miércoles, 16 de febrero de 2011

EL PRETENDIDO LAICISMO

La Ilustración se encargó de convencer al hombre de que es un ser racional. No es así, desde luego. Los instintos y emociones no desaparecen ante una declaración solemne (afortunadamente), y. en una abrumadora proporción, los hombres continúan tomando sus decisiones por impulsos emocionales. ¿Qué tenía que hacer el ser humano para seguir viéndose a sí mismo como racional? Pues aprender a construir argumentaciones a posteriori para justificar las decisiones emocionales tomadas de antemano. Es esta una habilidad en la que ha alcanzado cotas de virtuosismo, pues ha llegado a conseguirlo de manera instantánea y sin ser consciente del proceso. En esta fase estamos: el hombre no es predominantemente racional, sino mentirosillo (incluso ante sí mismo) lo que lo hace, con frecuencia, un poco cargante.

Dentro del mapa de emociones de la persona, hay un conjunto francamente importante de ellas (inmortalidad, pertenencia, desamparo…) que tradicionalmente encontraban resguardo en la religión. No me parece bien ni mal. Pero las religiones, que habían renunciado explícitamente a la aplicación de la razón en su campo, quedaron por este motivo completamente desprestigiadas por la Ilustración. Las emociones no habían desaparecido, desde luego, pero el hombre moderno ya no podía acudir a la religión. ¿Qué hacer? Pues buscar algo nuevo* que, a la vez que continuara satisfaciendo su anhelo de inmortalidad y de pertenencia, y dando sentido a su vida, mantuviera un disfraz racional aceptable. Era el tiempo, por tanto, de las religiones científicas, de la que el marxismo y sus derivados constituyen un ejemplo evidente.

Visto desde este punto de vista ¿qué quiere decir laicismo? ¿Qué la religión esté ausente de la política? Pues bien, esto es algo que la religión católica ha conseguido desde hace mucho tiempo. Pero, obviamente, no ocurre así con las religiones modernas, en las que la política es, precisamente, el receptáculo de las emociones religiosas. Es altamente ridículo, por tanto que los más furibundos laicistas sean, a la vez, adeptos a una religión política como la Progresía.



* Esto es, creo, a lo que se refiere la famosa frase de Chesterton: lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo.

21 comentarios:

candela dijo...

Muy interesante la contraposición entre la ausencia de la religión en la política (laicismo) y la presencia totalizadora (como receptáculo) de la nueva religión. Una Teocracia en la que Dios ha siso sustituido por otra entidad, el Progreso que cumple las mismas funciones.

¿Cómo podríamos llamar a la Teocracia actual?
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El hombre que no es predominantemente racional (como usted dice) se ha convertido en un experto racionalizador de su conducta.

Bate dijo...

Chesterton, un visionario.
Qué bien conocía el británico la naturaleza vanidosa del hombre.
La razón de ser del catolicismo es la Fe, del latin fider, "confiar". Al confiar y poner la esperanza en la Palabra de Dios, se desconfía de las nuevas religiones científicas creadas por el hombre.

Cuando G.K Chesterton dijo que "lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo", seguro que sobrevolaba por sus pensamientos las palabras escritas en el libro del Eclesiastés.


Un placer leerle
Excelente artículo don Navarth.
Me lo guardo.

Bate dijo...

Perdón.
Chesterton, un profeta,
mejor así.

Horrach dijo...

En cuanto a la Ilustración, yo sintetizaría su legado en dejar constancia de que el hombre es 'potencialmente' un ser racional. Luego depende de cada uno dar contenido a esa potencialidad, y como usted bien dice, la mayoría sigue dejando a la racionalidad fuera del análisis de sus presupuestos emocionales de partida. Luego vamos de críticos por el mundo, pero el camino fácil sigue siendo el más transitado.

Me interesa también mucho lo que viene después, esa especie de traslado de lo religioso a otras esferas de la realidad, como la política, la homeopatía, los deportes, etc (muy fino el gran Chesterton). Es un fenómeno muy inconsciente en quien lo padece, porque nunca admitiría el interesado que sus pasiones son de naturaleza puramente religiosa (sobre todo si vamos al origen etimológico de religión, que es el latino 'religare', que significa vincular, unir, crear identidades que vinculen a la comunidad. O sea, una máquina de producir gregarismo), pues se suele tratar de gente que frecuenta territorios comunes tales como "no creo en la Iglesia como institución" o "la religión es el opio del pueblo", etc.

abrazos

PD: siento no poder plantearle hasta ahora una fecha para las birras de turno, pero llevo unas semanas locas (episodio de estrés incluido, además de la hospitalización de un gran amigo, etc.).

navarth dijo...

candela dijo...
Muy interesante la contraposición entre la ausencia de la religión en la política (laicismo) y la presencia totalizadora (como receptáculo) de la nueva religión. Una Teocracia en la que Dios ha siso sustituido por otra entidad, el Progreso que cumple las mismas funciones. ¿Cómo podríamos llamar a la Teocracia actual?.

CANDELA, es tal y como lo dice. En cuanto al nombre, se aceptan sugerencias.
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El hombre que no es predominantemente racional (como usted dice) se ha convertido en un experto racionalizador de su conducta.

En cuanto a esto, hay autores que lo vieron hace ya mucho tiempo (por ejemplo, Pareto). Pero es que incluso hay un experimento muy curioso que demuestra hasta qué punto estamos tan acostumbrados a racionalizar las decisiones que tomamos, y todo parece indicar que lo hacemos de forma inconsciente e instantánea. Hablé de ello aquí, aunque creo recordar que me quedó un poco confuso. Abrazos.

navarth dijo...

Hombre BATE, bienvenido. Está usted en su casa. Se puede decir que el católico tiene sus necesidades religiosas cubiertas, de modo que no necesita proyectarlas en otros ámbitos como la política. Por tanto, la amenaza real de intrusión de la religión en la política no proviene actualmente de la derecha, sino de la izquierda. Y además, como dice Candela, de forma totalizadora.


A la progresía le suele inquietar que alguien abrumadoramente brillante sea declaradamente católico, y ese es el caso de Chesterton. Por eso, no creo que frecuenten sus escritos. Por cierto ¿me podría aclarar lo del Eclesiastés? Saludos.

navarth dijo...

Conste HORRACH que yo no pretendo desterrar las emociones del ser humano (como, aparentemente, pretendían Compte y los positivistas) En el mejor de los casos, esto nos convertiría en auténticos coñazos. Pero creo que es necesario cartografiar ese mapa de emociones, y detectar cuándo éstas están funcionando y están suplantando a la razón.

En cuanto a lo segundo, supongo que ese traslado no consciente de lo religioso a otras esferas de la realidad es un efecto inevitable de la desaparición de la religión, digamos, declarada. Puesto que las emociones no desaparecen, necesitan enfocarse en algún otro sitio.

Y no se preocupe, ya tomaremos las birras cuando tenga más tiempo.

Bate dijo...

Muchas gracias por la acogida don Navarth.
Un verdadero honor.

Me pide que le aclare la posible huella que bajo mi punto de vista dejó el Eclesisté en Chesterton y la frase por usted referida. Bien, creo que lo mejor sería dejar al "autor" que se explicara:

Prólogo (9-11)

Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!

Si hay algo de lo que dicen: «Mira, esto sí que es algo nuevo». en realidad, eso mismo ya existió muchísimo antes que nosotros.

No queda el recuerdo de las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después.


Un saludo.

Bate dijo...

Perdone que entre de nuevo.
Bien dice usted "la amenaza real de intrusión de la religión en la política no proviene actualmente de la derecha, sino de la izquierda"

Oiga, es doloroso para un cristiano que el proyecto totalitario de este gobierno deje a mucha gente de bien de izquierda fuera de la Iglesia.

Se puede votar laborista en Gran Bretaña y ser católico; en nuestro país, un católico comprometido con la Verdad, no puede votar al PSOE,
es imposible votar a un partido que considera el aborto un derecho.


Aún no hemos calibrado en toda su angustiosa profundidad la naturaleza diabólica de esta nueva Izquierda española.

navarth dijo...

BATE, yo estoy encantado de que entre todas las veces que quiera, y gracias por la aclaración del Eclesiastés (me avergüenza mi ignorancia).

En cuanto a lo que dice en el segundo correo, el trasvase es difícil en ambas direcciones: el católico encontrará serias dificultades para votar al PSOE, y el del PSOE tendrá serias dificultades para ser católico, pues ya tiene su propia religión (aunque en este caso política). de modo que el catolicismo es, en realidad, la competencia. Saludos.

Maimónides dijo...

Mr. Navarth
Siempre es un placer leerle. Solo unas pinceladas. Son comentarios que aparecieron el domingo pasado en el artículo de John Carlin en El Pais.

“El romance en el fútbol ha desaparecido...Cuando te incorporas a aun club quieres hacer lo mejor para ti y para el club.Eso es todo”
Fernando Torres

Bien, pero un aficionado no puede permitirse pensar de esa manera. Le privaría de la posibilidad de vivir las intensas emociones que la vida real le niega.

¿Otra forma de religión , quizás?

Respecto a la justificación de los actos, recuerdo una frase de un jesuita sabio que decía "Quién no vive como piensa, acaba pensando como vive "
Tomás Morales S.J

luigi dijo...

Como parece ser que en la naturaleza hunana habita una necesidad de trascendencia. Como parece que también la de creer en algo, entonces, que mejor que creer en algo grande. Y qué más grande que la Salvación y el Paraiso, en la otra vida o en esta.

Y no digo yo que no existan.

Brunilda dijo...

El hecho de que el marxismo sea para la progresía una religión es lo único que explica que la mayoría no cambie de opinión nunca, a pesar de todos los argumentos y explicaciones que quieras darles y a pesar del fracaso del modelo en el que creen. Es curioso porque te encuentras a gente muy inteligente que en otros ámbitos es muy brillante y en política tienen un nivel de argumentación de niño de 6 años, que Marx les bendiga!

José Antonio del Pozo dijo...

Espléndida disección del laicismo, Navarth: oprearía también hay, como señaló Juaristi, una transferencia de sacralidad a la política, como Robespierre y su culto exacerbó, pero mientras los cristianos suspenden el Paraíso para después de la muerte, los laicistas creen poder traerlo al presente, violentando la naturaleza del hombre y produciendo ocasión tras ocasión guillotinescos infiernos, porque la sed de ansiedad que ellos levantan con tan formidables exigencias a lo político sólo se sacia con absolutos, con absolutos absolutismos, claro
Saludos blogueros

navarth dijo...

Bienvenido MAIMONIDES. La frase del jesuita me parece muy brillante (me la apunto). Hay un tal Festinger que se ha dedicado a estudiar lo que llama disonancia cognitiva. Es la inquietud que se produce en nosotros cuando nuestros actos no se ajustan a nuestros valores. Como la disonancia es molesta, intentamos eliminarla ajustando los hechos a los principios… o viceversa. Porque lo curioso del ajuste de disonancia es que, precisamente, y tal y como dice el jesuita, suele funcionar al revés: ajustamos nuestras convicciones, a posteriori, a nuestros actos. Por eso, el criminal acaba viviendo en un mundo en el que, para ajustar la disonancia, el crimen es normal, o incluso correcto.

Sobre la base de la disonancia cognitiva, Festinger ha estudiado unos modelos típicos de comportamiento (los llama ‘paradigmas’) hablé de uno de ellos aquí, pero su comentario me induce a hablar también de los otros. Saludos.

navarth dijo...

Mucho mejor en el otro mundo, LUIGI. El comunismo (por ejemplo) nos ha demostrado cuánta gente puede ser eliminada con el pretexto de instaurar un paraíso en la Tierra. Un paraíso siempre futuro, claro está.

navarth dijo...

Tal cual, BRUNILDA. Cuando uno se topa con este tipo de agujero negro de la argumentación, en el que la razón es incapaz de entrar, es legítimo sospechar que, en realidad, lo que está actuando es una emoción. En este caso, no sirve de nada demoler con argumentos la racionalización que enmascara esa emoción. Como ésta persiste, el sujeto, una vez desalojado de su racionalización previa, se refugia en otra. Y tan contento.

navarth dijo...

Bienvenido José Antonio, y gracias. Como he ido contestando los correos uno por uno, veo ahora que su comentario es exactamente lo que quería haber contestado a Luigi. La búsqueda del paraíso en la tierra tiene exactamente el riesgo que usted describe. Saludos.

luigi dijo...

Navarth, pienso, que lo mejor sería que no forzaran a nadie a ir al Paraíso, a ninguno, incluso pasando por encima de tu cadáver.

benjamingrullo dijo...

Para mí que inmortalidad, pertenencia y otras muchas inquietudes van en el mismo paquete. A un blog nacionalista he subido esto:

"La identidad nos permite descubrir la forma en que las personas construyen su significado y se piensan a sí mismas. Generalmente se explican a sí mismas a través de su comunidad, de la dimensión colectiva del individuo. Es el Nosotros el que dota de significado trascendente al individuo. Un Nosotros ofrece muchas de las cosas que la gente busca: cobijo, seguridad, un curro relajado, amistad, pertenencia… y, encima, los Nosotros más consistentes, se apropian del pasado más remoto y del futuro para pretenderse cierta continuidad a lo largo de la historia. Así te regala trascendencia e inmortalidad, “Te invito a participar en algo grande y eterno”. “Ah, la sempiterna lucha de los vascos…”. La necesidad a la que se pretende dar respuesta entra ya en el terreno de lo religioso.

Por eso la identidad es una construcción que nos permite, como pocas, entender el misterio, o la farsa, de la naturaleza humana. El hombre tiene dos preocupaciones fundamentales: no morir y vivir estupendamente. Cómo mezclamos ambas descubre nuestra faceta más divertida. A veces somos tan creativos que conseguimos solucionar estas dos inquietudes - la inmortalidad y las alubias - con un mismo producto. En este sentido, algunas identidades resultan el último grito en trascendencia materialista. Un producto gracias al cual uno puede conseguir cierto sentido de inmortalidad y un caserío domótico. Esa identidad puede que sea una baratija racional, pero significa pertenencia, dinero y alma. Lo último en tecnología del autoengaño. Como elemento catalizador es imbatible. En un Nosotros se mezclan las necesidades más vulgares con las más sublimes. Un buen Nosotros abarca todo el arco de motivaciones. La pirámide de Masslow en una sola capa. Un paquete irresistible. Puede que sea una mentira pero, qué más da que lo sea, si sirve para sobrevivir estupendamente y no estar solos.

El hombre no soporta la idea de morir, tanto que se ha diseñado a sí mismo para negar esta posibilidad. Los nuevos herejes buscan en la historia un objeto que tenga cierta continuidad para diluirse en él y que les otorgue inmortalidad. Un pueblo, una clase, una causa, un sentido de la historia... y si no lo encuentran se lo inventan. Organizan su identidad, matan, roban, se apropian de espacios y recursos…. y hacen un inmenso ridículo. Tiene su gracia veros."

navarth dijo...

Pues no se BENJA. Yo creo que es útil diferenciar las emociones: pertenencia, inmortalidad, desamparo… También la frustración que producen, y el odio y la violencia que, inevitablemente, ésta genera. Quizás sean parte de un todo, pero de momento lo que conocemos son fogonazos con una linterna en una habitación oscura.

Menudos mamporros atizas en los blogs nacionalistas. Bien hecho. Yo creo que la razón no influye a corto plazo en las emociones, pero sí a largo. Abrazos.