Pero Otegui es un oportunista político: quiere llegar al poder para materializar su visión totalitaria. Sánchez es un oportunista vacío: quiere conseguir el poder por un mero placer narcisista. Serán, por tanto, los oportunistas políticos los que marquen su agenda. Lo más desagradable -y, me temo, lo más perdurable- son los ajustes de disonancia de sus votantes. Al funcionar las siglas como marcador identitario -y una vez estigmatizado el adversario; muchas iniciativas legislativas están orientadas principalmente a este fin- los votantes reordenaran sus posiciones en torno a las evoluciones del líder hueco de su partido. Es decir, quieren seguir votando al PSOE, así que Bildu -que es su socio- no puede ser malo. Lo llaman «mover la ventana de Overton», pero se parece bastante al envilecimiento. Vienen malos tiempo, y se necesita con urgencia un partido de centro izquierda con capacidad para escandalizarse ante estas cosas.
« El nacionalismo étnico defiende que los vínculos más profundos de un individuo son heredados, no elegidos. Es la comunidad nacional la que define al individuo, no los individuos los que definen la comunidad nacional (…) Según el nacionalismo cívico , lo que mantiene unida una sociedad no son unas raíces comunes sino la ley. Al suscribir un conjunto de procedimientos y valores democráticos, los individuos pueden combinar el derecho a vivir sus propias vidas con la necesidad de pertenecer a una comunidad. Esto, a su vez, asume que la pertenencia a una nación puede ser en cierto modo un vínculo racional ». Para el nacionalismo étnico –o nacionalismo a secas- el individuo está condicionado por una serie de factores –la raza, la etnia, el folklore, la lengua, el espíritu, la tierra- que lo adscriben inexorablemente a determinadas tribus llamadas naciones. Estos criterios de adscripción son intercambiables y varían en función de las modas del momento: puede ser usado uno u otro o...

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