lunes, 12 de abril de 2010

CUANDO LA PROFECÍA SE EQUIVOCA (‘When prophecy fails’, 1956. Leon Festinger, H.Riecken, S.Schachter)

En este libro se analiza el comportamiento de los seguidores de sectas cuando sus profetas yerran estrepitosamente en sus predicciones. Festinger observa que el incumplimiento de las profecías, en lugar de producir el previsible desengaño de los adeptos (y el consiguiente abandono de sus creencias), suele provocar la aceptación de las explicaciones más disparatadas, y, lo que es más significativo, un espectacular incremento del afán de proselitismo. Para los fieles, que han hecho una fuerte inversión vital en la secta, el coste de aceptar la realidad es demasiado elevado, así que intentan desesperadamente contrapesarla con un aumento del respaldo social: digan lo que digan los hechos, si un número suficiente está con nosotros sin duda tenemos razón. [1]

Festinger desarrolló esta tesis a partir del estudio de movimientos religiosos en los que las predicciones de sus líderes se habían visto dramáticamente desmentidas por la realidad. Por ejemplo, el de Sabbatai Zevi, un judío de Esmirna que pretendía ser el Mesías, que predijo que 1648 sería el año que marcaría el fin del mundo corrupto y el advenimiento de una nueva era de redención bajo su propio reinado. El hecho de que el año pasase sin cambios aparentes en el mundo corrupto no desanimó a los adeptos de Zevi, que, por el contrario, se extendieron por toda Turquía transmitiendo su doctrina a los escépticos. El sultán maniobró hábilmente y, en lugar de liquidar a Zevi y proporcionar un mártir a la secta, consiguió que éste abandonara su propia religión y se convirtiera al Islam. Pues bien, esta inesperada evolución de su Mesías no desanimó a sus seguidores, que continuaron ofreciendo las más pintorescas racionalizaciones mientras seguían adelante, con más intensidad aún, propagando su doctrina.

En 1954 se presentó a Festinger la oportunidad de verificar las conclusiones que había extraído del análisis histórico mediante el estudio de un caso contemporáneo. Para ello infiltró a varios ayudantes en una secta que, a través de diversas fuentes de conocimiento (la escritura automática de un ama de casa que recogía mensajes de un avatar de Jesucristo, los trances de una adepta que conseguía que un demiurgo hablase con tono lúgubre por su boca, y un médium que capacidad para contactar con los extraterrestres), había anunciado el fin del mundo mediante inundación para el 21 de diciembre de ese año. No obstante, continuaba la profecía, la noche precedente los fieles serían recogidos por una flotilla de platillos volantes, que los trasladaría con total tranquilidad a otro planeta mucho más espiritual que el presente. Pues bien, cuando la fecha llegó y pasó sin incidentes relevantes, Festinger pudo comprobar que sus hipótesis se cumplían milimétricamente: nulo impacto del fracaso de la profecía en las creencias previas, aceptación de las racionalizaciones más disparatadas, y crecimiento espectacular del afán de convencer a otras personas. De lectura imprescindible.

[1] Robert Cialdini llama “dictado social”* al mecanismo por el cual tendemos a decidir qué es correcto averiguando lo que los demás piensan que es correcto. Nuestro aprendizaje y nuestros comportamientos son fuertemente miméticos, de modo que antes de actuar (e incluso de pensar) observamos disimuladamente a nuestro alrededor para ver qué hace la gente que nos rodea. En los casos estudiados por Festinger, lo que los desesperados sectarios pretenden es sembrar dictado social para poder sentirse posteriormente refrendados por él.

* En realidad lo llama "social proof", pero creo que la traducción literal "prueba social" no lo refleja muy bien.

5 comentarios:

Chippewa dijo...

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En España pulula una tosca concepción de la democrácia, donde "lo que hace la mayoria" es lo que vale.

Semejante idea puede encontrarse en personas que se suponen formadas. La democracia exige cierto estadío de evolución que no se daba a mediados del siglo pasado en España y por lo que se ve, tampoco se dan en este. La clase política y los medios de comunicación, en lugar de formar ciudadanos que sepan manejarse en los rudimentos democráticos, creo que hacen justo lo contrario: ruido, estupidez, fanatismo.

Así de pesimista estoy hoy, don Navarth.

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benjamingrullo dijo...

Lo contrario, aceptar el error, sería pensar que son idiotas. El cerebro humano no está capacitado para eso. Como es un órgano diseñado para hacerte feliz te regalará los argumentos más peregrinos. Uno de estos suele ser que el mundo no se ha terminado gracias a tus rezos y tu fe. Así en vez de tenerte a ti mismo por tonto te tienes por salvador de la humanidad. Nada que ver, mucho más gratificante.

navarth dijo...

CHIPPEWA, es tentador pensar que ese embrutecimiento de la población forma parte de un plan preconcebido por la casta política y sus medios para convertir a su electorado en un rebaño fácilmente pastoreable. Pero luego uno ve a Zapatero o Bibiana y tiene serias dudas de que puedan formular balgo parecido a un plan. Saludos.

navarth dijo...

BENJAMINGRULLO, lo ha clavado. La explicación que daban los de esta secta al fracaso de la predicción era precisamente esa: que Dios había perdonando al mundo gracias a la pureza de su corazón. Saludos.

Neo...... dijo...

Sus comentarios anteriores me recuerdan algo que descubrí hace tiempo como autoprotección de los errores humanos.

La culpa sienpre la tiene el otro

Obseven, observen y obsérvense.