domingo, 3 de marzo de 2013

LOS SOCIALISTAS UTÓPICOS (?): ENFANTIN

  
Barthélemy-Prosper Enfantin nace en París en 1796 en una familia acomodada. Estudia primero en el Liceo, y después en la Escuela Politécnica donde obtiene el título de ingeniero. A partir de ese momento desempeña diversos trabajos y viaja por el mundo. En 1821 se encuentra en San Petersburgo trabajando en la sucursal de un banco francés. Dos años más tarde vuelve a Francia e ingresa simultáneamente en la Caja Hipotecaria y en la sociedad secreta de los carbonarios, recientemente importada a Francia desde Italia y dirigida por Saint-Amand Bazard. En 1825 se produce el acontecimiento decisivo de su vida: su amigo el matemático Olinde Rodríguez le presenta a Saint-Simón. A partir del encuentro Enfantin se convierte en su más ardiente discípulo, y le ayuda a reorganizar el recientemente adquirido Le Globe, el periódico que utilizarán para difundir sus ideas.

Quienes lo conocen describen a Enfantin como un hombre de buena presencia y gran magnetismo, capaz de provocar impresiones perdurables en quienes se cruzan con él. Tras la muerte de Saint-Simon Enfantin y Bazard se convierten en los “Padres Supremos” de los saint-simonianos, y trasladan su sede a la rue Monsigny, cerca del Bulevar de los Italianos. Pero las diferencias entre ambos son profundas. Bazard pretende que el movimiento tenga una orientación básicamente política; para Enfantin el camino del cambio pasa por crear un nuevo orden moral. Una idea clave en él es la “rehabilitación de la carne”. El hombre es un ser tanto espiritual como sensual, y no hay nada malo en ello. Enfantin enuncia su intención de desarrollar una teoría sobre el amor libre que libre al hombre de la “tiranía del matrimonio”. Las discusiones con Bazard son terribles, y en una de ellas éste sufre una “congestión cerebral”[1]. Finalmente en 1831 Bazard y sus seguidores abandonan la organización. Enfantin, que ha dejado su trabajo para consagrarse a la difusión de su doctrina, queda como Padre único.


La influencia de Enfantin no deja de crecer, y nuevos seguidores confluyen sin cesar a la sede del grupo. Libre de Bazard continúa desarrollando sus teorías. Según él el desarrollo de la humanidad ha creado un cisma absurdo entre el cuerpo y la mente que ha convertido al hombre en un ser incompleto:
La humanidad se desarrolló primero materialmente y luego espiritualmente. Un día deberá armonizar el desarrollo de la mente y la materia. Cuando la humanidad estaba bajo el influjo de la ley de la carne, de la ley de la sangre, los líderes eran hombres violentos (…) Cuando el espíritu decidió resistir a la carne y la derrotó a través del Cristianismo, usó mentiras, milagros y jesuitismo. Hoy tanto la violencia como la mentira deben cesar. Porque el éxtasis cristiano y la exaltación pagana han enfrentado la carne y el espíritu en situación de hostilidad, y así han destinado la carne a la violencia y el espíritu a la mentira. Por tanto esta guerra, esta lucha, esta hostil disposición, deben rendirse a la ley del amor, que dará satisfacción a ambos, carne y espíritu, ciencia e industria (¿?), culto y dogma, teoría y práctica” [2]

Una mañana un discípulo llamado D’Eichthal despierta a Enfantin en estado de gran agitación. Le cuenta que la noche anterior, estando en Notre Dame ha recibido una revelación: “Jesús vive en Enfantin”. Resulta que Enfantin es uno de los miembros de una Sagrada Pareja, el Hijo y la Hija de Dios, que deberán proporcionar a la humanidad un nuevo evangelio. La idea no sorprende en exceso a Enfantin, aunque se muestra inicialmente cauteloso. Mientras no parezca la Mesías femenina, dice a D’Eichthal, yo tampoco seré el Mesías, y le pide que le deje seguir durmiendo. Pero D’Eichthal vuelve a aparecer al poco tiempo y le dice que es la hora de proclamarse Hijo de Dios. Enfantin se levanta, se calza las medias, y proclama solemnemente “Homo sum” [3]. A partir de ese momento es rebautizado como Cristo, como Papa, y como “La Ley viviente”. El nuevo Mesías se deja crecer la barba, posiblemente para imitar al original, comienza a usar una túnica con la P de Padre bordada en ella, y continúa elaborando su evangelio particular.


Enfantin defiende que la creencia en que el hombre tiende a la promiscuidad y la mujer a la fidelidad no es más que un mito. Para él hay dos caracteres básicos, el tipo Otelo, tendente a la fidelidad, y el tipo Don Juan, orientado hacia la variedad, y esta clasificación es transversal a ambos sexos. Ambas tendencias son igualmente válidas, y el nuevo orden deberá atender a sus necesidades básicas. Con los Otelos no habrá problemas: cuando encuentren sus parejas se dedicarán a sus asuntos sin molestar a nadie. Pero los donjuanes masculinos o femeninos serán más complicados de manejar y necesitarán un guía. Se trataría de encontrar a la Sagrada Pareja que “regularía, santificaría y lubricaría (sic) las relaciones de los sexos a través de la gracia del abandono”. En otras cuestiones sobre sexualidad Enfantin se muestra menos explícito, y se remite a la inminente llegada de la Mesías femenina para que les aclare las dudas.

Para difundir sus teorías Enfantin, sin reparar en gastos, organiza animadas reuniones, conferencias y bailes en la rue Monigny. Más tarde comentarán, escandalizados, que “a estas reuniones acudían mujeres jóvenes y elegantes que bailaban por el gusto de bailar, sin percibir el aspecto religioso de estas danzas y placeres” [4]. Los dispendios provocan problemas financieros a la organización, y la naturaleza de las reuniones la aparición de la policía. Enfantin es detenido, acusado de atentar contra la moral pública, y brevemente encerrado.


Al salir de la cárcel Enfantin y sus adeptos se mudan a Ménilmontant, en las afueras de París. Allí continúa con sus enseñanzas sobre la emancipación femenina, y persevera en la búsqueda de la Mesías femenina: “Esperamos a la mujer que, con el hombre, encuentre la ley definitiva bajo la que el hombre y la mujer estarán unidos y vivirán en una sagrada igualdad” (las cursivas no son mías). Pero la policía continua vigilando al Padre, y tiene lugar un segundo arresto en el que Enfantin insiste en ser defendido por dos mujeres alegando que la cuestión es de suma importancia para el futuro del sexo femenino. A pesar de ello es juzgado culpable y encerrado durante unos meses.

Mientras tanto, a través de algunas revelaciones secundarias, la Comunidad ha llegado a la conclusión de que la Mesías Femenina será judía y se encuenta en un lugar indeterminado del cercano oriente. Así que con el fin de encontrarla Enfantin y sus discípulos se trasladan a Egipto, tierra mucho más espiritual que un suburbio de París. Además, intentando compatibilizar una vez más lo material y lo espiritual, Enfantin promueve la construcción de un canal entre el Mediterráneo y el Mar Rojo que sirva para el matrimonio de la espiritual, estática, y femenina cultura oriental con el materialista pero activo occidente. Enfantin no alcanza el éxito en ninguna de las dos empresas, pero las andanzas del grupo atraen la atención del Virrey de Egipto, y algunos de los adeptos del Padre, tras cambiar su fe por la islámica, deciden quedarsea su servicio.


Al volver a Francia Enfantin se encuentra desencantado. No duda de la verdad de su doctrina, pero entiende que el mundo no está maduro para recibirla. Comienza a desempeñar trabajos más bien prosaicos, y en 1841, por mediación de algunos amigos de la Escuela Politécnica, ingresa en una comisión científica que viajará a Argelia para realizar un estudio sobre el norte de Africa y la colonización. En 1843 escribe La colonización en Argelia. De vuelta en Francia, en 1945 es nombrado director de los ferrocarriles de París y Lyon, cargo que desempeña con gran competencia. Además crea el diario Le Crédit y utiliza su influencia para abogar por la creación del Crédit Foncier, un banco hipotecario público destinado a financiar a los ayuntamientos. Enfantin muere en París en 1864. Finaliza así la extraordinaria carrera del hombre que comenzó como Mesías y acabó como eficaz ingeniero de trenes.

Notas: [1] E. Durkheim: El socialismo. [2] P. Enfantin: Extracto de la palabra del Padre en la reunión general de la familia del 19 de noviembre de 1831. [3] E. Wilson: Hacia la estación de Finlandia. [4] Reybaud: Reformadores.



Imágenes: 1) 3) 4) y 5): Enfantin en distintas etapas de su vida. 2) Bazard.
 

7 comentarios:

viejecita dijo...

Don Navarth
Espero que no esté estropeando sus fines de semana para "echarnos qué leer" a sus fans insaciables...

El tal Enfantin me ha parecido que , al menos en la parte de su vida en que se hizo llamar El Padre, resultaba bastante infantil, haciendo honor a su nombre.
Pero ahora tengo una confesión que hacer : No he leído las memorias de Saint Simon, y me doy cuenta que es una grave lacuna por mi parte. ( Me lo recomendaba muchísimo una amiga de juventud, pero, a pesar de que también me recomendó a Merton, que sí me gustaba, pensé que no iba a ser lo mío, y pasé. Y ahora me arrepiento, así que si encuentro el libro en Kindle, me lo compraré ).
Porque lo de "algo tendrá el agua cuando la bendicen", seguramente se le podrá aplicar a Saint Simon y sus memorias.

Claro que Rousseau me pone de los nerrrvios, y a ese, si que lo citan todos, y sí que ha tenido, y, por desgracia, sigue teniendo influencia.

En cualquier caso
¡¡¡ Muchísimas Gracias, y que disfrute del resto de su domingo !!!

navarth dijo...

¡Qué va! El caso es que me levanto muy pronto (contribuye a ello que tenemos dos perros que a las 7:30 ya están dando la lata), de modo que tengo tiempo de sobra para sentarme y escribir cosas. Pero el resto del día lo hemos aprovechado, que además ha hecho un día estupendo.

Saint Simon, a juzgar por lo que he leído, parece capaz de pensamientos brillantes enredados en una maraña de disparates. Es un tipo presumido que al final resulta simpático. La entrada de Saint Simon es difícil de organizar y redactar, por eso empecé por Noyes.

Avizor dijo...

Entré hace pocos días en el blog, viendo que hay entradas de todo tipo. Tiene la página a toda máquina Sr. Navarth. En el asunto de las utopías está claro que los humanos nunca estamos a la altura de las mismas. ¡¡Hay que ver como somos!!.
Mi agradecimiento por sus entradas Sr. Navarth y a ver si tengo tiempo para seguir el blog de forma más continuada.
Un saludo cordial.

navarth dijo...

¡Hombre Don Avizor!, me alegro de verlo de nuevo por aquí.

Hay que decir que en algunos casos, como el de Cabet, la propia utopía es tan temible como su resultado. Saludos.

Belosticalle dijo...

Querido Navarth, esta entrada suya me ha hecho recordar , en una de mis deambulaciones parisinas a finales de los 50, cómo topé de improviso un rótulo de un domicilio social de sansimonianos de corte religioso, y me pregunto si serían supervivientes enfantinos. Visité el piso por curiosidad, y apenas recuerdo nada, salvo una especie de capilla a modo de logia.

Así que gracias también por despertarme la memoria.

Por cierto, esa confluencia de fantasías, incluso propias de un orate, en personas de gran sentido práctico no es rara. Ahora ando yo también con alguna de ellas, aunque el idealismo de mi Eloísa nunca me llevaría a tomarla por loca.

luigi dijo...

.
Disculpe, Navarth, mi, más propio de trenes, retraso.

Enfantin: El Factor Mesías.

navarth dijo...

No se disculpe Luigi. Con retraso o sin él usted siempre es bienvenido.

p.d. Lo de ‘El factor Mesías’ parece un título de Graham Greene.