jueves, 15 de octubre de 2009

EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR GAZZANIGA

La explicación no será muy precisa ni muy técnica, y posiblemente diré muchas barbaridades, pero lo que recuerdo sobre el asunto es esto. Parece ser que ambos hemisferios del cerebro humano tienen capacidad para funcionar de forma más o menos independiente (algo así como un sistema redundante formado por dos ordenadores), pero se transmiten la información por medio de lo que se denomina el cuerpo calloso. Los hemisferios controlan la parte opuesta del cuerpo: el derecho controla, por ejemplo, la mano y el ojo izquierdos, y viceversa. Sin embargo, parece ser que el lenguaje, la capacidad para generar discursos coherentes, se encuentra exclusivamente en el hemisferio izquierdo. Pues bien, parece ser que en determinados casos de epilepsia grave el tratamiento consiste en extirpar el cuerpo calloso. El sujeto, curiosamente, puede desarrollar una vida normal, pero sus hemisferios funcionan de forma independiente, sin estar conectados entre sí. Por esta circunstancia, estos pacientes se convirtieron en los sujetos perfectos para los experimentos de Gazzaniga.

Gazzaniga colocaba al sujeto del experimento con un panel colocado a la altura de su nariz, de modo que su ojo izquierdo tuviera a su alcance unas imágenes y su ojo derecho otras distintas. Por ejemplo, en un caso mostró la imagen de una gallina al ojo derecho (esta información llegaba al hemisferio izquierdo) y la de un paisaje nevado al ojo izquierdo (esta información llegaba al hemisferio derecho). Y a continuación presentó al sujeto otra serie de imágenes para que escogiera las que considera relacionadas con las precedentes. Y entonces el sujeto escogió la de un saco de alpiste con la mano derecha (pues el hemisferio izquierdo la relacionaba con la gallina) y la de una pala quitanieves con la izquierda (pues el hemisferio derecho la relacionaba con el paisaje nevado) Y ahí estaba el hemisferio izquierdo contemplando la pala quitanieves que había escogido su mano izquierda, por motivos que ignoraba por completo, pero con la imperiosa necesidad de generar un discurso coherente. Pues bien, con total aplomo, el hemisferio generó una explicación, que, desde luego, no tenía nada que ver con el motivo real de la elección (puesto que no lo conocía) pero que tenía una apariencia racional convincente: la mano derecha había cogido el alpiste para la gallina, y la izquierda la pala para limpiar el gallinero.

Los experimentos de Gazzaniga lo llevaron a afirmar que con frecuencia la argumentación racional de la propia conducta se realiza a posteriori con respecto a la decisión que ya se ha tomado por otras vías. El ser humano no es tanto un ser racional como razonador (a posteriori), una conclusión, a la que ya había llegado Pareto con más de un siglo de antelación (y sin necesidad de lobotomizar epilépticos).

Esto es aplicable a lo que hoy se comenta en el blog de Santiago. Si de algún modo (por ejemplo, por un instinto muy parecido al religioso) hay gente que llega a la conclusión de que su ideología representa la bondad, no tendrá ninguna dificultad en construir a posteriori racionalizaciones para justificar esa toma de posición. Pero, como no ha llegado a ella a través de la razón, será imposible desalojarlos de esa posición utilizando la razón.

2 comentarios:

benjamingrullo dijo...

Qué bien que Santiago se haya retrasado con la entrada de hoy que, si no, no me hubiera pasado por la de ayer. El experimento es acojonante, y no lo conocía. Lo gracioso es que la capacidad de relacionar e inventarse coherencias es infinita, como la fantasía. Como si la imaginación tuviese mucho más poder que los hechos y la percepción de la realidad, como si el pensamiento fuese más imaginación que otra cosa. Estoy convencido de que la imaginación es narración, y de que por ahí sí que se puede modificar la percepción de la gente, mucho más que a través del lenguaje ilustrado y del análisis lógico. Ayer me encontré con esta frase que me encantó: “The view of the human world as a kind of stage set, on which rival fictions are played out”. Así que se trataría de crear un relato alternativo al progre, una narración moral más fiel a los principios democráticos, a la libertad… al menos, más llevadero para los demás.

Gracias, Navarth.

benjamingrullo dijo...

Bueno, más que que la imaginación sea narración, creo que la forma como ordenamos nuestra imaginación es a través de una narración. Adecuamos el pasado al relato que en el presente estamos viviendo y a la idea de nosotros mismos que se deduce de ese relato. Lo bueno de los relatos es que admiten contradicciones y da igual haberse equivocado si tu relato actual te ofrece coherencia narrativa, o sea, futuro. La coherencia ideológica a esta peña se la pela. Y quizá en esto sean superiores.