Hoy, para empezar el lunes, Almudena Grandes nos describe orgullosamente una imagen escalofriante de sí misma, con cresta, botas militares y falda de tul. Esta imagen no es más que una introducción que le permite evocar con nostalgia la Movida madrileña, que, según ella, cuando alcanzó el poder municipal la derecha se metamorfoseó en procesiones de Semana Santa. Tal cual. Pero esto, a su vez, no es más que otra introducción que le permite conectar con su revolucionaria tesis de fondo: la nueva delincuencia organizada de la noche de Madrid es de derechas, porque va bien vestida. Y es que Almudena es así: observa implacable la realidad y saca sus cuentas. Y ella sabe que dos y dos son cuatro, y cuatro entre dos, quince millones.
“ La política debería ser realista; la política debería ser idealista. Estos dos principios son verdaderos cuando se complementan, y falsos por separado. ” Johann K. Bluntschli
La política puede contemplarse desde una perspectiva ideal y otra real. O bien prescriptiva (lo que debe ser) y descriptiva (lo que es). Lo importante es destacar que, cuando el análisis se acomete exclusivamente desde una de las perspectivas, el error (o el desastre, cuando se tiene poder efectivo) están garantizados. De paso, sospecho que cuando políticos poco escrupulosos llegan al poder, y acceden a un conocimiento privilegiado de la política real, el efecto es devastador. Es fácil que estos políticos lleguen rápidamente a la conclusión de que toda la política es real, y olviden con la misma velocidad el plano ideal o prescriptivo. El político así liberado de escrúpulos pensará que todos los que continúan contemplando la política desde una perspectiva de valores son meros ingenuos, y que él no es un si...
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