domingo, 14 de abril de 2013

LOS SOCIALISTAS UTOPICOS: FOURIER (3)


En 1819, después de tres años de plena dedicación, Fourier tiene preparado su Gran Tratado, una nueva compilación de la teoría de la atracción de las pasiones desarrollada en miles de páginas de escritura abigarrada agrupadas en ocho volúmenes. El Gran Tratado no verá la luz en su forma completa, porque Fourier no encontrará quién lo publique y porque teme que la plena revelación de su doctrina alarme a un publico poco preparado para recibirla. De este modo a lo largo de los tres años siguientes se dedica a expurgarlo de sus materias potencialmente más conflictivas, entre ellas las amorosas, y a preparar una versión dulcificada en dos volúmenes. Recibe el modesto y algo enigmático título de Tratado de la asociación doméstico-agrícola:

Se extravía inevitablemente quien no adopta por brújula de sus estudios las cinco propiedades primordiales de Dios: dirección integral del movimiento, economía de resortes, justicia distributiva, universalidad de providencia, unidad de acción”.

A primera vista estas propiedades primordiales parecen perfectamente arbitrarias. Según la quinta “es preciso que los grupos y series armónicas atraigan a las masas enteras hacia el trabajo productivo.

Para Fourier las pasiones son las noticias que tenemos sobre los designios de Dios: son las herramientas que nos ha proporcionado para construir una sociedad feliz. Si desciframos las leyes de atracción de las pasiones y conseguimos crear un campo fértil para que florezcan habremos conseguido alcanzar el estado óptimo que Dios reservaba para nosotros; de lo contrario, habremos desperdiciado su legado. Por eso entender el funcionamiento de las pasiones es imprescindible para conseguir una correcta organización del trabajo. Actualmente vivimos en lo que Fourier denomina despectivamente ‘civilización’, una sociedad que ignora a las pasiones y que obliga a sus integrantes a realizar trabajos embrutecedores. Pero el trabajo no tiene por qué ser una maldición. Armonía [1] será un complejo mecanismo en el que las tareas estarán organizadas con milimétrica exactitud para servir de cauce a los instintos y emociones humanas. El resultado será que la fiesta de las pasiones será bastante parecida a un frenético movimiento de autómatas.

La serie pasional es la unidad productiva básica, integrada por personas que comparten la afición a una misma actividad: “una serie pasional es una liga o afiliación de pequeños grupos, cada uno animado por algún matiz o variedad de una pasión. La pasión en cuestión es la pasión genérica para toda la serie. De este modo si veinte grupos cultivan veinte tipos diferentes de rosas, la pasión dominante de la serie es cultivo de rosas; los grupos cultivarán la rosa blanca, la rosa amarilla, la rosa musgo etc., que representan sus variedades”. A partir de ahí Fourier se entrega a la habitual clasificación de las series y los grupos que las integran. Un ejemplo es la de los cultivadores de peras:


La formación de los grupos tampoco es un asunto trivial: “En la teoría de pasiones el término grupo se refiere a un número de individuos que están unidos por el gusto compartido de ejercitar una determinada función. Tres hombres cenan juntos: se les sirve una sopa que gusta a dos de ellos y disgusta al tercero; en esta ocasión no forman un grupo porque están en discordia en la función que los ocupa. No comparten una común inclinación pasional por la sopa. Los dos individuos a los que les gusta la sopa forman un FALSO grupo. Para estar correctamente organizado y ser susceptible de equilibrio pasional un grupo debe incluir al menos tres miembros. Debe ser organizado como una escala consistente en tres fuerzas de las cuales la del medio mantiene equilibradas las de los extremos (…) Uno podría objetar: ‘aunque estos tres individuos están en discordia por el insignificante asunto de la sopa, están de acuerdo en el principal propósito del encuentro que es la amistad’. En este caso respondería que el grupo es defectuoso porque es simple; el único vínculo que lo une es espiritual. Para conseguir un grupo compuesto un vínculo sensual debe ser añadido, una sopa estimada por todos los miembros del grupo.”

Las pasiones clave para ajustar los engranajes del trabajo apasionado son las distributivas, y dentro de ellas la cabalista y la mariposa. Esta última, que representa nuestro gusto por lo novedoso, exige un frenético ritmo de cambios en el horario de trabajo. Por su parte la cabalista proporcionará el espíritu competitivo (función que en la grosera civilización es destinada al dinero) para que los distintos grupos y series compitan entre sí y la sociedad alcance niveles inigualados de productividad.

Las series y grupos se acuerdan en la Bolsa, una dependencia del Falansterio en la que todos sus miembros se reúnen para acordar las sesiones de trabajo del día siguiente, y de paso también las amorosas. Las primeras son dirigidas por un Presidente, cuatro Secretarios y representantes de los distintos grupos. Las negociaciones se llevan a viva voz reguladas por los secretarios, que mediante un sistema de hilos de acero van transmitiéndolas a los representantes. Las jornadas no son iguales para los pobres y para los ricos, pero no debemos olvidar que en Armonía todos viven felices:



El trabajo del Falansterio es básicamente agrícola y ganadero porque, como consecuencia del aborrecimiento de Fourier hacia el comercio y su amor por la naturaleza Armonía estará escasamente industrializada. Del repertorio de neologismos acuñados por Fourier, Falansterio, el lugar donde vivirán las Falanges será la que tenga mayor aceptación. En Armonía habrá exactamente 2.985.984. Cada uno estará constituido por una serie de edificios conectados por galerías elevadas y subterráneas, de modo que uno pueda desplazarse siempre sin temor a las inclemencias del tiempo. La estructura básica consistirá en una sección central y dos alas. La parte central estará dedicada a las ‘funciones apacibles’: comedores, dormitorios, biblioteca, salas de reunión y la Bolsa. También contendrá la torre del vigía, las palomas mensajeras, la campana ceremonial y el patio interior adornado con plantas resinosas. Una de las alas albergará a los visitantes y la otra reunirá “todas los talleres ruidosos como carpintería, herrería etc., y todas las reuniones infantiles, que son tan bulliciosas en industria como en música. Se evitará con esta reunión uno de los más molestos inconvenientes de nuestras ciudades civilizadas, donde se encuentran en cada calle obreros de martillo, forjas o aprendices de clarinete que rompen el tímpano de cincuenta vecinos”.


Y ya que hablamos de ruido ¿qué pasa con los trabajos desagradables? A pesar de los designios divinos, y de la buena voluntad de Fourier, debe de haber tareas tan molestas que no se puedan endosar a una serie pasional. Fourier no se olvida de ello:

La tarea monótona (serie cuadragésima) incluye todos los trabajos que son (…) carentes de toda atracción. Incluye la conducción de carruajes, reparto de correo, tareas de centinela en la torre de vigilancia, la operación del telégrafo, la custodia de los colores, el tañido del carillón, la guardia nocturna en la portería, tanto en el Falansterio mismo como en los establos, la patrulla nocturna, la vigilancia de incendios, el cuidado del fanal etc.

Estas tareas serán recompensadas con un mayor dividendo y con “el derecho a comer en las mesas de segunda clase (muchos de ellos comerían en caso contrario en las de tercera clase)”.

Pero y las tareas realmente aún más desagradables, como limpiar las letrinas o los mataderos. Para esto Fourier tiene una solución brillante: dejárselas a los niños.

Dos tercios de todos los niños tienen una inclinación a la porquería. Adoran revolcarse en el barro y jugar con cosas sucias. Son revoltosos, molestos, groseros y mandones, y afrontarán cualquier tormenta o peligro por el mero placer de organizar un lío. Estos niños se enrolarán en las Pequeñas Hordas cuya tarea es desempeñar intrépidamente y como una señal de honor todas esas tareas repugnantes que los trabajadores ordinarios consideran degradantes.



Fourier descubre así finalmente cuál era la utilidad que Dios reservaba a los pequeños. Al principio será necesaria cierta persuasión: “Las Pequeñas Hordas no serán encaminadas a desempeñar trabajo desagradable desde el principio: deben ser gradualmente introducidos a ello. Primero debe ser despertado su orgullo dándoles una sensación de su propia importancia. Todas las autoridades, incluso los monarcas, deben su primer saludo a las Pequeñas Hordas”. Además las Pequeñas Hordas ocupan un lugar preeminente en los desfiles de los Ejércitos Industriales. Cada Falange dispondrá de uno, pero no se dedicará a la guerra sino a fomentar la competitividad entre los falansterios y para organizar frígidas bacanales, que es como suelen dirimirse todos los asuntos en Armonía.

Un año de esfuerzos hercúleos da como resultado tres críticas en periódicos y la venta de una docena de ejemplares del Tratado de la asociación doméstico-agrícola. Mientras tanto Fourier ha decidido que es el momento de llevar su teoría a la práctica, y se dedica a buscar patrocino económico para fundar una comunidad en pruebas. A tal fin prepara resúmenes de la teoría de la atracción de las pasiones acompañados de cartas personalizadas para tentar a sus destinatarios. A los Rothschild les ofrece el Reino de Jerusalén si aportan financiación. A John Barnet, cónsul americano en París, le asegura que su sistema garantizará que los indios Creek y Cheyenne se integren pacíficamente con los blancos. Al Zar le promete el tetrarcado del mundo si ayuda a instaurar Armonía, asegurándole que el clima de Rusia se volverá tan benigno como el de Italia. Para entonces Fourier ha atraído el interés de unos pocos iniciados. Una simpatizante irlandesa le pone en contacto con Owen, pero la correspondencia termina cuando Fourier comprueba que es éste el que está intentando convertirlo a él a su doctrina.

En 1824 Fourier agota sus fondos y tiene que regresar a Lyon a trabajar como cajero de un banco. A lo largo de los dos siguientes años se las arregla para, en los momentos libres, realizar un nuevo resumen de su obra, que aparece en 1829 bajo el título de El nuevo mundo industrial y societario. Para entonces ha conseguido reunir un par de docenas de prosélitos entre los que rápidamente destaca Victor Considerant. Sin embargo su mayor fuente de adeptos proviene de los sansimonianos que abandonan la secta cuando Prosper Enfantin se convierte en Mesías.



El primer intento de fundar una comunidad tiene lugar en 1833, cuando con la ayuda de un miembro de la Cámara de Diputados el grupo obtiene 400 hectáreas cerca del bosque de Rambouillet. El experimento dura menos de un año, por falta de financiación y porque, según afirma Fourier, sus ideas se están pervirtiendo. A partir de ese momento decide que sólo se podrá constituir un grupo experimental con niños aún no corrompidos por la civilización. A partir de ese momento Fourier se va convirtiendo en un hombre huraño e irascible, convencido de que pretenden robarle sus ideas y de que los bodegueros de París conspiran para acabar con su vida proporcionándole vinos adulterados. En esto último posiblemente no le falta razón.

[1] Armonía es el octavo de los treinta y seis periodos que la sociedad recorrerá (ahora estamos en el quinto, el de Civilización). ¿Y que hay del noveno y siguientes? Fourier renuncia a describirlos porque Armonía ya será infinitamente feliz en comparación con las fases precedentes. Eso sí, augura maravillas tales como que las fieras se volverán mansas y juguetonas, y que los humanos estarán dotados nuevamente de rabos posteriores aunque en esta ocasión provistos de un ojo en su extremo

Imágenes: recomiendo encarecidamente pinchar en los gráficos para agrandarlos. El del bigote es Victor Considerant.

10 comentarios:

luigi dijo...

.
Fourier: Armonía persecutoria.

candela dijo...

Me ha sorprendido tanto como me ha divertido. Fourier y Saint Simon, fueron siempre un epígrafe corto del socialismo utópico que, al ser nombrados como tales, parecían revestidos de una cierta seriedad.

Y, este tipo, está como una cabra.
Es curioso el carácter obsesivo de los utópicos en general; esas listas que pretenden describir el mundo entero de peras, de rosas, de humanos...

He anotado varias cosas deliciosas, como lo de las pequeñas hordas (genial solución, juá), pero lo que me ha dejado maravillada es la promesa del cambio de clima en Rusia si el Zar ayuda a instaurar Armonía. Me ha recordado a la promesa de Mas de la disminución del cáncer con la independencia de Cataluña.

Y conste que me parece menos peligroso un Fourier que un Mas.

Delicioso, repito.

viejecita dijo...

Varias cosas:
- ¡Será malaidea ! Pone lo de pinchar en los gráficos para agrandarlos al final del todo, y yo, ¡Tonta de mí ! ¡Infeliz de mí! he tenido que estar todo el rato dándole al ampliar más y más, en Visualización, que además me quedaban los gráficos borrosos, y luego tenía que volver al tamaño real... Así que ahora, cuando lo lea por segunda vez lo disfrutaré el doble, pero a la primera, no maldecía en arameo porque no sé arameo.

- Lo de sus ideas respecto de los niños lo adoptaron muchas comunas hippies de las que había en mi juventud, y muchas "familias" de esas con las mujeres liberales, que dejaban el trabajo de la casa, como pasar la aspiradora, fregar los platos, picar las cebollas, pelar las patatas, a los niños, mientras las madres hacían collares de colorines, y cultivaban marihuana para "realizarse".

-Eso aparte, si los niños hicieran ese tipo de trabajos tipo limpieza de las letrinas comunales, no tomarían las necesarias medidas de higiene y de autoprotección que toman los adultos cuando los hacen ellos, con lo que la mortandad infantil por infecciones en sus Falansterios sería apabullante, y una forma de suicidio de la sociedad.

- Lo de la organización con túneles subterráneos, es bastante parecido a la organización de las ciudades rebeldes en "los juegos del Hambre". Habría que ver si Suzanne Collins se inspiró en Fourier...

- Eso aparte, lo de las clasificaciones, en concreto lo de las peras, me ha divertido muchísimo. Y conseguir que gracias a su entusiasmo por un tipo de pera, reine la armonía en un conjunto de personas, me parece una utopía tan salada como traída de los pelos.
Ya me he vengado lo suficiente de su malaidea. Me voy a la Fórmula 1 a ver si me entero de algo...

Pero antes:
¡¡¡Muchas gracias !!!.
He pasado un rato estupendo, no sólo leyéndole a usted, sino contestándole.

navarth dijo...

Candela, tiene razón. Fourier y Saint Simon están en la lista de las cosas serias y la gente los mira en consecuencia. Sospecho que si consiguiéramos leer a Hegel también encontraríamos cosas bastante cómicas. Por eso siempre me ha encantado ‘Imposturas intelectuales’, de Sokal y Bricmont. En cuanto a la comparación entre Fourier y Mas, resulta desfavorable para este último: Fourier tenía una gran imaginación y era honrado.
Viejecita cuánto siento lo de los gráficos, pero no se los podía perder. La verdad es que como constructor de utopías deja bastante que desear, pero como escritor de ciencia-ficción Fourier está muy bien. Lo malo es que él no pensaba que escribía ciencia-ficción, pero si colocamos sus libros junto a los de Ray Bradbury la cosa mejora
Luigi, cuando finalmente publique un libro con sus geniales greguerías podré decir con orgullo que incluyó alguna en este humilde blog.

Saludos a todos.

Cándido dijo...

Estimado Navarth:

no lo he leido "comme il faut", así que no me pronunciaré sobre el fondo, prometo venir y dedicarle una lectura tranquila. Ando escaso de tiempo estudiando idiomas, pero no quería dejar de decirle dos palabras: Ya siento (CR Doña V).

Saludos

navarth dijo...

Don Cándido, pues le prevengo que los gráficos se amplían soi pincha en ellos, así que no se deje la vista como Viejecita. Saludos.

Avizor dijo...

Este tipo es una ametralladora de ocurrencias. Tremendo. Me ha gustado entre otras, la frase que escribe usted acerca de que: "El resultado será que la fiesta de las pasiones se parecerá a un frenético movimiento de autómatas".
En lo de que las fieras se volverán mansas, buenismo de marca, he visto últimamente en internet el irónico comentario de que los tigres son vegetarianos.
Muchas gracias por las tres entradas D. Navarth y un cordial saludo.

navarth dijo...

Una ametralladora de ocurrencias, tal cual. Tendría que haber dejado a Fourier para el final. Ahora incluso Saint-Simon parecerá un soso.

viejecita dijo...

Sólo para decir que hoy han pasado el día en casa mis nietos mellizos ( dos años y medio ) con sus padres.
Y se han pasado la tarde quitando malas hierbas del jardín , cada uno con una azada pequeña, pero de las de verdad, que solemos usar nosotros cuando nos da por dejarlo todo bonito.
Y que no había forma de que descansaran, ni de que nos devolvieran las herramientas para salir a jugar al parque.
Mi yerno también conocía a Fourier, y hemos estado riéndonos recordando lo que proponía, para sus falansterios , lo de dejar el trabajo duro a los niños.

Desde luego, limpiar letrinas no creo que hubiera sido muy de su gusto, pero lo de quitar malas hierbas, que es un trabajo duro, les ha encantado a los dos...

navarth dijo...

¡Aha! veo que ha estado organizando sus Pequeñas Hordas particulares. Buen trabajo. Al fin se imponen los aspectos más prácticos del fourierismo. Saludos.