viernes, 13 de julio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (9): ISHUTIN Y KARAKOZOV

Hermanos, desde siempre me han torturado el pensamiento y las dudas de por qué mi amado pueblo ruso debe sufrir tanto. Por qué junto al eterno y sencillo campesino, y al trabajador de la fábrica, hay gente que no hace nada –nobles ociosos, una horda de cortesanos y gente rica, todos ellos viviendo en casas resplandecientes. Viven sobre los hombros de la gente sencilla, y chupan la sangre de los campesinos. He buscado la respuesta a esto en los libros, y no la he encontrado. La persona realmente responsable es el Zar (...) Por eso he decidido acabar con el malvado, y morir por mi amado pueblo. Entonces habrá verdaderamente libertad." Manifiesto de Karakozov.

Esta serie de episodios marca el camino de una degeneración. Ideas cada vez más esquemáticas van ocupando todo el horizonte mental de sus propietarios, que consideran perfectamente normal imponerlas a los demás. Se extienden así el fanatismo y la intransigencia. Sólo ha transcurrido una generación desde Herzen, pero ahora es el momento de gente como Nikolai Ishutin.


Ha nacido en 1840 en la región de Saratov, la misma en la que doce años antes ha nacido Chernishevsky (por alguna razón, Saratov resulta ser un suelo extraordinariamente fértil para la producción de populistas revolucionarios). Es un pobre orador, un mal escritor, y no es, ni con los más benévolos criterios, un intelectual. Sus lecturas son muy limitadas, y básicamente se reducen al “¿Qué hacer?” de Chernishevsky, a cuyos ‘hombres nuevos’ desea emular. Por problemas de salud no ha conseguido finalizar la enseñanza secundaria, y ha acudido a Moscú con el fin de completar su educación. No lo consigue, y a los veintitrés años abandona la universidad argumentando que no es más que un corral donde domesticar a los hombres y convertirlos en burgueses.

Sin embargo, ha conseguido atraer a un grupo de estudiantes con sus mismas lecturas e inquietudes, que, como aquéllas, se reducen a una: la revolución. Todos ellos creen (y creer es la palabra exacta) que es imprescindible, que es inminente, y que el resultado será un mundo feliz organizado en torno a la obshchina. Por esa razón, detestan las reformas dirigidas a mejorar las condiciones de trabajadores y campesinos, incluida la emancipación de los siervos, pues las consideran trampas liberales para diferir la llegada del paraíso socialista. Las sucesivas corrientes de utilitarismo, egoísmo científico, y nihilismo, se han llevado por delante todos sus escrúpulos. Así, los miembros del grupo de Ishutin son firmes partidarios del crimen para alcanzar sus objetivos, y uno de ellos incluso se plantea si es lícito envenenar a su propio padre para heredar su dinero y dedicarlo a la causa. Concluye que sí.


Si bien desdeñan las escuelas como acceso a la cultura, las valoran profundamente como instrumento de adoctrinamiento. En 1865 organizan una en uno de los barrios más pobres de Moscú. Ishutin no disimula su verdadero propósito: “haremos revolucionarios de estos pequeños. A esta escuela seguirán otras. Mientras tanto el grupo pasa a denominarse ”Organización”, como en el chiste, entidad dedicada a la agitación y propaganda. Y simultáneamente se crea un núcleo dirigente en la sombra, secreto incluso para la mayoría de los miembros de “Organización”, cuyo objeto social será el terrorismo: ”Infierno”. Cada miembro de “Infierno” debe “vivir con nombre falso y romper todos los lazos familiares; no puede casarse; debe abandonar a sus amigos; y en general debe vivir con un único y exclusivo fin: un infinito y devoto amor por su país” (el amor y la devoción quedan pendientes de definir por “Infierno”). En realidad sólo se desarrollan tres células, una en Moscú, otra en San Petersburgo, y otra en Saratov formada por antiguos miembros de Zemlya i Volya. Pero Ishutin acostumbra a presentar “Infierno” como “la sección rusa de un Comité Revolucionario Europeo”.

Los objetivos de “Infierno” son los miembros del gobierno y terratenientes, pero el principal es el asesinato del zar, que será el desencadenante de la revolución. Incluso después de iniciada ésta, “Infierno” continuará desarrollando su actividad, sirviendo de guía espiritual y eliminando a los revolucionarios que, a su juicio, se desvíen de la ortodoxia. En reuniones interminables el atentado es discutido en sus detalles más nimios (especialmente en éstos). El asesino será determinado por sorteo entre los miembros de “Infierno”; deberá entonces vivir en los bajos fondos, llevar una mala vida, y, de ser posible, convertirse en confidente de la policía para ganar su confianza. Tras el asesinato deberá, simultáneamente, suicidarse y desfigurar su rostro con ácido para evitar ser reconocido. En realidad, todo parece abundar en palabrería, y los miembros de “Infierno” quedarán realmente sorprendidos cuando uno de ellos manifieste su intención decidida de llevar a cabo el plan.


El 14 de marzo de 1866 llega a la Cancillería del Gobierno General de San Petersburgo un sobre firmado por "un estudiante". Contiene el proyecto detallado de asesinar al zar en una fecha próxima, y parece estar redactado por el propio asesino. Sorprendente. Más sorprendente aún: tal vez por no haber llegado a la ventanilla adecuada, por carecer de algún sello esencial, o por no ser haber sido presentado por triplicado, la conspiración así desvelada vuelve a desaparecer sepultada bajo un montón de papeles y formularios, y ninguna precaución es tomada. Pero ¿de dónde ha salido el documento?


Ha sido escrito por Dimitri Karakozov. Proviene también de Saratov, de una familia noble, y está lejanamente emparentado con Ishutin. En Moscú pasa grandes penurias económicas, que lo llevan a ser despedido de la universidad por impago de las tasas, y a trabajar como secretario de un noble local. De esta época extraerá un profundo odio hacia la aristocracia. Ingresa en “Organización”, asiste a sus reuniones con lo que parece una cara de sueño invencible, y trabaja como maestro en una de sus escuelas de adoctrinamiento. Sufre sucesivas crisis existenciales, y en febrero de 1866 anuncia su intención de suicidarse. Desaparece por algunos días, y al volver, vivo aún, anuncia a sus compañeros su irrevocable intención de matar al zar.

En marzo llega a San Petersburgo, y se aloja en distintas posadas. En una de éstas escribe un manifiesto en el que detalla su proyecto y lo deja para que sea encontrado, pues tan importante como la muerte del tirano es que la posteridad conozca a Karakozov y sus motivos. Mientras tanto ha conseguido un arma, y realiza algunos ensayos.


El 4 de abril de 1866 Karakozov se acerca a Alejandro II mientras pasea por los Jardines de Verano de San Petersburgo y le dispara, pero un paseante le desvía el brazo y la bala se pierde en el aire. Intenta huir, pero es detenido por los espectadores a los que increpa “estúpidos, lo he hecho por vosotros”. Llevado ante el zar éste le pregunta ¿eres polaco?. No, ruso puro, contesta. Interrogado por el motivo del disparo responde “mira la libertad que has dado a tus campesinos”. El zar, desconcertado, no pregunta más.

El atentado causa gran impresión. Es duramente criticado desde todos los sectores de la sociedad, y permite constatar que el zar goza de gran apoyo popular. Por otra parte, destruye toda influencia liberal sobre el Gobierno, y abre el paso a una intensa represión policial que llegará a ser conocida como el terror blanco.


Karakozov es interrogado. Durante un tiempo su verdadera identidad permanece oculta, pero se accede a ella a través de una de las posadas en las que ha pernoctado. En ella, además, se descubren papeles con la dirección de Ishutin, lo que provoca su inmediato arresto y la caída de la célula de Moscú. En uno de estos documentos se menciona el imaginario “Comité Revolucionario Europeo”. Muy impresionado, Alejandro II se pone en contacto con Bismarck y le solicita una estrecha vigilancia policial sobre los emigrados rusos.

Karakozov es juzgado en la fortaleza de Pedro y Pablo y condenado a muerte. Pide clemencia al zar, y éste le contesta que puede dársela como cristiano pero no como soberano. El 3 de octubre es públicamente ejecutado. A lo largo de las siguientes semanas serán detenidos todos aquellos que se acerquen a visitar su tumba. También Ishutin ha sido condenado a muerte, pero su sentencia es conmutada por el exilio en Siberia.

El que ha desviado el brazo de Karakozov, salvando así a Alejandro II de la muerte, es un campesino llamado Ossip Komissarov, que se encontraba de paso en San Petersburgo. El zar lo ennoblece y lo invita a toda una serie de recepciones, pero es una persona extremadamente rústica y con tendencia a la embriaguez que acaba provocando toda una serie de situaciones incómodas, grotescas, o cómicas. Finalmente es devuelto a su provincia natal, donde al poco tiempo muere alcoholizado.


Imágenes:
1.- Nikolai Ishutin.
2.- Retrato de campesino, por Ivan Kranskoi. No conocía a este pintor. Me parece magnífico, y usaré sus cuadros para siguientes entradas. Pueden ver una buena muestra de sus obras aquí.
3.- Alejandro II.
4 y 5.- Dimitri Karakozov.
6.- El atentado.

6 comentarios:

Gaugamela dijo...

Sigue siendo muy interesante todo lo que escribe, don Navarth. El final del desdichado campesino, es un síntoma más del que se agarra al populismo más descarado para quedar bien(buenas intenciones), sin tener en cuenta las consecuencias. Como le he oído a Rodríguez Braun, hay socialistas en todos los partidos, y, en este caso, se ve que viene de lejos. Hasta el zar se apuntaba a verter unas lágrimas socialdemócratas. Pena de vida.

luigi dijo...

.
Ishutin: El Infierno somos nosotros.

navarth dijo...

Buenos días GAUGAMELA. Sí, pobre Ossip. Es el contrapunto grotesco de la historia. El caso es que, ignorantes o no, los campesinos veneraban al zar. Entre los siguientes grupos de populistas verá como hay algunos que, dándose cuenta de esto, se proponen como primera medida “ir al pueblo”, entendiendo que es preciso educarlos en los valores revolucionarios antes de emprender la revolución.

LUIGI, una vez más magnífico en su laconismo. Si persiste en su amabilidad de visitar el blog, en las próximas entradas verá aparecer personajes aún más diabólicos que Ishutin.

Saludos.

luigi dijo...

Pues adelante con la galería diabólica, Navarth. No le digo más que a veces me aburro a propósito para provocar que aparezca usted con su seductor: por si se aburren.

Belosticalle dijo...

«Si bien desdeñan las escuelas como acceso a la cultura, las valoran profundamente como instrumento de adoctrinamiento.»

¿De qué me suena esto?

Tragicómico, todo este acto.

navarth dijo...

Maestro Belosticalle, bien se ve que los populistas también tenían sus propias ikastolas. Un abrazo.