lunes, 29 de septiembre de 2008

UNA HISTORIA DEL BRONX

Esta es la historia de una lucha fratricida en el seno de Unión Mallorquina que pone de manifiesto ciertos problemas de la política en Baleares. Es, por tanto, una historia estrictamente local, y sólo deben leerla si están muy aburridos.

El actual presidente de UM es Miquel Nadal, que sustituyó a finales de 2007 a la inefable María Antonia Munar (MAM). Posiblemente una de las razones que impulsaron a MAM a abandonar la presidencia (o viceversa) fue la, digamos, proximidad a ciertos escándalos bastantes pintorescos, como el de Ca’n Domenge, una subasta de bienes públicos realizada con precio máximo (sí, sí, máximo) de licitación; o el de Son Oms, consistente en la percepción de ingresos derivados de recalificaciones. Por cierto, el caso Ca’n Domenge provocó una víctima colateral: la estética. Enfadada con Nuñez y Navarro, el promotor que se había atrevido a ofrecer el doble del precio máximo de la subasta dejándo a ambas, la subasta y MAM, en evidencia, esta última se vengó declarando Bien Catalogado el edificio de GESA, notable horror de la bahía de Palma, que dicho propietario se proponía (y estaba autorizado para) derribar. Así son las cosas en Baleares. ¿Hay más corruptelas aquí que en el resto de España? Tal vez no, pero de la impresión de que aquí, quizás a consecuencia del clima, se hacen a pleno sol.

El caso es que Miquel Nadal había comenzado a preocuparse porque él era presidente, sí, pero un gran número de altos cargos “uemitas” habían sido nombrados por MAM y, por lo tanto, pensaba Nadal, le debían a ella, y no a él, lealtad. Así comenzó la purga. En realidad, la precaución de Nadal era exagerada, pues es evidente que los cargos serán leales, no a la persona que los nombró en el pasado, sino a la que los puede destituir en el presente. Pero tampoco parecía ser consciente de esto el consejero de turismo Francesc Buils, cuando el pasado miércoles, siguiendo instrucciones de MAM, destituyó a dos altos cargos de esta consejería nombrados por Nadal, en represalia por una previa destitución de un conspicuo munarista. Y allí estaban los altos cargos de UM convertidos en patos de feria sobre los que Nadal y MAM disparaban para dirimir sus diferencias, cuando ayer Nadal decidió disparar al pato más grande: el propio consejero de turismo. Pero un momento ¿el jefe del ejecutivo balear no es el socialista Antich? Definitivamente, sí. Entonces ¿qué hacía Nadal destituyendo a un consejero de Antich, por mucho que fuera de su partido? Preguntado el propio Antich, manifestó que estas peleas dentro de una de sus consejerías eran, a pesar de esto, asunto de UM, y se limitó a rogarles que no hicieran mucho ruido y cerraran la puerta al salir.

Las cosas se han solucionado finalmente. El consejero de turismo ha dicho que todo ha sido un malentendido, es decir, se ha dado cuenta de que hay que atender los deseos de quien te puede echar (q.e.d.), y ha aceptado readmitir a sus dos destituidos a cambio de mantener la cabeza sobre los hombros. Pero todo ha puesto de manifiesto un problema que tiene lugar cuando una constelación de partidos pacta para alcanzar el poder: que una vez alcanzado no es ejercido colegiadamente por los partidos que pactan, sino que es desmembrado y cada uno se queda íntegramente con la parte que le corresponde. Y así sucede que partidos con, digamos, un 10% de los votos controlan el 100% de un área de poder. Consciente de que no dirige un cuerpo, sino un conjunto de despojos, Antich no se sorprendió de lo que ocurrió en turismo. Otros nos escandalizamos un poco.

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