lunes, 27 de abril de 2009

CUENTO DE PRIMAVERA

Zapatero era nada, pero enseguida descubrió que esto no era necesariamente una desventaja. Para empezar no estaba sometido a las penosas exigencias de la realidad, y era inmune a las leyes del espacio, de modo que podía adaptarse a cualquier forma y situación y colarse por cualquier agujero. Por razones similares, tampoco estaba afectado por la relación de las causas con sus efectos, y podía hacer o decir una cosa y al momento siguiente la opuesta, siempre que fuera con buena intención.

Zapatero, el político inexistente, descubrió que esta cualidad no era relevante en las fotos, y así, si bien era completamente incapaz de realizar cualquier trabajo, podía perfectamente salir en ellas poniendo cara de esfuerzo. Además, llegó a la conclusión de que la única manera de sobrevivir siendo inexistente era rodearse de nulidades. Y de este modo, gracias a todas estas precauciones, consiguió vivir provechosamente, sacar adelante una familia, y ser presidente del gobierno. El único efecto secundario de la situación era la cursilería, única vestimenta apta para cubrir el vacío. Ah, y que el país se desmoronaba.

Como el Presidente Zapatero era nada, intentó definir su existencia por contraposición a otras realidades, como si fuera el reverso, o la imagen opuesta, de éstas. Eligió para ello al principal partido de la oposición (a quién también llamaba “la derecha extrema” o “los neocons”), y de este modo el Presidente Zapatero intentó existir como oposición de la oposición. Y, puesto que pretendía obtener una imagen de bondad, Zapatero comprendió que debía denigrar a su reverso, de quien obtenía su existencia virtual por oposición. Desde luego, esta imagen denigrada tampoco era real, y Zapatero se convirtió en el reflejo de un espejismo.

Un día Zapatero decidió que, puesto que no existía, muy bien podía delegar en otras personas su existencia. De este modo, después de descartar a las integrantes de las Spice Girls, y a algunos futbolistas de éxito, escogió a un prestigioso político norteamericano negro. Aquello fue un acontecimiento planetario, aunque nunca existió. Pero aún así, Zapatero se desvaneció (aunque quizás no sea correcto decirlo, puesto que nunca había existido) pero ni él ni sus votantes se dieron cuenta. Fin

6 comentarios:

Monsieur de Sans-Foy dijo...

Es usted un genio, maestro.
Él es justo asín.

navarth dijo...

¡Ah Monsieur, muchas gracias! Creo que el próximo cuento tendrá que empezar a tratar de los votantes que hicieron presidente a este montón de aire.

Javier dijo...

Buena narración del sinsentido.

Un abrazo.

Monsieur de Sans-Foy dijo...

¡Enhorabuena, don Ifigenio Navarth y Bearn! Lo acaban de anunciar:
¡Ha sido Vd. admitido en el Bilis Club!

García Francés dijo...

Felicidades, D. Navarth, a usted y a su madrina.

Y a su santa esposa, la cupletista georgesandiana. ¡Menuda paciencia debe tener!

Abrazos, amigo.

navarth dijo...

¡Muchas gracias a todos! Mi discurso (breve) de ingreso se efectuará en el blog del Presidente, Don Gracía Francés.