martes, 17 de mayo de 2016

COLA DE RIENZO Y PETRARCA: EL DICTADOR Y EL ARTISTA (8)


En algún momento entre 1190 y 1195 el abad calabrés Joaquín de Fiore accedió a una revelación: en las Escrituras se encuentra encriptado un manual para entender la historia de la humanidad, y una guía para averiguar su futuro. No era el primero en pretender encontrar significados escondidos en la biblia –en esos momentos la cábala se estaba desarrollando en España y Francia- pero sí en utilizar ese conocimiento como ciencia predictiva de la historia. En este sentido el abad de Fiore puede considerarse el primer historicista, anticipándose en casi siete siglos a los que vendrían después. Basándose en el Antiguo y Nuevo Testamento, y especialmente en el Apocalipsis, Joaquín de Fiore decidió que proporcionaban un patrón de la historia como un ascenso a través de tres sucesivas edades [15], cada una de ellas presidida por una de las personas de la Trinidad. La primera fue la Edad del Padre; la segunda, la contemporánea al abad, era la Edad del Hijo. La tercera, que estaba por llegar, era la Edad del Espíritu Santo, que comenzaría con la segunda venida de Cristo, duraría mil años, y comparada con las anteriores sería como la luz del sol frente a la de las estrellas, o como el verano frente al invierno. Sería una edad dorada de amor, donde todos vivirían como hermanos sin conflictos ni privaciones. En concreto, precisó de Fiore, el mundo será como un vasto monasterio, expresión máxima para él de la felicidad y la virtud, lo que pudo desconcertar a aquellos de sus lectores que esperasen una edad de oro más animada.

De acuerdo con San Mateo, entre Abraham, punto de origen de la primera Edad, y Cristo, inicio de la segunda, transcurrieron cuarenta y dos generaciones. Considerando una duración de veinticinco o treinta años por generación, y asumiendo para mayor armonía que cada Edad debía durar lo mismo, Joaquín de Fiore concluyó que el advenimiento de la Tercera Edad estaba al caer. Puesto que una de sus principales fuentes de conocimiento era el Apocalipsis, de Fiore anunció que en los últimos tres o cuatro años previos al segundo advenimiento gobernaría el mundo el anticristo, un gobernante temporal dirigido desde la sombra por Satán, que ya comenzaba a estar muy presente en las mentes de los europeos.


Unos años después de la muerte de Joaquin de Fiore Francisco de Asís constituyó su fraternidad basada en la pobreza y un ideal monástico que parecía encajar bastante bien con la tercera Edad del abad calabrés. Pero tras la muerte del santo fundador en 1226, conforme la fraternidad devenía Orden, se iba extendiendo, construía monasterios y acaparaba tierras, un grupo de fieles levantó las cejas y manifestó sus dudas. El punto clave era el derecho de propiedad. ¿Podía admitirse? ¿No era cierto que Jesucristo, y el propio fundador de la Orden, habían predicado la pobreza absoluta? Para los dirigentes de la Orden, apoyados por la Santa Sede, un anhelo exagerado de pobreza impediría el mantenimiento de monasterios, tan necesarios para la salvación, así que el idealismo debía compatibilizarse con la realidad. Esta tesis más mundana acabó imponiéndose momentáneamente y con grandes renuencias. Surgieron disidentes, los franciscanos espirituales, que constituyeron un movimiento primero dentro de la orden y después fuera de él. A mediados del siglo XIII ya habían desempolvado las predicciones de Joaquín de Fiore y habían asumido que eran ellos, y no la Iglesia, quienes debían dirigir al mundo a su Tercera Edad Dorada. A tal fin adaptaron las teorías del abad calabrés para dejar claro que el anticristo era el propio papa, que la iglesia era la ramera de Babilonia, y otras cosas poco elegantes de afirmar. Como era previsible los franciscanos espirituales no tardaron en ser declarados herejes, lo que aumentó su furia contra la iglesia.

A principios del siglo XIV las ideas de los franciscanos espirituales se mezclaron con las de Gerardo Segarelli, fundador de la Hermandad Apostólica, que antes de ser quemado en Parma se había dedicado a recorrer las calles de Italia conminando a los sobresaltados viandantes a arrepentirse y hacer penitencia: penitentiam agite. Fray Dulcino de Novara aportó sus propias ideas y su liderazgo, y la secta resultante, en la que las tesis milenaristas de Joaquin de Fiore continuaban desempeñando un papel esencial, sería conocida como los fraticelli. Para entonces habían adquirido bastante importancia, y dado que consideran el anticristo al papa no es de extrañar que los gibelinos simpatizaran con ellos y los protegiesen.


Entretanto los franciscanos ortodoxos continuaban rumiando el ideal de pobreza absoluta y la proscripción de la propiedad privada, y un capítulo de la orden celebrado en Perugia en 1322 aceptó una proposición favorable a ambas. Un año más tarde un alarmado Juan XXI declaró que afirmar la extrema pobreza de Cristo y los apóstoles era llevar las cosas demasiado lejos, y los sucesivos papas adoptarían este mismo punto de vista. Renuentemente esto fue definitivamente aceptado por la orden franciscana, pero no por los fraticelli, para los que la pobreza era un dogma. A partir de ese momento la iglesia haría un enorme esfuerzo por acabar con la herejía de los fraticelli, por la conversión voluntaria si es posible, por la aniquilación en caso contrario.
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Desde su humillante retirada en diciembre de 1347 Cola di Rienzo pasa las siguientes semanas en su refugio del castillo de Sant’Angelo. Aunque no es plenamente consciente de ello su situación es precaria. Niccoló Orsini ha comenzado a recibir ofertas, y tanto sus parientes de Marino como el cardenal Bertrand de Déaulx compiten por la entrega de la cabeza del tribuno. Las pujas mantienen al señor de Sant’Angelo entretenido unas semanas. Entretanto el 24 de enero de 1346 Luis de Hungría entra en Nápoles, y Cola di Rienzo decide marchar a su encuentro. Antes de hacerlo se retrata en un último mural en una iglesia enfrente de Sant’Angelo aplastando una serpiente, un basilisco, un león y un dragón; esa noche los viandantes, bastante hartos, se dedican a lanzar pellas de barro a la pintura. Al día siguiente el Tribuno se escabulle de Roma.


Luis recibe amablemente al tribuno, pero le hace ver que ya no porta una corona, no lo acompañan soldados, carece de apoyos y en general su insignificancia es total. Un par de meses antes barcos genoveses procedentes de Caffa, en Crimea, han desembarcado en Sicilia. Los tripulantes, además de las mercancías que constituyen el objeto social de su negocio, han traído una variedad de la bacteria Yersinia pestis. En enero otras galeras infectadas llegan a Génova y Venecia, y desde allí la peste negra se propaga rápidamente. En febrero llega a Pisa, y desde allí a Florencia. Boccaccio lo relatará así:

«Salíanles a las hembras y a los varones unas hinchazones en las ingles y los sobacos que a veces alcanzaban el tamaño de una manzana común o el de un huevo, unas mayores que otras. Vulgarmente se las denominaba bubas. Las mortíferas inflamaciones iban surgiendo por todas las partes del cuerpo en poco tiempo, y seguidamente se convertían en manchas negras o lívidas que aparecían en brazos, piernas y demás partes del cuerpo, grandes y diseminadas, o apretadas y pequeñas. Y así como el bubón primitivo era signo, y aún lo es, de muerte inmediata, también éranlo esas manchas. Para curar tal enfermedad no parecían servir el consejo de los médicos ni el mérito de medicina alguna, ya porque la naturaleza del mal no lo consentía, o bien a causa de la ignorancia de los médicos (cuyo número, aparte del de los hombres de ciencia, habíase hecho grandísimo, entre hombres y mujeres carentes de todo conocimiento de Medicina), haciendo que escapase el origen del daño y el modo de tratarlo. Y así, no sólo eran raros los que se curaban, sino que casi todos, al tercer día de la aparición de los antedichos signos, cuando no antes o algo después, morían sin fiebre alguna ni otro accidente. Esta peste cobró una gran fuerza; los enfermos la transmitían a los sanos al relacionarse con ellos, como ocurre con el fuego a las ramas secas, cuando se les acerca mucho. Y el mal siguió aumentando hasta el extremo de que no sólo el hablar o tratar con los enfermos contagiaba enfermedad a los sanos, y generalmente muerte, sino que el contacto con las ropas, o con cualquier objeto sobado o manipulado por los enfermos, transmitía la dolencia al sano» [16].


Al mismo tiempo la peste alcanza Aviñon, donde reclama la vida del cardenal Giovanni Colonna y la de Laura, la amante de Petrarca. El papa Clemente da ejemplo permaneciendo en la ciudad todo el tiempo posible, organizando procesiones, e incluso protegiendo a los judíos, que ya han comenzado a ser culpados de la plaga. Ni los rudimentarios remedios médicos, ni las procesiones, ni el sacrificio de chivos expiatorios resultan ser eficaces: allá por donde pasa la peste devasta las poblaciones reduciéndolas a su mitad. Junto con la peste se propaga el desconcierto, la sensación de haber despertado la ira de Dios, y la impresión de que el mundo conocido está llegando a su fin. Con todo ello las profecías apocalípticas cobran mayor verosimilitud. En mayo la plaga alcanza Nápoles, lo que provoca la precipitada marcha de Luis hacia Hungría y la de Cola di Rienzo hacia las montañas de Majella al sur de Abruzzo.


NOTAS:
[15] La teoría de las tres edades reaparecerá a lo largo de la historia con sorprendente pertinacia y en los momentos más insospechados. Por ejemplo, Augusto Comte concebirá la historia en tres etapas, teológica, metafísica y científica, siendo esta última la de plenitud humana. Del mismo modo Marx describirá el ascenso de la humanidad a través del feudalismo, capitalismo y comunismo, siendo este último una especie de nirvana. Cabe pensar, por tanto, que se trata de un relato que encaja especialmente bien en la configuración de la mente humana –o bien, que ha sido repetida tantas veces que nos parece razonable por mero confort cognitivo-. En un capítulo de El gen egoísta Richard Dawkins propone el concepto de “meme” como idea o unidad cultural con capacidad de reproducción en las sociedades. Del mismo modo que los genes que mejor se adaptan al medio proliferan en el acervo génico, así los memes que mejor se adaptan al entorno psicológico y emocional proliferan en el acervo cultural. Dawkins propone como ejemplo de meme exitoso la inmortalidad del alma. Otro podría ser –eso no lo dice Dawkins- la teoría de las tres edades de Joaquín de Fiore. Otro posible meme apocalíptico, el del reino feliz con duración de mil años, será recogido en 1923 por el publicista Moeller van den Bruck que desarrolló el exitoso eslogan del Tercer Reich destinado a durar, precisamente, mil años.

[16] Giovanni Boccaccio. Decamerón.

Nota adicional. Los que hayan seguido esta serie se habrán dado cuenta de que ya había hablado de la peste negra en una entrada anterior. Ocurre que este es un relato dinámico, y he modificado y trasladado el párrafo en cuestión a esta entrada por encajar mejor. Disculpen las molestias. Cuando la serie termine, quedará consolidada y será presentada en formato ebook.

Imágenes: 1) Joaquín de Fiore; 2) San Francisco y los franciscanos; 3) Dulcino de Novara; 4) El Decamerón visto por John William Waterhouse. Unos jóvenes florentinos que se han refugiado en una villa huyendo de la peste distraen sus temores contándose recíprocamente cuentos; 5) Nada ilustra mejor el avance de la peste negra que El triunfo de la muerte, por Brueghel.

5 comentarios:

viejecita dijo...

Espero no ser de nuevo la única que ose comentar, Don Navarth.
Aunque sólo fuera para darle las gracias por seguir con la historia, a pesar del jaleo que tendrá preparando la nueva campaña.
Y decir que me encantan como es habitual, las imágenes ilustrativas que nos pone. Me encantan los prerrafaelitas, y he aprovechado su enlace para ir a la página y revisar todos los cuadros de John William Waterhouse...

Muchísimas gracias, pues-

catenaccio1970 dijo...

Somos una especie fértil en la producción de individuos convencidos de que la Historia avanza hacia un lugar determinado que se puede desentrañar con algún método de análisis marca ACME. Supongo que esa creencia también es un meme; aunque prefiero considerarla simple soberbia.

Anónimo dijo...

También en la suposición de que la campaña política le reste mucho tiempo de escritura que podría dedicar a la historia, le pido que no se olvide de terminarla y la reanude cuando pueda, pues grande es el deseo de continuarla por parte de todos sus lectores, o al menos lo es por la mía. Agradecido por la amenidad del relato y confiando en que en cuanto pueda volverá a deleitarnos con nuevos capítulos, le mando un saludo.
Como PD, quería también que nos ilustrara sobre bibliografía del personaje en cuestión, la cual me ha sido especialmente difícil encontrar; quizás a la finalización, pueda adjuntar aluna obra sobre el tema.

navarth dijo...

Estimado Anónimo, muchas gracias. Ahora con la campaña tengo el relato de Cola di Rienzo un poco aparcado, pero continuará. Y cuando finalice incluirá la bibliografía tal y como me pide. Un saludo.

navarth dijo...

Querido Catenaccio, lo dicho: la historia continuará. Y compartimos el gusto por los prerrafaelitas. Le dejo un enlace a una entrad anterior en la que hablaba sobre ellos:

http://navarth.blogspot.com.es/2014/06/prerrafaelitas-en-turin.html