Suele ocurrir que la política sea un asunto tan complicado que normalmente sólo podamos aspirar a conocer bien los asuntos de nuestro propio país, teniendo que conformarnos, cuando salimos al exterior, con unos cuantos estereotipos. Esto parece haber ocurrido al filósofo Paolo Flores D’Arcais, defensor de turno de Garzón en El País, capaz de discutir con soltura sobre la existencia de Dios con Habemas o Ratzinger y, simultáneamente, de escribir un artículo repleto de chorradas como el de hoy. “El ostracismo al que los sectores antidemocráticos de España quieren condenar al juez Baltasar Garzón no es una mera cuestión interna española, sino que atañe a Europa entera y a su porvenir”. Nada menos. Desde la primera línea Flores D’Arcais adopta un enfoque peculiar - se trata de una lucha heroica entre un Juez independiente, al mejor estilo de las películas de Capra, y los franquistas, al mejor estilo de Forges- que condiciona el resto de la argumentación. Sólo así se explica que se anime a decir que “lo que está en juego en el caso Garzón es, en efecto, la propia autonomía de la judicatura”, una afirmación que causa risa a todo aquél que conoce la trayectoria de Garzón y lo ha visto cazando con el Ministro de Justicia y miembros de la fiscalía y la policía judicial durante la instrucción de un caso contra la oposición.
« El nacionalismo étnico defiende que los vínculos más profundos de un individuo son heredados, no elegidos. Es la comunidad nacional la que define al individuo, no los individuos los que definen la comunidad nacional (…) Según el nacionalismo cívico , lo que mantiene unida una sociedad no son unas raíces comunes sino la ley. Al suscribir un conjunto de procedimientos y valores democráticos, los individuos pueden combinar el derecho a vivir sus propias vidas con la necesidad de pertenecer a una comunidad. Esto, a su vez, asume que la pertenencia a una nación puede ser en cierto modo un vínculo racional ». Para el nacionalismo étnico –o nacionalismo a secas- el individuo está condicionado por una serie de factores –la raza, la etnia, el folklore, la lengua, el espíritu, la tierra- que lo adscriben inexorablemente a determinadas tribus llamadas naciones. Estos criterios de adscripción son intercambiables y varían en función de las modas del momento: puede ser usado uno u otro o...
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