domingo, 22 de enero de 2012

EPISODIOS DEL VÖLKITSCH (2): LA TEOZOOLOGÍA DE LANZ VON LIEBENFELS


Adolf Joseph Lanz nace en 1874 en Viena, en una familia católica de clase media. A los 19 años ingresa en el monasterio cisterciense de Heiligenkreuz, del que es expulsado cinco años más tarde por una doble incompatibilidad sobrevenida, la primera derivada de su alineación con el movimiento “Separémonos de Roma” (1), y la segunda con el voto de castidad. Sin embargo, su estancia en el monasterio no habrá sido infructuosa. Inspirado, según él, por la lectura de las escrituras, y, más evidentemente, por la de la “Doctrina secreta” de Madame Blavatsky, desarrollará su teoría. En 1905 publica “Teozoología, o la ciencia de los monos sodomitas y el electrón divino”, titulo que recuerda bastante a Philip K. Dick. A partir de ese momento, Adolf Joseph Lanz empieza a presentarse como Lanz von Liebenfels.

La teoría básica del libro es ésta. La humanidad, tal y como la conocemos, proviene de la Atlántida. Ahora bien, en ella convivían dos razas, los theozoa, que a su vez provenían del espacio exterior, y los anthropozoa, que se habían desarrollado en la grosera tierra. La diferencia entre ambas razas era tremenda, pues los theozoa estaban impregnados de una cierta energía cósmica (que era, a su vez, expresión de una deidad cósmica, y de ahí lo del electrón divino) que los llevaba a poseer poderes sobrenaturales como la telepatía y los rayos-x. Además, el carácter divino de los theozoa se extendía a su aspecto exterior, porque eran rubios y de ojos azules. Los inferiores anthropozoa, que obviamente eran morenos y de piel oscura, no tenían ninguna virtud energética, pero a cambio eran sexualmente muy activos y provocaban una irresistible atracción en las rubias theozoa que las llevaba a aparearse con ellos, y en esta teoría podemos encontrar el embrión de las películas de Alfredo Landa. Pero de este modo ambas razas se mezclaron, y los theozoa perdieron su chispa divina. De esta mezcla nacieron las razas actuales, que, en ese momento, iniciaron una doble migración. Los arios, que apenas estaban mezclados y tenían una mayor proporción de sangre theozoa se dirigieron al norte de Europa, y los restantes marcharon hacia Egipto y Mesopotamia. Ya se pueden imaginar de quién descienden los judíos, si es que no son anthropozoa en estado puro. En cuanto a lo de los ‘monos sodomitas’, hay algo contradictorio en el asunto. Es evidente que, para Lanz von Liebenfels, la afición a la sodomía de las viciosas razas inferiores representa el pecado original. Pero, por otra parte, debería haber valorado que, si los anthropozoa se hubiera limitado exclusivamente a esa práctica erótica con las arias, al menos no habrían tenido descendencia, y la temida mezcla racial no se habría producido. Porque la idea de que la mezcla es la causa de la caída, y produce una progresiva degeneración de la raza, impregna el relato de Lanz von Liebenfels. Sin embargo, para él el proceso es reversible, y a través de un estricto programa de eugenesia la raza aria puede recobrar su pureza y sus poderes sobrenaturales.

Hay que decir que Lanz von Liebenfels se esfuerza en armonizar los textos bíblicos con la nueva religión que él está contribuyendo decisivamente a crear. Por ejemplo, el relato bíblico de la expulsión del paraíso hace referencia, según él, a la caída de la Atlántida. Otro ejemplo. En 1915, también basándose en textos cristianos, redactará unos salmos en los que suplicará la salvación de la raza aria y el exterminio de las razas inferiores encabezadas por los judíos, pues según Lanz von Liebenfels Cristo era en realidad ario, su verdadero nombre germánico era Christ-Frauja, y había fundado su iglesia sobre la base de la unidad racial, siendo Saulo (que este sí era judío) el que lo había desbaratado todo al abrirla a otros pueblos.

Como puede verse Lanz von Liebenfels no se molesta en absoluto en disimular su feroz antisemitismo, ni el destino que reserva a las razas inferiores a las que con frecuencia se refiere genéricamente como “chandalas”, el nombre de la casta hindú de los parias. Con estos mimbres en 1905 funda la revista Ostara, nombre de una diosa germánica de la primavera, que llega a alcanzar tiradas de 100.000 ejemplares. El contenido de los artículos es predecible. Por ejemplo en un número de 1912 publica “La espada sanadora”, en el que defiende que el cuerpo ario debe ser sanado quirúrgicamente de la infección judía.

En el número 78 de Ostara Lanz von Liebenfels, recogiendo explícitamente las teorías milenaristas de Joaquín de Fiore, declara que el tercer reino de Dios en la Tierra, destinado a durar mil años, será ario y estará dirigido por una orden ario-cristiana basada en los templarios. A tal fin, en 1907 funda la Ordo Novi Templi, cuya sede se sitúa en el castillo de Werfenstein. El 25 de diciembre de ese año, aprovechando el solsticio de invierno, una primera versión de la esvástica como símbolo de lo ario y lo antisemita (en realidad, las dos caras de la misma moneda) se alza por primera vez en Europa.


(1) Extraño movimiento que pretendía la conversión de los católicos austriacos a una mezcla de protestantismo y paganismo.
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Imágenes:
1.- Lanz von Liebenfels con el uniforme de la Nueva Orden de los Templarios.
2.- Portada de la Teozoología.
3.- Portada de Ostara.
4.- La esvástica de Lanz von Liebenfels.

8 comentarios:

Belosticalle dijo...

Ya me dije que esta serie prometía.

A decir verdad, estos orates seudocientíficos en Alemania se pretendían autóctonos en su ‘pensamiento’, como herederos del idealismo germánico, la panteística ‘Naturphilosophie’ y hasta la ‘Naturtheologie’. De por ahí nos vino el krausismo, creo.

No me perderé una sola entrada.

gorkataplines dijo...

Don Navarth, ahora que no nos oye nadie... de donde saca usted esas joyas?

Estoy inmerso -no se me ocurre un palabro mejor- en El Anillo del Nibelungo y esto es lo que estoy escuchando mientras escribo: http://www.youtube.com/watch?v=L8wHteSOwW4&feature=related .

Acabo de leer un libro sobre la vida y obra de Richard Wagner, de quien cada vez me gusta más su música. Había escuchado tantas veces lo de su antisemitismo que quería salir de dudas y creo que lo he conseguido ya que el libro dedica a ese tema un capítulo entero. Pues bien, no parece nada claro que en su obra musical haya un ápice de antisemitismo, ni siquiera en forma de mensajes tan cifrados que nadie es capaz de descifrarlos, y a pesar de que hay descifradores del antisemitismo de la obra de Wagner por todas partes.

Pero, a lo que iba: Wagner era un antisemita de tomo y lomo. Resulta que el buen hombre escribió compulsivamente durante toda su vida. De hecho escribió mucho más de lo que compuso y su segunda mujer -Cosima, que era hija natural de Franz Lizst- recopiló, clasificó y guardó sus miles de cartas y escritos. En ellos hay suficientes perlas del calibre de la que nos trae usted hoy poniendo a parir a los judíos como para que podamos hacernos una idea de por donde respiraba Herr Wagner.

Vamos, que el tío era un genio, o a mi me lo parece, pero que su afecto por los judíos era parecido al de Von Liebenfels, o al del cabo del ejercito austriaco que pocos años después de su muerte se convirtió en uno de sus mayores fans.

Todo esto, unido a sus aportaciones, me lleva a pensar que en el siglo XIX en Alemania -y en toda Europa- ya había un montón de iluminados que apuntaban maneras y que lo que ocurrió no muchos años después era bastante previsible: la consecuencia lógica de "The Gathering Storm", como lo describe W. Churchill en el primer tomo de su II Guerra Mundial.

En fin, que eso de que Dios los cría y ellos se juntan tiene toda la pinta de ser verdad.

navarth dijo...

BELOSTICALLE, como siempre es un placer y un honor verlo por aquí (ahora me ha abierto un nuevo frente con eso del krausismo). Un abrazo.

GORKATAPLINES, por seguir con la alegoría ‘The gathering storm’, creo que, a partir del siglo XIX, sobre Alemania se cernía la nube folklórico-populista-esotérico-racista del völkisch, que a su vez contenía nubes más negras, como el ariosofismo de Lanz von Liebenfels y Guido von List (de quien también hablaré), y la gigantesca tormenta negra del nazismo. Pero esta tormenta no se desarrolló en un cielo azul. En realidad el nazismo se nutría de elementos variados, y de muchos de ellos también se habían nutrido Wagner y tantos otros. Personalmente, pienso que son las emociones y los sentimientos previos son los que construyen ideologías a su medida, y por eso creo que el sustrato emocional que compartían todos esos alemanes demostraba ser especialmente insano. Por cierto, precisamente también espero hablar del yerno de Wagner, Houston Stewart Chamberlain. Un abrazo.

Arturo dijo...

Querido Fernando:

Empiezo a preocuparme. Espero que no sufras algún extraño complejo de culpa que te lleve a hacer las lecturas que estás haciendo últimamente.

Otra hipótesis es que estés haciendo lo que se debe hacer con las bacterias: estudiarlas para descubrir sus puntos débiles y erradicaralas... En ese sentido, puedo recomendarte la lectura de algunos filósofos que abrieron la veda que estás explorando o hicieron sus aportaciones, aunque afortunadamente, los voy olvidando progresivamente... Eso sí, me temo que no son tan divertidos como los episodios del völkitsch.
Un abrazo.

navarth dijo...

Querido Arturo, nada de expiación de culpas. ¡Si me lo estoy pasando estupendamente con este tema! Claro que me gustaría que me asesoraras y que me recomendaras alguna lectura sobre el asunto. Un abrazo.

p.d. Tenemos pendiente una cena con Lara. Ya lo hablé con ella. Hablaremos.

Juan Luis Calbarro dijo...

No me los pierdo.

Carmen Quirós dijo...

La cuestión, a la vista de los disparates es a qué raza pertenecía, en realidad el sujeto.

Muy interesante, Navarth. No tenía ni idea de la existencia de este individuo. Enseñar al que no sabe abre las puertas del cielo, se lo advierto.

navarth dijo...

JUAN LUIS, CARMEN, lamento no haber contestado antes pero he estado francamente liado. Hoy toca nueva entrada.

p.d. ¿Abrir las puertas del cielo? Glups, cuánta responsabilidad.