jueves, 18 de agosto de 2016

a.t.p. JONATHAN HAIDT Y LA MENTE VIRTUOSA (y 2)


A la vez que Haidt daba sus primeros pasos en sus investigaciones el antropólogo cultural Richard Shweder afirmaba que las sociedades se han desarrollado a partir de dos enfoques, la perspectiva sociocéntrica, en la que los intereses del grupo prevalecen sobre los del individuo, y la perspectiva individualista. La primera dominó el mundo antiguo y la mayor parte del mundo actual; la segunda se desarrolló a partir de la Ilustración y es exclusiva de occidente. En resumen el maravilloso mundo basado en el individuo en el que vivimos es tal vez un milagro. Somos raros [7]. Lo que es peor: tal vez somos precarios.

Según Shweder en todas las sociedades, sean sociocéntricas o individualistas, se pueden observar tres grandes áreas de asuntos morales, que se desarrollan en mayor o menor grado en unas u otras: las áreas referidas a la autonomía, a la comunidad y a la divinidad. El área relacionada con la autonomía se centra en el individuo, su asunto principal es la proscripción del daño, y es la que acaba sustentando conceptos como la libertad y los derechos individuales: obviamente es la que está más desarrollada en occidente. En el resto de las sociedades se desarrollan más el área de la comunidad, en la que caben conceptos como deber, lealtad al grupo –y rechazo al de fuera-, jerarquía, y patriotismo, y el área de la divinidad, más amplia y más difícil de definir. El área de la divinidad está relacionada con conceptos como pureza y contaminación, santidad y pecado. Parte de una visión vertical de la perfección en la que el contacto de lo inferior puede corromper lo superior. Curiosamente parece haberse desarrollado a partir del concepto del asco, del deseo de evitar lo impuro o contaminado.


El ámbito de lo moral varía según las culturas. Es muy estrecho en las individualistas sociedades occidentales, donde parece haberse circunscrito al área de la autonomía, y mucho más amplio en las sociocentristas, donde incluye también las áreas de la comunidad y la divinidad. En estas sociedades el excesivo individualismo, o la búsqueda individual de la felicidad, son consideradas egoístas y destructivas. Cuenta Haidt que la visión de Shweder fue la “píldora roja” [8] que le abrió los ojos. En contra de lo que Kohlberg y Piaget pensaban, no podía ser el niño quien construyese la moral. Debía ser más bien una combinación de innato (módulos o áreas provenientes de la evolución) y aprendido (el niño aprende a aplicar esos módulos en una particular cultura):

«Nuestras mentes tienen el potencial de convertirse en virtuosas sobre muy diferentes asuntos, y sólo algunos de estos asuntos son activados en la infancia. Otros asuntos potenciales se quedan sin desarrollar y desconectados de la red de significados compartidos y valores que se convertirán en nuestra matriz moral».

En sus primeros experimentos Haidt comprobó en seguida que los occidentales tienen intuiciones morales automáticas, como las referidas al asco o a la falta de respeto, que van más allá del área de la autonomía de Shweder y condicionan su razonamiento [9]. Descubrió además que dentro de las propias sociedades también conviven distintas matrices morales que funcionan como compartimentos estancos: unen a los que las comparten y los ciegan ante la existencia de otras.

A partir de las áreas morales definidas por Shweder, y del enfoque de Hume -la moral como gusto-, Haidt desarrolla su Teoría de los Fundamentos Morales y propone la siguiente alegoría: la mente virtuosa es como una lengua con seis receptores. La moralidad de cada sociedad, de manera asimilar a su gastronomía, es una construcción cultural, que partiendo de los mismos receptores morales o gustativos, e influenciada por azares de ambiente e historia, llega a unas construcciones diferentes.


Los receptores morales son obviamente resultado de la evolución. Y en principio cinco buenos candidatos son: protección del vulnerable, equidad en los intercambios interpersonales, lealtad al grupo, respeto a la autoridad y preservación de la santidad/pureza.

«Cinco desafíos adaptativos destacan muy claramente: cuidar a los vulnerables niños, formar colaboraciones con no-parientes para cosechar los beneficios de la reciprocidad, formar coaliciones para competir con otras coaliciones, negociar jerarquías, y mantenerse a sí mismo y a sus parientes libres de parásitos y patógenos, que se propagan rápidamente cuando la gente vive en estrecho contacto unos con otros».

Posteriormente Haidt incluyó un nuevo receptor, el de la búsqueda de la igualdad, quedando la lista definitivamente en seis, los tres primeros relacionados con la autonomía –siempre según terminología de Shweder-, y los otros tres con la comunidad y la divinidad.

1) El módulo de protección evolucionó en respuesta al desafío adaptativo de velar por las crías. Los mamíferos invierten más en las suyas que los ovíparos, que las producen más fácilmente. Y el humano, cuyo cabezón es tan grande que la madre tiene que expulsarlo un año antes de que sea capaz de andar, requiere una inversión de cuidado adicional también por parte del progenitor. Somos los descendientes de aquellos que eran más sensibles a los signos de sufrimiento y necesidad de los desvalidos, y de los que más se enfadaban ante la visión de la crueldad.


2) El módulo de la equidad evolucionó en respuesta a poder cosechar los beneficios de la cooperación sin ser mangoneado. Nos hace reaccionar favorablemente ante las muestras de colaboración y altruismo por parte de otros, y nos hace querer castigar a los gorrones y aprovechados. Este módulo no se refiere necesariamente a la igualdad, sino más bien a la proporcionalidad: recibir de acuerdo con los merecimientos o aportaciones al grupo. [10]


3) El módulo de la libertad está relacionado con no reconocer la posición de dominio de quien no se juzga merecedor de ella. Este módulo está en realidad muy relacionado con la igualdad, y con la resistencia a la opresión.


Los tres siguientes módulos están relacionados con las ventajas competitivas que ofrece participar en un grupo cohesionado. Lamentablemente cada uno de ellos parece tener un reverso tenebroso:

4) Lealtad al grupo. Evolucionó en respuesta al desafío adaptativo de formar y mantener coaliciones. Nos hace reaccionar favorablemente ante los que juegan en equipo, y nos hace querer castigar a los que lo traicionan [11]. Somos los descendientes de tribalistas, no de sus más individualistas primos. Obviamente la parte negativa es la predisposición al conflicto con los ajenos al grupo y la guerra.


5) Autoridad. En su origen derivado de la presencia de miembros dominantes en la manada con efectos positivos para ésta –capacidad de ejercer el liderazgo y minimizar conflictos-. En la actualidad está relacionada con la estabilidad y el mantenimiento del orden en el grupo. El reverso es la opresión y la desigualdad.

6) Santidad. Evolucionó a partir del asco y éste del “dilema del omnívoro”, consistente en ser capaz de comer cualquier cosa pero evitando todo aquello que pueda enfermar o matar. Se incluyen aquí los tabúes sexuales, y los más recientes relacionados con el medio ambiente y la alimentación. También la sacralización de instituciones básicas de la sociedad como la familia. Su reverso maligno es la intolerancia.

Estos módulos son graduables, como los mandos de un ecualizador.



¿Cómo llega alguien a ser liberal o conservador? [12] El camino tiene tres encrucijadas: la disposición genética, la experiencia, y la adopción de uno u otro relato existencial. A partir de estos hitos uno ecualizará de una u otra manera sus módulos. En este camino hay varias disyuntivas que no son simétricas: en occidente el relato liberal es hegemónico [13].

Dado que a Haidt le preocupaba la polarización del debate partidista, a continuación aplicó su modelo a la búsqueda de posibles diferencias entre liberales y conservadores -añadió a los liberales económicos o 'libertarios'-. Y se encontró con que tales diferencias eran profundas. Todos, liberales y conservadores, utilizan el módulo de la protección, pero los liberales parecen valorarlo más, y están dispuestos a sacrificar otros módulos, como el de la equidad, cuando chocan con él. Sin embargo lo más interesante es que, a diferencia de los conservadores, los liberales no alcanzan a ver más que el reverso tenebroso de los tres últimos módulos. El resultado es que los liberales tienen una moral basada en tres fundamentos, mientras que los conservadores usan los seis.




Esta conclusión tiene importantes implicaciones. Una de ellas es que mientras los conservadores pueden entender a los liberales –emplean sus mismos módulos aunque alguno menos acentuado, lo que puede inducirlos a cierto complejo- , los liberales encuentran grandes dificultades para entender a los conservadores:

«¿Pueden los partidarios al menos entender el relato contado por el otro partido? Los obstáculos para llegar a empatizar no son simétricos. Si la izquierda construye sus matrices morales en un número más reducido de fundamentos morales, entonces no hay fundamento usado por la izquierda que no sea también usado por la derecha (…) Pero cuando los liberales intentan entender la narrativa (de los conservadores) lo tienen más complicado. Cuando hablo a las audiencias liberales de los tres fundamentos cohesionadores –lealtad, autoridad, santidad- me doy cuenta de que la mayoría de la audiencia es incapaz de entenderlos: rechazan inmediatamente estas materias como inmorales. La lealtad al grupo encoge el círculo moral; es la base del racismo y la exclusión, dicen. La autoridad es opresión. La santidad es charlatanería religiosa cuyo única función es suprimir la sexualidad femenina y justificar la homofobia».

Y aquí viene lo peliagudo. ¿Es posible construir una sociedad estable exclusivamente a partir de los valores referidos a autonomía? ¿Es posible una ética unidimensional o bidimensional, basada principalmente en el daño, o es necesario contar con todas las dimensiones, incluidas las grupales? Si contestamos que es posible, nos estaremos alineando con Kant y Mill [14]: en caso contrario con Durkheim, para quien la ausencia de valores de grupo lleva a la anomia y al suicidio.

Es posible que el milagro individualista no sea viable con todos los módulos grupales ecualizados a cero -aunque deban estar sometidos a una permanente vigilancia para evitar que se desmanden-. Por eso Haidt, que empezó su andadura como liberal («había asumido que conservadurismo = ortodoxia = religión = fe = rechazo de la ciencia. De eso se seguía que, como científico y ateo, estaba obligad a ser liberal»), acaba comprendiendo también el pensamiento conservador:

«Los conservadores creen que la gente es intrínsecamente imperfecta e inclinada a actuar mal cuando se eliminan las restricciones y responsabilidades (sí, pensé: mirad a Glaucón) (…) Creen que nuestro razonamiento está sesgado y es propenso al exceso de confianza, de modo que es peligroso construir teorías basadas en la pura razón, no limitadas por la intuición y la experiencia histórica (sí, escuchad a Hume) (…) Creen que las instituciones surgen paulatinamente como fenómenos sociales, que entonces respetamos e incluso sacralizamos, pero que si las despojamos de su autoridad y las tratamos como contribuciones arbitrarias que existen sólo para nuestro beneficio las hacemos menos efectivas. Nos exponemos así a la anomia y el desorden social (sí, escuchad a Durkheim) (..) Mientras continuaba leyendo las obras de intelectuales conservadores como Edmund Burke en el siglo XVIII pasando por Friedrich Hayek y Thomas Sowell en el XX, empecé a ver que habían alcanzado una visión crucial en la sicología de la moralidad que no había encontrado antes. Ellos entendían la importancia de lo que llamaré capital moral ».

El capital moral es el conjunto de valores compartidos por una sociedad. Más concretamente «el grado en el que una comunidad posee sistemas interconectados de valores, virtudes, normas, practicas, identidades, instituciones y tecnologías que encajan bien con mecanismos psicológicos y de este modo permiten a la comunidad eliminar el egoísmo y hacer posible la cooperación». La cohesión de las sociedades depende, según Haidt, de su nivel de capital moral.

La aportación definitiva de Haidt está en que busca armonizar en lugar de dividir –al menos dentro de la sociedad-. Defiende la necesidad de alejar el debate partidista de una visión maniquea -la que considera que el partido propio es la luz y el contrario las tinieblas-, y de entender por el contrario que liberales y conservadores son para una sociedad como el yin y el yang: si unos son necesarios para que la sociedad no se estanque, los otros lo son para que no se desintegre.

Dejo un par de apuntes para la reflexión. En primer lugar, el milagro individualista occidental parece muy vulnerable ante el tribalismo, y de momento es incapaz de presentar un relato cívico alternativo a las narrativas nacionalistas, ideológicas o religiosas, por muy primitivas, toscas y ridículas que éstas sean -y el carácter kitsch de estos movimientos de masas no debe ocultar el peligro que encierran-. El trabajo no es sencillo. Se burlaba Agustín de Foxá diciendo que se puede entender morir por la patria, pero que morir por la democracia es como hacerlo por el sistema métrico decimal. Pues bien, es imprescindible construir este relato cívico –quizás aburrido, poco apto para una superproducción- de la responsabilidad, el trabajo, el respeto y la convivencia. Y es posible que para eso tengamos que reconstruir algo de ese capital social del que habla Haidt. El caso español es especialmente urgente. Si no conseguimos crear un relato inspirador, y emprendemos una regeneración de la sociedad en su conjunto, es posible que nuestra escasa cohesión y nuestra tendencia centrífuga al “¿qué hay de lo mío?” nos oriente hacia un futuro complicado.

NOTAS
[7] Haidt convierte la palabra WEIRD (raro) en acrónimo de Western, Educated, Industrialized, Rich and Democratic: occidentales, con estudios, industrializados, ricos y democráticos.
[8] Ver Matrix.
[9] Haidt empezó diseñando los llamados “tabús en los que no existe daño”, y comprobó que suscitaban juicios morales inmediatos que el jinete del elefante se veía incapaz de justificar: normalmente se intenta buscar la existencia de un posible daño, pero el intento infructuoso no hace que el elefante cambie de dirección. He aquí un par de ejemplos:
"Dos hermanos adultos y solteros pasan las vacaciones juntos. Una noche deciden practicar sexo entre ellos. Nadie se entera, la experiencia les resulta agradable y no les causa ningún tipo de problema psicológico, pero deciden no repetirla de nuevo".
"Un hombre que vive solo va a la carnicería una vez a la semana y compra un pollo sin trocear. En la intimidad de su casa lo sodomiza, y a continuación lo cocina y se lo come".
Ustedes mismos.
[10] Según Robert Trivers “ayuda a quien esté dispuesto a ayudarte” es una estrategia evolutivamente estable, más eficaz que “ayuda indiscriminadamente a todo el que lo demande”, que invita a la explotación, o “aprovecha tú pero no des nada a cambio”, que en poco tiempo destruye la cooperación.
[11] Si tienen oportunidad, busquen en la web información sobre el famoso experimento de Robbers Cave llevado a cabo por el psicólogo social Muzafer Sherif, que demuestra nuestra tendencia natural a formar grupos competitivos.
[12] La terminología ‘liberal’ y ‘conservador’ se refiere al electorado estadounidense, y no es exactamente extrapolable a izquierdas y derechas europeas. Los liberales equivalen a los votantes demócratas, y los conservadores a los republicanos.
[13] El relato liberal podría resumirse así: “hubo un momento en que las sociedades eran opresivas, antiigualitarias y dominadas por la superstición. Las nobles aspiraciones humanas por la igualdad y la libertad lucharon por establecer cambios. Sin embargo aún hay inercias y residuos del pasado, que los conservadores se empeñan en mantener, que impiden alcanzar la plena realización de todos”. Obsérvese que en la heroica narrativa de la izquierda la autoridad, la jerarquía y la tradición son las cadenas que han mantenido esclavizados a los hombres. Esta narrativa se basa en la preocupación por los oprimidos y en la búsqueda de la libertad. Es un relato heroico, aunque frecuentemente se practique desde un sofá, que presenta a las masas asaltando la Bastilla y liberando a los oprimidos –las cabezas cortadas no suelen aparecer en el montaje final-. Por el contrario el relato de los conservadores tiene mucho menos tirón visual. No es tan heroico, es más defensivo; no habla de asaltar, sino de preservar lo que hemos recibido sabiendo que es muy precario.
[14] Recuérdese la formulación del principio del daño de John Stuart Mill en una entrada anterior.

15 comentarios:

viejecita dijo...

¡ Estupendo Don Navarth , lo he disfrutado !
Y voy a copiar sus dos textos sobre el libro, e intentar conseguir este último en tapa dura, para regalárselo a mi hijo pequeño.
Que le ocurre conmigo justamente eso que explica usted sobre los "Liberals" y los conservadores , o sea ; que yo comprendo su punto de vista y en muchos aspectos lo comparto, pero que él no comprende los míos, y me considera inconsistente por ello.

Y muchas Gracias

navarth dijo...

Cuánto me alegro Dª Viejecita. Yo también he disfrutado con la lectura de Haidt, y me parece muy positiva su visión de conciliación, de yin yang frente a maniqueísmo. Suerte con su hijo. Un abrazo.

viejecita dijo...

Muchas gracias Don Navarth. Si la estrategia me da resultado, ya le contaré.
Un abrazo

Bruno dijo...

Seguramente debido a mi experiencia personal, echo a faltar en toda esa teoría un factor económico o la propia supervivencia del grupo. Lo que explicaría mucho lo del conservadurismo y la sociedad sociocéntrica que es fácil que se pueda ligar mas firmemente con los factores que ud. expone. La sociedad individual nace, creo, de un nivel de riqueza que cubre las necesidades básicas. Entonces muchas personas se mueven entre los dos ámbitos, personal y social que le mantienen satisfecho, y luego hay otros que dejan lo social a los demás y se dedican a lo suyo.
De todas maneras es una visión renovadora para mí.
Le dejé una nota sobre un libro sobre Rienzi en la entrada anterior.

Madrileo dijo...

Interesantísimos los dos artículos don Navarth. Como lector, muchas gracias.

navarth dijo...

D. Bruno la supervivencia del grupo sin duda está incluida en la evolución grupal: los genes del grupo que fracasa desaparecen del acervo genético. Es muy interesante eso del factor económico, y creo que tiene razón: la sociedad individual comienza a plantearse cuando las necesidades básicas empiezan a ser cubiertas. En todo caso el enfoque de Haidt también ha sido renovador para mí.

Y lo de Rienzo disculpe: o leí pero se me olvidó responder. En efecto, conocía el libro de Bulwer-Lytton pero no lo he leído, y he puesto en la bibliografía sólo los textos que efectivamente he consultado.

Muchas gracias a usted D. Madrileo (¿falta una ñ?). Le aseguro que los ánimos de los lectores es lo que incita a seguir escribiendo.

Madrileo dijo...

(Es así como lo escribe, don Navarth, así me bautizó doña Viejecita ;) . Gracias de nuevo)

viejecita dijo...

Gracias Don Madrileo, por no guardármela por el "bautizo". No me acordaba de ello. Seguro que fue algo totalmente inconsciente, y es que, en Madrid, hay muchos madrileños, pero Leones hay pocos, y se agradece muchísimo su presencia.

Temístocles dijo...

Muy buenas entradas y muy buenas tardes, don Fernando y compañía.
Haré algunos comentarios:
1. Con respecto al jinete y el elefante y a su relación. "Si no fuera absurdo hacer este tipo de estimaciones, diría que el 99.9% del conocimiento de un organismo es innato o heredado y sólo una décima parte[del 1%] consiste en modificaciones de dicho conocimiento innato. Sugiero, además, que también es innata la plasticidad precisa para esas modificaciones". Karl Popper, Conocimiento objetivo, pág. 75.
2. Con respecto a la función del jinete (resolver los problemas del elefante en su entorno físico y social) y los fallos que comete al valorarse a sí mismo (autoengaño) por la necesidad de mostrarse mejor de lo que realmente es. véase: Pínker, La tabla rasa, págs 387 a 390.
3. Con respecto a Hume... pues no tenía razón. Léase de nuevo a Popper: Conocimiento objetivo, capítulo I: El conocimiento como conjetura, mi solución al problema de la inducción. Y como ejemplo de que nuestros sueños y esperanzas no controlan necesariamente las conclusiones a las que lleguemos léase de nuevo a Popper: Conjeturas y Refutaciones, pág. 27, editorial Paidós.

Temístocles dijo...

y... en cuanto a la necesidad de formular un discurso en defensa de la sociedad abierta... es un problema que nació en los albores de la democracia, en Grecia. Popper: La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 180 (ed. Paidós)

Temístocles dijo...

Si lo que buscamos es el triunfo de la razón, Hume nos llevará a la ruina:
"El aumento de la irracionalidad durante el siglo XIX y lo ocurrido en el XX es el resultado natural de la destrucción del empirismo por parte de Hume". Bertrand Russell, Historia de la filosofía occidental.
El problema tiene mucha enjundia.

navarth dijo...

D. Temístocles, como dice, el problema tiene mucha enjundia. Es en realidad un doble problema que se plantea para todo el que deteste, tanto el tribalismo, como la deshonestidad intelectual. La primera paradoja está en que las maravillosas sociedades basadas en el individuo es posible que estén condenadas a desaparecer si no se introducen factores de cohesión, lo que implica crear un relato con contenido comunitario. Y la segunda es que el discurso intelectual no puede descuidar la preeminencia de las pasiones, y entender que sólo muy gradualmente aquél puede influir en éste. La cuestión queda abierta.

Temístocles dijo...

Efectivamente falta un relato que atraiga emocionalmente, o más bien falta su difusión.
El relato tribal es muy primario, nuestra programación genética lo capta a la primera, en realidad lo busca, siguiendo la teoría del gen egoísta: nos identificamos con los más próximos genéticamente (familia, clan, tribu) y el altruismo con los de mi grupo en realidad es egoísmo de los genes. El paso de la identificación de la familia al clan y después a la tribu se aleja un poco del interés de los genes, ya que en ese orden compartimos menos ADN. Eso significa que ha habido una modificación de una disposición innata. Es posible ampliar el "círculo de la empatía" (como lo llama Pínker) hacia unidades cada vez mayores hasta incluir a toda la humanidad, la comunidad global. Las fuerzas que operan en sentido contrario son muy potentes, están más enraizadas genéticamente; la fuerza que trata de modificarlas, la racionalidad, el pensamiento claro y la experimentación, actúa con menos intensidad, dado que surgió más recientemente en la evolución y está menos enraizada genéticamente. Es esta última la que debe modificar a las primeras con un relato en defensa de la sociedad abierta.

Temístocles dijo...

A propósito de la imagen del ecualizador, yo uso una parecida para entender el funcionamiento de la mente. El la mía aparece un controlador que modifica las disposiciones innatas (expectativas y reacciones en general, no sólo pasiones) y que a su vez es controlado por el conocimiento objetivo.

navarth dijo...

Exacto Temístocles, de eso se trata. Usar un relato tribal –descafeinado, desprovisto de sus elementos agresivos- y progresivamente ampliar el “círculo de la empatía”. Eso también me lo guardo A ver si nos vemos por Madrid y tomamos un café.