miércoles, 24 de enero de 2018

UNA HEREJE LIBERAL


A pesar de haber abandonado el Islam, Ayaan Hirsi Ali reclama no ser vista como una apóstata sino como una hereje. Ella cree que es posible –es necesario- reformarlo desde dentro, desanclarlo del siglo VII y adaptarlo a la modernidad. Hirsi Ali, nacida en Somalia y trasladada a occidente, disfruta de una visión clara de las recetas que han creado sociedades abiertas basadas en la libertad de pensamiento, la igualdad y la tolerancia; mucho más clara, por cierto, que aquellos que hemos nacido en ellas. Ella, y esto también se nos olvida con frecuencia, entiende que nuestra democracia liberal es una construcción cultural, y por eso si queremos preservarla debemos conocer sus fundamentos intelectuales:

«Mi trabajo como estudiante consistió en (…) conocer a los pensadores, sus teorías del poder, las élites políticas, psicología de masas y sociología, y políticas públicas; los métodos por los que llegaron a sus conclusiones, sus críticas y sus métodos para hacer crítica».

El Islam necesita una profunda reforma. Al igual que Lutero en la iglesia en Wittenberg, Hirsi Alí cuelga en el libro sus particulares cinco tesis: 1) se debe rechazar la infalibilidad del Corán y el Hadiz [1], abriéndolos a la interpretación y el pensamiento crítico; 2) es necesario dejar de dar prioridad a la vida de después de la muerte; 3) se debe finalizar con la supremacía de la sharia, la legislación derivada del Corán y el Hadiz, sobre la ley secular; 4) hay que acabar con la práctica coactiva y cotidiana de “ordenar el bien; prohibir el mal” [2]; 5) hay que renunciar a la yihad, la guerra santa. Hirsi Ali desarrolla estos mandamientos de manera convincente a lo largo del libro, aunque tal vez podría haberlos resumido en dos: es necesario dejar de dividir el mundo entre creyentes y no creyentes, y hay que tolerar la diferencia [3]. Todo debe comenzar «con el reconocimiento de que el extremismo islamista está radicado en el propio Islam».


Mahoma pasó los primeros años de su vida predicando pacíficamente en la Meca; luego se trasladó a Medina donde decidió que se debía convertir por la fuerza a los que rehusaran ser convencidos. Por eso Hirsi Ali distingue actualmente entre los musulmanes de la Meca, el grupo más pacífico y numeroso, y los musulmanes de Medina, los fanáticos:

«Son los musulmanes de Medina los que llaman a judíos y cristianos “cerdos y monos”. Son los musulmanes de Medina los que prescriben la decapitación por el crimen de no ser creyente en el Islam, la lapidación por adulterio y el ahorcamiento de homosexuales. Son los musulmanes de Medina los que encubren a las mujeres con burkas, y las golpean si salen de casa solas o inadecuadamente provistas de velo».

No representan más de un 3% de la población musulmana. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que «los musulmanes de la Meca pueden ser más numerosos, pero son demasiado pasivos, indolentes y-lo más importante- carecen del vigor intelectual necesario para enfrentarse a los musulmanes de Medina». Al lado de estos dos grupos hay un tercero, muy minoritario pero de esencial importancia: los disidentes [4]. Haberlos haylos, aunque la mayoría son desconocidos en occidente. Y esto es un problema, porque los disidentes necesitan el apoyo de occidente.


Hirsi Ali se dirige a los musulmanes de La Meca, pues considera que los de Medina son impermeables a la razón. Hirsi Ali relata haber pasado también por la fase de Medina. Fue cuando Jomeini lanzó su fatwa contra Salman Rushdie por publicar los versos satánicos, una condena de muerte que Hirshi Ali comprendía y compartía.

«Todo el mundo en mi comunidad creía que Rushdie debía morir; al fin y al cabo había insultado al Profeta. Mis amigos lo decían, mis maestros lo decían, el Corán lo decía, y yo lo decía y lo creía también. Nunca cuestioné la justicia de la fatwa contra Rushdie; pensaba que era completamente moral para Jomeini asegurarse de que el apóstata que había insultado al Profeta fuera castigado, y que el castigo adecuado a su crimen era la muerte».

A su debido tiempo Hirsi Ali también fue destinataria de una fatwa prescribiendo su muerte. Por eso cree que puede argumentar desde «la perspectiva de quien ha sido en distintas épocas cada uno de los tipos de musulmán: un creyente, un fundamentalista y un disidente. Mi viaje ha ido de La Meca a Medina a Manhattan».

Pero el libro no está dirigido exclusivamente a los musulmanes moderados: también a los occidentales: «Intento desafiar la visión, casi universal entre los liberales occidentales, según la cual la explicación (del terrorismo) se encuentra en los problemas económicos y políticos del mundo musulmán».

Recuérdese al expresidente Zapatero diagnosticando que la causa del terrorismo estaba en “océanos de injusticia”. «Para mí, sin embargo, cuando un asesino cita el Corán como justificación de su crimen, deberíamos al menos considerar la posibilidad de que lo diga en serio», dice Hirsi Ali. Posiblemente es imposible erradicar a sicópatas y asesinos de una sociedad, pero no se pueden tolerar ideologías que les permitan canalizar sus instintos y ennoblecer sus acciones. Y de esto en España tenemos bastante experiencia.


Sin embargo hay esperanza: para Hirsi Ali el cambio ya ha comenzado. La Primavera Árabe, un fracaso a los ojos de occidente, representa el inicio de la disidencia tanto política como religiosa.

«Es, desde luego, un lugar común aceptar que la elección de Al Sisi como presidente fue un síntoma del fracaso de la Primavera Árabe. Pero esto es no comprender el proceso desatado por las revoluciones que comenzaron en Túnez a finales de 2010. Las revoluciones, allí como en Egipto, Libia y Siria, se dirigieron contra corruptos dictadores; entonces fueron secuestradas por musulmanes de Medina tales como los Hermanos Musulmanes, a los que los dictadores habían mantenido a raya. Cuando esto quedó claro a los egipcios -especialmente los habitantes de las ciudades- volvieron a las calles para destituir al gobierno de Mohamed Mursi (…) La Primavera Árabe fue en realidad un éxito. Mostró que los poderosos pueden ser desafiados; cuando otra forma de autoridad –la autoridad religiosa- pretendió aprovecharse de la apertura, hubo una segunda revolución, al menos en Egipto (…) Finalmente, creo, el rechazo a someterse a la voluntad de gobernantes seculares será continuado por otro más general a someterse a la voluntad del imán, el mullah, el ayatola, o el ulema».

Si la imprenta supuso el comienzo de la reforma del cristianismo, internet puede ser el vehículo para la reforma del Islam.

Heretic: Why Islam needs a Reformation Now. Ayaan Hirsi Ali. 2015

Notas:
[1] El Hadiz o Sunna recoge los actos y manifestaciones de Mahoma. Junto con el Corán forma el cuerpo doctrinal básico del Islam.
[2] Se refiere a la costumbre social de enarbolar la antorcha inquisitorial en cuanto se detecta un comportamiento contrario a lo ortodoxo. En occidente asistimos a manifestaciones de este fenómeno en el ámbito de la corrección política. [3] Hirsi Ali: «La intolerancia es lo único que una sociedad libre no se puede permitir tolerar».
[4] Este esquema, violentos, masa inerte y un pequeño –pero muy valioso- número de disidentes recuerda extraordinariamente a la sociedad vasca cuando ETA estaba en activo.

5 comentarios:

envite dijo...

Interesantísimo, Navarth!
Efectivamente, es fundamental contar con esa pequeña- pequeñísima- parte de la población musulmana que disiente del statu quo.
Pero Occidente no entiende nada y lo embarulla todo. En la novela Sábado de Ian McEwan un musulmán se lamenta de ese falso apoyo. Y, cómo dice esta mujer culta y valiente es un apoyo imprescindible. Claro que hay que apoyar a los musulmanes, pero a los buenos.
Gracias por su recuerdo de Ayaan Hirsi Ali.

navarth dijo...

Gracias D. Envite. Y pido disculpas porque en ocasiones el tiempo me impide contestar los comentarios a estas entradas. En efecto, el libro es interesantísimo, y deberíamos prestar mucha más atención a esa minoría de héroes empeñados en abrir el Islam al pensamiento crítico, y de hacerlo compatible con una sociedad abierta. Un abrazo.

Belosticalle dijo...

Amigo Navarth, un acierto de entrada. Ya sabe que el tema me ha intrigado durante muchos años, y en mi blog lo he tocado varias veces, bajo puntos de vista diversos. Pero no vengo ‘a hablar de mi libro’.

No es maravilla que en el Islam surjan voces críticas, entre personas de cierto nivel cultural. Realmente siempre las hubo, y el Islam medieval fue una olla hirviente con la tapadera en danza. Su historia toca episodios de fanatismo e intolerancia, pero como eso, como episodios. El actual puritanismo rigorista excluyente es moderno.

El problema con el Islam es su concepto de revelación, todavía hoy más parecido al que tenía la Iglesia, hasta que los textos bíblicos empezaron a ser objeto de crítica racional, desde el siglo XVII. Mientras las universidades islámicas no se planteen una revisión crítica del propio Corán y su turbio origen, así como de las ‘tradiciones’, hay poca esperanza. Los inteligentes saben que esa crítica es demoledora. Sin embargo, como en el cristianismo o el judaísmo, la sana crítica es compatible con la religión sana, para las mentalidades religiosas.

Un saludo.

candela dijo...

Cómo echaba de menos estas reflexiones suyas. Aunque entiendo el lío del tiempo.

Me ha interesado mucho una de las ideas de Ayaan Hirsi Ali, precisamente porque yo pensaba lo contrario. Ese triunfo de la primavera árabe que yo no veo, ni veía, por ningún lado.

Estimulante revisar las ideas propias.
Gracias.

navarth dijo...

Querido Don Belosti, siempre sigo con gran interés sus entadas sobre el islam, así que es un honor que la mía le parezca acertada. Como verá, Hirsi Ali coincide plenamente con la necesidad de abandonar el concepto del Corán como verdad revelada.

Doña Candela, yo también echo de menos el blog, y efectivamente el problema es de tiempo. A mí también me sorprendió esa visión de la Primavera Árabe. Ojala Hirsi Ali tenga razón.