miércoles, 28 de enero de 2015

THOMAS MÜNTZER

Ha llegado la hora de los segadores, por más que grite la cizaña que falta mucho para la siega.

Aunque más tarde sus admiradores le fabricaran una biografía más apropiada, Thomas Müntzer no nace en la pobreza, sino en una relativa prosperidad. Tampoco es cierto que su padre muriera ahorcado por un despótico señor feudal: lo hizo tranquilamente en su cama a una edad avanzada. De los pecados de la avaricia y la lujuria, considerados los principales responsables de la corrupción del mundo, Müntzer se muestra bastante inmune al primero. Sin embargo según Melancthon (y tras sus palabras parece ocultarse cierta envidia) cada vez que pronunciaba un sermón se acostaba con la más bella de las asistentes. Nada que objetar.


Ha nacido en Sajonia en 1488, y hasta los treinta años ha sido un estudioso inagotable. Domina el griego y hebreo, y se ha sumergido en los textos de San Eusebio, San Jerónimo y San Agustín. También ha frecuentado a Johannes Tauler y a los místicos alemanes, y ha dedicado especial atención al abad calabrés Joaquín de Fiore (1135-1202). Precursor del historicismo, a partir de la lectura de las Escrituras cree poder profetizar la evolución de la humanidad, y vaticina que ésta tiene lugar en tres etapas. La primera fue la Edad del Padre, que comenzó con la creación y término en el nacimiento de Cristo. La segunda, la actual, es la Edad del Hijo. La tercera, la Edad del Espíritu Santo, comenzará con la segunda venida de Cristo, durará mil años, y comparada con las anteriores será la como la luz del sol frente a la de las estrellas, o el verano frente al invierno [1]. Será una edad dorada de amor, donde todos vivirán como hermanos sin conflictos ni privaciones.

Entretanto una potente corriente actúa en Alemania. En 1517 Martín Lutero ha clavado en la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis en contra de la venta de indulgencias; en 1519 cuestiona la supremacía del Papa en la interpretación de las escrituras; en 1520 es excomulgado por publicar los tres tratados que lanzarán la reforma. Müntzer se apunta inicialmente a la ola luterana. Pronto la abandonará.

En 1520 accede a un puesto de sacerdote en Zwickau, convertido desde mediados del siglo XV en un importante centro industrial y minero, cuyos crónicos excedentes de mano de obra son una fuente inagotable de desarraigados. La iglesia en la que predica Müntzer es frecuentada por el gremio de tejedores, que tiene allí su cofradía. Uno de ellos, Niklas Storch, lo introduce en las doctrinas taboritas. Storch le cuenta que en ese preciso momento Dios se está comunicando directamente con los Elegidos, es decir, con él mismo y sus seguidores. Esto está ocurriendo porque el Milenio estaba al caer. La toma de Constantinopla por los turcos fue la primera señal; ahora el Anticristo gobierna el mundo, y es el turno de los Elegidos de alzarse y limpiar el mundo de corruptos para preparar la segunda venida de Cristo que inaugurará el milenio. El programa atrae irresistiblemente a Müntzer, que abandona a Lutero y comienza a predicar el Apocalipsis y los episodios más truculentos del Antiguo Testamento, como el degollamiento de los sacerdotes de Baal por Elías, o el asesinato de los hijos de Ahab por Jehu. También se dedica a despotricar contra el más famoso predicador de Zwickau, un discípulo de Lutero. Pronto consigue sembrar la cizaña y dividir a la ciudad en dos facciones irreconciliables entre sí, y en abril de 1521, viendo que el conflicto es inminente, los regidores de Zwickau deciden expulsar al turbulento predicador, que emigra a Bohemia con la esperanza de encontrar taboritas.


En Praga Müntzer redacta un manifiesto anunciando la fundación de una nueva iglesia compuesta únicamente por los Elegidos, que tendrán comunicación directa con Dios. Ellos serán los encargados de poner orden en el mundo antes de la llegada de Cristo:

”Es tiempo de cosecha, así que el mismo Dios me ha encargado que la haga. He afilado mi guadaña, porque mi pensamiento está centrado en la verdad, y mis labios, manos, piel, pelo cuerpo y alma maldicen a los descreídos”. ”El Dios vivo ha afilado su guadaña en mí, para que yo pueda cortar las amapolas rojas y los azules acianos”.

A partir de ese momento empieza a firmar como “mensajero de Cristo”. En 1523 se encuentra predicando en la pequeña ciudad de Allstedt, donde parece haber sentado la cabeza. Se casa con Ottilie von Gersen, monja exclaustrada, crea la primera liturgia en alemán y traduce himnos latinos a este idioma. Su reputación como predicador atrae a los artesanos locales, a los campesinos de los alrededores, y a los trabajadores de las minas de cobre. La mayor parte de ellas pertenece al conde de Mansfeld, que prohibirá a los mineros acudir ante el agitador. Pronto vuelve Müntzer a las andadas y organiza con sus adeptos la Liga de los Elegidos. En lugar de sacar las conclusiones necesarias, se enorgullece de que sus seguidores sean gente ignorante y sin formación, y afirma que la iluminación espiritual sustituye en ellos al estudio y la argumentación.

Pronto Müntzer tiene conflictos con las autoridades locales, y atrae la atención de Federico, Elector de Sajonia, y de su hermano el conde Juan. Este último, intrigado por los sermones de Müntzer, acude a Allstedt y le ordena que le predique personalmente. En lugar de edulcorar su discurso, Müntzer intenta captarlo para la causa milenarista. Le explica que el mundo está ahora gobernado por el Demonio, y que el clero y los gobernantes no son sino sus servidores. Es tarea de la Liga de los Elegidos destruirlos para que Cristo encuentre un mundo más aseado:

“En tiempo de cosecha uno debe arrancar los hierbajos [2] de la viña del Señor (…) Pero los ángeles que están afilando sus hoces para la tarea no son otros que los fervorosos sirvientes de Dios (…) Porque los impíos no tienen derecho a vivir, sino en la medida en que los Elegidos quieran concedérselo.

Y es el momento de que los duques de Sajonia escojan si van a estar del lado de Dios o del diablo. Müntzer entiende, no obstante, que los duques, a diferencia de los Elegidos, no reciben instrucciones directas de Dios. Por eso es necesario que cuenten con un guía, alguien que, como él mismo (por ejemplo), haya alcanzado el estado de gracia por su sacrificio y abnegación.

¿Cómo será el Milenio? ¿Cómo será la Edad Dorada que comenzará tras la segunda venida de Cristo? Lo cierto es que en sus prédicas Müntzer le dedica mucha menos atención que a los sangrientos preparativos necesarios para su acaecimiento. En cualquier caso se tratará de recobrar ese paraíso igualitario que alguna vez fue, en el que todos compartían todo y disfrutaban del mismo rango.


Müntzer queda convencido de haberse ganado al Elector y a su hermano, y por eso les pide ayuda cuando, unos días más tarde, el conde de Mansfeld persigue a algunos de sus seguidores. Por su parte Lutero les escribe la Carta a los príncipes de Sajonia en la que les explica lo peligroso que resulta el “energúmeno Müntzer”. Como resultado el energúmeno es convocado a Weimar para dar explicaciones.

Decepcionado Müntzer emite un panfleto llamado Desenmascaramiento explícito de las falsas creencias del mundo descreído, según el evangelio de Lucas, expuesto ante la desdichada y miserable Cristiandad para que reconozca su desvarío. Thomas Müntzer con su martillo. Explica que los poderosos no van a tener ningún papel relevante en la preparación del Milenio (salvo el de ser eliminados) porque “se han pasado toda su vida comiendo y bebiendo como glotones”. Amparados por escribas como Lutero ”los grandes hacen todo lo que está en su mano para impedir que las personas humildes accedan a la verdad”. Esto lo han conseguido manteniéndolos en la ignorancia, porque los tienen tan abrumados con tributos que no les dejan tiempo libre para estudiar y seguir la ley de Dios. Ahora serán estos pobres ignorantes los Elegidos, los encargados de llevar a cabo los preparativos para el Milenio igualitario. Tras la siega de los poderosos, los pobres emergerán como una nueva iglesia.

Anticipando en unos siglos la formulación del materialismo histórico, Müntzer defiende que en manos de los poderosos la Ley de Dios se convierte sencillamente en un mecanismo para proteger la propiedad que ellos mismos han robado previamente. Estos ladrones, dice, usan la ley para prohibir a otros que les roben:

”Ellos difunden los mandamientos de Dios entre los pobres y les dicen: Dios ordena que no debéis robar. Ellos oprimen a todos, y esquilan al labrador y a todo aquel que vive. Sin embargo si éste comete la más mínima ofensa se le cuelga”.

Una vez más Müntzer defiende el derecho y el deber de los Elegidos, que se encontrarán entre el pueblo llano, para alzar la espada que aniquilará a los impíos, incluyendo, ahora sí, a los gobernantes sajones que, por cierto, se muestran francamente tolerantes. A continuación dedica un texto a Lutero, Apología sumamente justificada y respuesta a la carne sin espíritu que se solaza en Wittemberg y que de manera notoria, robando las Sagradas Escrituras, ha mancillado muy deplorablemente a la lastimosa Cristiandad, en el que le asigna los títulos de Bestia del Apocalipsis y Puta de Babilonia, que por entonces cambiaban con bastante frecuencia de mano.


Sin esperar la reacción de los príncipes Müntzer abandona Allstedt y se refugia en Mühlhausen. La elección es buena para sus experimentos: casi la mitad de su población, una proporción mucho mayor que cualquier otra ciudad alemana, se encuentra en extrema pobreza. Rápidamente reúne una colección de adeptos, y patrulla con ellos las calles enarbolando un crucifijo rojo y una espada desenvainada. También entra en contacto con otro agitador, un antiguo monje llamado Heinrich Pfeiffer. Allí se encuentran ambos en el momento en que se desencadenan las Guerras Campesinas.

Imposible resumir aquí las causas de conflicto. Los príncipes y landgraves, la baja nobleza, el clero, los patricios de las ciudades, los burgueses: las piezas de la sociedad se están moviendo, y con cada movimiento contribuyen a agravar la situación de los campesinos. Lo cierto es que las reivindicaciones de éstos, plasmadas en el manifiesto de los Doce Artículos, se refieren a mejoras concretas muy alejadas de las fantasías milenaristas. Pero en las tierras del Elector los campesinos acabarán buscando a Müntzer como líder. Él no se perdería algo así.

En abril de 1525 Müntzer cuelga en su iglesia de Mühlhausen un estandarte blanco con un arco íris, símbolo de su pacto con Dios. En el curso de ese mes él y Pfeiffer participan en una serie de expediciones que concluyen con el saqueo de cierto número de conventos y monasterios, pero esto queda muy lejos del baño de sangre con el que sueña. Él continúa lanzando sus sermones incendiarios: ”A por ellos, a por ellos mientras el fuego está aún caliente. No dejéis que se enfríen vuestras espadas. No dejéis que se enmohezcan. Descargad el martillo sobre Nemrod” [3].

Por si faltaba alguien en Mühlhausen, aparece también Niklas Storch, su antiguo maestro, que rodeado de doce apóstoles afirma que Dios le ha prometido que en cuatro años habrá destruido a los poderosos, se habrá convertido en gobernante del mundo, y estará distribuyendo reinos entre los Elegidos: en este punto el influjo de la fantasía igualitaria parece haberse desvanecido notablemente.

Entretanto una partida de campesinos ha asaltado el castillo de Weinsberg y ha masacrado a sus ocupantes. Lutero emite un documento llamado Contra las bandas criminales y ladronas de campesinos que galvaniza a los gobernantes más dubitativos en contra de la revuelta. En ese momento el Elector Federico, que no había mostrado la menor intención de marchar contra los campesinos, muere. Su hermano pide ayuda al landgrave Felipe de Hesse, que inmediatamente reúne un ejército y marcha a Mühlhausen, considerada la cuna de la rebelión sajona.


Cerca de allí, en Falkenhausen, se congregan unos 8.000 campesinos. Pfeiffer decide prudentemente no acudir, pero Müntzer marcha con 300 de los suyos. El número no es casual: con una fuerza igual Gedeón arrolló a los madianitas.

Müntzer llega a Falkenhausen el 11 de mayo de 1525 e inmediatamente imparte instrucciones: todos los campesinos de los alrededores deben reunirse con ellos o serán obligados por la fuerza. Además dirige una misiva poco diplomática a su acérrimo enemigo el conde de Mansfeld:

“Dime, andrajoso saco de gusanos, ¿quién te hizo príncipe sobre aquellos a los que Cristo redimió con su sangre?”

Mansfeld se reservará la respuesta para más adelante. El ejército de Felipe de Hesse es inferior en número, pero tiene artillería y caballería. También los campesinos tienen algunos cañones pero son inservibles: un suizo encargado de comprar pólvora se ha largado con el dinero. La batalla sólo puede tener un desenlace, pero el landgrave hace una oferta: los campesinos salvarán sus vidas si se rinden incondicionalmente y entregan a Müntzer. Éste se sube entonces a un improvisado púlpito y exhorta a sus fieles. Nada deben temer: Dios le ha prometido la victoria, y, añade en tono desafiante, si les disparan él mismo atrapará los proyectiles y los irá guardando en las mangas. En ese momento aparece un arco iris, que los delirantes fieles interpretan como una señal divina. Comienzan a cantar ”ven Espíritu Santo”, un preparativo que se revela insuficiente cuando el de Hesse lanza su primera andanada, que los pone en desbandada. La caballería consuma la carnicería. Müntzer consigue huir del campo de batalla, pero es posteriormente encontrado por un lansquenete en un sótano de una población vecina. Es entregado al conde de Mansfeld, que tras torturarlo salvajemente lo decapita junto a Pfeiffer.

La muerte de Müntzer no acabará con su influencia. A corto plazo estimulará los nuevos brotes milenaristas protagonizados por los anabaptistas. Y tres siglos y medio más tarde Engels lo considerará un precursor y un héroe en la historia de la lucha de clases, planteamiento que será recogido por los historiadores marxistas. Como dice Norman Cohn ” Müntzer era un profeta obsesionado con fantasías milenaristas que intentó trasladar a la realidad explotando el descontento social. Es posible, por tanto, que haya sido una acertada intuición lo que ha llevado a los marxistas a considerarlo uno de los suyos”.

Notas
[1] En un capítulo de El gen egoísta Richard Dawkins propone el concepto de “meme” como idea o unidad cultural con capacidad de reproducción en las sociedades. Del mismo modo que los genes que mejor se adaptan al medio proliferan en el acervo génico, así los memes que mejor se adaptan al entorno psicológico y emocional proliferan en el acervo cultural. Dawkins propone como ejemplo de meme exitoso la inmortalidad del alma. Otro podría ser la teoría de las tres edades de Joaquín de Fiore, que será recogido por el positivista Augusto Comte (para él las edades de la humanidad serán la teológica, la metafísica y la científica), y por Marx (con su división en feudalismo, capitalismo y comunismo). Más curioso aún: los nazis, que se presentaban como el Tercer Reich, afirmaban que su reino estaba destinado a durar, precisamente, mil años, otro exitoso meme apocalíptico.

[2] La parábola del jardinero y el jardín ordenado es otro exitoso “meme” que los nacionalistas emplearán implícitamente a mansalva al reclamar que cada parterre (los estados) del jardín (el mundo) estén ocupados por personas que hablen la misma lengua y tengan una cultura uniforme. Para ello, claro, hay que usar previamente la guadaña.

[3] En ambientes milenaristas se consideraba a Nemrod, no sólo el constructor de la Torre de Babel, sino también el creador de la propiedad privada, de las diferencias de rango, y en suma el destructor del estado natural igualitario.

Bibliografía básica:
- Norman Cohn: En pos del milenio.
- Ernst Bloch: Thomas Müntzer, teólogo de la revolución. Este libro es muy interesante porque presenta la historia de Müntzer a través de unas gafas marxistas, con sus proletarios, sus pequeñoburgueses y sus conciencias de clase. Bloch presenta a Müntzer y sus Elegidos como proto-bolcheviques, y define así al profeta: ”Müntzer se manifiesta en lo esencial como comunista con conciencia de clase, revolucionario y milenarista”. De forma simétrica, es posible que esta definición pueda ser aplicada a los modernos profetas a partir del siglo XIX. Una pequeña maldad. Según el traductor del libro de Bloch Müntzer quiere decir “acuñador de moneda”, es decir… ¡Monedero!

Imágenes: 1) Müntzer; 2) Lutero; 3) Federico III, Príncipe Elector de Sajonia, por Lucas Cranach; 4) Los Doce Artículos reivindicados por los campesinos; 5) El landgrave Felipe de Hesse.

8 comentarios:

Belosticalle dijo...

Desde el título esperé el final. Porque Müntzer (o Muncer, en el grabado) significa efectivamente Monedero, y porque Navarth –y esto muy pronto lo descubrimos sus asiduos– es un genial malvado.

¡Qué bien traída semblanza, qué espejo de actualidad!

Por señalar un toque de humor que me ha intrigado: aquello de que

«según Melancthon (y tras sus palabras parece ocultarse cierta envidia), cada vez que [Müntzer] pronunciaba un sermón se acostaba con la más bella de las asistentes. Nada que objetar» .

Es sólo un ejemplo, en un artículo sembrado de ellos.

Lamentaría que alguien me entendiera mal (usted no, desde luego), pero desde que leo este blog, hace tiempo que me he reconciliado con el denostado ‘Reader’s Digest’, que tuvo su precursor en la ‘Biblioteca’ de Focio. Cualquiera no lee y digiere así.

Un fuerte abrazo admirativo.

navarth dijo...

Vaya Don Belosti nos hemos cruzado: yo visitaba su casa mientras usted acudía a la mía. Le agradezco mucho sus piropos, especialmente el relacionado con la maldad. Y en efecto, el humilde propósito de estas entradas es provocar una digestión suave en los lectores. En ello estamos. Saludos.

viejecita dijo...

Pues sí que resulta muy actual, por desgracia.
Y por desgracia, en este momento no parece que vaya a haber ningún Elector, ningún Príncipe, ningún Landgrave , capaz de poner en su sitio ( no haría falta torturarlos ni cortarles la cabeza ) a los modernos milenaristas que lo quieren destrozar todo ( y de paso beneficiarse a las chicas, las becas, y "Los Reynos", y repartirlos entre los suyos.)

Estupenda entrada
Muchas gracias

navarth dijo...

Lo ha clavado Viejecita. Saludos.

Temístocles dijo...

Muy oportuna entrada, don Fernando.
Cuando uno lee sobre el historicismo suele decirse que no es una doctrina que hoy mantenga seriamente nadie. Sin embargo, Podemos se fundamenta en el historicismo mejor conocido, por su proximidad histórica: el materialismo histórico, que es "la clave para comprender el desarrollo de los procesos sociales", según PI.
Otras ideas historicistas de Podéis: la fuerza es derecho (tan vieja como Heráclito), las contradicciones son necesarias (Hegel), la insistencia histérica en el cambio y en la violencia, la obsesión por el éxito histórico, la manipulación de los sentimientos...
Aquí enlazamos con el totalitarismo y la psicopatía (de grupo): narcisismo, verborrea (amontonar palabras para esconder crímenes), manipulación de los sentimientos (Pareto), uso de la mentira (verdad es lo que el estado dice que es verdad, al igual que una superpersonalidad psicópata, que entiende las relaciones humanas desde la dominacion-sumisión)...

Temístocles dijo...

He leído su texto sobre el libro de Monedero y su teoría de que "sólo la emoción puede romper la clausura del pensamiento.”
Inquietante: cuando el amor no soluciona un problema, abandonado el pensamiento, recurrimos al odio y, por tanto, a la violencia.
A esto me refería en mi texto anterior cuando hablaba de la insistencia histérica en la violencia.
Su labor es genial, don Fernando, le sacaré partido.
Saludos

Psykoaktive dijo...

Buenas noches D. Navarth,

ahora, comparando su entrada en la casa de D. Santiago con su serie aquí, comprendo ese paralelismo muchísimo mejor.


Un pequeño apunte. Durante años, un gran amigo mío y yo nos reíamos con este vídeo de Fernando Arrabal, en la tve de los 80. Aparte de que su estado era algo ... indispuesto, lo que dice es tremendamente ilustrativo, a la luz de sus escritos

https://www.youtube.com/watch?v=5Vw09zDNv54

Un saludo

navarth dijo...

Gracias D. Temístocles. Yo también valoro mucho sus comentarios, que me suelen abrir nuevos caminos de reflexión. Y tengo una deuda de gratitud por la recomendación de “el gen egoísta”.

D. Psykoaktive, me ha gustado mucho el “mineralismo” de Arrabal. No se pierda el próximo episodio de la saga.