Ahora en España la gente no sólo pasa de la política, sino que mira con recelo al que no lo hace. Actualmente una persona que adopte una posición firme en cualquier asunto político tiene grandes posibilidades de acabar siendo considerado un exaltado, aunque la posición defendida sea perfectamente razonable y moderada. Hay muchas personas inteligentes que en cuanto la discusión alcanza el terreno político adoptan la consistencia de amebas, y entienden que lo correcto es contemporizar y, sobre todo, no alarmarse en exceso. No sé de dónde proviene esta tendencia: de la doctrina del justo medio, de la creencia en que una tesis y su antítesis acaban formando una síntesis (por lo que no merece mucho la pena cansarse defendiendo cualquiera de aquéllas), de un afán estético por la equidistancia, o de una tendencia natural el pasteleo. El caso es que parece haberse extendido una regla de etiqueta que establece que sudar mucho por la política es de mal gusto. Supongo que por eso ha triunfado tan espectacularmente estrategias tan burdas como la de la crispación, que el PP asumió con entusiasmo, o la del reparto de culpas entre un Gobierno que ha llevado a España al desastre y una oposición sistemáticamente marginada por aquél.
“ La política debería ser realista; la política debería ser idealista. Estos dos principios son verdaderos cuando se complementan, y falsos por separado. ” Johann K. Bluntschli
La política puede contemplarse desde una perspectiva ideal y otra real. O bien prescriptiva (lo que debe ser) y descriptiva (lo que es). Lo importante es destacar que, cuando el análisis se acomete exclusivamente desde una de las perspectivas, el error (o el desastre, cuando se tiene poder efectivo) están garantizados. De paso, sospecho que cuando políticos poco escrupulosos llegan al poder, y acceden a un conocimiento privilegiado de la política real, el efecto es devastador. Es fácil que estos políticos lleguen rápidamente a la conclusión de que toda la política es real, y olviden con la misma velocidad el plano ideal o prescriptivo. El político así liberado de escrúpulos pensará que todos los que continúan contemplando la política desde una perspectiva de valores son meros ingenuos, y que él no es un si...
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