martes, 20 de mayo de 2014

MODESTOS* APUNTES SOBRE GIRARD (1)

”Este grupo al que sus cualidades físicas y psicológicas hacían perfectamente capaz de triunfar sobre los rigores del medio natural era, sin embargo, incapaz de resistir a las fuerzas internas que dislocaban su cultura, y al no disponer de ningún procedimiento regular para dominar estas fuerzas, cometía una auténtico suicidio social”.

Así describe en 1941 el antropólogo Jules Henry a los indios kaingang, recientemente instalados en una reserva en el estado de Santa Catarina, Brasil. El mal que se ha desatado en el grupo, y que amenaza con destruirlo, es la violencia: “la venganza se extendía, seccionando la sociedad como un hacha terrible, diezmándola como haría una epidemia de peste”. [1] En efecto, un círculo vicioso de muertes y venganzas se ha desarrollado en los kaingang, que llevan un cuidadoso registro de los agravios realizados a sus familiares y allegados. Para detenerla intentan dejarla fuera de su ámbito, concentrándose en grupos cerrados cada vez más reducidos, y enfocándola sobre los otros, los de fuera. Para que el reducido grupo no se contamine, en él reina la una anormal permisividad. Los mayores insultos, que si provinieran de alguien ajeno serían fuente de nuevas violencias, son tolerados, y también el adulterio. Pero tarde o temprano la ira consigue contaminar el grupo, que únicamente por la acción de las autoridades brasileñas evita su extinción total.


Para René Girard la propagación de la violencia ha sido siempre la más seria amenaza para la supervivencia de las sociedades primitivas. Las fuentes de la violencia son variadas, pero quizás las más importantes son el temor y la frustración. Y estos son a su vez despertados por cualquier cosa que amenace la estabilidad del mundo tal y como lo conocemos y el papel que ocupa uno en ella. Por eso no sólo las epidemias o hambrunas pueden degenerar en violencia: también las crisis económicas y los bruscos cambios culturales y sociales son especialmente aptos para provocarla.

Una vez despertada, la ira exige ser descargada sobre algo. Y además necesita cierto tiempo para calmarse, del mismo modo que un péndulo tarda en recobrar el reposo una vez que éste se ha alterado. Durante ese tiempo la violencia se propaga en el grupo generando conflictos y disensiones que a su vez generan odio, es decir, violencia personalizada. Los agravios reclaman venganza, y la violencia comienza a extenderse como las ondas concéntricas provocadas por una piedra en el agua. La venganza produce así un ciclo interminable de violencia que se alimenta a sí mismo, un círculo vicioso que amenaza a destruir el grupo. Como en el caso de los kaingang.

Si bien la violencia exige ser descargada tiene también una curiosa cualidad: es irrelevante que aquello en lo que se concentra sea o no el estímulo que la ha despertado. El ser humano dispone de mecanismos sicológicos eficaces para descargar la ira sobre en cosas que no tienen nada que ver con su origen (como puede comprobar cualquiera que se dé un martillazo en un dedo al clavar un cuadro y tenga un niño a mano), y por ello la violencia puede ser engañada:

"Sólo es posible engañar la violencia en la medida en que no se la prive de cualquier salida, o se le ofrezca algo que llevarse a la boca”.

Este tema es recurrente en los cuentos, cuando se engaña al ogro o el dragón que se dispone a devorar un niño proporcionándole una piedra en su lugar.

Según Girard las sociedades primitivas disponían de mecanismos eficaces para engañar la violencia una vez que esta despertaba: el sacrificio.

”Cabe concebir, por ejemplo, que la inmolación de unas víctimas animales desvíe la violencia de algunos seres a los que se intenta proteger hacia otros seres cuya muerte importa menos o no importa en absoluto”. “El deseo de violencia se dirige a los prójimos, pero no puede satisfacerse sobre ellos sin provocar todo tipo de conflictos; conviene, pues, desviarlo hacia la víctima sacrificial, la única a la que se pude herir sin peligro pues no habrá nadie para defender su causa”.



“El sacrificio polariza sobre la víctima unos gérmenes de disensión esparcidos por doquier y los disipa proponiéndoles una satisfacción parcial”.

“Son las disensiones, las rivalidades, los celos, las peleas entre allegados lo que el sacrificio pretende ante todo eliminar, pues restaura la armonía de la comunidad y refuerza la unidad social”.

No sólo los sacrificios animales: también los sacrificios humanos han desempeñado ese papel. No muy lejos de nosotros, en la Atenas clásica, aún existía la figura del pharmakos una persona, ajena a la sociedad, que era mantenida en ella para ser sacrificada en caso de crisis.

La víctima sustitutoria tiene que tener ciertas cualidades: no debe importar, pero debe ser convincente. Porque la sustitución debe engañar a la violencia, es decir, a los que están poseídos por ella, que no deben percibir el fraude de la sustitución.

Pero conforme las culturas van evolucionando el sacrificio va perdiendo eficacia para neutralizar la violencia. Y cuando el nivel de ésta vuelve a crecer (recordemos, por profundos cambios sociales, o graves crisis económicas, o hambrunas, o epidemias) el sacrificio se muestra incapaz para detenerla. Es lo que Girard llama “crisis sacrificial”. En ese momento, con sorprendente unanimidad en todas las culturas ocurre algo. Del mismo modo que el sacrificio agrupaba la violencia y la canalizaba hacia algo prescindible, durante la crisis sacrificial la muchedumbre reúne la violencia dispersa y la concentra unánimemente hacia alguien ajeno al grupo: un chivo expiatorio. Con su eliminación la violencia se disipa, y la sociedad recobra la unidad en un nuevo orden social


Las tragedias griegas son cronistas privilegiados de este momento, y Girard se dedica minuciosamente a describirlo a través de los ojos de aquéllas. Pero el mecanismo del chivo expiatorio, sobre cuya eliminación una sociedad en crisis recupera la unanimidad, es también claramente visible en los mitos de otras culturas. Por ejemplo, el de mito azteca de la creación del sol. O el nórdico de la muerte de Balder.

Así llega Girard a una conclusión desasosegadora: todas las culturas se erigen sobre un homicidio colectivo.

"Los análisis anteriores nos obligan a decidir que la cultura humana está condenada al perpetuo disimulo de sus propios orígenes en la violencia colectiva”.

Y a todo esto ¿por qué estamos nosotros libres de ese círculo vicioso de la violencia y la venganza? ¿Porque somos civilizados y hemos aprendido a controlar la violencia? No exactamente: por el sistema judicial.

“El sistema judicial aleja la amenaza de la venganza. No la suprime: la limita efectivamente a una autoridad soberana y especializada en la materia. Las decisiones de la autoridad judicial siempre se afirman como la última palabra de la venganza”.

Nótese que, según Girard, el sistema judicial no elimina la venganza; simplemente asume la competencia exclusiva en su ejecución. De este modo el ciclo de venganzas queda interrumpido: los allegados del condenado ya no han sido perjudicados por otra persona de la que podrían sentirse tentados de vengarse, sino por una autoridad abstracta y personal contra la que la venganza ya no es posible.

“Si nuestro sistema nos parece más racional se debe, en realidad, a que es más estrictamente adecuado al principio de venganza. La insistencia respecto al castigo del culpable no tienen otro sentido. En lugar de ocuparse de impedir la venganza, de moderarla, de eludirla, o de desviarla hacia un objetivo secundario como hacen todos los procedimientos propiamente religiosos, el sistema judicial racionaliza la venganza, consigue aislarla y limitarla como pretende; la manipula sin peligro; la convierte en una técnica extremadamente eficaz de curación, y, secundariamente, de prevención de la violencia”.


En la próxima entrada contaré cómo el mecanismo del chivo expiatoria ha perdurado en el tiempo y ha llegado hasta nuestros días
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* Lo de ‘modestos’ lo digo porque tengo la fortuna de ser amigo del doctor Johannes von Horrach, cuya tesis doctoral se basó precisamente, en Girard, y espero que contemple con benevolencia esta simplificación de su obra.

Notas: [1] Salvo la inicial, que es de Jules Henry, todas las citas de esta entrada pertenecen al libro de Girard La violencia y lo sagrado.

17 comentarios:

viejecita dijo...

Pero, Don Navarth

Los sacrificios de la antigüedad tampoco tenían el resultado apetecido:
Porque la pobre Ifigenia fue sacrificada sin que su sacrificio impidiera la guerra de Troya, y justamente, Agamenón, el padre de la víctima sacrificial acabó asesinado por su mujer, en venganza...( aunque el sacrificio de Ifigenia fuera en realidad sólo una excusa para ella )

Eso, por no hablar de Jesucristo, el Cordero del Sacrificio por excelencia... Al principio, parecía que eso de "Amaos los unos a los otros" iba a hacer efecto, pero ¡ Quia !

El caso es que "los judíos" sirvieron durante siglos de chivo expiatorio. Pero como mataron a tantos, ahora ya no se los puede utilizar en ese sentido.

Yo tengo mis teorías sobre quienes son ahora esos chivos expiatorios. Pero cualquiera se atreve a decirlo...

navarth dijo...

Querida Viejecita, posiblemente lo de Ifigenia sea un caso de “crisis sacrificial” según Girard. El La violencia y lo sagrado Girard describe minuciosamente muchos de estos casos, como el frustrado sacrificio de Hércules que acaba con su vida.

En cuanto al cristianismo… lo dejo para la próxima entrada. Un abrazo.

Johannes A. Von Horrach dijo...

Gran entrada, querido Navarth. Sólo quisiera añadir que en las sociedades modernas (al menos las occidentales) el sacrificio pierde su efectividad porque, primero, las dimensiones de las sociedades modernas son enormes; y, segundo, porque son más complejas y plurales que en ningún otro momento de la historia. Por tanto, para propiciar una unanimidad sacrificial habría que montar un culto mundial enorme (una especie de III Reich imperial, o una URSS omnipresente) o, como es el caso de Corea del Norte, blindarse de toda influencia (sobre todo moral) externa para articular un sistema cerrado cuyas dimensiones y medios permita establecer una unanimidad absoluta. Las dinámicas de cierre siempre estarán ahí, agazapadas o expuestas (nacionalismo, comunismo, integrismo, etc), pero su tarea, al menos en su sentido más maximalista, es más dificultosa que nunca (Girard comenta que lo único positivo del nazismo fue que, en su salvajismo descomunal, puso más en evidencia que nunca la pulsión sacrificial del hombre).
Otro pequeño detalle: en mi tesis doctoral (dedicada a Girard, como sabe) traté de demostrar que no sólo el sacrificio es lo primerpo, como asegura Girard, sino que debe haber en la mentalidad del hombre, desde sus inicios, una especie de patrón expiatorio que defina todo lo que hace (a nivel comunitario, pero también cultural o intelectual), es decir, una idea de la identidad como aquello que se articula a partir de la exclusión de la otredad. El sacrificio sería, en ese caso, algo secundario, la explicitación física de ese mecanismo interno. Por eso creo que no hace falta llegar al sacrificio para que una conducta o un credo sea expiatorio.
un abrazo

viejecita dijo...

¡¡¡ WOW !!!

candela dijo...

Ah, la presunción de inocencia del estado de naturaleza.

Muy interesante asunto.

navarth dijo...

Interesantísimo Von Horrach. Un lujo tenerlo por aquí. Ya sólo falta que venga el propio Girard.

Candela, sabía que le gustaría. El buen salvaje es en realidad bastante bruto.

Carlota dijo...

pero, ... entonces es cierto eso que dice tantas veces el Dr. Rodríguez Braun: que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio.

Conviene tener siempre uno a mano.

El pasado 17 de mayo se celebró, como desde hace cincuenta años -sí, también durante el franquismo, aunque entonces la secta literaria y la casta política iletrada no lo habían convertido en día feriado- el "día das letras galegas",algo que no conviene traducir si no se quiere perder parte de su poco hondo significado.
La liturgia de ese día, ya desde su adviento o vísperas, da lugar a diversas manifestaciones sacrificiales. La secta pedagógica sacrifica una jornada lectiva el último o penúltimo día hábil, a una procesión que se llama 'correlingua' a la que tus hijos saben que conviene asistir 'voluntariamente' (es una porquería copiada por los nacionalistas del noroeste de otra muy similar de los del norte, que allí llaman 'korrika' -siempre con sus kakas- y del noreste, que no recuerdo ahora como la llaman, ni maldita la falta que me hace)
Teniendo en cuenta los resultados del 'informe Pisa' no es un sacrificio pequeño, ni el único a lo largo del curso, pero se caracteriza, como todos los demás, por no ser un 'auto' sino un hetero-sacrificio. Faltaría más.
Aunque a veces se produce una inmolación.
Este año -todos los años se exhibe el santoral, con quienes han alcanzado la palma del martirio en años anteriores, pero con mayor atención a los mártires recientes- este año, decía, ha alcanzado notoriedad una estudiante a la que se rechazó su petición de beca en el Ministerio de Hacienda por no haber subsanado en plazo la deficiencia de que el título acreditativo de sus estudios estaba en gallego. Ha habido comentarios indignados por ese atropello, al tiempo que íntima satisfacción por poder ofrecer a los fieles el siempre renovado ejemplo de la persecución a que está sometida su 'lengua propia'.
Ahora tienen otro año por delante para buscar y, en su caso, propiciar, otro mártir para su elevación a los altares nacionalingüísticos en la festividad del 2015, o, si viene a la mano, en el próximo 25 de julio, que es el "día da patria galega", algo así como nuestro remedo de la 'diada'.

Uno de los articulitos que he leído en el adviento del 17 de mayo de este año, dentro de esa literatura devota que en la proximidad de la fecha suele alcanzar el climax, se titula "Galicia, ¿nos perdonas?"
Y arranca, justamente, reivindicando la perdida noción de pecado (ojo, que yo pienso que es una noción moral muy útil, ... cuando no se sale del marco religioso en sentido estricto)
En fin, que aquí sólo se aburre el que quiere.
Menuda 'chapa'
Y qué gusto ver a mi Candela -valiosa polisemia- en los sitios más interesantes.

navarth dijo...

Querida Carlota , la corriente progresista dominante contempla la repugnante manipulación de los niños por el nacionalismo con total tranquilidad (si fuera obra de la derecha sería otra cosa) Aquí en Baleares se organizan jornadas campestres de formación del espíritu nacional que se llaman 'acampallengua'. Veo, no obstante, que las que usted describe parecen más emocionantes. Le recomiendo el artículo de Pericay que hoy ha traído Pussicat. Saludos.

Carlota dijo...

Pues me había pasado desapercibido el interesante artículo de Pericay, y ha sido una suerte su recomendación, aunque es un autor al que sigo. Tuve la fortuna de ser coordinada -bueno, bajo mi personalidad en el siglo- en una mesa organizada en el campus FAES de ... Dios mío, de hace demasiados años. Creo que 2010, precisamente sobre el 'problema político-lingüístico' Y es tan magnífica persona como articulista, que ya es decir.

Querría dedicar a dñª Candela, a propósito del mito del buen salvaje, una extensa cita de J.F. Revel (otra revelación) aunque con toda seguridad ya la conocen todos los que frecuenten este blog. Pero su calidad disculpará mi reiteración:

Esas alucinaciones ideológicas no son ninguna novedad. Uno de los ejemplos más puros que se encuentran en el pasado es el descubrimiento del Pacífico Sur, a finales del siglo XVIII; me refiero a la manera en que fue relatado a Europa.[60]

La «mentira tahitiana» nace, en efecto, en el punto de reunión de la Europa de las Luces, llena de prejuicios sobre el «buen salvaje», y de una realidad que sus primeros observadores estudian muy negligentemente en lo que tiene de original y que les interesa muy poco por sí misma. Y sin embargo -se podría casi decir: desgraciadamente- las expediciones a Tahití estaban compuestas, expresamente, por intelectuales eminentes, muy escogidos, sabios, fervientes lectores de la Enciclopedia. Esa elección dio buenos resultados en materia de observaciones botánicas o astronómicas. En cambio, cuando se trataba de las costumbres y de la sociedad, los «navegantes filósofos», como se les llama, los ingleses Samuel Wallis y James Cook, el francés Louis Antoine de Bougainville se revelan literalmente incapaces, demasiado a menudo, de percibir lo que tienen ante sus ojos. Se embarcaron en busca de la utopía realizada, de la «Nueva Citerea», y hacen de sus sueños la materia prima de sus observaciones.

Necesitan un «buen salvaje» honrado, así silencian o apenas mencionan los hurtos incesantes de que son víctimas. El buen salvaje debe estar enamorado de la paz: no se darán cuenta más que lamentándolo mucho, y sin insistir, de las guerras tribales que cubren de sangre las islas en el momento mismo de las expediciones. Cuando navíos europeos son atacados, los marinos asesinados, los narradores europeos pasan como sobre ascuas por esos episodios desagradables para regodearse en los períodos de reconciliación y de amistad con los tahitianos. Tales momentos, en verdad, están llenos de encantos, aunque sólo fuera a causa de la libertad sexual que reinaba en las islas, de la ausencia de toda culpabilidad relacionada con el placer, sujeto principal de la reflexión moral de los contemporáneos. Diderot insistirá precisamente sobre ello en su Suplemento al viaje de Bougainville. ...

To be continued

Carlota dijo...

(y II –no cunda el pánico-)
... Pero cuando se leen entre líneas estos relatos de viaje, nos enteramos de que las exquisitas tahitianas no se prodigaban sin contrapartida, que el precio de su amor, cuidadosamente proporcionado a su juventud y a su belleza, se fijaba anticipadamente de común acuerdo. Costumbre, en suma, no muy diferente de lo que se practicaba entonces en los jardines del palacio Real y otros lugares de placer de París, de los que Bougainville, un libertino mundano y cultivado, era, por otra parte, un habitual notorio y muy apreciado. ¿No debe el buen salvaje ser un adepto de la igualdad? Así, los «navegantes filósofos» no disciernen nunca la rigurosa división en cuatro clases sociales, fuertemente jerarquizadas, de la población tahitiana. Indemne de toda superstición, Oceanía no venera ningún ídolo, se nos dice; lo que indica más bien que los navegantes están mal de la vista. El polinesio es vagamente deísta, nos aseguran. Sin duda ha leído el Diccionario filosófico de Voltaire, y adora a un «Ser Supremo». ¡He aquí que es el precursor de Robespierre!

A desgana, los hombres ilustrados llegados de la crueldad civilizada para contemplar la bondad natural del salvaje conceden, no obstante, que los tahitianos se entregan, a pesar de sus tendencias filantrópicas, a los sacrificios humanos y al infanticidio... Otro extravío lamentable: numerosos pueblos oceánicos son antropófagos. Cook, por otra parte el más lúcido, en verdad, de los exploradores de ese tiempo, perderá todas sus dudas al respecto mediante una última observación etnográfica, ya que acabará desdichadamente su carrera en el estómago de algunos nativos de las islas Hawai. He aquí cómo, dice Eric Vibart, «el tahitiano no fue nunca presentado tal como era, sino como debía ser para cuadrar con la esencia del sueño». Y he aquí también, por qué, hoy como ayer, continúa siendo tan difícil el combate contra la falsedad y sus fuentes eternas, la mayor parte de las cuales están en cada uno de nosotros.

Con un poco de paradoja, estaríamos tentados a inducir de esta porción de nuestra historia cultural que el peor enemigo de la información es el testigo ocular. Por lo menos, tal es el caso, desgraciadamente frecuente cuando ese testigo llega al lugar de los hechos atiborrado de prejuicios e irresistiblemente inclinado a adular al público al que se dirigirá a continuación. El ejemplo de Polinesia y de la literatura del siglo XVIII está lejos de ser un caso aislado.


Todo el texto (La necesidad de ideología) es ... imprescindible.

Sobre lo mismo, pero con sana intención anti-negrolegendaria, tengo en un precioso libro de Julián Marías sobre "la educación sentimental" una cita, comentada del Inca Garcilaso. Desgraciadamente no la encuentro en internet, y no tengo tiempo para darle a la tecla.
Tal vez algún día, porque el texto lo merece tanto como el que acabo de copiar y pegar, y nos es más próximo y necesario (tal vez por eso menos accesible)

viejecita dijo...

Para Dª Carlota
Un enlace a un artículo en el blog de Anthony Watts, sobre la diferencia entre la " Hard" y la "soft", science.
Lo puso Plazaeme en su blog, el día pasado.

Las ciencias "hard", según el artículo, son las que estudian algo, y no dan una idea o una teoría por cierta hasta haber comprobado que funciona todas las veces.
En cambio, las "soft", son las que no comprueban a fondo, o se fijan solamente en alguno de los datos que apoye sus teorías, descartando tener en cuenta los datos que les son contrarios... Como hacía alguno de esos "científicos a los que usted alude arriba.
Yo antes, a estos últimos los llamaba "de letras", pero ese término no era el adecuado. Porque hay sabios de Letras que buscan la verdad, sin engaños ni ideas preconcebidas. Y otros "sabihondos" ( me niego a llamarles sabios), que serían oficialmente de ciencias, no comprueban, o sea, que son "soft"
No vuelvo a usar lo de "de ciencias versus de letras"

http://wattsupwiththat.com/2014/05/20/hard-vs-the-soft-sciences/

Belosticalle dijo...

No osaría yo llevar la contraria al autor, calificando de soberbios los que él llama ‘modestos apuntes’, pero en todo caso es valiente atreverse con el tema de la violencia de motivación o raíz social.

El relato introductorio de los indios brasileños me ha hecho recordar, obviamente, la película The Mission(1986), bellísimo mito-drama de buenos y malos basado en un montaje histórico de las Guerras Guaraníes (1754-56). El relato se guarda mucho de proponer a los indígenas como ‘buenos salvajes’, sólo como materia prima bien dotada naturalmente y maleable a la educación misionera, diríase que reduciendo al mínimo la aculturación (esto último, otro ingrediente del mito). Y cuando la mal llamada ‘civilización’ destruya por la fuerza bruta el paraíso artificial, los restos de aquel pueblo volverán a las tinieblas de la vida salvaje. Queda en el aire si, frustrados y maleados por el desengaño, se harán peores de lo que eran.

Luego, la reflexión sobre el sacrificio y su función social me ha llevado a un ensayo muy interesante que figura en el Nuevo Testamento con el título de ‘(Epístola) a los Hebreos’. La revisión de sistema sacrificial judío no vino con la destrucción del Templo (año 70 de la E. C.). Ya mucho antes, ciertos grupos (esenios, Qumran) habían prescindido en la práctica de la carnicería ritual, y el judío Filón, contemporáneo de Jesús, emprende la crítica de los sacrificios sangrientos, que también los gentiles practicaban. El escrito ‘A los Hebreos’, por su parte, cree haber encontrado la solución del dilema idealizando la figura de Cristo como Sumo Sacerdote y, a la vez, víctima propiciatoria por su muerte. Esta tesis le da ocasión para reflexionar sobre la función vengativa y apaciguadora del sacrificio. Ensayo recomendable, cuya lectura rápida no lleva más de 15-20 minutos.

Total: otro estudio que entra con buen pie, con comentarios tan oportunos de Von Horrach, Carlota, Viejecita. En hora buena, Navarth, un abrazo.

Carlota dijo...

hola a todos:
El otro día aludí a un texto del Inca Garcilaso comentado por Julián Marías en su "Educación sentimental"
Estimulada por la docta concurrencia, y para hacerme grata, pues me he sacrificado, y ahí va, advirtiendo que cualquier error que se deslice es exclusivamente de mi responsabilidad y de la del corrector, de ninguna manera de Julián Marías ni del eximio mestizo:

Dice Marías:
"los relatos de sacrificios humanos son bastante espeluznantes; pero quizá es más revelador lo que cuenta en el libro IX cap. III, de la 'clemencia' del Inca Huaina Cápac después de sofocar una rebelión."
«Eran dignos de castigo digno de su maldad; y que habiendo de ser castigados como ellos lo merecían, no había de quedar de todas sus naciones sexo ni edad. Empero, el Inca Huaina Cápac, usando de su natural clemencia y preciándose del nombre de Huacchacúyac, que es amador de pobres, perdonaba toda gente común, y que a los presentes, que habían sido autores y ejecutores de la traición, los cuales merecían la muerte por todos los suyos, también se la perdonaba, con que para memoria y castigo de su delito degollasen solamente la décima parte de ellos. Para lo cual, de diez en diez, echasen suertes entre ellos, y que muriesen los más desdichados porque no tuviesen ocasión de decir que con enojo y rencor había elegido los más odiosos»

En el cap. VI narra feroces castigos en masa sin la anterior 'clemencia' [que, a lo que se ve, -esto lo digo yo, Carlota- debió ser excepcional, en tanto que digna de mención]; En el cap. XI habla de la rebelión de los Caranques y de varios miles de degollados en castigo. En los capítulos XXXV y XXXVI habla por extenso de las crueldades de Atahuallpa con su vencido y muerto hermano Huáscar, su familia y sus partidarios.
«Atahuallpa -dice- usó crudelísimamente de la victoria»
«Mayor y más sedienta de su propia sangre que la de los otomanos fue la crueldad de Atahuallpa, que, no hartándose con la de doscientos hermanos suyos, hijos del gran Huaina Cápac, pasó a beber la de sus sobrinos, tíos y parientes, dentro y fuera del cuarto grado, que, como fuese de la sangre real, no escapó ninguno, legítimo ni bastardo. Todos los mandó matar con diversas muertes; a unos degollaron; a otros ahorcaron; a otros echaron en ríos y lagos, con grandes pesgas al cuello, porque se ahogasen, sin que el nadar les valiese; otros fueron despeñados de altos riscos y peñascos.»
Y cuenta finalmente la estremecedora venganza en las mujeres y niños de sangre real: «A las mujeres, hermanas, tías, sobrinas, primas hermanas y madrastras de Atahuallpa, colgaban de los árboles y de muchas horcas muy altas que hicieron; a unas colgaron de los cabellos, a otras por debajo de los brazos, y a otras de otras maneras feas, que por la honestidad se callan; dábanles sus hijuelos, que los tuviesen en brazos; teníanlos hasta que se les caían y se aporreaban; a otras colgaban de un brazo, a otras de ambos brazos, a otras de la cintura porque fuese más largo el tormento y tardasen más en morir, porque matarlas brevemente fuera hacerles merced, y así la pedían las tristes con grandes clamores y aullidos»

Y ahora viene el justo desahogo de Marías, que yo hago mío:
"No se puede evitar recordar el clamor universal, que aún dura, por la ejecución de Atahuallpa por orden de Pizarro"
La leyenda negra sigue haciéndonos mucho daño, y es un ingrediente fundamental en el fermento del separatismo catalán (ya ven, … yo siempre hablando de mi libro, venga o no venga a cuento)

Carlota dijo...

Muchas gracias, viejecita.

Aprovechando que en Can Navarth me siento tan a gusto como en un balandro de recreo, sin la disciplina del remo que el hacinamiento de la chusma exige en otros navíos, y no digo más, voy a seguir divagando, ahora con el pretexto de su dedicatoria:

Empezaré diciendo que soy más “de letras”, o por pereza y abandono, ya sólo de letras, y no muchas. Pero tengo experiencia en el trato con miembros de las dos tribus -ciencias y letras- para no ignorar que en ambas hay de todo.

La distinción me parece necesaria, más que nada por la limitación de la capacidad humana, que es lo que justifica la fragmentación del saber, una servidumbre a la que escapan unos pocos talentos escogidos, admirables anfibios, como por ejemplo don Belosti. Pero también se justifica por las características de los contenidos porque, aunque se pueden cultivar las “humanidades” con el debido rigor, creo que hay en ellas más oportunidades para la charlatanería que en el campo de las llamadas ciencias duras, donde la impostura me parece imposible, al menos la impostura duradera. Se ha dado además un curioso fenómeno muy ilustrativo de las relaciones entre “ambas orillas del océano del saber” -incurriendo con esta metáfora en lo que quiero aludir burlonamente-: en la posmodernidad que aún habitamos, esa supuesta superación por ignorancia de la Ilustración, muchos intelectuales de oficio -es decir, cultivadores de las ciencias sociales- han pretendido revestir de prestigio sus obras adornándolas con el lenguaje de las ciencias naturales, como puso en evidencia el físico Alan Sokal con su famosísima broma.
No se ha dado, ni parece pensable, el fenómeno inverso.


Otra cosa que se me viene a la cabeza siempre que se trata de esto, es una carta abierta que dirigió Vidal Quadras a Pérez Rubalcaba, en la que apelaba al pundonor de científicos de las ciencias duras, que debiera ser común a ambos, físico y químico, y que Pérez traicionaba dando pábulo a una de las ocurrencias zapateriles más perniciosas y de más funestas consecuencias:

«Tú eres una persona de sólida formación y probado rigor intelectual [decía el físico-político al político-químico o Al-químico (Alfredo, que Dios le perdone, que yo no puedo)] -no en vano procedes, como yo, de las ciencias “duras”- y, por tanto, eres absolutamente consciente de que al situar a la soberanía nacional, de la que es depositaria la ciudadanía española en su totalidad, sin que quepa fragmentarla o distribuirla en compartimentos, por debajo de las resoluciones adoptadas por un parlamento autonómico, estás diciendo un disparate monumental y faltando a las solemnes promesas que hiciste, tanto al tomar posesión de tu cartera ministerial como de tu escaño de Diputado en el Congreso. A partir de estos hechos indiscutibles, mi pregunta es:
¿Por qué has pronunciado públicamente unas palabras que hacen un daño inmenso a la Nación a la que te has comprometido a servir y que sabes sin ningún género de duda que son falsas?»


Aunque habría mucho que decir en todo esto -no teman, no lo voy a hacer- late aquí una pretensión de superioridad de las ciencias duras sobre los saberes llamados, por analogía, ciencias sociales, analogía legítima, siempre que no perdamos de vista que lo es. Yo, que como empecé diciendo, soy 'de (algunas) letras' comparto ese prejuicio
Lo que no significa que no haya humanistas y filósofos que no ceden en mérito intelectual ante cualquier físico o matemático. Recuerdo ahora como Kant anticipó que el universo era un conglomerado de galaxias antes de que los astrónomos pudieran corroborarlo por la observación.

Por otra parte, al ejemplo me remito para comprobar que haber cultivado una ciencia 'dura' no preserva ni de la inconsistencia intelectual ni de la miseria moral -pues yo no dudo de que Alquímico incurrió en colaboración con la banda armada ETA, con todas las consecuencias que de ello se derivan-
[es que no lo puedo evitar: hablen ustedes de lo que quieran, que yo siempre acabaré hablando de lo mismo]

viejecita dijo...

¡ Estupendo.! Doña Carlota
He pasado un rato estupendo leyéndola.
Y, en efecto, hay letrados y humanistas Hard , y autoproclamados científicos" totalmente soft.

Y luego está Rubalcaba...

navarth dijo...

Carlota qué casualidad que mencione las imposturas intelectuales y la charlatanería. Tengo la suerte de estar recibiendo actualmente unas sesiones de filosofía del doctor von Horrach, y ayer hablábamos de esto. Estamos con Heidegger, que decía cosas como “el tiempo se temporacía en su temporicidad”. Ante estas declaraciones ¿cómo saber si estamos ante una chorrada? Puedo aceptar que, al no dominar el lenguaje filosófico, no estamos en condiciones de opinar (von Horrach, en cuyo criterio confío, dice que Heidegger, con Derrida, es uno de los filósofos más importantes del siglo XX) Pero es evidente que un ámbito de conocimiento que puede llegar a expresarse de esta manera es caldo de cultivo idóneo para los charlatanes. Los charlatanes, por supuesto, también dirán que nuestro problema es que no dominamos su lenguaje y tal, pero Sokal se dedicó a desenmascarar unos cuantos de ellos, apostándose en su propio lenguaje (el matemático) y esperando a que se internaran en él. Así cayeron Lacan, Deleuze, Virilio o Irigaray.

El hombre del día, Pablo Iglesias, es un buen ejemplo de charlatán. Él es un milenarista estricto, pero se disfraza con un discurso que, si bien no tiene contenido, abunda en citas de autores y está revestido de un tono moderado. Conviene no enredarse en esta hojarasca de lenguaje y citas, porque no es más que una cobertura pseudo intelectual de su sectarismo (este sí es muy real).

Muy bueno, por cierto, el fragmento de Revel que trajo el otro día.

Este fin de semana tengo deberes: leerme la Carta a los Hebreos que recomendó el Maestro Belosti.

Carlota dijo...

También yo debería volver al Evangelio por esa carta a los Hebreos, pero es que mis amigos publican libros y escritos a un ritmo que no soy capaz de seguir. Queda entre mis buenos propósitos.
por cierto, uno de esos amigos es Javier Martínez Gracia, que ha dado a luz los monstruos que le habitaban, o así se titula su (segundo)libro "Los monstruos que nos habitan". Para él, un autoexorcismo, y para mí un compendio de lecciones.
Viene al caso lo de este amigo mío porque, desde mi ignorancia, le he calificado como el mejor discípulo vivo de Ortega. Entre los difuntos yo soy mucho de Julián Marías, ya lo he dicho, y de Gonzalo Fernández de la Mora. Pero tengo la impresión, leyendo las divulgaciones de estos émulos que no tratan de filosofía, por la claridad con la que se pronuncian. Supongo que así lo hacen para honrar aquella enseñanza de su maestro: la claridad es la cortesía del filósofo. Javier tiene muy presente esa máxima.
Ahora bien, ¿cómo declarar con vocablos sencillos cuestiones intricadas?
Como hay ancianos que desconfían de la virtud de las medicinas baratas, es decir, asequibles, así tontamente temo yo que "si se entiende" no ha de ser muy elevada la filosofía declarada.
Y supongo que esa superstición palabrera no es sólo mía. Aún así, esa frasecita de Heideger parece una broma.
El caso es que yo tampoco domino el lenguaje filosófico, y que es una carencia que no parece difícil remediar -no tanto como hacerse con el lenguaje inglés, tan de moda-.
Tiene usted suerte de contar con el Dr. Von Horrach en esas arriscadas trochas.
A mí me atrae mucho el pensamiento de Gustavo Bueno y su escuela materialista, pero me pasa lo mismo:no he aprendido primero los arcanos del 'cierre categorial' y demás púas que custodian la doctrina del acceso a profanos.
Así que seguiré 'diletanteando' aquí y allá.