sábado, 16 de junio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (4): BAKUNIN

En “Los usos del pesimismo” Roger Scruton describe al “optimista sin escrúpulos”, cuyo pensamiento se sustenta en una serie de falacias. Una de éstas es la falacia de la agregación. Consiste en definir un ideal político o social a base de acumular conceptos agradables al oído (libertad, igualdad, bienestar, justicia, abundancia…), sin pararse a definirlos, ni mucho menos a describir las posibles interacciones e incompatibilidades entre ellos. Para el optimista sin escrúpulos no existen restricciones al fijarse objetivos: todos pueden tener lugar inmediata y simultáneamente. Entiende que el hombre es naturalmente bueno y el mundo es un lugar feliz, y si las condiciones reales no se ajustan a esta descripción es porque algunos están malévolamente obstaculizando el proceso. Esta última parte, que está implícita en la falacia, es la más siniestra de todas, pues permite al optimista sin escrúpulos imputar los males del mundo (es decir, las desviaciones de la realidad con respecto a su visión mirífica) en un culpable. Establece así una frontera entre él (y los que piensan como él), y los causantes de la infelicidad de la sociedad. De este obtiene dos resultados inmediatos: 1) colocarse, sin mayor esfuerzo, en el bando de los buenos, y 2) canalizar sus resentimientos, sin remordimientos, hacia terceros.


No sé si Scruton pensaba en Bakunin cuando describía el funcionamiento de esta falacia, pero desde luego es un buen ejemplo de su utilización. Dice Isaiah Berlin:

Bakunin agrupa todas las virtudes juntas en una vasta amalgama indiferenciada: justicia, humanidad, bondad, libertad, igualdad (“la libertad de cada uno a través de la libertad de todos” es otro de sus vacíos ensalmos), ciencia, razón, sentido común (…) todas ellas representadas de algún modo formando un único, brillante y concreto ideal, para cuya consecución los medios estarían perfectamente al alcance de la mano si los hombres no fueran tan estúpidos, o ciegos.

Todo ello, en palabras de Bakunin, dentro de “la Iglesia universal y auténticamente democrática de la libertad”. Y esto ¿qué quiere decir? Poca cosa, realmente. La búsqueda de significados profundos, o simplemente coherentes, en el pensamiento de Bakunin no suele verse recompensada. Bakunin, en realidad, no elaboró un sistema de pensamiento dirigido a la capacidad de razonar, sino un conjunto heterogéneo de frases estimulantes dirigidas a los instintos.


Pero aún es frecuente encontrar descripciones de Bakunin que lo presentan como un apóstol de libertad. Por ello interesa, en primer lugar, su definición (si es que puede hablarse de definición en Bakunin) de ésta. Y, en segundo, cuál considera que es su relación con la igualdad. En cuanto a lo segundo, Bakunin ni siquiera se plantea que pueda existir la menor incompatibilidad entre libertad e igualdad. En cuanto a lo primero, Bakunin describe la libertad, sencillamente, como la total ausencia de normas: “La tempestad y la vida, he aquí lo que necesitamos. Un mundo nuevo sin leyes, y por lo tanto libre”. Pero ¿un mundo sin leyes es libre? Bakunin no entra a razonar este dilema, pero, sin preocuparse en lo más mínimo por evitar la incoherencia, cuando define su sociedad futura (y lo hace en muchas ocasiones) dibuja, sin ambages, una dictadura totalitaria:

un fuerte poder dictatorial (…) un poder rodeado de partidarios, iluminado por sus consejos, reforzado por su libre colaboración, pero al que nada ni nadie ponga límites”.

He aquí cómo el ansia infinita de libertad de Bakunin resulta desembocar en una tiranía. Peculiar, en alguien para quien el Estado es el enemigo a batir: “El Estado más pequeño es también criminal en sus sueños”. Pero hay algo más que irresponsabilidad e incoherencia en Bakunin. Existe también lo que parece ser un innegable placer en la agitación, la violencia, y la destrucción:

Mi naturaleza siempre ha tenido un vicio muy arraigado: mi amor por fantásticas, por inusuales, por inauditas aventuras que abrieran horizontes ilimitados. En un entorno tranquilo y cotidiano sentía que me sofocaba. Normalmente los hombres buscan la tranquilidad, y la consideran el bien más preciado. Pero a mí la tranquilidad me provocaba desesperación; mi alma vivía en medio de una incesante agitación: pedía acción, movimiento y vida. Yo tenía que haber nacido entre los colonizadores europeos en los bosques americanos, donde la civilización aún no ha brotado, donde la vida es todavía una incesante lucha contra los hombres y la naturaleza salvaje, y no en una bien ordenada sociedad burguesa.

A este placer personal debía subordinarse el destino de todos los hombres: bastaba con decir que se actuaba en nombre de éstos. El mundo, para Bakunin, era una gigantesca obra de teatro en la que él era el protagonista, y los demás formaban parte de la escenografía.
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 Una muy breve historia de Bakunin. Nace en 1814 en una pequeña aldea cerca de Moscú, en una familia noble algo venida a menos (únicamente poseía 500 siervos, según wikipedia). A los 14 años ingresa en la academia de Artillería de San Petersburgo pero su rendimiento no es brillante, y sus calificaciones decepcionantes. A los 21 años, a pesar de la oposición de su padre, renuncia a continuar la carrera militar y acude a Moscú a estudiar filosofía. Conoce al filósofo Stankevich, al crítico literario Belinsky, a Herzen, y a Ogarev. Estudia a Fichte, y luego se sumerge en Hegel con avidez, lo que, según admitirá posteriormente, le provoca efectos secundarios: “no veía otra cosa que las categorías de Hegel”. También, al igual que Herzen, es cautivado por los socialistas franceses, la pasada generación de Fourier y Saint-Simon, y la actual de Proudhon y Louis Blanc. Pero, curiosamente, en esta fase de su vida sus amigos lo consideran algo conservador, y su pensamiento no les resulta cautivador.


En 1840, financiado por Herzen, marcha a Berlín, donde pretende convertirse en profesor universitario. Inmediatamente se mezcla en círculos socialistas y radicales, y abandona su inicial pretensión. En 1842 escribe “La reacción en Alemania”, que demuestra que el lenguaje de Hegel le ha proporcionado una vistosa jerga para racionalizar su innata tendencia a la destrucción. Así describe la relación dialéctica entre lo Negativo (la revolución) y lo Positivo (el orden establecido), muy favorable al primero:

(la relación) no es de equilibrio, sino de predominancia de lo Negativo, que constituye la fase dialéctica de cercenamiento. Lo Negativo, como determinante de la vida misma de lo Positivo, incluye él solo en sí la totalidad de la contradicción, y por ello por sí solo tiene absoluta justificación.

A la Revolución, pues, pero por exigencia filosófica. Pero después Bakunin abandona a Hegel. Se ha hartado de los alemanes y, entendámoslo, es difícil admitir que la culminación del Espíritu de la Historia es el estado prusiano cuando no se es alemán. De este periodo concluye: “Marx es un gran pensador, pero Proudhon entendió y tuvo un sentimiento mucho más grande de la libertad. Es muy probable que, en teoría, Marx pueda construir un sistema aún más racional de la libertad que Proudhon, pero carece del gusto instintivo por ella. Como alemán, y como judío, es un autoritario de la cabeza a los pies”. El “verdadero comunismo” para Bakunin se halla desde entonces en Proudhon, y no en Marx.


Mientras tanto ha atraído la atención de la policía zarista, y en 1844 recibe la orden de volver a Rusia. Bakunin ignora prudentemente la orden, y es nuevamente conminado a volver de inmediato “por haber tenido criminales relaciones en el extranjero con un grupo de elementos desafectos, y por no haberse sometido a las órdenes del Gobierno de Su Majestad de volver a Rusia, para ser privado de todos sus derechos y dignidades, y (…) ser deportado para realizar trabajos forzados en Siberia, y ser confiscados todos sus bienes (si los tuviera)”. Ante semejante perspectiva, Bakunin declina nuevamente la invitación.

“Los días que siguieron a la revolución (de 1848) fueron los más felices de la vida de Bakunin” escribirá más tarde Herzen. En plena efervescencia revolucionaria viaja a Praga, donde se celebra el Primer Congreso pan-eslávico. Desde allí describe su programa para el gobierno revolucionario:

No estoy demasiado interesado en los debates parlamentarios. (…) No creo en Constituciones ni en leyes. Ni siquiera la mejor Constitución me satisfaría.” “El gobierno revolucionario, con ilimitado poder revolucionario, se sentaría en Praga. La nobleza y el clero hostil serían expulsados, la administración austriaca reducida a cenizas, los funcionarios expulsados excepto unos pocos entre los más competentes e importantes, que serían usados como consejeros y también para gestionar una librería de estadísticas en Praga. Todos las asociaciones, periódicos, y demás expresiones de charlatanería anárquica serían sujetos a un único poder dictatorial. Todos los jóvenes y demás gente aprovechable serían divididos en categorías de acuerdo con su carácter, capacidad, y dedicación, y después esparcidos por el territorio para proporcionar formación revolucionaria y un ejército temporal.


En 1849 acude a Alemania y coincide con Richard Wagner en la insurrección de Dresde. Es detenido por la policía sajona y condenado a muerte, pero su sentencia es conmutada por la extradición a Rusia. Es recluido en la fortaleza de Pedro y Pablo de San Petersburgo, donde rápidamente se consume. En un estado de profunda depresión, mientras espera su deportación a Siberia, recibe la visita del conde Orlov, ayuda de cámara del zar Nicolás I, que le transmite el encargo de realizar una confesión: “Dile (a Bakunin) que me escribirá como un hijo a su padre espiritual.” El resultado es sorprendente, y causará bastante zozobra a sus biógrafos. El caso es que Bakunin escribe la confesión solicitada con lo que parece una sincera deferencia hacia el Zar y una innegable sinceridad. Una vez más, de las páginas de la Confesión podemos extraer su visión del mundo post revolucionario:

Para Rusia es necesario un fuerte poder dictatorial preocupado exclusivamente por ilustrar e instruir a las masas; un poder que es libre en tendencia y espíritu, pero sin una forma parlamentaria; un poder que imprime libros de contenido libre, pero sin permitir la libertad de prensa; un poder rodeado, aconsejado y apoyado por la libre colaboración de personas con sus mismas ideas, pero que no está limitado por nada ni por nadie


En este nuevo mundo Bakunin no se reserva el poder de dictador: a él le basta con destruir: “el trabajo (de construir un nuevo mundo) se hará por otros mejores, más inteligentes, y con mayor frescura que nosotros.

Dejemos por el momento a Bakunin, que la entrada se está alargando demasiado. Volverá a aparecer en dudosa compañía.


Imágenes:
1 y 2.- Bakunin.
3.- El joven Bakunin.
4.- Vissarion Belinsky.
5.- Barricadas en Praga en 1948.
6.- Barricadas en Dresde en 1949.
7.- La fortaleza de Pedro y Pablo.

13 comentarios:

Belosticalle dijo...

“Yo tenía que haber nacido entre los colonizadores europeos en los bosques americanos, donde la civilización aún no ha brotado, donde la vida es todavía una incesante lucha... ”

Pero hombre de Dios, si en su tiempo lo que no faltaba en el Globo era espacios para la soñada aventura. ¡Ah, estos redentores… !

Su artículo, querido Navarth, me ha evocado un recuerdo. Visité la celda de Bakunin, entre las demás de la ‘Pedro y Pablo’ en San Petersburgo. Acto seguido y por pura casualidad, a poca distancia, en el atrio del sobor o catedral, asistí a un responso cantado sobre las tumbas de la familia real. Curiosa conjunción de experiencias en menos de una hora.

Una duda: ¿visitó Bakunin personalmente España, traído por Fermín Salvochea, o fue sólo su lugarteniente Fanelli?

P. D. En mi blog le he puesto hoy unas líneas a su amable comentario.

eltumbaollas dijo...

Estimado Navarth
esa coletilla suya de por si se aburren pega más con mis chorradillas. Cámbiela por:"por si quieren aprender algo"
Gracias, le leo con deleite y afición.

navarth dijo...

Maestro BELOSTICALLE, me toma usted el pelo. Seguro que usted tiene mucha más información que yo de ese posible viaje de Bakunin a España (la mía se reduce a cero). De hecho, ni siquiera había oído hablar de Fermín Salvochea hasta que usted lo ha nombrado. He consultado la “cadizpedia”, y me estoy poniendo al día. De momento ya sé que estuvo en Inglaterra, y que volvió “hecho un comunista y un ateo”.

Por cierto ¡cómo me gustaría ver la celda de Bakunin! San Petersburgo es una asignatura pendiente. Un abrazo.

navarth dijo...

Maese TUMBAOLLAS, soy yo quién sigue atentamente sus entradas. Sus crónicas son para mí de obligada lectura en la Argos. Si pongo la coletilla de “por si quieren aprender algo” entrarán en mi blog, sí, pero para insultarme (merecidamente) por pedante. Saludos.

Gaugamela dijo...

A la espera del siguiente post, don Navarth. Interesantísimo el que acabo de leer. Si las clases que recibi, de Filosofía e Historia, tiempos ha, hubieran sido la mitad de amenas y bien fundadas que las que escribe Ud. es muy posible que me hubiera ahorrado el rodeo progre que, durante un tiempo, di en mi vida. Gracias por mantener este blog y satisfacer gratamente nuestra curiosidad.

Belosticalle dijo...

¡Tomarle el pelo, yo! Querido Navarth, no me diga eso, no se lo paso.
Verá, en mis años y ambiente de formación, Bakunin era un coco de lo más negativo; tan a lo vivo, que yo me lo figuraba poniendo petardos con sus propias manos y quemando iglesias con petróleo crudo, incluso en España. Después creo haber oído o leído que efectivamente estuvo en Madrid, pero no encuentro nada, fuera de alguna referencia de Valle Inclán novelista.

Cuando vaya a San Petersburgo no se pierda la ‘Casa de Pedro’, la cabaña que Pedro el Grande se hizo con sus manos y donde solía retirarse a pensar, a orilla del Neva. Muy retocada, obviamente, pero evocadora, y según nos dijeron poco visitada de turistas no rusos.

Lo de la ‘celda de Bakunin’ (o de Dostoyewski, Trotski etc., había toda una lista en el sótano) tómese con una pastilla para la tos. Desde luego, por la prisión pasaron muchísimos más huéspedes que calabozos hay, y algunos repitieron.

luigi dijo...

El hombre es capaz de imaginar cualquier cosa, incluso lo inalcanzable. E imaginarlo alcanzable.

BenGunn dijo...

Citar a Mussolini no es la mejor manera de impresionar a los demás, pero va: "En el interior de todo anarquista se oculta un dictador que pugna por salir."

Las frases del discurso de Praga se merecerían un comentario de texto exhaustivo. Me gusta mucho la mención de la "librería de estadísticas en Praga" Porque ¿cómo construye uno una sociedad justa de individuos libres, iguales y felices sin una librería de estadísticas, vamos a ver? Este toque de prosaísmo soviético es una (feliz) incongruencia en medio de un impetuoso llamamiento a la destrucción. Casi enternece: en el momento más inoportuno el burócrata que lleva dentro asoma la cabeza y le arruina la soflama. Quizá en la cita de don Benito convendría sustituir "dictador" por "funcionario"

navarth dijo...

Una vez más gracias a usted GAUGAMELA. En realidad, estaba algo preocupado porque estas entradas me están quedando más largas de lo habitual en un blog, temía estar cansando a los lectores. Por eso, su comentario me resulta de lo más gratificante.

Don BELOSTI, tomo buena nota de sus recomendaciones (como siempre).

LUIGI, me alegro de verlo de nuevo por aquí. Su frase podría servir de cabecera a esta entrada.

BEN GUNN ¿verdad que lo de la ‘librería de estadísticas’ es genial? Me gusta mucho la visión de Bakunin como un burócrata: a la Revolución, sí, pero por triplicado.
Saludos a todos.

Avizor dijo...

Ya imagino a Bakunin de explorador en los bosques americanos, acompañado de sólo unos cientos de sus siervos. Todo muy auténtico.
Gracias por su entrada D.Navarth y quedo a la espera de la siguiente.
Un saludo.

Asturianín dijo...

Angelito de Dios, el Bakunin.

Gracias, D. Navarth. Le sigo con interés. Lo mismo han dicho ya otros y yo lo he escrito en otras entradas. Pero sigue siendo verdad: Le sigo con gran interés.

Y acordándome de lo que ha escrito Maese Eltumbaollas: No entro aquí porque esté aburrido. Aunque cuando entro y leo, me entretengo y aprendo de usted y los comentaristas.

Garikoitz Lindbergh dijo...

Muy bueno, Sr. Navarth, como siempre.

No puedo evitar ver algunos toques Bakunianos en mi admirado José Luis Rodriguez y un montón de toques orwellianos en Bakunin: "la guerra es paz, la libertad es esclavitud..." y en ese plan todo. Unos fenómenos tanto Bakunin como José Luis.

navarth dijo...

¡Qué imagen tan impactante, AVIZOR!

ASTURIANIN, es usted muy amable. Espero que siga encontrando interesantes las siguientes entradas de la serie.

Hombre Mr. LINDBERGH, cuánto tiempo. ¡Pobre Bakunin, ser comparado con José Luis! Piense que, charlatán o no, el primero era capaz de traducir a Hegel al ruso, mientras que del segundo no se conoce habilidad alguna (salvo un sorprendente talento para la destrucción)

Saludos.