viernes, 28 de agosto de 2015

A VUELTAS CON LA NACION



Publicado en El Mundo/El Día de Baleares 28/08/2015

Decía Orwell que el nacionalismo es el hábito de asumir que los seres humanos pueden ser clasificados como insectos, para a continuación etiquetarlos como mejores (nosotros) y peores (ellos). Obviamente sin esta segunda pretensión, la de diferenciarse por encima de los otros, el nacionalismo carecería de sentido, pues difícilmente alguien reclamaría la diferencia si entendiera que ésta le resulta desfavorable. En cualquier caso tras establecer que el mundo está naturalmente dividido en naciones el nacionalista reclama para cada una de ellas un estado. Únicamente le queda, por tanto, encontrar un criterio adecuado para delimitarlas y poder dejar así el planeta como un jardín limpio, bien ordenado en parterres uniformes del que se habrán extirpado las malas hierbas – las alóctonas, podríamos decir -.

Obviamente siempre se ha intentado dar al criterio de pertenencia escogido una apariencia científica, pero su elección ha estado sometida a los vaivenes de la moda. Por ejemplo en la Conferencia de Paz de París de 1919 los serbios optaron por el folklore, y propusieron extender sus fronteras hasta donde se escuchara con agrado el pjesme, una especie de balada épica: “El pjesme puede por tanto legítimamente considerarse la medida y el índice de una nacionalidad cuya fibra ha conmovido. Hacer coincidir el territorio serbio con la extensión regional del pjesme implica definir el área nacional serbia”. El criterio folklórico se consideró poco serio incluso para los estándares nacionalistas, pero nunca se ha abandonado del todo – en el currículum del antiguo conseller de ERC Joan Lladó figuraba su perseverancia en la introducción de castellers en Baleares -.

Durante un tiempo la raza se consideró un criterio con el suficiente empaque científico, pero tras provocar millones de muertos quedó un tanto desprestigiado. La etnia, concepto más conveniente por su mayor ambigüedad, intentó sustituirlo, pero pronto hubo que rendirse a la evidencia y volver a un camino que ya había abierto Herder en el siglo XVIII: la lengua como criterio de delimitación nacional. Es obvio que resulta muy recomendable, porque no sólo se detecta a primer oído, sino que permite la siembra en los territorios adyacentes. Así, con un poco de paciencia – y mucho dinero – una nación puede seguir expandiéndose hasta la Antártida, y luego ya se adornará todo con folklore y razones históricas.

Ahora nuestros nacionalistas enarbolan un nuevo criterio de pertenencia, el de «nación cultural y lingüística, pero no necesariamente desde un Estado único». Lo ha usado el portavoz de Mes en respuesta a la propuesta del conseller catalán Germá Gordó de proporcionar nacionalidad catalana a baleares, valencianos y aragoneses. Pero poco importa el criterio escogido, puesto que todos ellos son intercambiables. Al final, como dice el historiador Elie Kedourie, lo único sólido y real de los nacionalistas es «aferrarse a lo que los diferencia de los demás, sean éstas diferencias reales o imaginarias, importantes o no, y hacer de ellas su primer principio político». No es un gran principio para la convivencia democrática, desde luego.

4 comentarios:

benjamingrullo dijo...

Variaciones de la sangre azul, excusas para jerarquizar... el bicho humano es único inventando diferencias, si estas sirven para jerarquizar y colocar a quien se las inventa arriba.

Además, con compartimentos estancos étnicos impiden la ciudadanía y mantienen mejor la estructura de poder propia de la sociedad estamental.

Desde el poder se entiende esta actitud, y desde quien la acepta como obediencia es más difícil, porque estos mismos valores le sitúan por debajo. La primera conquista es psicológica.

Cuando un apañol se tiñe de obediencia con el agua oxigenada que le ofrecen los nacionalistas lo hace porque así cree acceder a un estatus superior y abandonar su triste condición anterior. Pobres, vuelven al pueblo en verano como vascos, eso se creen ellos, y miran a sus hermanos por encima del hombro, todo orgullosos cuando gritan a sus hijos, aunque estén a medio metro: “Miren Agurchane, jetorri onaaa, mercedes. Ay, qué dificir me ze hace vorvel al ezpañó. ¿Sabez, Maripuri? Eje ya pienzo en eureka”

Bruno dijo...

Lo más divertido sobre todo esto se lo leí el otro día a A. Espada cuando señalaba con gran pitorreo que la venganza de los valencianos para diferenciarse sustancial y radicalmente, constituyendo otra categoría, de cualquier clase que se considere, quede claro, de los catalanes era el hecho diferencial de su lengua.

catenaccio1970 dijo...

Dejando de lado el interés de las élites locales, la cantidad de dinero y tiempo que dedican al adoctrinamiento y propaganda para escamotear su vida de privilegios y latrocinio, el nacionalismo como movimiento ─por entendernos, su éxito comercial─ es inexplicable fuera de la decadencia imparable que padecemos. La ciudadanía en Cataluña (pero no sólo en ella: la crítica acerva a las políticas comunitarias que parten de Podemos, por ejemplo, son una variante de lo mismo) es nacionalista porque todo está en declive. El empresariado catalán es nacionalista, porque no confía en su capacidad para hacerse un hueco en un mercado globalizado y se conforma con el sucedáneo de pagar coimas a la administración para contratar con ella y salvar los muebles. La clase obrera es nacionalista, porque sus bases están abrumadas por la posibilidad de perder el trabajo, porque no hay nada en el horizonte que indique que las circunstancias económicas vayan a mejorar y se pueda pugnar por una plusvalía creciente, y porque sus dirigentes ya no recuerdan lo que es la acción sindical a la intemperie de las subvenciones públicas. Los medios de comunicación son nacionalistas y firman editoriales conjuntos, porque han perdido por completo la confianza en colocar en la sociedad un discurso diferenciado y vivir de lo que genere en el mercado al margen de la publicidad institucional. La Iglesia, las iglesias, la intelectualidad, cantantes, cineastas, etc. lo son porque no conciben su actividad al margen del manto protector de la administración. En otras palabras, el nacionalismo es la forma en que la decadencia cobra cuerpo político, en que la sociedad o una parte de ella llora por anticipado su derrota, centrifugando su responsabilidad en el devenir de los tiempos hacia una diana que le resulte emocionalmente menos onerosa: España nos roba, la Troika es una banda de mafiosos, y todo en este plan.

viejecita dijo...

Buenas tardes Don Navarth

El Troll ha dejado hoy este texto en La Argos, presentando un manifiesto pan-catalanista.

Esquerra Menorca
Aquest és el manifest íntegre que hem signat conjuntament amb el Partit Socialista de Menorca (PSM) i Iniciativaverds- Equo Menorca (IVM-Equo).
Hem de recordar que el Manifest queda obert a nous partits signants.

Manifest "Menorquins pels Països Catalans" ...


Yo, la verdad, como buena anarquista de corazón soy partidaria de "la República Independiente de cada uno ", y lo de la Nación, me gusta que sea Grande, o sea, Extensa, tanto como sea posible, siempre que garantice la independencia ante la arbitrariedad y la agresión de otros, y la igualdad ante la ley, de cada una de las personas que unidas conformen esa Nación.
Porque me parece que los Nacionalismos Regionales de Taifas, y menos los que quieren englobar y dominar a sus Regiones Vecinas, garantizan muchísimo menos las libertades de sus habitantes que las Grandes Naciones Estado ya establecidas.

Y que si los secesionistas creen que la Historia va hacia los microestados independientes, harían bien en esperar a que primero hicieran el experimento otros Estados, como Francia, por ejemplo, a ver si les iba bien o no. Que los desmembramientos, en Los Balcanes, no parece que les haya mejorado mucho la vida, en cambio, Alemania, que estaba partida en dos, y se reunificó, está de locomotora de Europa...

¿ Por qué no aprenderemos los españoles a dejar que sean los otros los que se peguen los tortazos ?