miércoles, 13 de febrero de 2008

PEQUEÑAS TRIBULACIONES DE SUSO

Arrebujado en su bata, Suso escribía su artículo semanal mientras la radio desgranaba el boletín informativo “...el New Flame hundido...” ”...un rastro de varios kilómetros de vertidos...”. Suso continuó escribiendo, pero la noticia había despertado algo en su interior. Un barco hundido, contaminación... ¡Ah, claro! Suso recordó entonces el momento más glorioso de su carrera, cuando al frente del pueblo enardecido se había lanzado, no sin riesgo de su vida, contra la oligarquía fascista gobernante que se había dedicado a contaminar las costas. Suso siguió escribiendo con una sonrisa en los labios, pero la inquietud no había desaparecido del todo. Al recordar aquél episodio junto a la noticia que la radio acababa de emitir, parecía como si una reflexión estuviera abriéndose camino en su mente. Suso se removió en la silla, presa de un profundo desasosiego que era incapaz de definir. En ese momento, niveles más profundos de su ser acudieron en su ayuda y le hicieron levantar la vista hacía el cuadro que colgaba en la pared frente a él. Al verlo, Suso sintió que la inquietud lo abandonaba y la tranquilidad retornaba. Mientras sonreía de nuevo, sintió una punzada de vergüenza por la duda que acababa de rondarlo. Inmediatamente se puso en pie, y, en posición de firmes frente al cuadro, lo saludó militarmente engarfiando su dedo índice alrededor del ojo. Luego, recuperó las pantuflas que habían salido despedidas en su rápida incorporación, y, sentándose, reanudó la tarea.

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