Dada su condición de volátil centro del universo, Zapatero necesita gente como Juan Pedro Valentín para orientar a sus fieles, que dan lo mejor de sí mismos por su religión pero se pueden despistar ante la velocidad de los giros. El valor de Valentín radica en su tono. En él, el tono sustituye al contenido, lo que es muy conveniente cuando este no existe o no huele muy bien. Con su voz bien modulada, Valentín señala a los fieles donde está la Meca en cada momento, a fin de que puedan postrarse adecuadamente y no enseñar inadvertidamente las posaderas al Profeta. También podría decirse, aunque es algo más ordinario, que Valentín es el mamporrero que ayuda a apuntar correctamente las energías de los adeptos.
« El nacionalismo étnico defiende que los vínculos más profundos de un individuo son heredados, no elegidos. Es la comunidad nacional la que define al individuo, no los individuos los que definen la comunidad nacional (…) Según el nacionalismo cívico , lo que mantiene unida una sociedad no son unas raíces comunes sino la ley. Al suscribir un conjunto de procedimientos y valores democráticos, los individuos pueden combinar el derecho a vivir sus propias vidas con la necesidad de pertenecer a una comunidad. Esto, a su vez, asume que la pertenencia a una nación puede ser en cierto modo un vínculo racional ». Para el nacionalismo étnico –o nacionalismo a secas- el individuo está condicionado por una serie de factores –la raza, la etnia, el folklore, la lengua, el espíritu, la tierra- que lo adscriben inexorablemente a determinadas tribus llamadas naciones. Estos criterios de adscripción son intercambiables y varían en función de las modas del momento: puede ser usado uno u otro o...
Comentarios