Hoy, para empezar el lunes, Almudena Grandes nos describe orgullosamente una imagen escalofriante de sí misma, con cresta, botas militares y falda de tul. Esta imagen no es más que una introducción que le permite evocar con nostalgia la Movida madrileña, que, según ella, cuando alcanzó el poder municipal la derecha se metamorfoseó en procesiones de Semana Santa. Tal cual. Pero esto, a su vez, no es más que otra introducción que le permite conectar con su revolucionaria tesis de fondo: la nueva delincuencia organizada de la noche de Madrid es de derechas, porque va bien vestida. Y es que Almudena es así: observa implacable la realidad y saca sus cuentas. Y ella sabe que dos y dos son cuatro, y cuatro entre dos, quince millones.
« El nacionalismo étnico defiende que los vínculos más profundos de un individuo son heredados, no elegidos. Es la comunidad nacional la que define al individuo, no los individuos los que definen la comunidad nacional (…) Según el nacionalismo cívico , lo que mantiene unida una sociedad no son unas raíces comunes sino la ley. Al suscribir un conjunto de procedimientos y valores democráticos, los individuos pueden combinar el derecho a vivir sus propias vidas con la necesidad de pertenecer a una comunidad. Esto, a su vez, asume que la pertenencia a una nación puede ser en cierto modo un vínculo racional ». Para el nacionalismo étnico –o nacionalismo a secas- el individuo está condicionado por una serie de factores –la raza, la etnia, el folklore, la lengua, el espíritu, la tierra- que lo adscriben inexorablemente a determinadas tribus llamadas naciones. Estos criterios de adscripción son intercambiables y varían en función de las modas del momento: puede ser usado uno u otro o...
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