martes, 17 de abril de 2007

SUSO EL DEMIURGO



Pero ¿por qué dejamos de prestar atención a Suso? El filósofo y escritor explicita en El País, con enternecedor candor, lo que los nacionalistas llevan años imponiendo sin ruido.



Suso está preocupado porque, según él, la imposición del gallego, a diferencia de lo que ocurre en Cataluña y el País Vasco, no acaba de cuajar. Suso se da cuenta de que la opción entre el gallego y el castellano debería ser una mera decisión personal, pero no le mola porque “(...) estamos optando por que desaparezca. Y no es un asunto cultural, es una parte más de un gran problema: nuestro fracaso histórico como país, el fracaso del gallego es el fracaso del país de los gallegos”

Pero si es la sociedad la que debe optar por el idioma, y no lo hace voluntariamente ¿qué hacer? Pues obligarle. Hacer que la única vía de progreso personal pase por el conocimiento del gallego. “En Euskadi y Cataluña todos saben que para integrarse y ascender socialmente hay que ser euskaldún o catalánhablante. Y por eso los padres castellanohablantes, en gran parte inmigrantes a esas sociedades prósperas, animan a sus hijos a que hablen catalán. Porque la mayoría queremos lo mejor para nuestros hijos y nos adaptamos a las reglas del juego vigentes en cada situación o lugar (doctrina Regás). Con los hijos no se juega. (así que ¡a agachar la cabeza y tragar!) El castellano es, en estas familias de inmigrantes que desean integrarse, la lengua doméstica (probablemente, en el ideal de Suso, debería limitarse a ser la del servicio doméstico) y la otra, la del mundo social y profesional. Porque existen clases dirigentes y mundos profesionales poderosos que no se avergüenzan de ser vascos o catalanes sino que, al contrario, están orgullosos y garantizan la existencia de su cultura e intereses, de su país.”

“El gallego sólo vivirá si la gente ve que es útil: que es necesario para prosperar aquí. Si tiene poder” El asunto no es trivial, porque si perdemos el idioma, ¿qué nos queda de la mitología gallega? ¿Cómo construir un país? Por eso Suso anima a los dirigentes a que estén a la altura de su labor histórica: “Y o (una coma, por favor) improvisamos mágicamente unas élites dirigentes que tengan cultura, orgullo y sentido nacional, decantación que lleva décadas o cientos de años, o bien hará falta una gran decisión política: un proyecto político nacional compartido por todos para hacer de estas diputaciones un país” ¡Cientos de años con Suso decantando! O bien una gran decisión política. ¿Insinúa Suso estrellas amarillas para los castellanos? No lo descartemos.

En resumen, para que progrese el gallego se debe imponer desde los poderes públicos la religión nacionalista. Y el que la practique ascenderá a los cielos, por ejemplo del funcionariado, y el que no, que se joda. Pero esto ¿no supone el reconocimiento de ciudadanos de primera y de segunda? ¡Pues claro! Suso lo reconoce sin rubor, una franqueza que, en cierto modo, debemos agradecerle.

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