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LA ULTIMA PELICULA (Last picture show. Peter Bogdanovich, 1971)
























Como comprador reciente (pero ya compulsivo) de e-bay, es frecuente que mi atención se vea atraída por miniaturas de coches de los años 40 y 50. Los compro, pues, pero una vez recibidos no se qué hacer con ellos. Sí, son muy bonitos, pero reclaman el resto del escenario: personas, vestuarios, edificios, ambientes… Si tuviera la habilidad necesaria (no es el caso) fabricaría lo que los modelistas llaman un ‘diorama’, pero al no hacerlo quedan huérfanos y acaban en el fondo de un armario, en una caja de zapatos. En esta película ocurre todo lo contrario.


Hay que decir que el comienzo no es prometedor. En ella encontramos a un Timothy Bottoms con más cara de sueño que nunca representando a un joven tolondro y despeinado. Su horizonte vital está definido, en el espacio, por la cafetería, el billar y el decrépito cine de Anarene, un pequeño pueblo de Tejas impecablemente deprimente, y, en el tiempo, por los años que transcurren entre la finalización de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de la de Corea. Veamos algunos de los mimbres con los que se teje esta historia.

Bottoms es amigo inseparable de Jeff Bridges, jugador como él del equipo de fútbol del instituto, y ambos son tan tontos como cabría esperar en especimenes de 17 años. Bottoms tiene una novia perfectamente prescindible con la que se magrea en el cine a cambio de soportar sus continuos reproches, mientras que Bridges sale con una espectacular Cibyll Shepherd, que además es la hija del magnate petrolífero del lugar. Además de guapísima es mala, lo que la hace irresistible. Con el tiempo, Bottoms se libra de su novia y se lía con la madura mujer de su profesor de gimnasia que, a juzgar por los azotes que pega en las nalgas de sus alumnos, es homosexual. Esta experiencia, por cierto, si bien no contribuye ostensiblemente a la madurez de Bottoms, al menos consigue que vaya mejor peinado. Por su parte, Shepherd decide que Bridges es guapo pero pobre, y lo cambia por otro compañero de instituto, más feo pero forrado y con amigos que realizan juergas desenfadadas. Así aparece un personaje, absolutamente secundario por desgracia, que provisto de una carga genética equiparable a la de genios del mal como Darth Vader 1) hace que Shepherd se desnude delante de todos en su piscina (desde el trampolín, además, como en el chiste) y 2) obliga a Shepherd, aún virgen, a que, antes de acostarse con él mismo, lo haga con otro y le ahorre así el penoso trámite de desvirgarla (ella cumple el encargo, a la segunda, con su ex novio Bridges, al que la repentina petición le provoca un soberbio gatillazo en primera instancia). No contenta con estas experiencias, Shepherd se acuesta con el amante de su madre y flirtea con Bottoms, ocasionando un violento enfrentamiento entre los amigos.

Pues esto es lo que hay. Unos personajes bastante anodinos encerrados en un pueblo de mierda. Es cierto que aparecen otros de más calado, como la madre de Shepherd (Ellen Burstyn), realmente simpática en su cinismo. O el mentor de Bottoms (Ben Johnson), que además es dueño de todos los locales que frecuenta, y que obviamente es un tipo de una pieza. Hacia el final de la película el espectador descubre que ambos, Burstyn y Johnson, han mantenido un idilio que se adivina de una gran profundidad, pero incluso en este caso la sordidez general impregna la escena, pues el lugar escogido por ambos para sus encuentros y para bañarse en pelotas es una charca desolada que se adivina trufada de mosquitos. ¿Cómo es posible, pues, que la película cautive inexorablemente al espectador? Quizás porque todo, desde los coches, hasta los costumbres, pasando por el peinado de Shepherd, contribuye a presentar un cuadro perfecto y completo, a diferencia de las miniaturas aisladas de las que hablaba al comienzo. O quizás es, precisamente, la capacidad de Johnson y Burstyn de protagonizar un episodio de enorme intensidad lo que redime a todo el pueblo de su sordidez (al modo de los lamed wufniks). Ni idea, pero cautiva, lo que la convierte en una película excelente*.

* Y con esto rompo con la costumbre de limitarme a comenta películas chuscas.

Comentarios

Brunilda ha dicho que…
Para mi gusto la intención principal de Bogdanovich era despelotar a la Shepherd y ha construido todo el argumento en torno a eso. Lo cual tiene más mérito si cabe porque alrededor de una idea tan tonta consigue hacer una película muy entretenida y que se puede calificar como muy buena. Así que chapó.

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