jueves, 18 de septiembre de 2014

LAS CARTAS DE RENAN A STRAUSS (2)


En mayo de 1882 Renan pronuncia una conferencia en la Sorbona: Qué es la nación.

Empecemos por lo que no es. Descartada la religión, descartada la geografía, algunas tendencias pretenden basarla en la raza:

”Hoy se comete un error todavía más grave: se confunde la raza con la nación y se atribuye a grupos etnográficos, o más bien lingüísticos, una soberanía análoga a la de los pueblos realmente existentes”.

Donde dice pueblos léase países. En efecto, el problema está en que las visiones particularistas de la nación discuten la soberanía de los países realmente existente y amenazan la pacífica convivencia:

  ”La familia germánica, por ejemplo, según esta teoría tiene el derecho de recuperar a los miembros dispersos del mundo germánico, incluso cuando estos miembros no demandan la reunificación. El derecho del germanismo sobre tal provincia es más fuerte que el derecho de los habitantes de esta provincia sobre sí mismos.”



Con esto se está refiriendo obviamente al pasado contencioso alsaciano. Concluye rotundamente:

“La raza no lo es todo, como en los roedores o felinos, y no se tiene derecho a ir por el mundo palpando el cráneo de las gentes para después cogerlas por el cuello y decirles: «¡Tú eres de nuestra sangre; tú nos perteneces!». Más allá de los caracteres antropológicos está la razón, la justicia, lo verdadero, lo bello, que son iguales para todos”.

Impecable. Renan previene además de los riesgos que supone el particularismo y encerrarse en la propia cultura:

”Cuando se lleva a la exageración se encierra uno en una cultura determinada tenida por nacional, se limita, se enclaustra. Se abandona el aire libre que se respira en el vasto campo de la humanidad para encerrarse en los conventículos de los compatriotas. Nada peor para el espíritu, nada más lamentable para la civilización. No abandonemos el principio fundamental de que el hombre es un ser razonable y moral antes de ser miembro de tal o cual raza, un adherente de tal o cual cultura. Antes que la cultura francesa, alemana o italiana está la cultura humana”.
 

Para Renan, la idea de nación presupone la existencia de ciudadanos libres:

”Las naciones así entendidas son algo bastante nuevo en la historia. La antigüedad no las conoció; Egipto, China, la antigua Caldea, no fueron en modo alguno naciones. Eran manadas conducidas por un hijo del sol o un hijo del Cielo. No hubo ciudadanos egipcios, del mismo modo que no hay ciudadanos chinos”.

”El Imperio romano estuvo bastante más cerca de ser una patria. Como resultado del inmenso beneficio que supuso el cese de las guerras, la dominación romana, tan dura en sus inicios, fue aceptada rápidamente. Fue una gran asociación, sinónimo de orden, de paz, de civilización. En los últimos tiempos del Imperio hubo (…) una verdadera estima de la “paz romana” frente al amenazador caos de la barbarie”.

En efecto. Un statu quo pacífico debe ser considerado un valor en sí mismo, oponible frente a los aventureros. Si Renan se hubiera mantenido por este camino la cosa habría estado perfecta, pero a continuación se complica un poco:

“Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas, que a decir verdad no son más que una, constituyen este alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. La una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa (…) Haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía”. “Una nación es pues una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y los sacrificios que todavía se está dispuesto a hacer. Supone un pasado; se resume, no obstante, en el presente por un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida en común. La existencia de una nación es (perdónenme esta metáfora) un plebiscito de todos los días.

Un plebiscito de todos los días parece algo cansado, pero además ¿por parte de quién? Renan desgraciadamente lo especifica:

”Una nación no tiene más derecho que un rey a decirle a una provincia: me perteneces, luego te tomo: una provincia, para nosotros, son sus habitantes; si alguien tiene derecho a ser consultado en este tema es el habitante”.


Resumiendo. Renan, que ha comenzado simpatizando con planteamientos racistas, ha descubierto el humanismo gracias a la anexión de Alsacia. Entendemos aquí el humanismo como el planteamiento que sitúa al hombre por delante de agregados como la raza, la clase, la nación, o la cultura, y no permite que sea sojuzgado por estos [1]. Renan ha entendido el problema, pero no en todo su alcance. Ha percibido la amenaza contra el humanismo proveniente de los bárbaros de fuera: aquellos que pretenden esclavizar a los ciudadanos contra su voluntad, proscribiendo la disidencia y la diferencia, y estabulándolos según sus respectivas visiones raciales o culturales. Ha entendido perfectamente que los ciudadanos alsacianos no pueden ser supeditados a la raza alemana, y frente a la tiranía de ésta ha opuesto la voluntad de aquellos. Por eso acaba diciendo que la nación es un plebiscito cotidiano, y acaba defendiendo el derecho a la secesión.

Pero Renan no ha entendido que la esclavitud de la raza se ha impuesto obligatoriamente a los alsacianos, pero ha sido escogida voluntariamente por los alemanes para aplicársela a ellos mismos. Este es realmente el peligro: el hombre experimenta continuamente la tentación de renunciar a serlo disolviéndose en la masa, y a renunciar a su libertad a cambio del calor de la manada. En este caso puede ser el hombre el que esté dispuesto a agarrarse él mismo del cuello y a afirmar “yo nos pertenezco” Entonces ¿qué hacer si es una parte de la nación la que se infecta con el virus disolvente, ya sea racista o nacionalista? ¿Qué hacer cuando los bárbaros están dentro? Todo esto Renan parece no haberlo previsto, y cuando acaba patrocinando alegremente la secesión es obvio que no está pensando en una provincia emocionalmente contaminada. Renan no puede pretender defender al ciudadano frente a los bárbaros de fuera sólo para acabar rindiéndolo a los bárbaros de dentro. El derecho a la secesión, es decir, la fragmentación de la soberanía del todo y su cesión a las partes, no es el tratamiento adecuado, sino su veneno. No estaría mal tener esto muy claro.


[1] El humanismo (continúo con este nombre a falta de otro nombre mejor) entiende que esas clasificaciones son particularistas, artificiales e irrelevantes, y se superponen a otras que son universales (comunes a todos los hombres) como lo justo, lo sensato o lo bueno (que me perdonen los multiculturales actuales.

Imágenes: 1) Renan; 2) Ilustración del alsaciano Jean-Jacques Waltz “Hansi”: prusiano obligando a rotular a los alsacianos en catalán (o lo que corresponda); 3) Otra ilustración de Hansi: las sucesivas visitas de los germánicos a Alsacia a lo largo de la historia. Obsérvese cómo todos ellos se marchan llevándose un botín similar. 4) Pueblecito alsaciano; 5) La evidencia de la identidad cultural alemana de Alsacia: el chucrut (los argumentos racistas y nacionalistas no suelen ser más profundos que esto)

8 comentarios:

Belosticalle dijo...

Nuevo acierto de ensayo, Navarth. La introducción ha sido soberbia: el doble envite alemán –Bismarck a Napoleón III, Strauss a Renán–.

Un debate ‘teórico’ sobre nacionalismo, tomando como caso de estudio la cuestión Alsacia-Lorena a raíz de su anexión militar va a ser una comedia de enredo. Por cierto, divertida ironía meter esa doble anexión entre “los efectos secundarios” de la Guerra Franco-Prusiana.

Renán camaleónico, socrático, muy dotado para jugar con abanicos y con prismas, pero no el más indicado para orientar al perplejo por vericuetos complicados. Y menos acerca de un concepto igualmente camaleónico, como es el campo semántico 'nación/nacionalismo'.

Estoy ansioso por ver cómo se desempeña. Magistralmente, eso ya lo sé. Me refiero al suspense de las conclusiones.

viejecita dijo...


Buenos días D.Navarth , y Gracias por el nuevo comentario.
¡ Menos mal que he esperado a ver lo que decían los sabios ! Así tengo más facilidad para callarme y no meter tanto la para, que después del Profesor Belosticalle, cualquiera se atreve...

Sólo preguntarme qué hubiera dicho Renan sobre lo de quitarles a los alemanes el Corredor de Dantzig, dejando aislados y a merced de los anti alemanes que les quisieran obliterar, a los Junkers , o sea , a los más alemanes de todos, los alemanes de la Prusia del Este...
Aunque, como Renan era francés, capaz de que le hubiera parecido bien.

Y otra cosa : me encantan los dibujos. Tengo en casa viejos libros franceses, de mi abuela con dibujos parecidos.

viejecita dijo...

... no meter tanto la pata...
El dichoso corrector

Temístocles dijo...

Hola, don Fernando.
Veo que le gustó Finkielkraut, el debate entre nación-genio y nación-contrato. Y que ha indagado más en el pensamiento de Renan Depardieu (en la foto)

¿Qué ocurre cuando una gran masa de la población exclama:¡Yo nos pertenezco!?
El comportamiento individual resulta de una lucha de sus disposiciones innatas, activadas con mayor o menor intensidad por la situación, y moduladas en mayor o menor medida por su juicio crítico, el nivel de control superior.
Dos de esas disposiciones innatas, muy potentes, son la pertenencia al grupo y la búsqueda de estatus. La teoría del gen egoísta las explica claramente. Son dos resortes muy fáciles de activar por políticos que no tienen nada que ofrecer. Para ello, cuando gobiernan, disponen del poder de manejar la situación:a través de los medios de comunicación y del sistema educativo, principalmente; y, en general, a través de las leyes (acceso a la función pública, rotulaciones...)
Las fuerzas que operan en esa dirección sólo buscan un fin: el interés del gobernante, el poder.
Se puede oponer a ellas el juicio crítico. Éste dispone de la desventaja de nacer de una disposición innata más reciente en la evolución, que se encuentra menos enraizada genéticamente. Para poder desarrollarse necesita más entrenamiento, no nos "sale" tan fácil como el creernos especiales o miembros de una manada.
Mi esperanza, una novedad: internet. Internet ofrece el mejor medio de contrastación de las mentiras nacionalistas. Renan decía que la nacionalidad se fundamenta en el olvido y tergiversación de la historia. No sé hasta qué punto será suficiente, pero la red opera en contra de esas pretensiones.
Se echa en falta también el compromiso de intelectuales y políticos responsables. Otra esperanza: Libres e iguales.
Saludos.

navarth dijo...

Querido Don Belosti, pues mi humilde conclusión es esta. Si nuestros intrépidos nacionalistas leyeran a Renan, lo del plebiscito diario y su defensa del derecho de secesión, quedarían encantados. ¿Lo veis?, nos dirían, la razón está de nuestro lado. Y sin embargo nuestros nacionalistas no son los alsacianos de la historia, sino los prusianos. Son ellos los que pretenden imponer a los ciudadanos su horrorosa uniformidad (por eso he puesto la pequeña broma del gendarme prusiano revisando la rotulación en catalán). Renan tenía razón al defender a los alsacianos, pero al intentar extender en exceso sus argumentaciones acabó proporcionando argumentos a los futuros prusianos.

Doña Viejecita, me alegro de que se haya fijado en las ilustraciones, porque estoy muy orgulloso de la selección. Este Hansi es muy famoso en Alsacia, y aparte de sus dibujos satíricos anti alemanes tienen otros muy bonitos sobre los pueblecitos de la región.

En efecto Temístocles leí La derrota del pensamiento y me gustó mucho. Al igual que en En nombre de la Humanidad tiene argumentos que iluminan como fogonazos en un cuarto oscuro. Pero en ambos libros me pareció que, en ocasiones, se podía haber construido algo más entre fogonazo y fogonazo.
Veo que recurre con frecuencia a El gen egoísta, así que voy a hacerme con él.

Saludos a todos.

p.d. Renan Depardieu ¿eh?

viejecita dijo...

Renan - Depardieu ¡ Clavaítos !

Temístocles dijo...

Doña Viejecita ya ha visto el parecido razonable de Renan con Depardieu, ¡jaja!
Finkielkraut no es sistemático, La derrota del pensamiento es breve.
El tratamiento más sistemático de la rebelión contra la libertad y de la atracción de la sociedad tribal lo hace Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, aplicable hoy a los nacionalismos y al populismo de Podemos.
La tesis principal de El gen egoísta, de Dawkins, es que todos los seres vivos somos máquinas de supervivencia fabricadas por los genes con un único fin: perpetuar copias de sí mismos, de esos mismos genes. No se trata de la supervivencia de la especie, ni del individuo, sino de genes individuales. Los biólogos han aceptado esta teoría, de la que se derivan muchas consecuencias contrastables: el mayor cuidado de los padres hacia los hijos que viceversa, el cuidado de los sobrinos, el nepotismo, la pelea de los sexos, la búsqueda de estatus...
La presión del grupo es fuerte porque nuestros genes han sobrevivido por sus características sociales, marcando una fuerte propensión hacia el altruimo recíproco (Steven Pínker, La tablas rasa).
Voy leyendo a Kahneman, su Pensar rápido pensar despacio. He encontrado alguna discrepancia entre sus tesis y La lógica de la investigación científica y otras ideas de Popper, especialmente en lo referente a las similitudes.
Saludos

Temístocles dijo...

La discrepancia es ésta:
Kahneman en la página 109 pregunta qué tienen en común tres figuras y responde que son ambiguas. Popper a partir de la página 392 de su Lógica de la investigación científica explica que dado cualquier conjunto de cosas, por dispares que sean, siempre podemos encontrar varios puntos de vista tales que, si las consideramos desde cualquiera de ellos, todas las cosas son parecidas.
Asímismo Kahneman dice que el sistema 1 no examina las alternativas que rechaza, lo cual no es cierto si conocemos cómo controla el cuerpo el equilibrio, por ejemplo, rechazando muchos pequeños ajustes de los músculos posturales de forma continua.