lunes, 19 de diciembre de 2011

EN POS DEL MILENIO

Entonces vi tronos donde se sentaron los que recibieron autoridad para juzgar. Vi también las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios. No habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente ni en la mano. Volvieron a vivir y reinaron con Cristo mil años. Ésta es la primera resurrección; los demás muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Dichosos y santos los que tienen parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” Apocalipsis 20, 4-6.


Este es el texto del Apocalipsis con el que nace el milenarismo en su sentido estricto. Según él, Cristo volvería a la Tierra en un momento no precisado, resucitaría a los mártires, aquéllos que habían sufrido persecución en su nombre, y reinaría con ellos durante 1.000 años. Después, vendría el Juicio Final propiamente dicho, en el que Cristo resucitaría a los demás y los asignaría a sus nuevos destinos, el cielo o el infierno. No es el único texto profético en el que se augura un reino terrenal de una duración determinada. En Esdras se habla de 600 años, pero la cifra 1.000 es mucho más rotunda, y ésta fue la que se impuso.

Algunos atribuyen el Apocalipsis al evangelista Juan, y otros, a una denominada “comunidad juanina” integrada por autores que decían escribir inspirados por el primero. Fue redactado a finales del s.I d. C., en unos momentos especialmente complicados tanto para judíos como para cristianos. En lo que se refiere a los primeros, en el año 70 había tenido lugar la destrucción del Templo de Jerusalén por parte de Tito. En cuanto a los segundos, era en esta época cuando se habían desarrollado las violentas persecuciones religiosas por parte de Domiciano. Por eso, el mensaje del texto era el siguiente: no flaqueéis; el mundo está ahora gobernado por un poder diabólico, pero todo es parte de un plan preestablecido; Dios os está poniendo a prueba y los que la superen reinarán con él, tras aniquilar a sus enemigos, en un mundo de abundancia. Este guión es similar al empleado en la tradición apocalíptica judía, de la que espero hablar brevemente en la próxima entrada.

¿Por qué una primera resurrección? ¿Por qué eran tan importantes esos 1.000 años cuando se estaba hablando de la eternidad? Quizás porque se disfrutarían en este mundo, que ya era conocido, y no en el celestial del que, a fin de cuentas, no se sabía nada. El caso es que, muy pronto, entre los primeros cristianos hubo muchos que interpretaron que la segunda venida de Cristo era inminente, que lo de los mártires podía aplicarse a ellos puesto que lo estaban pasando mal, y que, por consiguiente, estaban destinados a disfrutar del prometido reino de 1.000 años.

‘En pos del milenio’ (Norman Cohn, 1957) se dedica a estudiar los brotes de movimientos milenaristas que tuvieron lugar hasta el siglo XVI. Los montanistas; los tafures de la primera cruzada; los seguidores del Maestro de Hungría; los flagelantes; los adeptos del Libre Espíritu; los taboritas de Bohemia: los fieles de Thomas Müntzer; los anabaptistas de Jan de Leyden en Münster. Cada una de estas historias contiene material para un libro interesante; la de Jan de Leyden, para varios.


Estos brotes solían coincidir con insurrecciones campesinas o de artesanos, que a su vez se desarrollaban cuando las condiciones materiales de vida empeoraban abruptamente. Pero los estallidos milenaristas tienen características propias que los distinguen de estas sublevaciones. Mientras en éstas se perseguían reivindicaciones concretas, que permitieran mejorar situaciones específicas, los movimientos milenaristas suponían una enmienda a la totalidad. Un órdago en el que, tan importante como alcanzar un mundo nuevo, era la destrucción del el antiguo. Podría decirse que las carencias materiales eran un presupuesto necesario para el surgimiento del milenarismo, pero no suficiente: en realidad, más importante parece ser el componente emocional. Los milenarismos se nutrían de los más desarraigados de la sociedad, aquéllos que carecían de lazos familiares, comunitarios o gremiales, y que sentían que no tenían un lugar en el mundo. La mezcla de frustración, desorientación y desamparo, hacía a sus integrantes especialmente susceptibles a la llamada de todo aquél que les indicara cuál era su papel en la vida. Y decir ‘papel’ no es gratuito, porque la visión teatral de la existencia era una de las claves en el desarrollo de estos brotes:

a) Uno de los elementos esenciales en los movimientos milenaristas era el profeta, que debía proporcionar el relato capaz de satisfacer las peculiares necesidades emocionales del grupo. Para ello debía convencerlos de que ellos eran los elegidos y de que tenían una misión única en la historia, con lo que les proporcionaba un papel en el drama mucho más emocionante que el que la realidad les había asignado (desde luego, en el nuevo escenario el profeta se reservaba el papel protagonista).

b) El adepto, convencido por el profeta, aceptaba la sustitución de la realidad por la fantasía profética. Esto es a lo que aludía con la expresión ‘enmienda a la totalidad’. El milenarista no pretendía la modificación de aspectos concretos de la realidad, sino su sustitución por un ensueño.

Pero junto al alejamiento de la realidad, el segundo componente clave del milenarismo era la ira. La combinación del resentimiento derivado de la frustración, con la convicción de ser los elegidos hacía que los adeptos se situasen muy por encima de los ajenos al grupo. Y puesto que ellos representaban el Bien absoluto, los otros tenían que representar necesariamente el Mal, lo que los convertía en eliminables, no sólo sin remordimientos, sino con satisfacción. La combinación de desprecio por la realidad y resentimiento convertía a los movimientos milenaristas en fuerzas extraordinariamente destructivas. Especialmente para sí mismos, pues la realidad sólo es omisible a corto plazo.

¿Y a qué viene todo esto? ¿Qué interés, salvo el deseo de conocimiento, pueden tener actualmente los milenarismos? Pues que estos movimientos son precursores de los grandes movimientos revolucionarios del siglo XIX y XX, con los que comparten características esenciales. Y eso es así porque, si bien la apariencia externa ha variado (pues es la parte sujeta a la moda), el cóctel emocional de los que se han sentido (y se sienten atraídos) por los milenarismos es bastante constante en el tiempo. Por eso, en lugar de intentar desmontar las ideologías aparentes en las que pretenden basarse los nuevos milenarismos, deberíamos entender este sustrato emocional, porque, aunque la cobertura ideológica quedara intelectualmente demolida, el milenarista, con su bagaje emocional intacto, se limitaría a desplazarse a otra. De paso, considerar a Marx un profeta puede ayudar a entender cabalmente el marxismo.

Norman Cohn finaliza su libro con estas palabras: “El antiguo idioma religioso ha sido sustituido por otro secular, lo cual tiende a oscurecer lo que de otro modo sería obvio, pues la verdad pura y simple es que , despojados de su original justificación sobrenatural, el milenarismo revolucionario y el anarquismo místico continúan presentes.”
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Imágenes.
1. Los cuatro jinetes del Apocalipsis, por Durero.
2. El profeta Jan de Leyden.

8 comentarios:

Jorge Arturo Muñoz dijo...

Muy interesante. Matizaría que constructos de la razón suman, a partir de la Ilustración, a la base emocional que citas, conceptos y "verdades" en nombre de las cuales los cambios y revoluciones no son fruto de voluntarismo emotivo alguno, sino consecuencia de "leyes de la historia", "espíritus absolutos en su devenir", o "hechos objetivos que justifican la salida a una contradicción". Es decir, que la razón levanta también castillos que, en nombre de "la verdad", destruyen libertades al tiempo que impulsa las revoluciones sociales y políticas. Ahí están Hegel, Comte o Marx, como casos principales. Un abrazo y felices fiestas.

navarth dijo...

Sí, sí, absolutamente. Esa es la gran paradoja. La Ilustración no representó en triunfo de la razón más que en la forma, es decir, en la necesidad de dar una apariencia racional o científica a las ideologías. Ignoró las emociones, pero esto no hizo que desaparecieran.

Y algo aún más curioso. No sólo el sustrato emocional se ha mantenido básicamente inalterado desde los milenarismos religiosos a los ‘científicos’ de los siglos XIX y XX: también parte de la fantasía religiosa se ha trasladado a la ideología. Hay un artículo muy interesante del libro que habla de un tal Joaquín de Fiore, para el que la historia era una evolución en tres épocas sucesivas (una presidida por el padre, otra por el hijo, y la última por el espíritu santo). Pues bien tanto Compte como Marx recogen la teoría de las tres épocas (el primero distingue entre la época teológica, la metafísica y la positiva; el segundo entre los modos de producción antiguo, feudal y burgués) Y los nazis pretendían instaurar el Tercer Reich, que debía durar, precisamente, mil años.

Un abrazo. Feliz Navidad.

benjamingrullo dijo...

Lo que acojona es encontrar el mismo patrón en las utopías ilustradas. Pero más que “entender el sustrato emocional”, pienso que, como siempre, lo que hay que descifrar es el relato con promesa de inmortalidad futura y bienestar presente, que se oculta tras la palabrería milenarista.

A mí me encanta analizar este libro complementándolo con el de Becker.

Jorge Arturo Muñoz dijo...

Como consecuencia, tan peligroso ha sido quien cree "saber mucho" -por vislumbrar lo que otros no entienden- como quien quiere más poder y abusa del mismo. Los filósofos que han señalado los límites del conocimiento humano (Mandeville, Hume, Popper, Hayek,...) han sido críticos con la autoidolatría de la razón (Rousseau, Hegel, Fichte, Comte, Helvetius, Saint-Simon,...)y su aplicación práctica, tan desastrosa como el milenarismo resentido. La ignorancia y la libertad son inversamente proporcionales. Como dices...¡Qué paradoja!

navarth dijo...

Por cierto BENJA, no sé si este libro me lo habías recomendado tú o Ben Gunn

BenGunn dijo...

La recomendación le corresponde a BENJAMINGRULLO, aunque la suscribo plenamente. Me gusta mucho Cohn, del que tengo varios libros, incluido el que comentas hoy.
Otro título suyo que puede interesarte es El mito de la conspiración judía mundial, donde narra el origen de los Protocolos de los sabios de Sión.

Carmen Quirós dijo...

Entro, tanto para disfrutar de su entrada, que no había podido leer hasta hoy y me ha gustado tanto como es habitual, como para desearle un Feliz Año Nuevo a usted, a Brunilda y a sus seguidores.

Un abrazo.

gorkataplines dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.