sábado, 9 de junio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO: INTERLUDIO

Aprovechando esta serie de entradas sobre el populismo ruso del siglo XIX, he vuelto a hojear el libro “Revolutionary dreams”, de Richard Stites. Su idea es muy interesante: intenta describir el relato del régimen bolchevique a través de sus mitos, símbolos y celebraciones. En mi opinión, no lo acaba de conseguir, pero a cambio proporciona información curiosa como ésta que transmito a continuación (que no tiene nada que ver, insisto, con el populismo ruso del siglo XIX sino con el régimen comunista del XX).
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Entendiendo que la religión tradicional era su más directa competidora, pues su campo de satisfacción emocional se solapaba con el del comunismo, y conscientes de la potencia de los símbolos y ceremonias de aquélla, los bolcheviques pusieron gran empeño en sustituir algunas de las tradicionales ceremonias religiosas por su contrapartida revolucionaria. Por ejemplo, la Navidad se intentó reemplazar por una frustrada “ceremonia invernal del komsomol (1)”, intento que recuerda a los de algunos de nuestros más esforzados progresistas por implantar la Fiesta del Solsticio de Invierno.

Este afán de desplazar lo religioso afectaba también a las ceremonias privadas. Así, a partir de 1920 se promovió la sustitución de los bautizos por la ceremonia de la “octubrización”. Stites describe alguna de éstas. En una, celebrada en Kharkov en 1923, el niño felizmente “octubrizado” recibió como regalo un retrato de Lenin. A continuación, los padres se comprometieron solemnemente a educar al niño en los valores del comunismo, se cantó la Internacional, y se bailaron danzas populares. En otra, en Moscú, los invitados portaron banderas y tambores y entonaron “somos la Joven Guardia de trabajadores y campesinos”. La madre, con signos de emoción, declamó: “el niño me pertenece sólo físicamente; para su formación espiritual lo entrego a la sociedad”.

El temor a la exclusión, e incluso a consecuencias directas mucho más desagradables, impulsó a muchos rusos a adoptar ruidosamente los bautizos bolcheviques. Y, con el fin de demostrar un celo revolucionario adecuado, los padres se dedicaron a escoger, para los pobres niños, nombres que reflejaran un celo revolucionario adecuado. Stites presenta un listado de nombres impuestos en estas ceremonias, interesantísimo porque refleja la iconografía revolucionaria y la capacidad de mimetismo de los padres.

DERIVADOS DE HEROES Y HEROINAS REVOLUCIONARIAS: Spartak, Marks, Engelina, Roza, Lyuksemburg (éstos dos últimos en honor a Rosa Luxemburgo), Robesper, Danton, Ilich, Ilina ( por Lenin), Bukharina, Budena, Melor (Acrónimo de Marx, Engels, Lenin, Octubre y Revolución).

DERIVADOS DE CONCEPTOS REVOLUCIONARIOS: Pravda, Barrikada, Giotin (de guillotina), Bastil (de Bastilla), Revolyutsiya, Kommuna, Parizhkommuna(Comuna de París), Proletarii, Oktyabrina, Volya(voluntad o libertad), Svoboda (libertad), Dinamit, Ateist, Avangarda, Marseleza (Marsellesa).

DERIVADOS DE LOS AVANCES TÉCNICOS, CIENTÍFICOS E INDUSTRIALES DE LA REVOLUCIÓN (estos son mis preferidos): Tekstil, Industriya, Traktorina, Dinamo, Radium, Genii (genio), Idea, Elektrifikatsiya.

DERIVADOS DE LA EXALTACIÓN DE LA CULTURA, LA NATURALEZA Y LUGARES ESCOGIDOS: Traviata, Aida, Okean (océano), Solntse (sol), Zvezda (estrella), Atlántida, Monblan (Mont Blanc), Singapur (¿?)

DERIVADOS DE LAMENTABLES ERRORES: Markiza (de marquesa, quizás por considerarlo exótico (2)), Embryo, Kommentario, Vinaigrette (vinagreta).

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(1) Komsomol: las juventudes del partido comunista.
(2) Dramático. En condiciones estándar un nombre así habría asegurado a su portadora las burlas de otros niños. En la Rusia Bolchevique, es muy posible que sirviera de pasaporte para el Gulag.

Imagen: Bautismo comunista (1920)

p.d. Ya ves, BENJA, lo del País Vasco podría haber sido mucho peor. De hecho “Barrikada” y “Dinamita” habrían sido perfectamente recuperables.

20 comentarios:

BenGunn dijo...

¡Traktorina! Tiene usted razón, pobres críos. A los líderes totalitarios les gusta educar a los niños en la vigilancia y la delación. En la película The Killing Fields se ve cómo los jemeres rojos usaban a los niños como intuitivos detectores de "enemigos del pueblo". Estremece imaginarse cuántos de estos padres devotamente revolucionarios serían enviados al Gulag por sus retoños de pintoresco nombre.

Cada día me gusta más la idea de Scruton en Usos del pesimismo de que la "religión tradicional" (el cristianismo, vamos) es una especie de cura homeopática contra estos delirios. Se asienta sobre nuestros anhelos de una sociedad perfecta y feliz, pero aplaza su consumación hasta el más allá y al hacerlo nos disuade de intentar crear torpes sucedáneos en la tierra, que siempre desembocan en desastres. De joven yo era muy anticlerical, pero últimamente el laicismo de nuestras sociedades me parece un presagio de males por venir. Será que la edad me pone apocalíptico.

El libro de Stites promete. En Amazon no tienen muchas reseñas, pero todas son encomiásticas y señalan que está muy bien escrito. Quizá caiga.

BenGunn dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
navarth dijo...

BEN GUNN, le debo estas entradas sobre el populismo ruso. Andaba yo aburrido después de terminar lo del Völkitsch cuando usted me recomendó ‘Las bellas almas del terror’, uno de los ensayos de ‘Política y delito’, de Enzensberger. Y aquí estoy.

Yo no soy creyente, pero lo del cristianismo como “solución homeopática” me parece muy sabio. La Ilustración pensó que, sólo con afirmarlo, el hombre podía prescindir de la religión y basarse exclusivamente en la razón. No fue así, claro. Con sus deseos de trascendencia intactos, se limitó a trasladar sus emociones religiosas, desde las religiones tradicionales, a las ideologías. El resultado fue que pasamos de tener como religión oficial el cristianismo, que para entonces estaba perfectamente civilizado, a religiones asilvestradas, dogmáticas y, para colmo, no conscientes de serlo. En fin. Por cierto, en la próxima entrada, que trata sobre Bakunin y que estoy escribiendo ahora, comienzo con una referencia a los ‘optimistas sin escrúpulos’ de Scruton.

p.d. A mi también me encantó Traktorina.

Gaugamela dijo...

Enhorabuena don Navarth. El final de su post es de una tristeza delirante, por describirlo de alguna manera. Surrealista?
Lo de los niños delatores de padres con alguna tara antirrevolucionaria, qué decía don Ben Gunn. Me ha llevado a 1984. Qué angustia! Cómo la que sentí al leer Vida y destino o Todo fluye de Grossman.

Gaugamela dijo...

Sobra un acento y un punto, que debería ser coma . Disculpas.

espia ruso dijo...

Siempre que puedo (y usted lo recuerda en la nave) leo su magnífico blog. Hoy al ver la palabra “ruso”, me dije: tate, esto hay que leerlo.
Vaya desilusión, entonces, ¿ no hay nada nuevo bajo el sol?, yo creía que nuestra progresía era autodidacta en sus inventos sustitutivos. ¡ Qué desengaño!
Como anécdota le diré que en el pueblo en donde vivo, hay una chica que tuvo la desgracia de nacer justo en el día en que se aprobó la autonomía y, ¿sabe como bautizaron u “octubrizaron” a la niña?...Si, en efecto, María Autonomía.
Enhorabuena y gracias por esas perlas de cultura.

navarth dijo...

Buenas tardes GAUGAMELA. ‘Vida y destino’ es literatura con mayúsculas. Y durísima. Tras leer algunos episodios, tenía que cerrar el libro y dame una vuelta para despejarme.

ESPÍA RUSO, gracias a usted por la visita. Y por proporcionarnos ese nombre estupendo: María Autonomía (‘María Estatuta’ tampoco habría estado mal).

Gaugamela dijo...

Eso me sucedió a mí, don Navarth. Me costó lo mío . Pero salí fortalecida. Saludos.

BenGunn dijo...

Me alegro de que le resulten útiles mis modestas recomendaciones de lectura, estimado NAVARTH. El relato que más me gusta de Política y delito es el que trata del asesinato de Wilma Montesi. Me lo recuerdan constantemente los enredos vaticanos de estos días (ya sabe, el arresto del secretario del Papa) y, sobre todo, el modo en que informan al respecto los chicos de nuestro fiel Diario Independiente de la Mañana. En las crónicas salen el supuesto envenenamiento de Juan Pablo I, Calvi ahorcado en un puente de Londres, ese archivillano digno de una película de James Bond que es el cardenal Marzinkus, la desaparición en los ochenta de una infeliz llamada Emmanuela Orlandi... Qué imaginación le echan, oiga.

En cuanto a los nombres... he caído en que en Latinoamérica aún se encuentra uno con gente que lleva algunos de los que salen en su lista. Acuérdese de ese ilustre filántropo que es Ilych Ramírez Sánchez, más conocido como Carlos el Chacal (el mayor de tres hermanos, los otros dos se llamaban Vladimir y Lenin). Hace unos días aparecía en El País una entrevista con un tal Lenin Voltaire Moreno, vicepresidente de Ecuador. A la pregunta de si prefería al ruso o al francés, el hombre respondía que al primero. Debe ser que a un puritito macho de intelectual latinoamericano (¿o perfecto idiota latinoamericano?) el insuficiente historial genocida de Voltaire le parece un desdoro. Añade Moreno que cuando se retire de la política quiere "escribir libros sobre humor y tolerancia", dos cualidades muy apreciadas por los leninistas.

Cada día añoro más las épocas en que los curas se negaban a bautizar a un niño si el nombre no aparecía en el santoral. Acabaré como mi padre, perorando en las sobremesas sobre los buenos viejos tiempos del tío Paco...

Asturianín dijo...

Buenas tardes D. Navarth.

Estoy siguiendo su interesante y entretenida serie. Aprendiendo. Y veo que, en algunas cosas, poco ha cambiado el mundo. La manía de los nombres originales sigue vigente. Los Jefferson, Washington, Jessica, Johathan, Jennifer y compañía no son infrecuentes en España. Y no porque ahora haya más inmigrantes que hace unos años. Los culebrones y el mal gusto de los padres son los principales culpables.

A la espera de la próxima entrega.

Un saludo.

Gaugamela dijo...

Vengo de dar una vuelta por la Argos, que últimamente está de marejada en marejada, y releyendo uno de sus post anteriores sobre la moda ideológica, concluyo que, junto con la de los nombrecitos, forman el pack completo. Aunque seguro que Ud. nos sorprenderá con algún otro aditamento que a mí se me escapa.
Como decía D. Asturianín, quedamos a la espera de su próximo escrito.

Avizor dijo...

Vaya nombrecitos. Lo de Traktorina no tiene precio. Quedo a la espera de su próximo post Sr. Navarth y un saludo.

navarth dijo...

BEN GUNN, creo que con el nombre “Lenin Voltaire Moreno” se ha alcanzado una marca difícil de batir. Del libro de Enzensberger, aparte de lo de Wilma Montesi, me gustó mucho también el ensayo en el que describe el régimen de Trujillo. Qué bien escribe el tío.

Me alego de verlo por aquí, D. ASTURIANIN. Estoy de acuerdo con usted, el mundo no cambia nada. Aunque creo con el nombre “Lenin Voltaire Moreno” que apunta Ben Gunn se ha alcanzado una marca difícil de batir.

GAUGAMELA la entrada sobre la moda ideológica era algo así como el aperitivo para esta serie de los populistas. Ahora estoy presentando a los padres del invento, pero cuando lleguemos a los nihilistas y terroristas de la segunda mitad del siglo XIX verá que tienen en común la dudosa cualidad de ser extremadamente jóvenes. Eran, por tanto, muy sensibles a las modas, incluidas las ideológicas.

navarth dijo...

AVIZOR, Traktorina es magnífico. También me gustaría saber qué es lo que impulsó a unos padres a poner a su hijo ‘Singapur’. Saludos.

Belosticalle dijo...

«Melor: acrónimo de Marx, Engels, Lenin, Octubre y Revolución.» Sencillamente delicioso.

Con su fino humor habitual, Navarth, borda usted otra entrada sabrosa. Con unos comentarios también a la altura, empezando por BenGunn. (A la espera, claro, de la apisonadora Benjamingrullo.)

Lástima que buena parte de la mejor literatura amena que consumimos en nuestra vida tenga que versar sobre la estulticia humana.
Todas las revoluciones llevan su proporción de adanismo, muchas también de terror. Lo primero se expresa en el rebautismo de cosas y personas. En cuanto a lo otro, es interesante distinguir la proporción de gente entusiasta y apostólica, y el resto que se adapta por mimetismo o miedo.

Sobre los nombres propios conozco la vieja monografía de Salverte, que tengo en edición original y que ahora veo que la tenemos en la Red por gentileza de Google. Aunque muy anticuada, por ser obra clásica y por si a alguien interesa hela aquí: Eusèbe Salverte, Essai historique et philosophique sur les noms d’hommes, de peuples, et de lieux. Paris, 1824. Tomo 1 (nombres personales); y tomo 2 (pueblos y topónimos).

Un abrazo.

Belosticalle dijo...

Disculpas. Corrijo el enlace a Salverte, tomo 2

navarth dijo...

Maestro BELOSTICALLE realmente dispone usted de los libros más asombrosos. Desgraciadamente no domino el francés, y a lo más que he llegado es que entre los indios chinook el nombre ‘trueno’ tenía sus partidarios.

Si no lo ha leído, le recomiendo el libro ‘Política y delito’ de Enzensberger que mencionaba Ben Gunn. Tiene una gran capacidad para la ironía, y algunos de los capítulos son realmente magníficos, como el del asesinato de Wilma Montesi.

Avizor dijo...

Desde luego Sr. Navarth, cualquiera sabe el motivo de ponerle a alguien el nombre Singapur. Al respecto, en Italia ocurrió algo genial: Los padres de una niña le endiñaron el nombre de "Idea Socialista". Esa niña ha acabado siendo la esposa de un banquero.
A ver si me sale el enlace:

http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:5xyp8LUjYFsJ:www.facebook.com/note.php%3Fnote_id%3D152920944729627+%22idea+socialista%22+mediobanca&cd=7&hl=es&ct=clnk&gl=es

Avizor dijo...

Vaya, no me ha salido el enlace para poder pinchar en él. Disculpas. Hay que hacer el copia-pega en la barra de dirección.

navarth dijo...

Qué bueno AVIZOR. Por si tengo una hija, y me cae mal, me reservo el nombre "Ocurrencia socialdemócrata"