Arrebujado en su bata, Suso escribía su artículo semanal mientras la radio desgranaba el boletín informativo “...el New Flame hundido...” ”...un rastro de varios kilómetros de vertidos...”. Suso continuó escribiendo, pero la noticia había despertado algo en su interior. Un barco hundido, contaminación... ¡Ah, claro! Suso recordó entonces el momento más glorioso de su carrera, cuando al frente del pueblo enardecido se había lanzado, no sin riesgo de su vida, contra la oligarquía fascista gobernante que se había dedicado a contaminar las costas. Suso siguió escribiendo con una sonrisa en los labios, pero la inquietud no había desaparecido del todo. Al recordar aquél episodio junto a la noticia que la radio acababa de emitir, parecía como si una reflexión estuviera abriéndose camino en su mente. Suso se removió en la silla, presa de un profundo desasosiego que era incapaz de definir. En ese momento, niveles más profundos de su ser acudieron en su ayuda y le hicieron levantar la vista hacía el cuadro que colgaba en la pared frente a él. Al verlo, Suso sintió que la inquietud lo abandonaba y la tranquilidad retornaba. Mientras sonreía de nuevo, sintió una punzada de vergüenza por la duda que acababa de rondarlo. Inmediatamente se puso en pie, y, en posición de firmes frente al cuadro, lo saludó militarmente engarfiando su dedo índice alrededor del ojo. Luego, recuperó las pantuflas que habían salido despedidas en su rápida incorporación, y, sentándose, reanudó la tarea.
“ La política debería ser realista; la política debería ser idealista. Estos dos principios son verdaderos cuando se complementan, y falsos por separado. ” Johann K. Bluntschli
La política puede contemplarse desde una perspectiva ideal y otra real. O bien prescriptiva (lo que debe ser) y descriptiva (lo que es). Lo importante es destacar que, cuando el análisis se acomete exclusivamente desde una de las perspectivas, el error (o el desastre, cuando se tiene poder efectivo) están garantizados. De paso, sospecho que cuando políticos poco escrupulosos llegan al poder, y acceden a un conocimiento privilegiado de la política real, el efecto es devastador. Es fácil que estos políticos lleguen rápidamente a la conclusión de que toda la política es real, y olviden con la misma velocidad el plano ideal o prescriptivo. El político así liberado de escrúpulos pensará que todos los que continúan contemplando la política desde una perspectiva de valores son meros ingenuos, y que él no es un si...
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