. Como el fin necesariamente siempre es el mismo, las conclusiones no pueden ser otras que la desolación y la angustia. ¿Tiene sentido vivir si al final no dejamos nada y el final siempre es la muerte, que todo lo borra? Parece que la muerte quita valor a los momentos vividos y pone en evidencia que no hemos construido nada permanente. Bien, ¿y qué? Esa es nuestra naturaleza. Perola muerte de repente obliga al ser humano a aspirar a la eternidad, que bien mirado, dada nuestra naturaleza dinámica, no puede ser otra cosa que la congelación*. Si la muerte desapareciera, la preocupación por la inmortalidad, es decir, por el nirvana estático, desaparecería, y con ella la equivocada aspiración a la inmortalidad. Podríamos disfrutar tranquilamente de nuestra condición dinámica sin envidiar lo perenne, que nos resulta completamente ajeno.

Por eso me parece que el ejemplo de la colonoscopia, con la confrontación del “yo que tiene experiencias” (el ser dinámico) y el “yo que recuerda” (el ser que pretende resumir en estático lo dinámico), y las conclusiones erróneas que éste extrae, me parecía una buena alegoría. Y el hecho de que en las colonoscopias el ser que recuerda tienda a sobrevalorar el final del proceso, que en la vida es la muerte, me parece que de algún modo refuerza la intuición.

Disculpe el rollo que le he soltado. Saludos.

* Las películas de Robert Aldrich reflejan muy bien que cuando el tiempo no fluye libremente y se estanca la inmortalidad parcial obtenida se parece bastante a una pesadilla. Véase “Qué fue de Baby Jane”. O “Hush, hush, sweet Charlotte”.