martes, 2 de diciembre de 2014

LA HORA ESTELAR DE LOS IDIOTAS



El 13 de mayo de 1990 el Estrella Roja de Belgrado se enfrentaba con el Dinamo de Zagreb en el estadio de este último, y unos 3.000 miembros de Delije viajaron a la capital croata. Delije era el nombre del principal grupo de hinchas del Estrella Roja, y en los alrededores del estadio Maksimir tuvieron sus primeros enfrentamientos con los BBB (Bad Blue Boys), la hinchada del Dinamo. Una vez dentro del campo, los de Delije fueron estabulados en un lugar separado del resto, pero los BBB no dejaron de acosarlos mediante el lanzamiento de objetos diversos. La tensión fue incrementándose hasta que finalmente, enarbolando asientos arrancados y navajas, y al grito de “Zagreb es serbio” y “Muera Tudjman”, los hinchas de Delije se abalanzaron sobre los seguidores locales. Las alusiones homicidas se referían al nacionalista Franjo Tudjman, que acababa de ganar las elecciones en Croacia.


Pronto los incidentes se extendieron a todo el graderío, y los BBB acabaron imponiendo su superioridad numérica y asaltando el terreno de juego. Mientras la policía intentaba infructuosamente contenerlos, los jugadores del Estrella Roja se retiraron prudentemente a los vestuarios, pero no así los del Dinamo. El mediocampista Zvonimir Boban, contagiado por la ira desencadenada, propinó un formidable patadón a un policía que intentaba contener a un hooligan local [1]. Allí estaba yo, contaría más tarde, un personaje público preparado para arriesgar la vida, la carrera y todo aquello que la fama me había procurado por un ideal, una causa: la causa croata. Mucha épica para tan poco acto, pero quizás la construcción nacional pueda, o deba, hacerse a patadas. El episodio convirtió a Boban en un héroe. Más tarde jugaría en el Celta de Vigo.

Uno de los líderes de Delije era Željko Ražnatović, también conocido como Arkan. Hombre de un temperamento inestable (quizás debido a un exceso de acentos en las consonantes) Arkan había desarrollado una exitosa carrera profesional en el extranjero como atracador de bancos. Aunque había sido detenido en varias ocasiones en Italia, Holanda, Alemania y Suiza, había conseguido fugarse en todas ellas, y algunos atribuyen esta sorprendente habilidad a su relación con el ministro del interior yugoslavo Stane Dolanc, a quien Arkan habría prestado servicios ocultos.


El 11 de octubre de 1990 Arkan y otros hinchas de Delije crearon la Guardia Serbia de Voluntarios, un grupo paramilitar. En 1991, con la guerra propagándose por Yugoslavia, Arkan y sus voluntarios viajaron a Krajina, enclave de mayoría serbia en el interior de Croacia [2]. Fue arrestado por la policía croata, y una vez más misteriosamente liberado. En julio de 1991 Arkan y sus voluntarios marcharon a Bukovar y un año más tarde a Bosnia. Excepcionalmente bien financiados, y por tanto excepcionalmente bien pertrechados, fueron conocidos como Los Tigres de Arkan, y participaron en masacres diversas y operaciones de limpieza étnica contra los bosniacos. Para entonces Arkan era considerado un héroe nacional serbio, y se le dedicaban canciones heroicas y turbo folk. En 1993 fundó el Partido de Unidad Serbia.


Tras los acuerdos de Dayton que marcaron el fin de la guerra de Bosnia, la Guardia Serbia de Voluntarios fue disuelta. Arkan, que se había hecho rico con el pillaje, adquirió el club de segunda división FK Obilić, que bajo su dirección inició una ascensión meteórica. Entre otras cosas porque entre sus nuevos seguidores estaban antiguos Tigres de Arkan que, durante los encuentros, acostumbraban a apuntar con sus armas a los jugadores rivales disminuyendo su concentración y rendimiento. De este modo el FK Obilić llegó a ganar la liga 97/98. Como la UEFA amenazó con excluir al club de las competiciones por sus conexiones con el hampa, Arkan encomendó su dirección a su mujer, la cantante Ceca, que también era turbo folk.

Gracias a sus conexiones políticas y con el mundo del crimen, que iban desde el presidente Milosevic hasta la Camorra napolitana, Arkan se convirtió en un personaje inmensamente rico e influyente. Sin duda debido a sus relaciones en junio de 2000 fue asesinado en el lobby del Hotel Intercontinental de Belgrado. Ese mismo año el Partido de Unidad Serbia que había fundado obtuvo 200.000 votos y 14 escaños en el Parlamento. Un año antes el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia lo había acusado formalmente de crímenes de guerra.

¿A qué viene este relato? Sirve (o no) para enfatizar dos reflexiones acerca del reciente conflicto entre distintos grupos de hinchas en España. La primera: en realidad no son distintos, sino idénticos (y en este sentido es irónico que se peleen entre ellos). Clasificarlos como hinchas del Atlético o del Coruña (o, ya puestos, de ultra derecha o ultra izquierda) es tan absurdo e irrelevante como hacerlo según el color de su pelo. Lo que los caracteriza, e incluye en una única categoría, es un explosivo coctel psicológico derivado de una formación y una capacidad intelectual limitadas, un nivel de frustración notable, y una tendencia a liberar la ira. Son, quizás, los perdedores radicales de los que habla Enzensberger. La segunda: el hooliganismo es la ventana que permite detectar a la sociedad sus elementos más nocivos en tiempos de paz, y conviene que actúe muy severamente contra ellos. En tiempos de guerra continúan siendo los peores, pero entonces están en su salsa y ya no hay quien los detenga. Incluso pueden devenir en héroes, como nos demuestra Arkan (y ya nos contó Kohout [3]).

Reflexiones alternativas: hooliganismo y delincuencia; nacionalismo y hooliganismo; nacionalismo, hooliganismo y kitsch.

[1] Puede verse en el minuto 1:16 del primer vídeo.
[2] En agosto de 1995 Franjo Tudjman, que consiguió que sus atrocidades pasaran más desapercibidas para la opinión pública que las de su colega serbio Milosevic, ordenó la operación Tormenta, una gigantesca actuación militar y de limpieza étnica para expulsar a los serbios de lo que él consideraba Croacia.
[3] Pavel Kohout: La hora estelar de los asesinos.

13 comentarios:

viejecita dijo...

Profesor Navarth
He disfrutado muchísimo con este comentario suyo.

Tengo que reconocer que siempre he creído bastante más en los Imperios ( Roma, España, Inglaterra, Rusia ), que en los que se quieren desgajar de ellos. Y en aquella guerra, tenía sobrinos que iban a Bosnia, y a Croacia, a reconstruir iglesias, y que se enfadaban muchísimo conmigo cuando yo decía que, de entrada, con los que simpatizaba era con los serbios ( y ya sé, ya sé, que no eran ningunos santitos, y que hicieron muchas burradas, pero para mí, la razón de fondo la tenían ellos ).

- Y lo del deporte, es peligrosísimo. El deporte de equipo ha sido siempre una forma elitista de educación. Pero ahora se aborrece a las élites, y sólo se valoran los resultados en goles, en campeonatos ganados, y en sponsors publicitarios. Y así nos va.

Lebato de Mena dijo...

La situación es terrorífica porque tanto en Cataluña como en Euskadi los equipos de fútbol son elementos patrióticos controlados.

Yapoco dijo...

Uno se queda con ganas de que el relato continuara y nos contara sobre la guerra de los Balcanes, con los eslovenos dando el primer paso de la descomposición (aprovechando que tenían el territorio croata como colchón defensivo)y etc etc.
Un gustazo leerle, Navarth. Y una reflexión muy oportuna, pero que raro será que aparezca algo parecido en los medios.

luigi dijo...

.
Hooligans: La Guerra Tonta.

Johannes A. von Horrach dijo...

Me maravilla la impunidad con que la Croacia del antisemita, homófobo y misógino Tudjman ha pasado a la historia como el 'bueno' de la historia. Olvidando lo que sucedió en Krajina, y no solo hablo de la deportación, sino de impedir que esta región de mayoría serbia se autodeterminara después de que Croacia hubiera hecho exactamente eso de Yugoslavia. Ejemplificando lo que es la ley del embudo del nacionalismo: yo sí, pero tú no. Así comenzó la guerra de Yugoslavia...

Johannes A. von Horrach dijo...

Y hablando de hooligans: échenle un vistazo al rugby. Deporte de combate y duro donde los haya, donde los códigos morales lo subliman todo, y en el que nunca jamás se dan enfrentamientos (nada, ninguno) entre las aficiones rivales.

viejecita dijo...

Don Von Horrach
Tiene usted toda la razón con lo del rugby. Y es que, justamente, el rugby es un deporte de élites.

Como nos descuidemos, acabamos defendiendo a la Aristocracia ( el gobierno de los mejores ), nada que ver con la Oligarquía, ( que es lo que priva ahora, con disfraz populista y de partido político )

viejecita dijo...

Y cuando hablo de Aristocracia, no hablo de una clase social a la que se pertenece indefectiblemente por nacimiento, sino de un grupo, el de los mejores, al que se accede por merecimiento propio.
Eso sí, los valores de entrega al servicio de todos, de sacrificio, de valor, se pueden intentar inculcar desde la más tierna infancia, a quienes, por nacimiento en alguna familia determinada, hubieran estado destinados a pertenecer a esa clase de Los Mejores, pero no siempre hace efecto esa educación, y a veces, los que debían haber sido mejores lo que son es unos aprovechateguis mercantilistas . Pero esos son cualquier cosa menos élite.

navarth dijo...

Vaya, qué maravilla. Qué concurrido está esto hoy. Pasen, pasen.

luigi dijo...

.
Si me permiten la broma,

Hulkligans

benjamingrullo dijo...

Llego tarde. No sé si estoy de acuerdo con esta parte.

“Lo que los caracteriza, e incluye en una única categoría, es un explosivo coctel psicológico derivado de una formación y una capacidad intelectual limitadas, un nivel de frustración notable, y una tendencia a liberar la ira. Son, quizás, los perdedores radicales de los que habla Enzensberger. La segunda: el hooliganismo es la ventana que permite detectar a la sociedad sus elementos más nocivos en tiempos de paz, y conviene que actúe muy severamente contra ellos. En tiempos de guerra continúan siendo los peores, pero entonces están en su salsa y ya no hay quien los detenga. Incluso pueden devenir en héroes, como nos demuestra Arkan”

Creo que en el párrafo hay algo de ridiculización y cierto autoengaño tranquilizador y elitista (perdón, Navarth):


Me explico. En realidad no creo que sea el odio lo que une a estos grupos, sino el amor. El amor según un mecanismo de comunicación primitivo. Al fin y al cabo el hombre siempre se ha unido para cazar y no sabe hacerlo para amar, así sin más, siempre necesita un cordero sacrificial. La formula elemental masculina, incluso diría que humana, para decir “Te quiero” a cualquiera de su grupo de pares es “Ese miembro del Ellos es un hijodeputa” o “habría que matarlo”. La violencia es proporcional a la necesidad de aceptación y de pertenencia del enamorado gregario. Está claro, cuanto más necesitado está de aceptación más necesidad de exagerar el odio al ellos. Su elementalidad no tiene nada que ver con su estatus social ni con la crisis ni la pobreza. De hecho la riqueza puede ser sentida como un déficit identitario, suele serlo, que acentúe la violencia hacia el ellos del millonario. Casos de estos los hay a patadas. Tengo muchos primos en esta situación.


Además, estas personalidades siempre han existido. Son esas personas de fidelidades elementales que no las queremos cerca en el día a día rutinario, pero que queremos a nuestro lado cuando hay problemas extraordinarios que incluyen la posibilidad de una paliza, o una guerra.


Tal vez haya sido el catolicismo el único sistema identitario que las ha sabido reconvertir para que sean útiles a la sociedad en tiempos de paz y los reconvirtió en entregados misioneros.


En La Misión se narra bastante bien la conversión de un guerrero en misionero. Básicamente la misma transformación que sufrió Ignacio de Loyola, el militar fundador de la “compañía” de Jesús. Sus ejercicios espirituales son igual de sacrificiales que los que utilizan los marines para iniciar a sus miembros. En fin, que me extiendo…

benjamingrullo dijo...

“Sus ejercicios espirituales son igual de sacrificiales que los que utilizan los marines para iniciar a sus miembros”

En esta frase la palabra “sacrificiales” está mal utilizada. Debería haber escrito “mortificantes”, porque es el yo lo que realmente se sacrifica al grupo durante la iniciación gregaria.

navarth dijo...

Posiblemente hay muchos impulsos en juego que el hooligan satisface de golpe mediante su adscripción a la hinchada: pertenencia, frustración, búsqueda de sentido… Pero ¿amor? Incluso centrándonos en la pertenencia, creo que el impulso dominante no es el amor, sino el temor (precisamente a ser excluido). Posiblemente en los amigos de los que me hablas no concurre la frustración, pero tal vez sí el temor.
Y a veces ni siquiera es temor. Cuando una masa se pone en marcha todo el mundo se apresura a incorporarse a ella (quizás para evitar ser aplastados) De hecho es lo que creo que está ocurriendo ahora: hay un montón de gente contagiada de indignación, pero difícilmente sabría explicar por qué lo está.